III. REsULTADOs DEL ANÁLIsIs DE LOs TEsTIMONIOs DE LAs MUjEREs
3. El apoyo económico y de vivienda
3.2. Demandas relacionadas con el apoyo económico
Las mujeres se quejan de que no hay suficien- te apoyo público para facilitarles la conciliación
entre el cuidado de los hijos e hijas y sus posibilidades de acceso al empleo. Así ex-
presa una mujer con menos de 500 euros men- suales de renta sus dificultades al respecto:
“A veces yo le he dicho a la asistenta [so-
cial]: ‘no tengo opción, no puedo trabajar porque tengo una hija a mi cargo. ¿Es que voy a tener que montar un piso de ‘citas’ por la noche cuando mi hija duerma?’ No tengo opciones de ganar dinero y tengo cualificación, te quiero decir, yo tengo es- tudios pero, si no me facilitan ni a alguien que me cuide a mi hija ni..., ahora me lo está pagando mi madre, ¿qué te pare- ce?”. D07
Varias de las mujeres entrevistadas han recu- rrido a Servicios Sociales para solicitar ayudas
económicas o algún tipo de apoyo para la inserción laboral. La valoración de la respuesta
obtenida varía mucho de unas mujeres a otras. Existen testimonios de varias mujeres que en- contraron un apoyo para mejorar su situación económica a través de Servicios Sociales, bien a través de la concesión de ayudas o bien por vía de la intermediación laboral. Los testimonios de dos mujeres sirven para ilustrar la positiva valoración que poseen del apoyo recibido para la inserción laboral:
“Gracias a la asistenta social… después de
esta circunstancia de la separación yo es- taba sin trabajo y, gracias a ella, me metí dentro del grupo Auzolan que había a tra- vés del Gobierno Vasco. Estaba subvencio-
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necesidades, obstáculosybuenasprácticasenlositinerariosdesalidadelaviolenciadegénero, desdelaexperienciademujeres delárearuralde araba. argituz 2012nado para personas con ciertas problemá- ticas distintas y poder trabajar y que tuvié- ramos un empleo, al menos seis meses. Y me ayudó por lo menos a salir, a poder te- ner recursos, a poder estar con mis hijos y tener un inicio en el mundo laboral porque, claro, mi mundo laboral se paró desde que tuve hijos. Tenía que criarlos y educarlos y... o sea, que en ese sentido también muy bien, muy bien”. ND04
“[La trabajadora social] me ayudaba a ha-
cer los currículum, me dijo: ‘apúntate al curso de internet para el manejo del or- denador porque al final tienes todas las cosas paradas, tu vida la dejas un poco al margen Es para cosas como encontrar trabajo y cosas de esas’. Y bien, te sentías un poco apoyada. Hombre, también con miedos porque al final la que tienes que sacarte las castañas del fuego eres tú, o sea... eso fue por la asistenta en el Ayun- tamiento”. ND05
Y otra mujer recuerda que acudió a un programa de inserción laboral, derivada por el servicio de atención psicológica de la Diputación Foral, que le sirvió para encontrar trabajo:
“Es una ayuda para mujeres, en San Pru-
dencio, laboral San Prudencio o algo así... ¿Sabes qué es eso? Es que yo voy a co- sas y no sé ni lo que son... A raíz de eso encontré trabajo y fui a talleres de hacer currículum y eso. O sea, me lo dijeron de aquí para ir. Yo todo lo que me decían, yo bien, obedecía”. ND03
Sin embargo, algunas mujeres recuerdan que los recursos de apoyo económico ofrecidos por Ser- vicios Sociales no cubrieron sus necesidades y lamentan que, por ser víctimas de violencia
de género con hijos/as a cargo, no exista un apoyo significativamente mayor. Sirva
como ejemplo, el testimonio de una mujer que denunció a su agresor, pero que, a pesar de te- ner trabajo, encuentra serias dificultades para llegar a fin de mes, a raíz de la separación:
“Pero lo de la asistenta social, es una cosa
que tampoco me gusta, porque no te dan muchas ayudas para madre soltera. Por- que yo pedí ayudas para madres solte- ras, porque económicamente yo tenía que seguir manteniendo una hija y tal... pero no te dan ayudas ni nada, por lo menos a mí. Fui a la asistenta para que te informen pero no te dan muchas alternativas. Tie- nes que estar en la calle completamente y no tener trabajo para que te den algo. Te- niendo trabajo y así, no te dan nada”. D04
Y de otra mujer que se queja de que, a pesar de las gestiones realizadas por las profesionales, los plazos establecidos para la concesión de las ayu- das no se adecuan a las necesidades de mujeres víctimas de violencia de género en situaciones de grave carencia económica:
“Sí, la asistente social y HEZILAN, las edu-
cadoras que están contigo, que entre to- das lo queríamos hacer bien, ¿eh? Pero los organismos funcionan así. LANBIDE o el INEM no te dan el subsidio, tienes que
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esperar un mes sin cobrar. Entonces, ese mes yo no pude pagar el piso, evidente- mente... son trescientos noventa euros del piso de renta más luego luz, agua....” D07
Otra mujer, reconoce que a ella, sin manifestar que había sufrido violencia de género, le conce- dieron una ayuda económica por estar en situa- ción de desempleo, sin cobrar ninguna prestación y con dos hijos a cargo, lo que abunda en la idea de que las mujeres víctimas de violencia de géne- ro no reciben ayudas sustancialmente distintas:
“Eso en la asistenta social no lo dije. No
por ocultar nada, tampoco por beneficiar- me de ayudas. Fui a lo que fui si me co- rresponde, siendo ésta la situación eco- nómica y viviendo con los dos críos y tal, pues me corresponde y si no, pues nada. Y si me correspondía”. D02
El aspecto más criticado por las mujeres, que evidencia la falta de apoyo económico es-
pecífico para estos casos, está relacionado con el pago del abogado o abogada de ofi- cio. Como se detalla en el apartado específico
sobre asistencia letrada, la mayoría de las muje- res tuvo que hacer frente al pago del abogado o abogada, a pesar de su precaria situación econó- mica. Además, algunas se sienten defraudadas por creer que por ser víctimas de violencia de género la defensa letrada era gratuita. La aplica- ción de la norma general de acceso al beneficio de la justicia gratuita en estos casos pone de re- lieve situaciones en las que, si bien las mujeres cuentan formalmente con ingresos que superan el máximo previsto, sus situaciones son de gran
precariedad y el pago del abogado o abogada es un gasto difícil de afrontar.
Aunque se desarrolla esta cuestión más adelante, sirva como ejemplo de lo expuesto el testimonio de una mujer, en situación de desempleo, con dos hijos a cargo y cobrando la renta mínima y 300 euros de pensión de alimentos, que vio denegado el beneficio de la justicia gratuita cuando denun- ció a su agresor. Incluso acudió a la oficina del Ararteko para exponer la situación, pero final- mente se vio obligada a pagar su defensa letrada:
“Entonces por eso me parecía todavía es-
candaloso que en una situación así, que son novecientos euros máximo lo que co- bras de renta básica, pues que no tengas derecho a justicia gratuita. Y le sumas los trescientos que te pasa él..., o sea, pues tienes que estar realmente en la verda- dera miseria para que tengas derecho a justicia gratuita”. D06