Ponente: Ruth Abril Stoffels
Expresando preocupación por el hecho de que los civiles, y particularmente las mujeres y los niños, constituyen la inmensa mayoría de los que se ven perjudicados por los conflictos armados, incluso en calidad de refugiados y personas desplazadas internamente, y cada vez más sufren los ataques de los combatientes y otros elementos armados, y reconociendo los efectos que ello tiene para la paz y la reconciliación duraderas,
Reafirmando el importante papel que desempeñan las mujeres en la prevención y solución de los conflictos y en la consolidación de la paz, y subrayando la importancia de que participen en pie de igualdad e intervengan plenamente en todas las iniciativas encaminadas al mantenimiento y el fomento de la paz y la seguridad, y la necesidad de aumentar su participación en los procesos de adopción de decisiones en materia de prevención y solución de conflictos,
En similar sentido, por lo que se refiere a los niños, la Resolución 1613 (2005) del Consejo subraya que
Convencido de que la protección de los niños en los conflictos armados debe ser considerada un aspecto importante de toda estrategia general para la solución de un conflicto,
Reiterando que le incumbe la responsabilidad primordial por el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales y, en ese contexto, su compromiso de hacer frente a las consecuencias generalizadas que tienen los conflictos armados para los niños,
Subrayando su determinación de hacer respetar sus resoluciones y otras normas y principios internacionales para la protección de los niños afectados por conflictos armados,
De esta forma, a partir de principios de este siglo, se cae en la cuenta de todos los elementos de la sociedad son “interesantes” para cualquier proceso de paz como miembros de una colectividad que necesariamente interactúa entre sí.
Pero esto es especialmente cierto para mujeres y para niños, ambos son el presente y el futuro de la sociedad. En este sentido, el llamamiento de los distintos organismos humanitarios y de desarrollo es cada vez más insistente para que se tenga en cuenta el papel de las mujeres en las sociedades, tanto el que tienen como portadoras y transmisoras de la cultura y de los valores éticos de la comunidad y de la unidad de la familia en contextos de emergencia, como el que debería tener como actor político en la misma y como agente económico y de cambio social en el entorno en el que actúa.
Prueba de ello es el papel tan importante que se le ha dado en los ODM y el reciente replanteamiento de las operaciones de paz para incorporar una perspectiva transversal de género en todos los campos, asesores de género en los mismos y el incremento de la presencia femenina dentro de los contingentes de paz.
De igual manera, el respeto y promoción de los derechos humanos de los niños y niñas es una inversión de cara al futuro. Niños sanos, educados y estables socio-emocionalmente son la base de la construcción de la sociedad, mientras que unos niños que crecen en un entorno injusto, opresor y decadente están más predispuestos a repetir esquemas de acción en su edad adulta.
Es por ello que los ODM también dan un protagonismo especial a los niños, y desde el año 2000 se han producido avances importantísimos en el diseño y ejecución de las misiones de paz, incluyendo también la figura del asesor de la protección de menores y la creación de un mecanismo específico para la vigilancia de las violaciones graves de los derechos humanos.
Dicho todo esto, es preciso destacar que estamos en fases iniciales. No nos hemos dado cuenta hasta hace poco de esta carencia y de la necesidad de trabajar en este tema y por lo tanto, todavía las insuficiencias son muchas y los desafíos parecen insuperables. De hecho, aunque es un tema que parece que se ha puesto de moda, en muchos de los documentos oficiales de las Naciones Unidas se hacen llamamientos a la Comunidad Científica y a las ONGS para que estudien este tema y compartan los avances con miras al logro de un avance más rápido.
Desde esta perspectiva, es interesante subrayar que sigue existiendo un grupo vulnerable opaco a la Comunidad Internacional: LAS NIÑAS. Es cierto que, como mujeres, van a verse beneficiadas de los avances en este campo y que, como menores, se verán fortalecidas por los progresos que para la infancia se hagan. Sin embargo, existen
Ponente: Ruth Abril Stoffels
necesidades específicas que no son tenidas en cuenta y obstáculos al disfrute de sus derechos que en muchas ocasiones son obviados. Y ello a pesar de que como hemos dicho antes, como mujer y como niña son el presente y el futuro de la sociedad.
Estos millones de niñas se encuentran marginadas en nuestras sociedades, menos sanas de lo que podrían estarlo, menos capacitadas, con menos posibilidades en sus vidas y menos esperanzas para el futuro. Cuando se convierten en mujeres, están mal preparadas para participar plenamente en el desarrollo político, social y económico de sus comunidades. Ellas –y sus hijos a su vez- corren mayores riesgos de sufrir las consecuencias de la pobreza, del VIH/SIDA, de la explotación sexual, de la violencia y del maltrato. Por consiguiente, educar a una niña es educar a toda una familia. Y lo que es verdad para las familias lo es también para las comunidades y, en última instancia, para países enteros. Muchos estudios nos han indicado que no hay ningún instrumento más efectivo para el desarrollo que la educación de las niñas. Ninguna otra política tiene tantas posibilidades de aumentar la productividad económica, reducir la mortalidad de los recién nacidos y la mortalidad derivada de la maternidad, mejorar la nutrición y promover la salud, e incluso contribuir a evitar la propagación del VIH/SIDA. Ninguna otra política es tan poderosa a la hora de aumentar las posibilidades de educación para la próxima generación (Kofi Annan en El Estado Mundial de la Infancia de 2004).
Hemos comenzado esta conferencia con un texto del Secretario General de las Naciones Unidas en el que se afirmaba que:
Si bien no puede decirse que la pobreza y la negación de los derechos humanos sean la “causa” de las guerras civiles, el terrorismo y la delincuencia organizada, todos ellos incrementan considerablemente el peligro de la inestabilidad y la violencia.
En este sentido, se ha dicho en muchas ocasiones que el concepto de paz tal y como se consagró en la Carta de las Naciones Unidas ha quedado obsoleto, hoy en día, no podemos afirmar que la paz sea la ausencia de guerra, sino que la paz es un concepto mucho más amplio que incluye el respeto de la dignidad humana, tal y como dice un autor.
“La paz no es sólo tranquilidad en el orden. La paz es ausencia de guerra, por supuesto, pero sobre todo ausencia de las condiciones y factores que permiten la guerra, la inician, la incitan y la mantienen. Es decir, la paz va acompañada de justicia y de igualdad de derechos cumplidos. También de ausencia de miseria y humillación” (X Caño).
Y esto nos lleva directamente a la pobreza y al subdesarrollo.
Se habla, del derecho al desarrollo, una vez más, como un derecho de tercera generación junto con el de la paz o el del medio ambiente saludable. Pero lo cierto es que el desarrollo, lo mismo que, en cierto sentido el medio ambiente saludable, son precondiciones de la paz y, a su vez, son necesarios para el adecuado disfrute de los derechos humanos. En este sentido, La Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena de 1992 tuvo clara la relación entre estos conceptos:
La democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales son conceptos interdependientes que se refuerzan mutuamente. La democracia se basa en la voluntad del pueblo, libremente expresada, para determinar su propio régimen político, económico, social y cultural, y en su plena participación en todos los aspectos de la vida. En este contexto, la promoción y protección de los derechos humanos y de las libertades fundamentales en los planos nacional e internacional deben ser universales y llevarse a cabo de modo incondicional. La comunidad internacional debe apoyar el fortalecimiento y la promoción de la democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales en el mundo entero.