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Derechos de conciencia, tolerancia, y respeto por lo que es diferente

CAPÍTULO II. Teología moral fundamental y espiritualidad ignaciana, en López A Parece que cualquier saber, para presentarse como

2. Derechos de conciencia, tolerancia, y respeto por lo que es diferente

Para establecer la decisión acertada, para optar por el bien en cada caso, independientemente de los credos de los que cada persona participe sea por herencia o por elección, la propuesta de López Azpitarte, desde el contexto de la teología moral es el discernimiento. La decisión que busca lo bueno en medio de uno de los dilemas que hacen difícil tomar la mejor decisión, sea porque los códigos deontológicos no cubren todas las situaciones posibles o porque se interactúa con códigos morales basados en sistemas de creencias diferentes al propio, el discernir es una instancia decisiva. En pocas palabras: la decisión ética es el efecto del discernimiento. Teniendo en cuenta que en esta categoría convergen la razón y la fe.

Según López A. y siguiendo las fuentes clásicas de la tradición cristiana, el discernimiento es un proceso que se desarrolla en tres etapas: deliberación, juicio y actuación. En cierto modo el método planteado para el desarrollo general de esta investigación es semejante al método del discernimiento: la etapa de „deliberación‟ (primeridad) realiza una descripción general, superficial, de los factores (valores y personas) entre los cuales surge el contenido o el objeto de interés en la reflexión; es decir los factores que participan del entorno en el que tiene lugar la decisión ética que se requiere tomar. La etapa de elaboración del „juicio‟ (segundidad), considerando que la normatividad moral en ocasiones difiere de la jurídica, ahonda la reflexión estableciendo un contraste entre lo que aporta la norma y lo que aporta

89 López, Azpitarte. Sexualidad y Matrimonio, hoy. Reflexiones para una fundamentación ética. Santander: Sal Terrae. 1975. 55.

la situación particular que causa el análisis. En la etapa de „actuación‟ (terceridad), el juicio es confrontado con aspectos tales como la conveniencia, la eficacia, las consecuencias indirectas y directas, la relación entre el bien personal y el comunitario, y los demás factores que sean del caso90.

En otros estudios relacionados como los de, Elizabeth Lira, Verónica Anguita y Andrés Suárez, Integrantes del Centro de Ética de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile, perteneciente a la AUSJAL, afirman que “El discernimiento es un método reflexivo y sistemático sobre un hecho particular; (que) busca conseguir medios activos para alcanzar un fin consecuente, y (…) se aplica a través de la pedagogía ignaciana”91.

La anterior afirmación constituye el método que se ha derivado de la propuesta con la que López Azpitarte logra que la moral cristiana incida en la vida social en general proponiendo un diálogo porque, así dispuesto, el discernimiento permite afrontar el reto de fundamentar racionalmente los preceptos de la moral cristiana (para así vivenciar la hermenéutica de la Sagradas Escrituras). De aquí, que sea un método razonable e importante si se tiene en cuenta que conforme el pluralismo aumenta, también aumentan el escepticismo y la indiferencia, si se asumiera la tolerancia como una forma de igualar en cuanto a su validez las diversas posibilidades morales: el método sería posible desde la fe, las personas tendrían campo a actuar con morales diversas al asumir que “la verdad no está garantizada”92.

Por otra parte, dado que la legislación civil administra “ilumina y condiciona”93 la cotidianidad de los ciudadanos, puede ocurrir que se identifique la legalidad con la moralidad y, en efecto, se olvide que la ley habla de mínimos. Por ende, "Si la ética civil

90 Los términos primeridad, segundidad, terceridad remiten directamente al proceso del discernimiento existente en San Ignacio de Loyola.

91“El método de discernimiento ético como un aporte a la toma de decisiones, una contribución del Centro de Ética de la Universidad Alberto Hurtado”. Texto sin referencia precisa de publicación que se consultó en

http://entretextos.leon.uia.mx/numeros/03/entretextos03-art12 .pdf , el 15 de febrero de 2011.

92López Aspitarte Eduardo, La moral cristiana en un mundo pluralista, 939.

corresponde a la sensibilidad generalizada de sus miembros, el gran esfuerzo habría que ponerlo en elevar esta conciencia comunitaria, que se manifieste, después, en una legislación más acorde con la dignidad del ser humano"94.

López Azpitarte afirma que “Lo que se defiende es la dignidad de la persona, aunque no todos compartan la misma valoración”95. Es coherente que el cristiano defienda lo que él cree que es dignidad de la persona basado en su experiencia de fe y seguimiento a Jesús el Cristo. “De esta forma, la ética civil se convierte para los cristianos en una invitación y un desafío al que tenemos que responder por fidelidad al ser humano y a nuestra fe”96. Para ello existe una posibilidad: que la teología moral fundamental se abra al campo de los conocimientos de frontera, basada en el diálogo, dejando de lado privilegios pasados que el pluralismo ha replanteado, para poder llegar a una situación novedosa que puede llevar a una actitud tolerante “que supere los fanatismos de otras épocas”97.

En correspondencia con lo anterior, la pedagogía ignaciana busca el crecimiento integral – racional y espiritual –de la persona. Se basa en la comprensión reflexiva y vivificada por la contemplación98. Lo cual conlleva a una transformación profunda de quien la recibe. Pensamientos y actos se ven, a la luz de los ejercicios espirituales ignacianos, de una manera diferente; porque el discernimiento garantiza que la reflexión no sea una ilusión engañosa, y que el significado de la experiencia se mantenga iluminado de la sabiduría del espíritu. Quien se ejercita en la práctica del discernimiento puede proceder con libertad y confianza sobre el valor moral de sus elecciones, de los juicios que emite y de las acciones

94 Ibíd.940 95 Ibíd. 940 96 Ibíd.940 97 Ibíd. 941

98 La contemplación lleva a “reflexionar sobre uno mismo para sacar provecho”, que no es sacar conclusiones, ni deducir comportamientos. La contemplación pone juntos el hombre y el misterio, largo rato, par que haya interacción y asimilación.

Tomado de: http://sanvicentemartirdeabando.org/ejercicios/contemplacion.htm “Ejercicios espirituales en la vida ordinaria de San Ignacio de Loyola”. El día 28 de febrero de 2011

que realiza.

El otro sentido en que el discernimiento facilita el ejercicio de la valoración moral es el que se relaciona con la diversidad de las instituciones que requieren precisar para la persona su identidad y sus principios, y delimitar un contexto con el cual coexistan manteniendo la armonía. Defender lo esencial muchas veces puede activar el peligro de la intolerancia o el fanatismo; sin embargo, a veces es difícil diferenciar entre las verdades básicas y las falsedades que de ella suelen derivarse, o marcar criterios que alerten sobre el momento en que el pluralismo pasa a ser una amenaza contra las tradiciones.

Es entonces preciso discernir sobre los medios empleados para predicación de la fe. El análisis y la interpretación de estos aspectos “han generado, en el decurso de la historia, épocas de mayor o menor tolerancia/intolerancia”99. Cuando López A. señala cómo en el pasado se justificaron comportamientos intolerantes y examina las razones que han dado lugar a una disposición al diálogo, establece una relación entre el discernimiento y el diálogo. Un tránsito epistemológico de gran importancia al momento de evaluar la pertinencia social, ya no sólo ética de la propuesta moral que realiza a partir de la desde la teología moral fundamental.

El concepto de verdad, legado por la filosofía analítica de raíz aristotélica, enfatiza una perspectiva en la que se hace difícil interpretar la naturaleza dinámica de la historia en la que se desarrolla el relato de lo humano. Este concepto, que se ha aplicado a las verdades reveladas, sin tener en cuenta la verdadera naturaleza de la revelación niega toda discusión sobre ellas, pues obliga a asumirlas como verdades cerradas. Así pues, el discernimiento permitiría volver sobre ellas y tomando en cuenta que sus contenidos son revelación en clave de comunicación Dios- Hombre, no hay duda que puedan adecuarse formalmente a las necesidades propias del diálogo en desarrollo.

Asumir como universal el principio de San Cipriano según el cual “extra ecclesiam nulla

salus”, que tuvo sentido en un contexto específico: para fundar el apoyo de la Iglesia en el poder civil –desde la aceptación del cristianismo como religión oficial del Imperio, en el año 380– ha dado lugar a una exageración. Es necesario discernir sobre el valor contextual de los principios; solo a través del discernimiento se puede acceder al valor real de algunos enunciados metafóricos presentes en las diversas manifestaciones de las sagradas escrituras.

El tema de poner las armas al servicio de la fe, con base en el mandato de Jesús de predicar la Buena Nueva a toda la creación (Mc 16, 15), se ha interpretado de manera equívoca, justificando la dominación como medio de evangelización. Es necesario someter a discernimiento el sentido de estas metáforas presentes en los evangelios. No es posible, en un mundo tan diverso, seguir asumiendo lo distinto como una amenaza per se. Es necesario el diálogo, bajo el pacto del previo discernimiento individual, y sobre entendiendo que éste es la forma en que el discernimiento se realiza como estrategia comunicativa.

Por consiguiente, el discernimiento constituye una propuesta sistematizada frente a diversas realidades del mundo pluralista y globalizado. Bien entendido, su aplicación a la vida en relación con la responsabilidad de cada persona se sitúa como una categoría moral primordial en tanto que vincula la moral pensada con la moral vivida; permite “mediar entre la historia (realidad) y la escatología (realización definitiva del reinado), entre la acción (praxis) y la contemplación (oración); entre la eficacia (r resultados) y la gratuidad (gracia)100.