Un camino con corazón, según Carlos Castaneda23, mítico escritor peruano, autor de una serie de libros relacionados con las enseñanzas de Don Juan, presunto chamán mexicano de la etnia yaqui, es aquel que se recorre por el solo placer de hacerlo, aunque no conduzca a ninguna parte. Si tiene corazón, el camino es bueno; si no, convierte a quien lo transita en víctima de la vida.
Cualquier sendero que escojamos es un camino entre cantidades de caminos. En todos aprendemos, pero si sentimos que no debemos seguirlo porque sus beneficios son inferiores a sus costos, debemos abandonarlo.
El camino con corazón está construido sobre fortalezas, no sobre debilidades. Se fluye en él porque nuestra vocación y aptitudes parecen haber sido especialmente diseñadas para la tarea que estamos realizando. Tiene corazón porque lo ejecutado en el aquí y en el ahora es un fin en sí mismo y no sólo un medio para lograr otros fines en sitios y tiempos distintos al presente que ahora se vive. Recorriéndolo, se siente que se crece como ser humano y profesional, porque a través del hacer, se es cada vez más.
El buen trabajo, el trabajo con corazón, produce resultados tangibles para los demás; lo que entregamos nos enorgullece, porque sentimos que estamos colaborando a mejorar la condición humana.
En el campo laboral, Peter Drucker, el teórico de la Administración que tal vez más influencia tuvo en el pensamiento gerencial del siglo XX, afirma en su clásico libro, El
ejecutivo Eficaz,24 que lo más conveniente es construir sobre fortalezas, las propias y las
de los demás; no sobre debilidades. Para ello debemos usar nuestra ventaja comparativa,
Ten siempre a Itaca en la memoria, llegar allí es tu destino, más no apresures el viaje, mejor que se extienda largos años y en tu vejez arribes a la isla con cuanto hayas ganado en el camino, sin esperar que Itaca te enriquezca. Itaca te regaló un hermoso viaje, sin ella el camino no hubieras emprendido, mas ninguna otra cosa puede darte. Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca. Rico en saber y en vida, como has vuelto, comprendes ya el significado de Itaca.
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Hay disponible solicitando al e-mail señalado en la nota de pie de página No. 2, un extracto de las
siguientes obras: Las enseñanzas de Don Juan. Fondo de Cultura Económica. México - 1974. Una realidad aparte. Fondo de Cultura Económica. México - 1974. Viaje a Ixtlan. Fondo de Cultura Económica. México - 1975. Relatos de Poder. Fondo de Cultura Económica. México - 1976. El don del águila. Editorial Diana, México, 1982 El segundo anillo de poder. Emecé, Editores. 1987 El fuego interior. Editorial Everest, Leon. 1986.
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Drucker, Peter: El ejecutivo eficaz. Editorial Sudamericana, Décima Cuarta reimpresión. 1996, Argentina.
es decir, aquello que hacemos bien en forma natural... lo que se nos da, de la que hablamos en la Ley del Dharma.
¿Es nuestro trabajo un camino con corazón? ¿Lo seguiríamos recorriendo aunque no tuviésemos necesidad de trabajar para vivir?
Respondamos estas tres preguntas:
¿Qué haríamos si no necesitáramos trabajar para vivir?
¿Cuál es desde ese camino, la mejor manera de servir a los demás? ¿Cómo puedo convertir mi camino en una forma de vida?
Ellas nos indicarán qué senderos laborales tienen corazón para nosotros.
Al contestar las dos primeras preguntas, eliminemos cualquier restricción, como la económica, a fin de no limitar el rango de las respuestas. El tema de dinero debemos tratarlo al contestar la tercera pregunta, después de definir el camino, viendo cómo podemos lograr los medios que necesitamos para vivir según queremos, sin abandonar el sendero que hayamos elegido.
Si nuestros caminos tienen corazón nuestra vida es como una danza, que se baila por el placer de bailar; si no lo tiene, es como una sesión de aeróbicos musicalizados, si la hacemos para rebajar de peso o fortalecer el músculo cardíaco y no por el placer de bailar.
Si los caminos de nuestra vida tienen corazón somos seres humanos afortunados, si no lo tienen debemos abandonarlos antes que ellos termine n con nosotros.
Tenemos derecho a expresar a plenitud nuestro ser en el quehacer cotidiano y ello implica un trabajo que nos haga bendecir la vida. En este contexto tiene razón Facundo Cabral cuando dice que una persona que trabaja en lo que no ama es un desocupado aunque
labore todo el día. Felicidad laboral, implicaría por lo tanto estar laborando en algo que
haríamos gratis, y tener alguien que nos pague por ello.
Todo lo anterior contraría la idea que lo que hace meritorio un camino es el esfuerzo, aunque no nos guste recorrerlo, lo que Gerardo Schmedling llamaba tareas de DESTINO, en oposición a las de MISIÓN que son aquellas en las que se integra el ser con el quehacer. Esto sólo es cierto si no podemos trascender un camino sin corazón poniéndolo al servicio de nuestro meta-propósito, aprendiendo a amarlo. En el evento de que no podamos cambiar de camino, cobra sentido la recomendación de que si no podemos hacer lo que amamos debemos aprender a amar lo que hacemos, convirtiendo nuestro DESTINO en MISIÖN.
Cuando recorremos caminos con corazón fluimos. Una persona que fluye, según Mihaly Csikszentmihaly 25, está completamente centrada en la acción no en los resultados de la misma. La persona se hace una con lo que hace, desapareciendo en esos momentos la consciencia de sí. La sensación de tiempo se distorsiona, convirtiéndose las horas en minutos. Cuando en una actividad fluimos, funcionamos a plenitud de cuerpo y mente. El fluir se da cuando nuestros actos brotan del amor. Esto se logra cuando recorremos caminos con corazón
Todos nosotros tenemos las llaves de las cerraduras que creemos debemos abrir para convertir nuestros sueños en realidades. Nadie hará por nosotros lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos. Empecemos ahora, trabajando nuestro interior; mañana puede ser tarde, pues corremos el riesgo de disfrazar de seguridad el temor de asumir el riesgo de ponerle corazón a nuestros caminos.