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ALUM NOS

11. ACTIVIDAD ECONÓMICA

11.1.1. Diagnóstico

Un sector primario con una reducida y decreciente importancia económica pero con un significado papel territorial.

El sector primario tiene un peso muy reducido y decreciente en la estructura productiva del Área Funcional de Durango, muy por debajo incluso de los ya bajos promedios del Territorio Histórico y la CAPV. Así, entre 1986 y 1996 se ha producido una disminución del 35% en la población ocupada en la agricultura (458 personas frente 295). Estos datos se explican en parte por dinámicas comunes al conjunto de las estructuras socioeconómicas del mundo rural vasco y más concretamente por el envejecimiento de la población agraria, la falta de relevo generacional y la generalización de la agricultura a tiempo parcial.

La baja incidencia económica del sector agrario es paralela a su elevada repercusión territorial, paisajística y ambiental, ya que los usos ligados al mismo ocupan entre el 88% del territorio del Área Funcional. El espacio y la actividad agraria de la zona están organizados en Caseríos, que han conformado tradicionalmente explotaciones mixtas en las que se integraban producciones agrícolas, silvícolas y ganaderas que se complementaban, territorial y económicamente. En este modelo, los aprovechamientos agrícolas ocupaban un porcentaje reducido del terrazgo, agrupados en pequeñas huertas y parcelas de frutales.

Esta organización explica el bajo porcentaje de territorio dedicado a usos agrícolas (1%) a lo que se une la ocupación de las superficies de mayor

potencial productivo (llanuras aluviales del Ibaizabal y Elorrio) por usos urbanos e industriales. Es previsible que el uso de los suelos de mayor productividad agrícola por polígonos industriales e infraestructurales continúe produciéndose en los próximos años ya que el corredor del Ibaizabal deberá acoger con toda probabilidad un gran numero de actuaciones de gran calado (AVE, expansión de polígonos industriales, crecimientos urbanísticos etc). Se puede prever por tanto una reducción aún mayor de la superficie cultivada en el Área Funcional y la marginación de los paisajes rurales a las alineaciones montañosas.

El uso del espacio agrícola del Área Funcional de Durango esta repartido, casi a partes iguales, entre los aprovechamientos herbáceos (hortalizas y maíz fundamentalmente) y los frutales (peral y manzano) que en conjunto ocupan el 96% de la superficie cultivada, si bien esta tradicional división del terrazgo oculta que la mayor parte de la superficie cultivada esta ocupada por cultivos hortofrutícolas que agrupan el 68% del área cultivada.

Otro elemento destacable del área de estudio es la presencia de una significativa superficie de invernaderos dedicados mayoritariamente a los aprovechamientos hortícolas, habiéndose instalado varias explotaciones dedicadas al cultivo de flores y plantas ornamentales, una producción de alta rentabilidad potencial. Entre las producciones de alto valor añadido es necesario destacar también las vitivinícolas con escasa superficie (7 hectáreas) pero un peso económico significativo ya que son la base de la producción de pequeñas bodegas. Es un sector en clara expansión con una demanda y unos precios crecientes que cuenta con el potencial que supone la Denominación de Origen “Bizkaiko Txakolina”.

Predominan en el Área Funcional de Durango las explotaciones de carácter familiar que dedican su producción al autoconsumo y sólo en una pequeña parte a la venta en mercados locales y regionales. Este tipo de

explotaciones solventa los altos requerimientos de trabajo que exigen los aprovechamientos hortofrutícolas con la mano de obra familiar a tiempo parcial, factor que reduce de forma drástica los costes en laborales y permite que muchas de las unidades productivas de la zona continúen subsistiendo.

Muchos de los Caseríos han modificado su papel territorial tradicional y se han convertido en segundas residencias, y si bien no han perdido completamente la función agraria, los aprovechamientos agrícolas, forestales y ganaderos no pasan de ser un complemento de la actividad principal de los titulares de la explotación que en muchos casos manifiestan continuar con estas actividades para “mantener limpias las campas”.

Pervive también un pequeño número de explotaciones agrarias profesionalizadas que mantienen la función productiva del sector agrario como su objetivo principal.

La presencia de empresas y cooperativas es prácticamente inexistente (no alcanza el 1%) en el conjunto de unidades productivas lo que debe ser considerados un indicador de uno de los problemas más graves del sector agrario: el insuficiente grado de asociacionismo de los productores y la ausencia de mecanismos de colaboración que permitan incrementar las economías de escala.

Al contrastar estos datos con la estructura por edades del sector primario se descubre otra de las debilidades de la actividad agrícola: el envejecimiento de la población, proceso especialmente grave en aquellas explotaciones donde los titulares tienen una dedicación exclusiva al sector. Esta dinámica coincide con la falta de una nueva generación que tome el relevo en los Caseríos.

Las explotaciones agrícolas del Área Funcional de Durango se caracterizan por su reducido tamaño (el 76% de la superficie agrícola es explotada en unidades inferiores a las 10 ha) y por alta parcelación ya que las unidades productivas están divididas en 5,2 parcelas como término medio. El minifundismo y la parcelación de las explotaciones pueden ser considerados, a priori, como problemas para la eficiencia económica especialmente para las frutícolas y hortícolas, ya que incrementan las ineficiencias respecto a otras áreas productoras. Sin embargo, una parte importante de las explotaciones de la zona tienen producciones de autoconsumo que no ajustan su comportamiento a la lógica empresarial ni están sometidas a la competencia de las producciones foráneas. Se trata de aquellas explotaciones manejadas por agricultores a tiempo parcial en las que la mano de obra es esencialmente familiar y cuya producción se destina fundamentalmente al consumo propio y sólo en un pequeño porcentaje a la venta en mercados locales. Este tipo de explotaciones únicamente puede subsistir si el tamaño de las parcelas es reducido y las técnicas de cultivo no exigen un excesivo grado de especialización y no hacen necesarias inversiones demasiado cuantiosas y constantes.

La ganadería: un sector en proceso de tecnificación y modernización

Las 908 explotaciones agrarias con ganadería ocupan algo más del 36% de la extensión del Área Funcional un porcentaje superior a la media regional y provincial, lo que se explica en parte por el carácter montañoso de gran parte del ámbito de estudio. La principal cabaña ganadera (atendiendo al número de cabezas) es la ovina que en los últimos años ha registrado unas transformaciones relevantes a partir de la creación de miniqueserías que han permitido retener mayor valor añadido directamente en las explotaciones. No obstante, es más relevante la ganadería bovina cuyo aprovechamiento se ha orientado tradicionalmente a la producción de

leche aunque, tras los crecientes problemas derivados del precio de la leche y las restricciones que suponen las cuotas de la U.E., está provocando la paulatina sustitución por una ganadería destinada a la producción de carne.

El tamaño de las explotaciones lecheras es reducido, factor que resta competitividad al sector, pese al aumento en el tamaño medio registrado en los últimos años. Una parte de la cabaña ovina y bovina tiene un carácter semiestabulado y aprovecha los prados y pastizales, lo que permite mantener un recurso territorial importante como es el paisaje diverso.

Las explotaciones profesionalizadas están tendiendo a incrementar la estabulación proceso que se acompaña con una creciente tecnificación, aprovechando los apoyos recibidos de las diferentes administraciones. El resultado de estos procesos es un aumento muy relevante de la productividad de las explotaciones lecheras del Área Funcional en los últimos años de forma paralela a lo ocurrido en el conjunto del País Vasco.

El proceso de modernización y tecnificación se está llevando a cabo a costa de las pequeña unidades productivas tradicionales a las que se compran las cuotas lecheras para poder incrementar las dimensiones y la producción. Esta dinámica ha permitido aumentar la productividad de las explotaciones (en apenas 10 ha crecido un 32%) hasta situarlas en muchos casos en niveles cercanos a los ámbitos más productivos del Estado e incluso de la Unión Europea.

Los evidentes beneficios económicos del proceso de tecnificación de la ganadería tienen también efectos negativos entre los cuales se debe destacar fundamentalmente la desaparición de un elevado número de pequeñas explotaciones familiares. Esta dinámica, si bien reduce

ineficiencias económicas en el conjunto del sector, tiene evidentes y graves consecuencias territoriales ya que elimina el aprovechamiento de un porcentaje muy alto del espacio rural, minimizando su diversidad y la calidad del paisaje.

El sector forestal

Los espacios forestales (incluyendo en los mismos a los territorios que tradicionalmente se han definido como monte) ocupan un 67% del ámbito de estudio predominando las superficies arboladas localizadas en gran parte con las vertientes que enmarcan el valle del Ibaizabal así como por las áreas montañosas del interior. Son espacios privados en su gran mayoría pues los montes públicos ocupan una extensión muy reducida, elemento que debe considerarse un problema territorial relevante pues limita de forma severa la capacidad de intervención de la administración sobre los espacios forestales. Las dificultades para aplicar una política forestal pública cobra una especial trascendencia en un ámbito como el que nos ocupa en el que, al elevado porcentaje de superficie forestal, se unen las altas tasas de erosión potencial y los elevados riesgos geomorfológicos asociados a la misma.

El espacio forestal está ocupado en su mayor parte por pinares de Pinus radiata y, en menor medida por otros pinos y eucaliptos de repoblación, mientras que las frondosas autóctonas y las masas mixtas de pinares y quercineas ocupan una superficie muy escasa. Esta realidad se explica por el carácter de explotación productiva de la mayor parte los espacios forestales del Área Funcional. Así, las masas de una cierta dimensión de frondosas se conservan únicamente en aquellas zonas que, por una razón u otra, han quedado al margen de la explotación productiva como es el caso de los montes públicos y otros espacios de pendientes acusadas o difícil accesibilidad.

Desde una perspectiva estrictamente económica la única especie relevante es el Pinus radiata y en menor medida el Pinus Nigra. Su importancia reside en la escasa competencia de su madera debido al escaso desarrollo de esta especie en el resto de España y Europa. Se trata de un árbol bien adaptado a los potenciales bioclimatológicos del ámbito de estudio de tal forma que el turno de corta se reduce a los 35-40 años, lo que convierte su explotación en una actividad muy rentable en la zona de estudio. Como consecuencia de ello, la mayor parte de los espacios forestales de la zona no son bosques sino que se trata únicamente de cultivos forestales divididos en 1.340 explotaciones

Uno de los principales limitantes de estas unidades productivas es su escaso tamaño, que permite incluso calificar la estructura de la propiedad del sector como minifundista, pues el 92% de las explotaciones forestales tiene menos de 20 hectáreas y su extensión media está en torno a 5-6 hectáreas. Esta estructura reduce drásticamente las ventajas económicas que se pueden obtener de la explotación de grandes masas forestales en términos de minimización de costes de plantación, extracción y transporte así como en todos los tratamientos que se deben realizar durante el período de crecimiento.

Tamaño de las explotaciones forestales 52,6 18,7 7,4 8,9 12,5 0,0 10,0 20,0 30,0 40,0 50,0 60,0 < 20 20-50 50 y 100 100 y 200 > 200 Hectáreas % de superficie

Fuente: Censo Forestal 1996.

El problema que supone el tamaño de la explotación forestal se ve incrementado por la insuficiente colaboración entre los productores, lo que implica un gran incremento de costes que acaba repercutiendo en la rentabilidad de la explotación. A ello se añade el reiterado carácter complementario de los usos del espacio rural, de tal forma que un elevado número de explotaciones está gestionado bien por silvicultores a tiempo parcial, o bien por propietarios de Caseríos con escasos conocimientos de gestión forestal. Esta realidad se traduce en que las labores forestales son realizadas o bien por propietarios sin el suficiente apoyo técnico externo con un bajo cumplimiento de los tratamientos silvícolas o bien por empresas especializadas a las que no se controla suficientemente.

El carácter atomizado de las explotaciones se traduce en la necesidad de trazar un excesivo número de pistas forestales y vías de saca en áreas de grandes pendientes con el consiguiente incremento de los riesgos geomorfológicos. Otro de los problemas detectados en la gestión forestal que son los elevados efectos ambientales y paisajísticos generados por la explotación de los pinares con cortas a hecho. Este tipo de manejo es el más conveniente desde una perspectiva económica pues se adapta a la reducida dimensión de las explotaciones; se incrementan los efectos sobre

el paisaje, aumentan las tasas de erosión y se introducen riesgos innecesarios en la estabilidad de las vertientes. Ello puede generar los consiguientes problemas para la continuidad de la explotación forestal en el tiempo, o al menos reducir drásticamente su productividad.

11.1.2. Estrategias

La necesidad de gestionar un sector multifuncional y de adoptar un modelo agrario sostenible.

Las estrategias que se deben aplicar al sector primario deben contar con la complejidad que supone actuar sobre un sector con funciones económicas pero también territoriales, ambientales, sociales y paisajísticas. La relevancia de cada una de los roles se ha ido transformando a lo largo de las últimas décadas de tal forma que la visión exclusivamente económica de la agricultura ha ido decayendo conforme se reducía la rentabilidad de las actividades agrarias; paralelamente se ha incrementado la valoración social del papel medio ambiental y paisajístico de los ámbitos rurales, aunque está dinámica no ha sido homogénea territorialmente y varía en función de condicionantes productivos y ambientales.

En coherencia con las estrategias sobre el sector rural a escala europea, nacional y autonómica una de las principales líneas de acción en el Área Funcional será potenciar un modelo de desarrollo sostenible de las actividades agrarias que las integre ambientalmente y reduzca sus efectos, directos e indirectos, sobre el medio. Se potenciarán en este sentido las buenas prácticas agrarias que aseguren que el manejo de las explotaciones incorpore la capacidad de acogida como criterio de gestión, modificando todos aquellos parámetros relacionados con los sistemas de cultivo, consumo de insumos químicos y aportes orgánicos a suelos y aguas y residuos.

Asimismo, se incorporará la gestión de los usos del suelo a la sostenibilidad, de tal forma que la ordenación de los usos agrícolas, ganaderos y forestales y su relación con el medio físico deberá constituir uno de los elementos claves para la preservación de la diversidad biológica y paisajística, e incluso para el traslado a las próximas generaciones de la identidad agraria vasca. En esta línea, se propone articular medidas destinadas a la gestión de los usos del suelo con criterios de conservación de la biodiversidad y la variedad, identidad y calidad de los paisajes.

Para ello se tratarán de frenar los procesos de abandono de las explotaciones agrícolas y de simplificación y arborización del paisaje rural que se están concretando en los espacios agrarios vascos.

La necesidad de fomentar las actividades agrarias como parte del tejido socioeconómico de las áreas rurales

La importancia de los valores ambientales y territoriales del sector agrario no deben ocultar que se trata de una rama de la economía que debe cumplir su papel en el desarrollo de las áreas rurales. En este sentido resulta imprescindible fijar como estrategia básica para el sector rural del ámbito de estudio la revitalización de las actividades agrícolas como parte integrante de las estructuras económicas.

Las grandes diferencias existentes entre las diversas tipologías de explotaciones identificadas en el ámbito de estudio ha exigido definir dos tipos de líneas de acción:

- Estrategias sobre las explotaciones profesionalizadas.

Su objetivo será incrementar la competitividad de las explotaciones, mejorando su adaptación a las demandas del mercado. Para ello, se deberán adoptar medidas tendentes a mejorar la calidad y diferenciar las producciones utilizando los diversos instrumentos que permiten identificar la procedencia y la naturaleza de los productos de la zona. La apuesta

por incrementar la calidad de las producciones se acompañará del fomento de la agricultura ecológica e integrada.

Se dará prioridad también a las políticas de incorporación de jóvenes a las explotaciones agrícolas fomentando el imprescindible relevo generacional de las mismas, única forma de garantizar la continuidad de la actividad agraria. La redacción del diagnóstico permitió comprobar que uno de los principales limitantes para la viabilidad global de la actividad agraria es el envejecimiento de los titulares de las explotaciones. Por tanto, complementariamente se adoptarán acciones dirigidas a mejorar la formación de los agricultores y prepararles para los cambios en la coyuntura de los mercados que es previsible se produzcan en un futuro próximo.

Se potenciarán el cultivo del Txacolí y las producciones en invernadero ya que, entre todas las que se dan en el ámbito de estudio, son las que presentan mayor rentabilidad y potencialidad de futuro.

- Estrategias sobre Caseríos gestionados por agricultores a tiempo parcial

Este tipo de explotaciones se está convirtiendo en la predominante en el ámbito de estudio, por lo que las acciones dirigidas a ellas tendrán prioridad. El fin principal será permitir que los Caseríos, pese a modificar su papel territorial, conserven la actividad agraria, para lo cual será imprescindible favorecer la vinculación de las producciones agrarias con los mercados.

El apoyo a la conservación de las pequeñas cabañas ganaderas de los Caseríos permitirá salvaguardar el paisaje rural y será una vía para cierta diversidad de actividades en las explotaciones rurales. Se fomentarán y en su caso se crearán, los instrumentos de cooperación entre los productores a tiempo parcial, con el fin de reducir su dedicación y garantizarles unos mínimos beneficios. Se potenciarán las ferias y

mercados locales como vía de comercialización de las pequeñas producciones de los Caseríos no profesionalizados.

- La necesidad de fomentar la cooperación en el sector forestal El importante papel paisajístico y territorial de los usos forestales ha determinado que se deba adoptar una línea de acción específicamente dirigida a mitigar los efectos ambientales y visuales de la explotación de las masas. Para ello se potenciarán las prácticas forestales sostenibles, las forestaciones con frondosas con el fin de incrementar la diversidad y calidad ambiental del territorio.

Pero sin duda, desde una perspectiva económica, la prioridad será dotar a los productores de instrumentos e incentivos para la cooperación entre los titulares de las explotaciones forestales. Esta línea se concretará por una parte en el trazado vías de saca y pistas forestales generales, lo que debe reducir el excesivo número de caminos existente en la actualidad. Asimismo, se fomentará la cooperación entre los titulares de las explotaciones para realizar las labores forestales, tanto de podas y demás tratamientos silvícolas, como las propias cortas.

Se tratará también de paliar la falta de apoyo técnico a los productores para lo cual se fomentará la incorporación de empresas y técnicos externos con el fin de aumentar la productividad de las plantaciones y favorecer un buen manejo de las mismas.

11.1.3. Líneas de acción