3 MARCO TÉORICO-CONCEPTUAL
3.1 Calidad del empleo
3.1.3 Estudios sobre la calidad del empleo.
Se revisan en este apartado los estudios que han contribuido a la explicación de la calidad del empleo.
La OIT (2002) presentó en el Panorama 2002 de América Latina y el Caribe, un estudio sobre la calidad del empleo de trabajadores jefes de Hogar en Chile con base en los datos de las Encuestas de Caracterización Socioeconómica Nacional del 2000. En el estudio, se clasificó la calidad del empleo en: precaria, regular y buena (trabajo decente). De acuerdo con esta categoría el trabajo decente es la categoría más alta de la calidad del empleo. Se encontró que la mayoría de los trabajadores se desempeña en empleos de calidad regular. Un quinto de la población tiene trabajos en condiciones precarias. Un tercio de los jefes de hogar tiene empleos de buena calidad.
Asimismo, la OIT (2002) encontró que existen diferencias en la calidad del empleo según el tipo de familia nuclear: biparental y monoparental. El empleo de calidad precaria es mayor en los jefes de hogar de familias monoparentales que en las biparentales (20.4% y 17.3%, respectivamente). El trabajo decente o con calidad buena es menor en las familias monoparentales que en las biparentales (27.9% y 29.5%, respectivamente). En consecuencia los jefes de hogar de hogar de familias monoparentales tienen condiciones laborales menos favorables que los que pertenecen a familias biparentales.
Farné (2003) analizó la calidad del empleo en trabajadores del 2001 en trece ciudades de Colombia. Encontró que de un rango de 0 a 100 los trabajadores de este conjunto obtuvieron una calidad del empleo en promedio de 37.5. Lo cual fue un indicador de calidad precaria. Advirtió que no existen diferencias significativas en la calidad del empleo entre hombres y mujeres.
Además, Farné menciona que existen diferencias en la calidad del empleo según la rama de actividad económica. El índice de calidad del empleo fue buena en trabajadores que se desempeñan en actividades de Administración pública (77.1), sector energético (72.8) y el financiero (70.6). Las personas que obtuvieron calidad del empleo suficiente fueron aquellas que se ocuparon en actividades en la industria de seguros (63.6) y servicios sociales (63.3). En cambio, según reporta Farné (2003) las ocupaciones en servicios personales, en restaurante y hoteles, en la industria de la madera son en promedio malos (22.3, 25.7 y 26.9).
En un estudio similar Infante y Sunkel (2004) identificaron cuatro categorías de calidad del empleo: buena, media superior, media inferior y baja. Con base en la Encuestas de Caracterización Socioeconómica Nacional en Chile del periodo 1990-2000 encontraron que la calidad del empleo aumentó de 29.6% en 1990 a 32.7% en 1997. Igualmente se incrementaron en el mismo periodo los empleos de calidad media (superior e inferior) de 57.9% a 58.8%. En cambio, la proporción de empleos de calidad baja se redujo de 12.5% a 8.5%. Sin embargo, la situación cambió en el 2000. En este periodo el porcentaje de empleos de buena calidad disminuyó a 29.1%. Mientras que la proporción de empleos de calidad baja y media aumentaron (10.7% y 60.2% respectivamente).
Pineda (2007) abordó la calidad del empleo de tres ciudades de Colombia (Pereira, Cartagena y Pasto) a partir de datos de la Encuesta Continua de Hogares del 2001 y del 2005. Encontró que existen diferencias en la calidad del empleo entre las ciudades observadas. Cartagena presentó un mejoramiento, Pereira, un leve deterioro y Pasto prácticamente mantuvo el nivel de calidad del empleo.
Bustamante y Arroyo (2008), analizaron el acceso a la calidad del empleo de la ciudad de Cali en el 2004. Basaron su estudio en la metodología de Farné (2003), utilizando las mismas variables (ingreso, modalidad de contratación, afiliación a seguridad social, y horario de trabajo) y ponderaciones. Sin embargo, utilizaron la clasificación de calidad del empleo propuesta por Infante y Sunkel (2004): mala, media inferior, media superior y buena. Encontraron que el ser hombre aumenta la probabilidad de tener empleos de mala calidad y calidad media superior. Mientras que ser mujer influye de manera positiva para empleos de calidad media inferior. Respecto a los empleos de buena calidad, los autores indican, que el sexo tiene un efecto prácticamente nulo. Además, hallaron que ser jefe de hogar reduce la probabilidad de encontrarse en calidad del empleo baja y media inferior. En cambio tiene un efecto positivo para empleos de calidad media superior, y buena. Los autores sugieren que esto probablemente obedezca a que el jefe de hogar es un poco más selectivo para seleccionar un empleo debido a que muchos de los benéficos laborales influyen directamente en el bienestar de su familia.
Asimismo, en este estudio se halló que existen diferencias en la calidad del empleo en función de la edad. Los trabajadores entre 18 y 24 años tienen mayor probabilidad de encontrarse en empleos de calidad mala, y menor probabilidad de tener empleos de calidad buena. Asimismo, las personas con 55 años o más son más propensos a tener empleos de buena calidad (Bustamante y Arroyo, 2008). Los resultados indicaron que el nivel educativo influye en la calidad del empleo. El nivel de primaria, bachillerato y superior tienen un efecto negativo en la probabilidad de encontrarse en empleos de calidad mala comparándolas con las personas que no han tenido educación alguna. Este efecto se incrementa conforme aumenta el nivel, siendo más acentuado en el nivel de estudios superior. Además, Bustamante y Arroyo (2008) encontraron que ser de
En un estudio realizado por Pineda (2009), en las trece principales áreas metropolitanas de Colombia en el 2008, encontró que los trabajadores más calificados tuvieron mejor calidad del empleo que aquellos que no han tenido oportunidades laborales de acuerdo a su formación. La calidad del empleo fue mayor en trabajadores asalariados que en trabajadores independientes. Asimismo, Pineda señala que existen diferencias en la calidad del empleo entre géneros, siendo ligeramente más favorable para los hombres.
Mora y Ulloa (2011), utilizando la metodología de Farné (2003), analizaron la calidad del empleo en trece ciudades de Colombia en el 2009. Los autores encontraron que el 64.2% de los trabajadores se sitúan en empleos de calidad baja, el 24.23% en empleos de calidad media y el 11.52% de los trabajadores se encuentran en empleos de calidad alta. La proporción de trabajadores es mayor en empleos de calidad baja. En cambio la proporción más pequeña corresponde a aquellos que se desempeñaban en empleos de calidad alta.
Los autores encontraron que existen diferencias entre las ciudades (Medellin, Bogotá y Manizales fueron las más altas). Asimismo, encontraron que la probabilidad de encontrar un empleo de calidad media sobre un empleo de calidad baja es 1.3 mayor en trabajadores hombres. Los resultados indican que la educación tiene efectos diferentes sobre la calidad del empleo en trabajadores asalariados y trabajadores independientes. Para los trabajadores asalariados, una mayor educación disminuye las probabilidades de encontrar empleo de baja calidad. Sin embargo, en el caso de los trabajadores independientes no existe esa relación, de modo que para un trabajador independiente más escolaridad no contribuye a mejorar la calidad de su empleo.
En México destacan los estudios de Hualde y Serrano (2005), Casanueva y Rodríguez (2009) y Cañedo (2009). Hualde y Serrano compararon la calidad del empleo de los asalariados con estudios superiores en Tijuana y la Zona metropolitana de Monterrey. Para lo cual utilizaron información de la Encuesta Nacional de Empleo Urbano de 1994 al 2002. Buscaron explicar la calidad del empleo de acuerdo a la región, año y sector económico. Encontraron que existen diferencias en la calidad del empleo en ambas ciudades. Sin embargo, hallaron que en ambas
ciudades las condiciones de empleo de los asalariados con estudios son mejores respecto a aquellos con menores grados de escolaridad.
Casanueva y Rodríguez (2009) buscaron identificar las fuentes de productividad de la industria manufacturera en México a partir de los datos de la Encuesta Nacional de Empleo, Salarios, Tecnología y Capacitación en el Sector Manufacturero (ENESTYC), 1992 y 1999, y de la Encuesta Nacional de Empleo Urbano (ENEU), 1992 y 1999. Encontraron que tanto en 1992 como en 1999, la calidad del empleo se asoció con el nivel de escolaridad. De acuerdo con los autores el efecto es más evidente en las ramas industriales de mayor complejidad tecnológica.
En contraste, en un estudio Cañedo (2009) encontró que la calidad de la formación académica, como indicador del capital humano, no resultó significativo para la obtención de un empleo de calidad. Además, el autor sugiere que existe una relación significativa entre el capital cultural (medido a través de la formación de los padres y condición socioeconómica) y la calidad de la formación. Resulta destacable que comparado con el capital humano, el capital cultural posee mayor influencia en la determinación de la calidad del empleo. No obstante, los resultados indican que los factores que más influyen en la determinación de la calidad del empleo son la experiencia laboral y el desempeño profesional.
Planas (2013) a través de una encuesta en el 2011 en la Universidad de Guadalajara buscó explicar la calidad de la inserción (índice de calidad ocupacional) de egresados del 2008 y del 2009 a través del origen social, el sexo, el tipo de centro (temático y regional) y la duración de los estudios, el área de conocimiento, el calendario de egreso (2008A, 2008B, 2009A y 2009B), y las carreras. Los resultados muestran que no existen diferencias significativas en la calidad ocupacional por áreas de conocimiento (p=0.50), origen social (p=0.173), y sexo (p=0.50), calendario de egreso (p=0.254). No obstante las relaciones más significativas con la calidad ocupacional son de carácter institucional: tipo de centro y carrera estudiada.
En síntesis, los estudios revisados indican que la categoría de calidad del empleo alta es un bien escaso en la mayoría de los países. Diversos autores han tratado de explicar la calidad del empleo. Se ha encontrado que la región (Pineda, 2007), la edad (Bustamante y Arroyo, 2008), el Sexo (Farné, 2003 y Mora y Ulloa, 2011), el tipo de familia (OIT, 2002), la rama de actividad económica (Farné, 2003), la raza (Bustamante y Arrollo, 2008), el nivel educativo (Bustamante y Arroyo, 2008; Casanueva y Rodríguez, 2009; Hualde y Serrano, 2005 y Mora y Ulloa, 2011) y el capital cultural (Cañedo, 2009) son factores que influyen en la calidad del empleo de los trabajadores.