1.2 Las dinámicas y las lógicas del desplazamiento en San Carlos
1.2.3 Desplazamiento preventivo y silencioso (1986-1997)
El Sistema de Información de Población Desplazada (SIPOD) re- porta 207 personas desplazadas entre 1986 y 1997. Los sancarlita- nos narran cómo en esta época el desplazamiento era de carácter preventivo y se llevaba a cabo de manera silenciosa. Desde la me- moria de las víctimas, varias situaciones explican este cambio en las dinámicas del desplazamiento hacia inales de los años ochenta y durante los primeros años de la década de 1990. Una tiene que ver con los intentos que hicieron personas que habían participado en el movimiento cívico por sostener una apuesta política que re- cogiera la tradición de estos movimientos sociales. Así, este nuevo movimiento adelantó denuncias por el mal manejo de las transfe-
rencias13 y realizó acciones de veeduría ciudadana con respecto al
manejo de fondos. En la memoria de los pobladores esta acción de
13 La Ley 99 de 1993 reglamentó las transferencias del sector energético para las regio-
nes. Según el Decreto 45 las empresas de energía hidroeléctrica con capacidad para generar más de 10000 kilovatios deben transferir el 6% de las ventas brutas con la tarifa que señale la Comisión de Regulación Energética (CREG). Dicho monto debe ser distribuido de la siguiente manera: un 3% entre las Corporaciones Autónomas Regionales con presencia en la zona, en este caso CORNARE, y el otro 3% entre los municipios localizados en la cuenca hidrográica. Los rubros por concepto de transfe- rencias deben ser invertidos por los municipios en proyectos de saneamiento básico y mejoramiento ambiental, mientras que las Corporaciones Autónomas Regionales sólo pueden destinar estos recursos en la protección de las cuencas hidrográicas.
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denuncia desató nuevamente una respuesta violenta y dio lugar a otra forma de desplazamiento:
Frente a la corrupción, se organizaron los movimientos cívicos y grupos de veedurías ciudadanas para hacerle seguimiento a to- dos los dineros públicos. Cuando se vio que la organización iba para adelante y que se estaban formando bases a las que verdade- ramente les competía velar por los recursos, empezaron muertes selectivas a los líderes comunitarios, comenzaron a ir sacando la gente selectivamente, el desplazamiento. Ahí es donde empieza ya lo que es el conlicto, empieza duro. (Testimonio de hombre adulto sancarlitano, Medellín, 2010)
Este intento por perseverar en una labor política se diicultó aún más ante la oposición de la clase política tradicional, el debili- tamiento del movimiento cívico por el extermino de su dirigencia y la inminente presencia de la guerrilla que hizo explícito su inte- rés por capitalizar este movimiento.
A pesar de que el extermino casi total de la dirigencia de este movimiento y el refugio de los líderes sobrevivientes redujo la posi- bilidad de una incidencia política electoral, es importante resaltar que el movimiento cívico persistió también en sus intentos por conquistar un lugar en los espacios políticos locales y contrarres- tar la hegemonía política conservadora. Esto es recordado por las nuevas generaciones de líderes como la muestra de que es posible hacer otra política.
Aunque el Partido Conservador siguió siendo la fuerza do-
minante en San Carlos y en el oriente antioqueño14 tanto en las
14 En el período comprendido entre 1988 y 2009 los candidatos elegidos a la Alcaldía
de San Carlos eran todos del Partido Conservador, a saber: Nevardo de Jesús Morales Marín en 1988, Sigifredo Guzmán en 1990, Jaime Helí Atehortúa en 1992, Héctor Al- zate en 1995, Nevardo de Jesús Morales en 1998, Roberto García en 1999, Juan Alberto García Duque en el 2001, Nicolás Guzmán en el 2004, Juan Alberto García en el 2008 y Francisco Javier Álvarez en el 2009. (Véase Observatorio de Paz y Reconciliación. 2008. “Mapa político en el oriente antioqueño 1988-2008”. Boletín 6 , diciembre).
elecciones de alcaldes como de los Concejos Municipales, el pa- norama político se hizo más diverso gracias a la emergencia de otras corrientes políticas diferentes al Villeguismo en el seno del Partido Conservador, a la presencia del Partido Liberal e incluso de fuerzas alternativas diferentes al bipartidismo. En 1986 fueron electos concejales los candidatos de la Unión Cívi- ca Municipal: Rodrigo Alberto Giraldo, Luis Alfonso Tamayo y Jorge Morales.
A mediados de la década de 1980, el ELN hizo presencia en la región del oriente antioqueño con el frente Carlos Alirio Bui- trago (fundado en 1986), líder en la constitución de una extensa área de operaciones denominada área industrial, la cual abarca los territorios donde se encuentran localizadas las hidroeléctri- cas, los embalses, la industria del cemento (Cementos Río Claro en San Luis) y la autopista Medellín-Bogotá (Vicepresidencia de la República 2007, 4). Este proyecto respondió a la meta trazada en una reunión nacional del ELN llevada a cabo en 1986 para hacer presencia en zonas estratégicas de la economía del país y garantizar el control de corredores que facilitaran la movilidad de sus frentes. El control territorial de San Carlos podría facili- tar la conexión con otros frentes que operaban en el nororiente
antioqueño (Rangel 1988, 32)15.
Por su parte, las FARC se instalaron en San Carlos inalizando los años ochenta a través del frente 9º que se desplazó desde San Rafael y del frente 47 proveniente del sur del departamento de Caldas. Esta expansión respondía a la estrategia deinida en la VII Conferencia de las FARC de 1982, en la que se contemplaba un aumento de 27 a 48 frentes y una presencia ya no sólo en zonas de colonización de frontera sino también en aquellas con
15 Con este proceso de expansión en la zona de embalses se aspiraba a capitalizar
la labor política adelantada en los años setenta con organizaciones campesinas de áreas rurales del municipio de San Carlos por integrantes de la ANUC, línea Since- lejo, el MUR (ML) y el MIR (Patria Libre), organización que lleva a cabo un proce- so de integración con el ELN en 1984. (Londoño y Alonso 1998, 252-255)
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un alto potencial económico y de colonización interna (Rangel 1998, 148). San Carlos cumplía con estos requisitos y además ofrecía una posibilidad para proyectarse hacia la zona del alti- plano y desde allí hacia la capital, Medellín.
Entre 1986 y 1997 se vivió lo que los habitantes de San Car- los deinen como los tiempos de hegemonía guerrillera. Casi toda la población recuerda haberles encontrado en el camino o haber atendido a sus demandas en alguna ocasión. Según sus testimo- nios, en un inicio no hubo presión fuerte sobre la población, sólo le hablaban a la gente sobre las injusticias que cometían los ricos y los políticos y se supo de asesinatos contra personas que la gente denomina traviesa (ladrones, borrachos, drogadictos, pendencie- ros), por lo que en cierta medida recibieron el beneplácito de la población. Las tensiones se manifestaron cuando, según algunos líderes, las guerrillas se apropiaron de las reivindicaciones y las denuncias de las organizaciones sociales.
Lo que sucede es que hay una estampida de la gente, esto es un cri- terio muy personal. Yo dije: “no pues esto está muy difícil aquí, ¡nos vamos!” y vieron las guerrillas una oportunidad hermosa de meterse aquí, porque ya la gente tenía un odio contra las instituciones, un odio frente a la policía que veíamos cómo mataba a la gente, porque la gente se mataba aquí tranquilamente, se iba y se guardaban en los comandos. Entonces las guerrillas, es un concepto yo creo, vieron la oportunidad de llegar aquí, porque había un descontento popular contra las instituciones, y entraron en el ochenta y seis y el ochenta y siete
buscándonos a nosotros que para reivindicar la muerte de los amigos de noso- tros. (Testimonio de hombre Adulto, San Carlos, 2010; énfasis MH)
Para este hombre, partícipe del movimiento cívico, cuyo her- mano concejal fue asesinado y quien tuvo que huir por un tiem- po hacia otra ciudad, las guerrillas no sólo se apropiaron de las reivindicaciones (el tema tarifario y de infraestructura, las de- nuncias sobre corrupción) sino también del descontento de la gente por la respuesta de las instituciones (particularmente de
la Policía por su presunta participación en la persecución y ase- sinato de estos líderes) e incluso de la memoria de sus muertos, de los amigos de nosotros, quienes fueron reivindicados por la guerrilla como parte de los suyos, ligados a sus causas.
Fue en este período cuando las guerrillas de las FARC y el ELN, a nombre de la Coordinadora Guerrillera, llevaron a cabo una toma del casco urbano de San Carlos el 24 de diciembre de 1990, la voladura de torres de energía en la línea Guatapé-San Carlos y un intento de toma de la central hidroeléctrica de Jaguas el 20 de noviembre de 1992, repelida por la Policía. Sin embargo, de acuer-
do con la base de datos de conlicto armado construida por MH16,
las principales acciones guerrilleras perpetradas fueron asesina- tos selectivos, daño a bienes civiles, bloqueos de vías, secuestros y, en menor medida, incursiones y ataques a objetivos militares. La guerrilla asesinó ocho civiles y seis combatientes, entre policías y militares, quienes fueron ejecutados fuera de combate. También se reportó el secuestro de ocho personas.
El dominio de las guerrillas se tradujo en un control sobre te- rritorios de valor estratégico para su proceso de expansión hacia la zona de embalses y acceso a la autopista Medellín-Bogotá, con lo cual tenían la posibilidad de llevar a cabo acciones de bloqueo, objetivo prioritario del frente Carlos Alirio Buitrago pertenecien- te al ELN. No obstante, se presentan algunas diferencias entre estos dos grupos: mientras que el ELN privilegió la construcción de una base social dando el impulso a proyectos comunitarios, las FARC pusieron el acento en las acciones militares. Así lo recuer- dan algunas personas:
Las FARC andaban en ejército, se desplazaban en grupo, cam- pesinos armados bajo una orden; los elenos entraron como mi- licias, en los colegios, a las escuelas. Se vienen a vivir al pueblo y empiezan a participar de todas las organizaciones ciudadanas que
16 A partir de información procedente del Boletín Informativo Justicia y Paz (1988-
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de alguna manera servían como de entrada y empiezan a matar gente, a reclutar campesinos y ciudadanos de San Carlos. (Entre- vista a hombre adulto, San Carlos, 2010)
En este contexto se generó un nuevo tipo de desplazamiento, el desplazamiento preventivo, el cual no responde a una acción de des- alojo especíica sino al miedo que genera la presencia de actores ar- mados y a la sospecha de que algo peor pueda pasar. ¿Quiénes se desplazaron entonces en este período? De la investigación de MH se deducen por lo menos tres periles de personas y de desplazamientos; en el primero se agrupan personas que, en continuidad con años an- teriores, estaban asociadas con líderes de movimientos cívicos y mo- vimientos políticos que buscaron una representación política local. El segundo grupo corresponde a familiares de candidatos y alcaldes de fuerzas políticas tradicionales asesinados o extorsionados por las
guerrillas17, es decir, personas ligadas a la élite política y económica de
la localidad. En general, este grupo no era reconocido como despla-
zados sino como migrantes internos18, quienes por su nivel económico
no demandaron el apoyo del Estado. El tercer grupo de personas, lo conforman los campesinos que, en medio del ambiente de terror, pre- sión y hostigamiento que se vivía en la zona, decidieron desplazarse —especialmente hacia Medellín— como una forma de protegerse. La existencia de lazos familiares o de paisanaje fuera de San Carlos fue un factor fundamental en esta decisión:
Sí, ya se estaban generando los primeros desplazamientos. Claro la gente se iba viniendo de a poquitos de a una familia, de a dos.
17 En San Carlos fueron asesinados por las FARC los alcaldes Sigifredo Guzmán, el
25 de octubre de 1994, Víctor José Quintero, el 5 de agosto de 1995, Nevardo de Je- sús Morales, en 1998 y Nevardo de Jesús Morales Marín, el 1 de noviembre de 1999.
18 Para la época apenas comenzaba a nombrarse el desplazamiento como tal. En
1997 se promulgó la Ley 387 que reconoce por primera vez el desplazamiento for- zado: “por la cual se adoptan medidas para la prevención del desplazamiento for- zado; la atención, protección, consolidación y estabilización socioeconómica de los desplazados internos por la violencia en la República de Colombia”.
Yo pienso que en ese momento los primeros que se desplazaron eran
los primeros que tenían para donde irse, o sea es que mucha gente se
quedaba resistiendo y esperando, pero los primeros que tenían la posibilidad se iban, arrancaban. (Testimonio de mujer adulta, San Carlos, 2010; énfasis MH)
En 1997 la guerrilla cambió sus objetivos estratégicos para con- ducir la guerra hacia una nueva etapa en la que se pasó de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos, lo que implica- ba no sólo el avance hacia la conformación de un ejército y, en consecuencia, la realización de operaciones militares de mayor envergadura sino ante todo el control del territorio y la expulsión del Estado. Como parte de este viraje estratégico nacional, la gue- rrilla decidió combinar la perpetración de ataques contra las ca- beceras municipales para obligar al repliegue de la Policía con el sabotaje de las elecciones locales al declarar objetivo militar a los candidatos a concejos y alcaldías. Con estas acciones se buscaba materializar la expulsión del poder civil y militar del Estado de los territorios bajo hegemonía guerrillera.
Esta decisión estratégica se concretó en San Carlos el 16 de agosto de 1997 cuando las FARC amenazaron a cinco candi- datos a la alcaldía, 28 cabezas de lista al Concejo Municipal y cinco concejales en ejercicio. Las presiones ejercidas por la guerrilla se evidenciaron en el comportamiento de las elec- ciones del 26 de octubre de 1997, donde apenas votaron 231 personas de un total de 12.500 votantes. Estas acciones fueron admitidas posteriormente por alias Plotter, un comandante de las FARC en el oriente antioqueño, quien al desertar reco- noció las presiones ejercidas sobre los mandatarios locales en esta región:
Hicimos renunciar a los 23 alcaldes como la orientación na- cional nos dijo. En algunos casos no había relaciones directas con algunos de los alcaldes, pero los podíamos llamar a cuentas para que rindieran informes de sus gestiones, y de todas maneras ellos
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se sentían como si de alguna manera las FARC estuviera haciendo revisiones a sus actividades. (Semana 2003)
Otro hecho signiicativo se produjo el 3 de julio de 1997, cuando las guerrillas de las FARC y el ELN atacaron a militares de la Brigada Móvil Batallón Héroes de Barbacoas en El Cerri- to. Esta acción de gran impacto se inició en las horas de la ma- drugada y se prolongó durante tres horas. Unos 100 hombres del ELN y de las FARC se enfrentaron con morteros y granadas a dos suboiciales y 36 soldados de una de las compañías del Batallón de Contraguerrilla 42, Héroes de Barbacoas, adscrito a la IV Brigada. Este batallón tenía presencia en la zona desde 1995 por disposición del entonces gobernador Álvaro Uribe Vé- lez (El Colombiano, 4 de julio de 1997). El hecho dejó cuatro militares muertos
Esta nueva estrategia político-militar de la guerrilla se profun- dizó a partir de 1998 y se complementó con el incremento de sa- botajes a la infraestructura eléctrica y a la vía Bogotá-Medellín. Este despliegue llevó la guerra a límites insospechados a partir de la incursión de los paramilitares de las ACCU, quienes llegaron a la región con el propósito de tomar posesión del territorio y como parte de la expansión nacional de los grupos paramilitares agru- pados en las nacientes AUC en 1997.