2 MARCO CONTEXTUAL
2.1 Los estudios de posgrado
2.1.1 Perspectiva histórica.
2.1.1.2 Desarrollo de los estudios de posgrado en México.
En México, los posgrados son aquellas opciones educativas y posteriores a la licenciatura que comprende los siguientes niveles: especialidad, maestría y doctorado. Las cuales conducen a la obtención de un grado, excepto la especialización que conduce a la obtención de un diploma (SEP, 2000).
Los estudios de posgrado en México, como en América Latina, son un fenómeno de reciente creación. La Universidad Autónoma de México (UNAM), en 1926, fue la primer institución en ofertar programas de posgrados (García, 1995). Sin embargo, fue a partir de 1932 cuando empezaron a otorgarse estos grados de forma continua (Torres, 2012). Entre 1939 y 1995 se crearon 24 programas de posgrado ofertados por la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Nacional de Salud Pública, El Colegio de México, la Universidad de Guadalajara, el Colegio de Posgraduados, el Centro de Investigación y Estudios Superiores de Monterrey, y el Instituto Politécnico Nacional (Villa, 2012)
El desarrollo de los posgrados en México puede organizarse como lo plantean Valenti y Flores (2010) en cuatro fases.
2.1.1.2.1 Primera fase.
La primera fase, propuesta por los autores, comprende el periodo 1970-1980. En 1970, se crea el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) con la finalidad de que la ciencia y la tecnología tuvieran un papel importante en el desarrollo del país. Durante este periodo el apoyo a la ciencia y la tecnología se destinó principalmente para la creación y fortalecimientos de centros de investigación. En esta década, señalan Valenti y Flores (2010) los centros de
investigación más grandes del país (aquellos con más de 100 investigadores) se duplicaron en número, llegando a diez centros.
En 1970 solo trece instituciones de educación superior tenían programas de posgrado. La matrícula las constituían 4,088 alumnos (Arredondo, Pérez y Morán, 2006). Sin embargo, la UNAM tenía la mayor parte de los programas de posgrado (167). Lo cual implica que los estudios pos-graduales de esta época estuvieron muy centralizados, de modo que una sola institución captaba más de tres cuartas partes del total. El Consejo advertía esta situación, y reconocía la necesidad de revertir esa tendencia. Por lo que de 25 instituciones científicas que promovió en esta década, únicamente siete fueron en el distrito federal. Durante la década, la matrícula se incrementó paulatinamente al igual que los recursos, con un crecimiento de 300% en el nivel de licenciatura y 500% en el de posgrado.
En general los apoyos otorgados a la ciencia y a la tecnología se centraron en aumentar los recursos financieros y al aumento de la matrícula de los centros de investigación, sin considerar el fomento del sector productivo-industrial para favorecer la vinculación. El apoyo se orientó con el mundo académico y de investigación.
2.1.1.2.2 Segunda fase.
La segunda fase, comprendió el periodo de 1982- 1989. Desde 1982, según indican Valenti y Flores (2010), se contemplaba tener conformado ya el sistema base para la actividad científica y tecnológica para fomentar el desarrollo nacional y reducir la dependencia externa de este tipo de actividades. Sin embargo, la tendencia creciente de apoyo para la conformación del sistema se detuvo con la crisis económica. En consecuencia, siguiendo a los autores, el gasto federal en ciencia y tecnología decreció. Asimismo, hubo una disminución drástica del número de becas otorgadas. En 1982, el número de becas llegó a un número menor a los inicios de las operaciones del CONACYT. En síntesis, en este periodo las actividades de promoción científica y tecnológica no fueron ajenas a la crisis económica.
Durante esta década la matrícula continuó creciendo, según Valenti y Flores (2010), como parte de la tendencia de crecimiento de la pirámide poblacional. Por lo tanto, el CONACYT buscó hacer equiparables los programas del país con los del extranjero para absorber la demanda nacional.
2.1.1.2.3 Tercera fase.
La tercera fase, comprendida de 1990-1999, estuvo caracterizada, de acuerdo con Valenti y Flores (2010), por los signos de recuperación de las cifras de las actividades de educación, ciencia y tecnología. Durante este periodo hubo mayor intervención gubernamental en la educación superior. Se crearon sistemas y organismos de evaluación orientados a los académicos, las instituciones y los programas. Una de las estrategias para la intervención de los mecanismos de evaluación fue el diseño de incentivos para ligar la evaluación con financiamiento adicional.
En 1992, el CONACYT crea el Padrón Nacional de Excelencia de Posgrado. Este padrón a través de un mecanismo de evaluación determina los posgrados que cumplen con los requisitos de calidad definidos por el CONACYT. El programa inició con 328 programas registrados, y al final de la década con 405 programas reconocidos por su calidad. El número de programas reconocidos como de alta calidad son reducidos comparados con el número creciente de posgrado. En 1990, la matrícula de los estudios de posgrado estuvo constituida por cerca de 46,000 estudiantes. Al finalizar la década la cifra se duplicó (118, 099 estudiantes). Estos datos representan un crecimiento notable de la matrícula de posgrado (Valenti y Flores, 2010).
La recuperación del crecimiento del sistema de posgrado se observa también con el incremento del número de becas otorgadas por el CONACYT. En 1991 el número de becas era mayor a 5000 becas, mientas que a mediados de la década la cifra se triplicó (16, 200).
2.1.1.2.4 Cuarta fase.
La cuarta fase comprende del 2000-2010. En el 2000, se puso en evidencia la necesidad de articular el sistema de ciencia y tecnología con el educativo. Por lo que el 2001 se establece que la SEP y el CONACYT operarán el Programa para el Fortalecimiento del Posgrado Nacional (PFPN) el cual tenía como objetivo ampliar y diversificar la oferta de posgrados de buena calidad, especialmente los de doctorado. Este programa se integra a su vez por el Programa Nacional de Posgrado, puesto en marcha en el 2002. El cual sustituyó el Padrón de Programas de Posgrado de Excelencia.
Los esfuerzos por ambas instancias, de acuerdo con Valenti y Flores (2010) estuvieron orientadas hacia la demanda productiva nacional. Sin embargo, el campo laboral no demanda necesariamente recursos humanos altamente especializados. Los autores explican que esto puede obedecer a que la estructura productiva nacional transita lentamente hacia una basada en el conocimiento y la innovación.
En la década de los 70’ la política de posgrado privilegió la formación de investigadores. Debido principalmente: a) a que el CONACYT era el encargado de ciencia y tecnología, y sus políticas estuvieron basadas en los estudios de posgrados, las cuales estuvieron centradas hacia la investigación y la academia, y b) que la SEP prácticamente se desatendió del desarrollo de los posgrados. En consecuencia no se ocupó de definir los requerimientos básicos de los estudios de posgrados con orientación profesional. No obstante, es durante este periodo que se establecieron requerimientos diferenciados a los posgrados según su orientación: (investigación y profesión).
En resumen, la primera fase, se caracterizó por crecimiento desarticulado. La segunda, por el inicio de diagnósticos del posgrado. La tercera, por la recuperación del crecimiento con calidad y selectividad. La cuarta, por la transición hacia la innovación.