En los países en desarrollo, la falta de especialistas y agentes de salud con los conoci- mientos teóricos y prácticos necesarios para tratar los trastornos mentales y del comporta- miento supone un importante obstáculo para dispensar tratamiento y atención.
Para que los sistemas de salud progresen, es preciso invertir tiempo y energía en la evaluación del número y el tipo de profesionales y agentes que se necesitarán en los próxi- mos años. La proporción de especialistas en salud mental respecto de los agentes de salud generales dependerá de los recursos existentes y de las estrategias asistenciales. Con la integración de la atención de salud mental en el sistema sanitario general, aumentará la demanda de generalistas con capacitación en salud mental y disminuirá la de especialistas, aunque siempre habrá que contar con una masa crítica de éstos para tratar y prevenir efi- cazmente esos trastornos.
Se observan una amplia disparidad en cuanto al tipo y el número de agentes de salud mental en todo el mundo. La mediana del número de psiquiatras varía entre 0,06 por 100 000 habitantes en los países de ingresos bajos y 9 por 100 000 habitantes en los países de ingresos altos (figura 4.4). En cuanto a las enfermeras de psiquiatría, la mediana varía entre 0,1 por 100 000 en los países de ingresos bajos y 33,5 por 100 000 en los países de ingresos altos (figura 4.5). En casi la mitad del mundo hay menos de un neurólogo por millón de personas. La situación respecto de los proveedores de atención para niños y adolescentes es aún mucho peor.
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Resultados basados en la información de 177 Estados Miembros.
Fuente: Mental health resources in the world. Initial results of Project Atlas (2001). Ginebra, Organización Mundial de la Salud. Figura 4.4 Número de psiquiatras por 100 000 habitantes, 2000a
Número por 100 000 habitantes
0–1 1,1–5 5,1–10 >10 Sin datos
El personal sanitario que contribuirá a la salud mental comprenderá probablemente médicos generalistas, neurólogos y psiquiatras, agentes de atención comunitaria y prima- ria, profesionales auxiliares de salud mental (enfermeras, terapeutas ocupacionales, psicó- logos y asistentes sociales), y otros grupos como religiosos y curanderos tradicionales. Los curanderos son otra fuente importante de asistencia para al menos el 80% de la población rural de los países en desarrollo. Pueden ser muy activos en la detección de casos, facilitar la derivación de pacientes y colaborar en el asesoramiento, la vigilancia y el seguimiento. La adopción de un sistema de atención integrada basada en la comunidad obligará a redefinir las funciones de muchos proveedores de salud. Un agente de salud general puede tener ahora la responsabilidad añadida de detectar y tratar trastornos mentales y conductuales en la comunidad, incluida la detección e intervención precoz ante los casos de consumo de tabaco, alcohol y otras drogas, y un psiquiatra que antes trabajase en una institución deberá quizá asumir nuevas funciones de capacitación y supervisión cuando se traslade a un en- torno comunitario.
La descentralización de los servicios de salud mental también podría repercutir en las funciones y las responsabilidades de resultas de la transferencia de las tareas de gestión y administración al nivel local. Las nuevas funciones deben definirse claramente para facili- tar la asunción de las nuevas responsabilidades. También se necesita capacitación para trans- mitir las aptitudes técnicas que requerirán las nuevas funciones y responsabilidades. Sin duda el cambio de funciones planteará problemas de reparto del poder y el control que dificultarán el proceso. Por ejemplo, los psiquiatras son conscientes de la pérdida de poder que supone para ellos el hecho de que se faculte a otros agentes de salud con menos expe- riencia para tratar trastornos mentales, y se resisten a tal cosa.
a Resultados basados en la información de 157 Estados Miembros.
Fuente: Mental health resources in the world. Initial results of Project Atlas (2001). Ginebra, Organización Mundial de la Salud. Figura 4.5 Número de enfermeras psiquiátricas por 100 000 habitantes, 2000a
Número por 100 000 habitantes
0–1 1,1–10 10,1–50 >50 Sin datos
Tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, es necesario actuali- zar los planes de estudios universitarios de medicina, a fin de garantizar que los médicos tengan los conocimientos técnicos adecuados para el diagnóstico y tratamiento de los en- fermos mentales. Recientemente, Sri Lanka ha ampliado la duración de la capacitación en psiquiatría, incluyéndola como tema de examen en la licenciatura de medicina. El personal paramédico, como las enfermeras y los asistentes sociales, necesitan capacitación para com- prender los trastornos mentales y del comportamiento y la gama de tratamientos disponi- bles, y esa formación debe centrarse en las esferas más relacionadas con su labor sobre el terreno. Todos los cursos deben incluir la aplicación de estrategias psicosociales basadas en la evidencia y el desarrollo de aptitudes en materia de administración y gestión, elabora- ción de políticas y métodos de investigación. En los países en desarrollo no siempre existen oportunidades de educación superior, por lo que muchas veces la formación se recibe en otros países. Pero esa no es la mejor solución, pues muchos de los estudiantes que salen al extranjero no regresan a su país, con lo que su experiencia y sus conocimientos se pierden para la sociedad en desarrollo. Esto debe resolverse a largo plazo estableciendo en los paí- ses interesados centros de excelencia para la capacitación y la enseñanza.
Una alternativa prometedora es el uso de Internet por especialistas que ofrezcan capa- citación y retroinformación rápida en materia de diagnóstico clínico y tratamiento. El acce- so a Internet está aumentando rápidamente en los países en desarrollo. Hace tres años sólo 12 países de África tenían acceso a Internet, mientras que hoy todas las capitales africanas están conectadas a la Red. La capacitación debe incluir hoy día el uso de las tecnologías de la información (Fraser et al. 2000).