CAPÍTULO II. Teología moral fundamental y espiritualidad ignaciana, en López A Parece que cualquier saber, para presentarse como
1. La moral cristiana en un mundo pluralista
Según López A., en una ética laica, la diferencia no se limita a pensar el objeto de la Teología moral para la comunidadreligiosa de la que forma parte; su pensamiento se ocupa de la relación entre su comunidad de fe y los contextos socioculturales con los que esa comunidad interactúa en la cotidianidad. Para él, la legislación civil puede tolerar ciertos comportamientos que no agradan a ciertas ideologías, pero "tendrá que hacerse intolerante con los atropellos, injusticias y discriminaciones que la colectividad en su conjunto considera inaceptables"79. Los acuerdos mínimos están sobre lo que no se acepta, más que
78 Cf. Tomado de: Kuhn, Thomas. Que son las revoluciones científicas? Barcelona: Ediciones Altaya,1994
79 López A. Eduardo. “La moral cristiana en un mundo pluralista”, (ejemplar aportado por el profesor Carlos Briceño, de su archivo digital). 940
sobre lo que "sí se acepta" o sobre qué sería lo bueno. La ética civil no discute sobre la muerte de Dios pues, considera el autor, que la fe no es una condición insustituible para vivir con honradez. Sin embargo, también considera que el laicismo defendido a ultranza es un fundamentalismo peligroso. Por ende, concluye que la moral civil "busca, precisamente, dar el margen necesario para que todos puedan actuar según sus convicciones personales (...) mientras tales prácticas respeten las exigencias concertadas"80.
Bajo esta finalidad de restablecer el liderazgo moral que ha caracterizado a la moral cristiana en el contexto de la ética civil, López afirma que "El cristianismo aspira a una moral de máximos, muy por encima de los mínimos exigidos en una legislación laica"81, de donde se sigue aun cuando no todo lo aprobado por la ley lo será por la moral cristiana, ésta debe abstenerse de buscar apoyarse en la ley u otra autoridad para entrar en diálogo ("Es la única plataforma de encuentro que ahora tenemos, para configurar un orden social justo y humano" afirma López A). Habida cuenta de que un buen cristiano no renuncia a los asuntos públicos, pues entiende que la fe no se limita a la esfera privada sino que tiene implicaciones a nivel social, político y económico.
Es decir que una persona se puede juzgar buena o mala dependiendo de la valoración personal que el sujeto realiza cuando analiza todos los factores con los que su decisión se confronta. Entre los cuales la normatividad tendría un lugar más no el único. Se es moral cuando se actúa permitiendo que las normas divinas se hagan manifiestas por efecto de la revelación82 y se acepta su invitación, en este punto la fe adquiere un valor insustituible.
Luego de la crisis que experimentó la teología moral, en torno del Concilio Vaticano II, se han polarizado dos tendencias: la de la argumentación deontológica y la del razonamiento teleológico. La teoría normativa deontológica evalúa la moralidad de un comportamiento
80 Ibíd., 940 81 Ibíd. 941
82
concreto dando prioridad a la propia naturaleza del comportamiento; por encima de sus consecuencias o de los efectos negativos que se deriven de ello. La teoría normativa teleológica, en cambio, considera la naturaleza del comportamiento entre otros factores; no se atreve a definir su juicio sin considerar el impacto que genera. López Azpitarte no entra dando prioridad a ninguno de los dos enfoques. De hecho, para este autor la crisis radica justamente en segmentar de esa manera la teología moral; dando por supuesto una ruptura entre la norma y el acto en el que se concreta su función83.
La propuesta de López se concentra así en el discernimiento como categoría capaz de dar cuenta de dicha relación indisoluble. De hecho, cuando la normatividad resulta insuficiente ante la novedad de las exigencias que enfrenta la persona en acto, el discernimiento aporta un elemento nuevo a las consideraciones normativas. Se diría que López A. observa la problemática en la que incurren todos los partidarios de uno y otro enfoque y concluye que ni los unos ni los otros tienen razón; y que la razón exige el acuerdo entre ambos enfoques. Sin embargo, pese a todo el esfuerzo que supone su extensa obra, la dualidad de enfoques persiste entre quienes lo leen e interpretan.
Una situación semejante a ésta que se da en el plano teórico desarrollado por los moralistas luego del Concilio, Vaticano II, es la que justifica la reunión entre musulmanes, judíos y cristianos, para dialogar sobre la moral en las distintas religiones en aras de definir acuerdos básicos entre ellas, que José R. López de la Osa”84 presentó en el artículo “El
símbolo, una categoría dialógica entre religiones y culturas”. Dicho autor afirma que “aquélla fue una reunión enormemente creativa que, una vez más, nos reveló el deseo de seguir caminando por la senda del entendimiento, el respeto y la complementariedad, más que por los caminos de la exclusión, la mutua ignorancia y el silencio”85. La idea de diálogo
83
Cf. López A. Eduardo. “La moral cristiana en un mundo pluralista”, (aportado por el profesor
Carlos Briceño, de su archivo digital).
84 Profesor en el Instituto Superior de Ciencias Morales, Madrid.
85 Tomado de: López, José. “El símbolo, una categoría dialógica entre religiones y culturas”. (Documento consultado en el archivo digital del profesor Briceño). 993
que se propone en esta exposición supone cierto contenido espiritual en el trasfondo de la interacción dada entre representantes de religiones tan diversas. El diálogo “no es algo que se haga únicamente con la mente, no sólo tiene lugar al nivel de las ideas”86. El diálogo no
“es un mero intercambio de ideas sino que es un diálogo personal y, por lo tanto, intervenimos en él con todo el simbolismo que nuestra vivencia existencial conlleva, en diálogo con otras estructuras y otros universos simbólicos”87.
Se observa entonces que la pluralidad del mundo tiene un efecto en dos sentidos sobre la conciencia moral que fundamenta los comportamientos: en un sentido de la pluralidad el comportamiento que se ajusta a la moral (lo bueno) debe, en muchas ocasiones, enfrentar lo incierto, lo aun no precisado por la normatividad, lo que motiva a incorporar a la tradición elementos que ésta aún no había considerado, por cuanto no existían en la historicidad del mundo; en el otro sentido, la pluralidad de credos puede suponer diversos enfoques morales sobre un mismo comportamiento. En ambos casos la moral enfrenta la misma problemática y por ende conlleva la necesidad de un mismo recurso para poder operar. Independientemente de la modalidad de fe que se profese es necesario establecer acuerdos, independientemente de la incompletitud de los sistemas normativos frente al carácter histórico de los actos, es preciso establecer una respuesta positiva a la pregunta por la forma de encontrar en todo caso la acción moralmente correcta.
Como consecuencia de lo anteriormente expuesto, aparece así el “Discernimiento”, este tipo de razonamiento impregnado de la luz del espíritu, una modalidad de análisis teológico que tiene en su base la práctica en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola88.
86 Ibid, 994 87 Ibíd. 994.
88 Cf. Tomado de: Jaques, Lewis. Conocimiento de los ejercicios espirituales de San Ignacio. El discernimiento en los ejercicios espirituales aparece como reflexión en la primera y la segunda semana.
El verdadero cristiano, somete a un proceso de discernimiento la relación entre sus acciones y la moral que la tradición de la que es parte ha desarrollado para él. De esta manera su acción moral es una manifestación de una racionalidad humana combinada con una resonancia numinosa. Así “lo humano no cierra el camino a la trascendencia y lo religioso no le resta seriedad a la autonomía humana”.89