El psicoanálisis nos familiarizó con la idea del inconsciente. El hecho es que no nos percatamos, no somos conscientes, de la mayor parte de nuestros senti-pensamientos. Paradójicamente son ellos, los inconscientes, los que más influyen en nuestra conducta. Damos demasiada importancia a nuestra información consciente, descuidando la inconsciente, que representa, usando el símil del iceberg, la mayor parte de los contenidos de nuestra mente. Pensamos demasiado y trabajamos nuestra parte emocional poco, casi nada.
La utilidad de no pensar tanto, está vinculada con el acceso a la consciencia no verbal de hacer parte de un todo, tan valorada en la práctica espiritual del misticismo. También correlaciona con la emergencia de la intuición, entendida como procesamiento inconsciente de información, presuntamente realizada a través del hemisferio derecho del cerebro y definida por el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, como la “facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de
razonamiento”.
Lo que sabemos hoy del funcionamiento de los hemisferios cerebrales, parece indicar que lo consciente tiene más que ver con el hemisferio izquierdo, analítico y verbal, que con el derecho, globalizador y mudo. En el derecho se produce, entre otras, la síntesis de la información que procesamos conscientemente con el izquierdo, pero a ésta sólo tenemos acceso mediante la percepción directa, no verbal, de la misma; en otras palabras, a través de la intuición.
La intuición es muda, nos habla desde el silencio. El conocimiento intuitivo es algo que no necesita de palabras pues las trasciende. La intuición no es como investigar la verdad con la ayuda de una linterna, sino como mirar lo que hay en la noche oscura en el fulgor deslumbrante de un relámpago, donde todo se hace visible de forma simultánea. No es que algo – una parte – se haga visible ahora, más tarde otra parte, luego otra, y así sucesivamente. La percepción de lo que hay ocurre a la vez, todo se descubre a un tiempo. Ella nos habla desde el silencio pues trasciende las palabras. Si no sabemos acallar nuestra mente, se nos dificultará percibir su voz. La meditación contemplativa de
la que hemos hablado antes, es un buen entrenamiento para poder escucharla.
Análisis y síntesis se complementan funcionando en círculo, el uno alimenta al otro. Entre mejores análisis, mejores síntesis y viceversa. Por ello para poner a funcionar en forma adecuada la intuición es recomendable agotar la vía analítica y desprender la mente consciente del tema que nos preocupa, estando alerta a los destellos creativos de nuestro hemisferio derecho. Posteriormente, hemos de validar racionalmente nuestras intuiciones y de ser necesario, reiniciar el proceso.
Para Kenichi Omhae, destacado consultor administrativo contemporáneo, las estrategias de negocios que llegan a tener éxito no provienen de un análisis riguroso, sino mas bien de un particular estado mental, más creativo e intuitivo que racional. Gödel, célebre matemático, sostenía que la intuición es un instrumento que un día sería tan valorado como la lógica misma. Igualmente Gary Kasparov, el campeón mundial ruso de ajedrez, sostuvo durante su visita a Bogotá en el año 2005, que la intuición era la cualidad definitiva de un gran ajedrecista.
En la práctica, todo lo anterior implica menos pensamiento, más vacío; menos racionalidad, más instinto; más abandono, mayor confianza en las fuerzas impersonales que determinan nuestro ser. Dejar que la verdad que se halla dentro de nosotros guíe nuestro camino. Esa verdad que, vale la pena aclarar, no es la VERDAD, con mayúsculas, sino nuestra verdad, hecha a nuestra medida, ajustada a lo que somos y a nuestras circunstancias.
Confiemos en nuestra intuición; entre más la usemos, más se fortalecerá. DESAPEGARSE DE RESULTADOS
El desapego es un estado de la mente que implica mantener el centro de auto valoración en lo que somos, un centro de consciencia, independientemente de nuestros logros.
Aplicado a resultados significa no hacer depender nuestra auto-estima de logros sobre los que no tenemos total control. No implica no darle valor a aquello por lo que luchamos o no trabajar por objetivos, sino percatarnos de que su obtención depende no sólo de nuestros esfuerzos sino de variables que escapan a nuestro dominio. Es darnos cuenta de que en muchos eventos de nuestra vida cotidiana somos totalmente responsables de nuestros esfuerzos, pero solo parcialmente de los resultados que esperamos obtener de ellos pues el principio de incertidumbre de la Física, derivado de la interdependencia de todo lo que existe, opera también el mundo de los asuntos cotidianos.
El desapegarse de resultados correlaciona con lo que los psicólogos denominan
tolerancia a la ambigüedad, considerado por muchos como unos de los atributos de
Centrar nuestra valoración personal en resultados que no dependen totalmente de nuestros esfuerzos es irracional. Saber aceptar la ambigüedad y aprender a navegar en ella, derivando en estado de alerta, como recomienda Manfred Max Neef ganador del Nóbel alternativo de Economía en 1983, es vital para la tranquilidad y la efectividad personal.
La posición de Deepak Chopra respecto a la posibilidad de no angustiarse por resultados que no dependen totalmente de nosotros, es muy interesante. Afirma que si al formular nuestros objetivos nos abrimos a la posibilidad de que no se cumplan si circunstancias fuera de nuestro control no nos son favorables, podemos luchar por ellos concentrándonos en los esfuerzos, sin hacer depender nuestra valoración personal del éxito fracaso de nuestras acciones individuales. En esta dirección apunta uno de los cantos de guerra de la etnia Suahili: Solo la lucha le da sentido a la vida, la victoria o la
derrota está en manos de los dioses ¡Celebremos la lucha!
Para los creyentes en Dios y en su intervención personal o impersonal en asuntos humanos, el aceptar su voluntad puede representar una idea equivalente. Para ello podemos hacer propia la frase de San Ignacio de Loyola quien desde la perspectiva cristiana, decía: Obremos como si todo dependiera de nosotros, pero dejemos el
resultado en manos de Dios.
El enfoque plasmado en el Baghavad Gita,21 que constituye la esencia de la filosofía de los hindúes y budistas, logra un notable equilibrio entre medios y fines: Mirar el futuro y luchar por construirlo según los propios sueños, pero sin apetecer los frutos de la acción. Si se dan bien, si no, examinar por qué y modificar los fines o los medios aceptando lo que no podamos cambiar, enfatizando en todos los casos, el valor de la experiencia en sí misma y el aprendizaje que se deriva de ella. En este sentido podríamos decir con Gandhi: esfuerzo completo, victoria completa.
Desde la perspectiva del desarrollo personal el camino y lo que en él se aprende es el fin y el destino el medio. Esto se encuentra bellamente expuesto en la poesía de Constantino Kavafis, ITACA.22
21
Hay muchas versiones de esta obra capital de la filosofía Hindú. Ver, entre otras, Ramacharaka, Yogi:
Bhagavad Gita. Editorial Kier, Buenos Aires; un excelente resumen. Hay a disposición del lector un extracto de la misma que puede ser solicitado al e-mail señalado en la nota 2.
22
Si vas a emprender el viaje hacia Itaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias y en conocimientos. A Lestrigones y a Cíclopes y al airado Poseidón nunca temas. No hallarás tales seres en tu ruta si alto es tu pensamiento y limpia la emoción de tu mente y tu cuerpo. A Lestrigones y a Cíclopes, ni al fiero Poseidón hallarás nunca, si no los llevas dentro de tu alma, si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo, que numerosas sean las mañanas de verano en que con placer, felizmente arribes a puertos nunca vistos. Detente en los mercados de Fenicia y adquiere hermosas mercancías, madreperla y coral, y ámbar y ébano, perfumes deliciosos y diversos, cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes. Visita muchas ciudades de Egipto y con avidez aprende de sus sabios.
Si soltamos el apego por resultados concentrándonos en realizar lo mejor posible lo que tengamos que hacer para lograrlos, nuestro desempeño y nuestra calidad de vida mejorarán notoriamente.