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CAPÍTULO PRIMERO

1. LA AFIRMACIÓN DEL HOMBRE CONCRETO

1.1.1 La desmitificación del ‘Yo’

El hombre es hombre porque tiene conciencia de sí. No obstante, tener conciencia de sí es abrirse a lo infinito; de este dato surge la religión. Conciencia, infinitud y religión son para Feuerbach lineamientos que han de conducir a la afirmación de la existencia. Este interés revela en Feuerbach una profunda actitud humanista que desentrañada del seno de la religión emancipa, sin embargo, al hombre religioso:

El hombre, particularmente el religioso, es la medida de todas las cosas y de

toda la realidad. (…) La religión abarca todos los objetos del mundo; todo lo

que existe es objeto de veneración religiosa; en la esencia y conciencia de la religión no hay sino lo que se encuentra en general en la esencia y en la conciencia que el hombre tiene de sí mismo y del mundo. La religión no tiene ningún contenido propio y especial.60

Para tal propósito comencemos por examinar la relación sujeto-objeto61, que Feuerbach considera presente en el conocimiento. El punto de partida es la afirmación que surge al creer que los objetos imponen su realidad al hombre. Pero en contraste con esta primera afirmación se puede también entender que al hablar de los objetos con los que nos relacionamos lo que estamos afirmando es la correspondencia del objeto hacia el sujeto; es decir, que es la naturaleza del objeto la que se proyecta y configura sus objetos en virtud de sus propias condiciones. Esta correspondencia es analizada también por Feuerbach en la relación que se da entre nuestros sentidos y sus objetos. Serían objeto de los sentidos aquellas realidades que puedan ser captadas por ellos y correspondan a su naturaleza. Igualmente tal relación es posible analizarla en la música y la belleza sensible, que sólo puede ser objeto de sensibilidad para aquél que posee tales condiciones62. Lo mismo sucede cuando se observa con los ojos de la razón, ello es una

60 FEUERBACH, Ludwig.

La esencia del cristianismo..., p.73.

61

Cfr.FEUERBACH, Ludwig. La esencia del cristianismo..., p.64.

62 La filosofía hecha carne y sangre encarna el propósito de la verdadera filosofía feuerbachiana. En este

sentido, el anterior análisis se refiere a cómo Feuerbach concretiza su pensamiento antitético a la especulación. Esta concretización la podemos entender por el significado del término Sinnlichkeit,

sensibilidad‟, que leído desde la perspectiva feuerbachiana nos pone de manifiesto la „encarnación‟ de

34 realidad única del hombre racional y de la que no goza otro ser existente, así como

“cada planeta, por tanto, tiene en su Sol el espejo de su propia esencia”63, Feuerbach

dirá:

El objeto de la razón es la razón que se objetiva, el objeto del sentimiento es el sentimiento que se objetiva. Si no tienes ningún sentido, ningún sentimiento para la música, ni en la música más bella percibirás otra sensación que la que causa el viento cuando sopla o el arroyo que susurra a tus pies. ¿Qué es, pues, lo que te emociona cuando oyes la música? ¿Qué percibes en ella? ¿Qué otra cosa que la voz de tu propio corazón? Por eso el sentimiento habla sólo al sentimiento, por eso el sentimiento existe sólo para el sentimiento, es decir, se comprende a sí mismo; por eso, porque el objeto del sentimiento es el sentimiento mismo. La música es un monólogo del sentimiento. Pero también el diálogo de la filosofía es, verdaderamente, sólo un monólogo de la razón: el pensamiento habla sólo al pensamiento. El brillo multicolor de los cristales encanta a los sentidos; la razón se interesa sólo por las leyes de la cristalografía. Para la razón es objeto sólo lo razonable64.

Todo esto significa que los objetos con los que el hombre se relaciona no son ajenos a él, no los aprehende de una realidad exterior a él; por el contrario, son consecuencia de su propia objetivación65. Lo que expresa un objeto es en últimas la esencia del hombre, es decir, su propia existencia, pues esta existencia es la que confiere poder al objeto.

Sin objeto, el hombre es una nada. Hombres grandes y ejemplares, como aquellos que nos revelaron la esencia del hombre, confirmaron este principio con su vida. Solamente tuvieron una pasión dominante y fundamental: la realización del fin que fue el objeto esencial de su actividad. Pero el objeto al que se refiere esencial y necesariamente un sujeto sólo puede ser la propia esencia objetivada de este sujeto […] A través del objeto viene el hombre a ser

consciente de sí mismo: la conciencia del objeto es la conciencia de sí mismo del hombre. Por el objeto conoces tú los hombres; en él te aparece su esencia; el objeto es su esencia revelada, su yo verdadero, objetivo. Y esto no es válido solamente de los objetos espirituales, sino también de los sensibles: hasta los objetos más distantes respecto del hombre, porque y en cuanto son sus objetos, constituyen revelaciones de la esencia humana. Hasta la luna, el sol, las

pensamiento filosófico debe tener su principio y fundamento en la experiencia, que necesariamente ha de ser siempre, de algún modo sensible. Esta premisa filosófica reconoce el cuerpo como un dato concreto de la realidad, por lo tanto, la negación de los sentidos y la abstracción, disminuyen al hombre en la afirmación de su existencia. Cfr. CABADA, Manuel. El humanismo premarxista de Ludwig

Feuerbach…, pp. 8-11.

63 FEUERBACH, Ludwig.

La esencia del cristianismo..., p.56.

64 FEUERBACH, Ludwig.

La esencia del cristianismo..., p. 60.

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estrellas gritan al hombre ‹‹conócete a ti mismo››. Que él los vea de tal manera

determinada, es un testimonio de su propia esencia66.

Todo lo dicho hasta ahora explica por qué Feuerbach da mayor importancia al sujeto sobre el objeto: Cualquiera que sea el objeto que se presente a nuestra conciencia, nos conduce siempre, al mismo tiempo, a la conciencia de nuestra propia esencia; no podemos actualizar otra cosa sin actualizarnos a nosotros mismos67. Esta es una clara diferencia con el idealismo que afirma que es el ser material el que determina el conocimiento, y no a la inversa. La soberanía que establece Feuerbach del sujeto sobre el objeto manifiesta la primacía del hombre de carne y hueso. Es, por tanto, el hombre, como lo afirmaba Protágoras, la medida de todas las cosas.