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Las encrucijadas de la población en el desarrollo del conlicto

Yo siento que hay una cosa que es muy fuerte para la gente y es que ellos no tuvieron opción de escoger, a ellos les decían “Vea, nos llevamos este muchacho y es con nosotros”, cierto, y creo que es uno de los impactos grandes que hay por trabajar en esta parte, digamos, como de recuperación en San Carlos. Es que la gente de las veredas se sintió en un momento enfrentada con sus pares, porque o sea, usted está aquí y se tiene que hacer de este lado o si está de los otros se hace a este lado. (Testimonio de mujer adulta, San Carlos, 2010; énfasis MH)

La vinculación o colaboración con los actores armados es reco- nocida como otro factor que tuvo incidencia en la agudización del conlicto armado y el desplazamiento forzado en San Carlos. Es un tema que resulta difícil de abordar por la manera como revive el sufrimiento causado por pérdidas de seres queridos que fueron asesinados o desaparecidos, como dice el testimonio, por sus pa-

res, vecinos, amigos, familiares o paisanos que, siendo oriundos del pueblo, hicieron parte de alguno de los ejércitos. También por- que esto evidencia las disputas por la memoria presentes allí, vin- culadas en este caso a la búsqueda de sentido de lo que pasó. Así, mientras algunos ponen el acento en causas y agentes externos a la población, otros reconocen que ésta hizo parte de la guerra contra

todos, en contextos de mucha presión. En lo que todos coinciden

es que la inmensa mayoría de la población terminó en el medio de un conlicto en el que no tenía parte, en una situación de indefen- sión y vulnerabilidad:

[...] que queda, como decimos nosotros, como la salchicha de perro: en medio de dos bandos, acosados por un lado, acosados por el otro… Entonces inalmente la sociedad civil que ni acolita- ba aquí, ni acolitaba allí, termina llevando del arrume, llevando

Tras la masacre del 25 de octubre de 1998, las paredes de las viviendas cerca- nas a la vereda La Holanda daban cuenta de las huellas dejadas por el paso

de los paramilitares.

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la peor parte porque no estaba preparada para correr, porque no hacía parte de ninguno de los grupos, no los acolitaba. Entonces no teníamos cómo afrontar la situación tan pesada que se vino. (Testimonio de mujer adulta, San Carlos, 2010)

Muchos de los relatos coinciden en señalar que, bajo estas cir- cunstancias, para la población fue imposible sustraerse del conlic- to y de las presiones ejercidas por los actores armados que controla- ban la vida cotidiana de las personas: con quiénes se relacionaban, las rutas por donde transitaban, las actividades en las que partici- paban y hasta la hora y lugar de las reuniones. Esta suerte de om- nipresencia de los actores armados, como comentan algunos, no se dio de un día para otro, sino que estuvo precedida de un dominio de la guerrilla durante casi una década que les permitió acumular conocimientos sobre los territorios, la gente y cómo funcionaba la administración, la misma Policía y el Ejército. Algo parecido hicie- ron las Autodefensas que se insertaron “contando con el respaldo de personas del municipio que se sentían afectados por el accionar de la guerrilla”. (Entrevista a hombre adulto, San Carlos, 2010)

Haber tenido que prestar alguna colaboración a los grupos armados era considerado como producto de una situación ex- trema en la cual no había opción para garantizar la propia vida ni la de sus familiares. Esto fue lo que les ocurrió a los propieta- rios de tiendas y negocios que no podían negarse a venderles a uno o a otros y a quienes tuvieron que esconderlos en sus casas, suministrarles víveres o cocinarles y, además, guardar silencio y acatar órdenes como no cruzar las fronteras trazadas por ellos, establecer relaciones con habitantes de otras veredas o tener que asistir a citaciones para rendir cuentas de sus actuaciones, tal como muchas personas recuerdan que les ocurrió durante la época del dominio paramilitar.

Allá fuimos víctimas de todos ellos... Para ellos ¿que éramos? Éramos como mano de obra que les trabajaba para sobrevivir. Entonces ellos empezaron como a lavarle el cerebro a los jóve-

nes, ellos se aprovecharon más que todo de los niños. Siempre se iban contra la persona que tenía alguna falla, entonces a esa persona o le tocaba colaborarles para que no lo mataran o para que no le mataran un familiar, o sea, hubo mucho, todos fuimos víctimas de todo. (Testimonio, taller de memoria histórica, San Carlos, 2010)

En efecto, en las versiones que rindieron los desmovilizados en el marco del proceso de Justicia y Paz reconocen el uso de múltiples estrategias que inalmente derivaban en el miedo como un factor central de su colaboración: “la gente colaboraba porque yo voy en-

fusilado y entropado… ellos obligatoriamente hacían el favor”45.

Entre aquellos que se vieron enfrentados a esta situación límite se cuentan integrantes de la élite política local que, al igual que el resto de la población, fueron objeto de presiones para señalar co- laboradores de la guerrilla o paramilitares, rendir cuentas sobre su gestión en calidad de alcaldes y facilitar el saqueo de los recur- sos del municipio. Como anota un exalcalde entrevistado, quien muchas veces se vio conminado a rendir cuentas ante Doble Cero y Castañeda en El Jordán.

Me hicieron ir a allá a El Jordán estuve en El Jordán en una reu- nión en un salón comunal de la parroquia. Ahí empezaban a hacer- me exigencias, a pedirme cosas, yo le dije: “Mire hermano, ustedes son raros, matan a la gente si un alcalde es ladrón, pero si yo robo para darle a ustedes ahí sí soy bueno”. Entonces yo me les enfrenté allá. Había una señora que era de la comunidad, una señora como de las botas sacó la pistola y sacó la cédula, me dijo que le había pesado haberse ensuciado la cédula votando por mí; me trató muy mal la se- ñora y todos allá. Y querían que yo les diera un montón de cosas, que les nombrara un montón de funcionarios, y yo les dije: “Pero cómo así, ya el presupuesto está repartido, si yo me pongo a nombrar un

45 Fiscalía 20. Unidad de Justicia y Paz. Medellín. Audiencia pública de imputación de

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montón de funcionarios aquí a hacer nada, es que no se necesita tan- ta gente”. (Entrevista a exalcalde, San Carlos, 2010)

A pesar de este intento de oponerse a esas exigencias, en su relato inalmente admite que durante el dominio paramilitar, quizá igual que en la época de la hegemonía guerrillera pero de manera más explícita, la administración local y ellos como máxima autoridad se vieron sometidos también al poder de los armados.

Aunque el mayor énfasis en los relatos de la gente está puesto en una colaboración mediada por la coacción, también se toma en consideración la existencia de otras formas de relación con los actores armados que incidieron en la intensiicación de la dis- puta territorial y la afectación de la población. Se trata de perso- nas que no se limitaron a colaborar sino que se vincularon con el convencimiento de que la guerrilla o los paramilitares eran la mejor opción para hacer realidad sus expectativas de justicia so- cial. Ejemplo de ello fue lo ocurrido con Armando Ruiz, quien se desempeñó como concejal en los años noventa y luego ingresó al ELN. Era un gran líder, una persona supremamente inteligente, muy letrado, una persona con un discurso político y tenía una mirada de este pueblo, una cosa… Uno se para y ve este pueblo así [tan mal], ¿si me entendés?, y ¿pa´ dónde es que iba este pueblo?... Pero su relación con la guerrilla y su mirada revolucionaria enton- ces le obligó, “hermano o se une o se muere o te armas”. Entonces le mandaron una carta muy cruda diciéndole “o se viste de gue- rrillero o se muere de civil”, entonces el hombre no encontró otra salida que irse pa’ la guerrilla porque él no tenía otra protección. (Testimonio de hombre adulto, San Carlos, 2010)

Esta transformación tuvo gran impacto en la imagen que las per- sonas tenían de él como dirigente político. Así lo relata una mujer que, por casualidad, se encontró con él cuando se desplazaba hacia

Iban por la carretera y era Armando… llevaba más o menos unos 15 niños, es que no eran hombres, eran niños. A los niños se les arrastraban las escopetas, los niños caminaban y arrastraban las es- copetas y yo lo miré, y como eran niños de la escuela. Armando me miró, se le salieron las lágrimas y me hizo así, como que se estaba despidiendo, yo lo miré. Ese día en la escuela lloré mucho, primero porque era mi amigo el que estaba en ese momento despidiéndose y segundo porque eran niños, eran niños, yo creo que el mayor de ellos no podían tener más de 15 años y eran con él, y entonces… pues uno pensaba ¿quién está haciendo la guerra? los que no saben de ella. (Testimonio, taller de memoria histórica, San Carlos, 2010)

El caso del comandante paramilitar Parmenio de Jesús García, alias Parmenio, ilustra otra forma de adhesión. Oriundo de la locali- dad, se desempeñó por largos años como promotor de salud y de pro- cesos comunitarios. Fue reclutado por Doble Cero en 1998 al Bloque Metro y desde allí jugó el papel de enlace entre los paramilitares y la comunidad. Como habitante de San Carlos vivió la época de la hege- monía guerrillera y su control sobre la población y las instituciones locales. Esto hizo que viera en el proyecto paramilitar una forma de contrarrestar ese poder. Así, hizo uso del conocimiento que tenía de la población y la dinámica local para contribuir a la implantación del

proyecto paramilitar46. Quienes le conocieron en su época de promo-

tor y luego como comandante paramilitar lo ven hoy como alguien que, al igual que muchos pobladores, vio en los paramilitares la sal- vación ante la situación de vulnerabilidad que enfrentaban frente al dominio guerrillero y que usó su poder en contra de sus paisanos:

Les pasó lo mismo que a nosotros, la comunidad de San Carlos, que en algún momento vio a los paramilitares como los ayudantes, les abrieron una puerta, denunciaron por supuestos a los mismos paisanos; gente extraña porque esos paramilitares no eran de aquí,

46 Fiscalía 20. Unidad de Justicia y Paz. Medellín. Audiencia de imputación de

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abrieron el espacio: “Ahí hay cinco, vea que aquí nos quitaron dos concejales, que esto y lo otro…” Vénganse de donde sea que yo aquí les ayudo, que aquí duermen, que aquí tal cosa, también los utilizaron, también les pasó exactamente lo mismo. Entonces ¿qué pasa?, los paramilitares como las guerrillas, cuando la cosa se pone pesada se van y dejan a la gente que en su momento les ayudó como carne de cañón… (Testimonio de mujer adulta, San Carlos, 2010)

Los relatos sobre altos comandantes paramilitares oriundos del pueblo indican las paradojas de la guerra, pues también ellos ter- minaron asesinando y ultrajando a sus familiares y amigos. Cas- tañeda, por ejemplo, miembro de una familia del corregimiento de El Jordán “que en reacción por el asesinato cometido por la guerrilla contra el concejal Ricardo Jiménez en agosto de 1997 empezó una retaliación, prestó una colaboración a los paramilita- res. Varias personas tienen una imagen cercana porque fue ante ellos que tuvieron que ir a rendir cuentas”. (Testimonio, taller de memoria histórica, San Carlos, 2010)

Así mismo, está el caso de Carlos Mauricio García Fernández, alias Doble Cero, jefe paramilitar del Bloque Metro. Él era nieto de un hombre reconocido en el pueblo y propietario de una inca en El Jordán:

Era el lugar de recreo de este joven y de su familia hasta que luego se convirtió en el sitio donde llevaban la gente a juicios y se rescataron personas enterradas. Fue sorpresivo el descubrir que este joven se hubiera convertido en un comandante paramilitar y que cometiera asesinatos contra gente que era conocida. (Testi- monio, taller de memoria histórica, San Carlos, 2010)

La conversión de guerrilleros a paramilitares es nombrada como un hecho que incidió en la ocurrencia de hechos atroces en los cuales se cegó la vida de personas que en algún momento tuvieron un encuentro con cualquiera de los grupos armados o se vieron impelidas a prestar alguna colaboración:

Aquí tenemos un ejemplo de eso, uno de los mandos me- dios bastante inluyente fue gente de la guerrilla, que entran a trabajar con los paramilitares y creo que participaron muchas de las matanzas de algunos de estos simpatizantes de grupos de izquierda. Es por eso, porque la misma gente con la que vos participaste y apoyaste, es la gente que está ahora con los paramilitares. Entonces vienen y te buscan y vos no tenés ni siquiera forma de decir no es así, porque fue el tipo con el que trabajaste de la mano. Yo posteriormente, hablando con varias de las víctimas, ellos mismos me contaban qué ocurrió. Unos padres contándole a uno qué paso con sus hijos, y pues que el compañero de ellos con que se movían, aparece aquí, que luego va a señalarlos y el mismo tipo me cuenta que se encargó de matar a muchos de los líderes de este grupo, porque los conocía directamente y los engañó y les hizo las celadas para llevarlos, formas muy tenaces. (Testimonio de hombre adulto, San Carlos, 2010)

Esta cercanía es considerada por algunas personas un factor que pudo haber inluido en que la guerrilla no hubiera llevado a cabo acciones de mayor impacto, como en Granada, donde des- truyeron buena parte del casco urbano con la activación de un carro bomba, o en que en algunas ocasiones hubieran dado aviso de sus incursiones: “Sí, si vamos para el pueblo entonces corran que ya vamos para allá. Nos vamos a matar al pueblo pero tienen que quedarse callados, solamente si pueden resguarden su fami- lia. Entonces nosotros salimos, ustedes no saben a la velocidad que salimos”. (Testimonio, taller de memoria histórica, San Car- los, 2010)

En el mismo sentido, se conocen los casos de mujeres que se vincularon a la guerrilla y a los paramilitares, ya sea por presio- nes ejercidas por los actores armados o, en algunos casos, por simpatía por su causa. Una cosa que a mí me dolía demasiado, cuando veía en los grupos armados de unos y de otros, mujeres

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involucradas con ellos, portando armas. ¡Ay! A mí eso me causaba dolor, tristeza, indignación, mi respuesta siempre era cuando me daban la espalda bendecirlas mucho porque detrás de esa mujer, decía por Dios hay un vientre y muchas de ellas, uno sabía que tenían hijos... ¿qué les había pasado a esas mujeres que habían perdido su esencia de la mujer que es la vida, procrear vida y estar terciando un arma para quitar vida?… Y aquí hubo mucha mu- jer involucrada, uniformada y portando armas y quitando vidas y eran muy violentas, perdóname, porque en la primera entrada de los paramilitares acá a San Carlos quedó en la mente de muchos, muchos, de muchas personas, que les tocó ver ese drama, una mujer mona, alta muy elegante, que era la más violenta, la que chutaba los muertos y les daba y les daba… (Testimonio de mujer adulta, San Carlos, 2010)

Otro caso es el de jóvenes que se enrolaron por convicción o por motivos de carácter económico, para lo cual en algunos casos se contó con el consentimiento de padres y madres de familia que vieron en ello una posibilidad de sobrevivencia. Esta situación se convierte en tema de relexión en encuentros de mujeres y en el marco de procesos de reconciliación donde se ha hecho memoria sobre las experiencias de las mujeres en su relación con los actores armados. Entre los que se vincularon hubo quienes se convirtie- ron en verdugos para la población, a pesar de que eran oriundos de San Carlos o que llegaron al municipio y decidieron quedarse.

Es el caso del joven llamado El yule. Un matón del mismo pue- blo que se mantenía al lado de la Policía. Hijo de una familia po- bre de vereda lejana de San Carlos, Cañaisto. Se le atribuyen las muertes de líderes cívicos y personas señaladas por el MAS de ser colaboradoras de la guerrilla; el día que se le veía en pleno parque principal se esperaba que al otro día amanecieran muertos. Él actuaba a sus anchas, a la gente le daba miedo declarar hasta que un día unos jóvenes se arriesgaron y dijeron: “Si vamos a morir que nosotros seamos los últimos pero que no siga esto”. Entonces,

con valentía, hubo declaraciones ante la Fiscalía y a este señor lo cogieron, lo apresaron, estuvo en varias cárceles, sufrió varios atentados, hasta que en Ibagué murió, (Testimonio de hombre adulto, Medellín, 2010)

En sus narrativas, la población establece también una res- ponsabilidad de algunos sectores de la élite local y de la clase política en lo sucedido. Hay una mención directa a la reacción del partido hegemónico, el Conservador, ante el intento del movimiento cívico de ampliar el espectro de la política local, particularmente el sector del Villeguismo, el cual, como se se- ñaló anteriormente, fue asociado con el exterminio de esa pri- mera generación de dirigentes cívicos. Así mismo, en dichas narrativas se identiica que los ganaderos y comerciantes, en su mayoría acosados por las extorsiones de la guerrilla, contri- buyeron de manera directa al establecimiento y desarrollo del proyecto paramilitar.

Cualquiera que hubiera sido la razón que condujo a la vincu- lación con los actores armados, personas con trayectorias diver- sas se vieron involucradas en una disputa que trajo consigo la muerte, el desplazamiento forzado y la desaparición de familia- res y conocidos:

Pero digamos, lo más impactante fue empezar a ver que esas historias se relacionaban conmigo, porque era el papá del amigo mío con el que jugaba bolas, era el hermano del tío del amigo mío. Bueno, en in, que así no hayan matado a mi familia de una u otra manera a ellos yo los consideraba mi familia porque eran amigos míos del barrio. De pronto uno conocer historias de que el papa de tal persona no lo encontraron o lo encontraron sin la cabeza. Entonces uno, pues, hablar con el amigo y tratar como ayudarle a lograr el duelo y es como con ese peso de decirle “Her- mano, lo siento por no encontrarle la cabeza a su papá o porque su papá está desaparecido”. (Testimonio de hombre joven, San Carlos, 2010)

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La construcción de la historia desde la memoria de los sancarli- tanos devela hilos explicativos, relaciones paradójicas y complejas de la realidad local durante las últimas décadas. Sus relatos ayu- dan a construir una narrativa que permite avanzar en el esclare- cimiento de la verdad y la justicia para no repetir una historia ya vivida.

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Capítulo 2

Memorias del éxodo

Como se explicó en el capítulo anterior, el éxodo1 ocurrido en

San Carlos es producto de la lucha librada entre diferentes gru- pos armados por el control de la población, de su territorio y de