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65Desarrollar las capacidades intelectuales necesarias para la innovación implica el

como la fortaleza y la templanza, y la confianza en uno mismo

65Desarrollar las capacidades intelectuales necesarias para la innovación implica el

desarrollo de ciertas virtudes morales. Éstas, aunque tienen una dimensión indivi- dual, son disposiciones constitutivamente referidas a la vida en un entorno social y a las relaciones con los demás. Unas, como las virtudes de carácter, clásicas, de la fortaleza y la templanza, son necesarias para que los individuos tengan con- fianza en sí mismos, pero también para que sean capaces de responder de sus actos ante los demás. Por su parte, la virtud de la justicia parece referirse de ma- nera más directa e inmediata a la confianza en los demás, y en definitiva a la confianza mutua que es básica para la lealtad en los procesos de competición y de cooperación, lealtad sin la cual estos procesos no pueden mantenerse a largo plazo.

En este capítulo nos ocupamos de indicadores indirectos del desarrollo de las virtudes de la fortaleza y la templanza. Tratamos de obtener pistas de los niveles de confianza o seguridad en uno mismo, necesaria para la asunción de responsa- bilidad en la toma de decisiones, para perseverar en lo emprendido, para asumir riesgos, así como para aceptar la realidad como es y no huir de la conversación y la discusión (con lo que tiene de confrontación de posturas) razonable. Por otra parte, cuanta más seguridad o confianza tiene alguien en sí mismo, menos teme a los demás o desconfía de ellos, pues siente que puede afrontar mejor sus posi- bles engaños o incumplimientos de compromisos. La confianza en uno mismo, facilita, por último, la cooperación, pues quien confía en sí mismo está más segu- ro de poder atender sus propios compromisos.

Hemos clasificado esos indicadores en cuatro categorías: los que miden la pron- titud o tardanza en la emancipación de los jóvenes del hogar paterno; los que se refieren a la autonomía en la toma de decisiones, si bien se centran en las decla- raciones favorables a esa autonomía; los que apuntan a actitudes de aversión a la incertidumbre; y los que reflejan inseguridades en la propia valía. Veremos luego si nuestras observaciones se encuentran corroboradas por otros indicadores, orga- nizados en torno a los temas de la justicia y la confianza generalizada (en el capí- tulo 4), y la mayor o menor amplitud de los horizontes vitales de los individuos y las sociedades (en el capítulo 5).

3.1. Emancipación tardía y abandono

del nido paterno con dificultad

Comenzamos analizando dos indicadores de confianza en uno mismo con un correlato claro en la vida real, pues se refieren a una de las decisiones de mayor relevancia en la afirmación de la propia responsabilidad y autonomía. Nos referi- mos a la decisión de emanciparse del hogar familiar. Se trata, por una parte, del indicio de cuándo tienden a emanciparse los jóvenes europeos y, por otra, de su opinión sobre la edad ideal para hacerlo. En principio, cuanto más tardan los jó- venes en abandonar el nido paterno, más tardan en asumir por completo las responsabilidades y afrontar los riesgos inherentes a la vida adulta y, por tanto, más tarde se convierten en adultos plenos y con la confianza en sí mismos propia de esa fase de la vida.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la edad de emancipación es un rasgo cultural, que, como es lógico, puede estar muy condicionado por factores institu- cionales y por la coyuntura económica. Por ejemplo, la regulación del mercado de la vivienda puede mantener los precios de ésta, tanto de compra como de alqui- ler, muy caros durante mucho tiempo, lo que dificulta una emancipación tempra- na. Una segmentación profunda del mercado de trabajo entre asalariados con contrato indefinido y con contrato temporal, como la existente en España, si con- centra la temporalidad en los jóvenes, tendrá el mismo efecto, lo mismo que una regulación que haga muy difícil su acceso a un trabajo a tiempo parcial compati- ble con sus estudios. Asimismo, una crisis económica, o un estancamiento eco- nómico, de duración prolongada, que conlleve una elevada, y duradera, tasa de paro juvenil, operará en el mismo sentido. Cabe recordar que todos estos factores han actuado y actúan hoy, precisamente, en el caso español.

3.1.1. Tasa de emancipación

Con la Encuesta Social Europea, en sus distintas rondas, podemos calcular la

proporción de los jóvenes de 15 a 29 años que ya no viven con sus padres, lo

que puede servirnos como indicio de lo temprano o tarde que se establecen por su cuenta. La relación entre este indicador y la tasa de patentes es bastante clara, incrementándose ambos a la par (gráfico 3.1) y de modo bastante consistente

(R2=0,44).

No nos sorprende encontrarnos a los jóvenes españoles como los menos eman- cipados de todos los europeos: es casi un saber común. Tampoco sorprende que se encuentren acompañados de los italianos, los portugueses y los griegos, y los irlandeses, aunque a este grupo habitual se han agregado esta vez los austría- cos.

67 Gráfico 3.1.

Patentes triádicas por millón de habitantes (2000-05)

No vive con sus padres (ESE12y3)

80,0 Sue P. B. Ale Aus Fin Bél Lux Din Fra R. U. Irl Esp Por Gre Ita R2 lineal = 0,436 60,0 20,0 40,0 0,0 30,00 40,00 20,00 50,00 60,00 70,00

3.1.2. Un factor de largo recorrido

En realidad, esta ordenación actual de los países de la UE15 es un reflejo de una ordenación tradicional, probablemente secular. David Sven Reher (1998) ha argüi-

do muy verosímilmente a favor de la presencia, al menos desde el siglo xix, si no

desde finales de la Edad Media, de diferencias similares a las actuales en lo to- cante a la formación de familias. En los países del norte de Europa y el Reino Unido era más común un abandono temprano del hogar familiar, muchas veces ligado a desarrollar tareas de servicio doméstico en otros hogares. Ambos fenó- menos (abandono temprano, servicio doméstico en otros hogares) eran mucho menos frecuentes en los países de la Europa mediterránea (Italia o España, por ejemplo), en los que la emancipación, más tardía, se vinculaba mucho más direc- tamente al matrimonio. En la Europa septentrional, el matrimonio podía llegar años

después de la salida del hogar paterno. A mediados del siglo xix, las diferencias

medibles con censos de población eran muy sustantivas: en el norte de Europa entre un 30 y un 55% de los jóvenes de 15 a 24 años eran sirvientes en otros hogares, un porcentaje que caía a un intervalo entre el 5 y el 20% en la Europa meridional.

Otro indicio de la pervivencia de diferencias sustantivas en estas pautas familiares, y de su relevancia como indicio de confianza en uno mismo, asociado, a su vez, a

la capacidad de innovación de los países, lo tenemos en los datos de emancipa- ción de nueve países de la Europa de los 15 correspondientes no a los jóvenes actuales, sino a cohortes nacidas hace cincuenta o sesenta años. Francesco C. Billari (2001) apunta a que las edades de emancipación en Europa Occidental, más que converger, van estabilizándose en niveles distintos en cada país, afirmán- dose la divisoria entre el norte y el sur de Europa. A nuestros efectos, lo más in- teresante es que ofrece datos de la edad mediana de abandono del hogar pater- no para las cohortes de varones y mujeres nacidas en 1946-1950 o 1951-1955

para nueve países de Europa occidental.16 También en este caso, nosotros hemos

correlacionado la edad mediana de abandono del hogar de aquellas cohortes con nuestra actual tasa de patentes, obteniendo una relación negativa (peor tasa a medida que aumenta la edad), estadísticamente significativa, y muy fuerte tanto

en el caso de los varones (R2=0,84) como en el de las mujeres (R2=0,74). Lo cual

supone una asociación todavía más notable que la que se obtiene entre la tasa de patentes y la tasa de emancipación de los jóvenes actuales en esos mismos paí-

ses (R2=0,39, no significativa).

Lo cierto es que la tasa de emancipación de los jóvenes españoles ha sido histó- ricamente baja, aunque no ha permanecido estrictamente estable. El gráfico 3.2 recoge el porcentaje de los jóvenes de 25 a 29 años emancipados desde 1930 a

2009.17 Si nos fijamos en la tasa de los varones, observamos que era todavía muy

baja (próxima al 50%) en 1930 y que, incluso, cayó en esa década, probablemen- te como consecuencia de la guerra civil. Vemos también cómo se recupera algo en los años cuarenta y, sobre todo, cómo crece muy claramente en las décadas de los cincuenta, sesenta y, probablemente, setenta. Ello coincidiría con una fase de crecimiento económico muy intenso (especialmente en los sesenta y los prime- ros años de los setenta), que se vio acompañado por una mutación profunda de las bases materiales de la estructura económica y social española, y, en particular, por unos niveles elevadísimos de migración interna campo-ciudad, y a edades tempranas. Sólo esto último serviría para explicar buena parte de la mayor eman- cipación de los jóvenes, que buscan sus oportunidades vitales y profesionales lejos del pueblo de sus padres, en ciudades como Madrid o Barcelona. Probable- mente, habría que tener en cuenta también una sensación de cambio de horizon- tes vitales que se adueñó también en esos años de los habitantes de las grandes ciudades.

La caída de las migraciones interiores y la duradera crisis económica de los seten- ta y primeros ochenta impidió no sólo que se consolidasen tasas algo más altas de emancipación juvenil, sino que las revirtió a niveles mínimos (apenas superiores

16 Se trata de Alemania Occidental, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Italia, Portugal y Suecia,

todos ellos con datos para la cohorte de 1946-50 menos Bélgica y Alemania, que cuentan con datos para la cohorte de 1951-55. Los datos proceden de distintas Encuestas de Familia y Fecundidad llevadas a cabo a finales de los ochenta o principios de los noventa. A título de ejemplo, la de los varones españoles era de 25,9 años, mientras que la de los suecos era de 20,2 años.

17 Hasta 1981 los datos representan el porcentaje de solteros en ese tramo de edad, un buen indicio

de pertenencia al hogar paterno, pues la salida de éste estaba vinculada al matrimonio en casi todos los casos. A partir de 1987 los datos representan el porcentaje de jóvenes que no son hijos de la

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