Con la aparición de la indiscutible necesidad de fortalecer a la dictadura del proletariado en toda una etapa, quedó desechada una de las premisas teóricas fundamentales del marxismo. Cuanto más ortodoxo parece ser el SU, por ejemplo al ignorar esta modifi cación que introdujo la experiencia histórica, tanto más se aleja del marxismo.
En cambio Lenin, que sostuvo durante varios años el esquema clásico, fue el primero en rectifi carse a medida que la URSS iba quedando aislada. Apenas un año después de, la toma del poder por los bolcheviques, decía: “No podemos dar
un salto a1 socialismo de una vez... No me hago ilusiones con respecto al hecho de que no hemos hecho más que empezar el período de transición al socialismo”. “Los antiautoritarios piden que se destruya sobre la marcha el Estado político autoritario... ¿Ha visto esta gente alguna vez una revolución? Una revolución
es, sin duda alguna, la cosa más autoritaria que pueda imaginarse.”146.
Siguiendo sus enseñanzas, Trotsky describió claramente este fenómeno y nos dijo categóricamente: “ ... el período de transición del capitalismo al socialismo exige
un fortalecimiento externo de la función del estado (dictadura del proletariado).
Esta dialéctica histórica del estado ha sido muy estudiada por la teoría marxista (....) la idea del fortalecimiento inevitable del poder del estado en la etapa de
transición que media entre el capitalismo y el socialismo” es una “idea de Marx
144 La revolución permanente, pag. 55 145 Idem, pp. 217-218.
que el capitalismo, sino en un gran atraso. Aunque a su vez es la expresión, a escala mundial, de que ese desarrollo de las fuerzas productivas no cabe dentro de las fronteras nacionales. Esta contradicción se manifi esta en el hecho de que las revoluciones han estallado en los eslabones más débiles del capitalismo.
Mientras subsista el imperialismo, todo país que haga la revolución dentro de sus fronteras nacionales y partiendo de un desarrollo inferior al alcanzado por aquél, seguirá siendo explotado de la misma manera porque “...el criterio fundamental
[es] el nivel de las fuerzas productivas” (Trotsky, 1936)142.
De este análisis, tanto Lenin como Trotsky sacaron la justa conclusión de que con la toma del poder no se había liquidado al imperialismo y de que, por lo tanto, se aceleraba la lucha de clases y revolucionaria a todas las escalas, hasta su derrota defi nitiva. “Después de derrocar a la burguesía y de conquistar el poder político...” deberá aplastar “la resistencia cada vez más tenaz de los explotadores”. “La
clase de los explotadores, los terratenientes y capitalistas no ha desaparecido ni puede desaparecer de golpe bajo la dictadura del proletariado. Los explotadores han sido aplastados, pero no destruidos. Aún tienen una base internacional,
el capital internacional del cual son parte porque fueron derrotados aumentó cien y mil veces la fuerza de su resistencia. El ‘arte’ de saber dirigir el Estado,
el ejército y la economía les da una superioridad muy grande, de modo que su importancia es muchísimo mayor que su proporción numérica dentro de la cifra global de la población. La lucha de clase que libran los explotadores
derrocados contra la vanguardia victoriosa de los explotados, es decir, contra el proletariado, se ha vuelto incomparablemente más encarnizada. Y no puede ser
de otro modo cuando se trata de una revolución, a no ser que se reemplace este concepto (como lo hacen todos los héroes de la II Internacional) por ilusiones reformistas”. (Lenin,1919)143.
Y Trotsky en La Revolución Permanente insiste en el mismo sentido: “La
contención de la revolución proletaria dentro de un territorio nacional no puede ser más que un régimen transitorio, aunque sea prolongado, como lo demuestra la experiencia de la Unión Soviética. Sin embargo, con la existencia de una dictadura proletaria aislada, las contradicciones interiores y exteriores crecen
paralelamente a los éxitos. De continuar aislado, el estado proletario caería, más tarde o más temprano, víctima de dichas contradicciones. Su salvación está únicamente en hacer que triunfe el proletariado en los países más progresivos.
142 The Revolution Betrayed, pag. 60. Nota: Habiendo constatado en el pasaje de la obra una pequeña diferencia entre las traducciones española (Andrés Nin) e inglesa (Max Eastman), en este caso nos hemos inclinado por esta última versión.
143 “Economía y Política en la época de la dictadura del proletariado”, Obras Completas, Tomo XXXII, pag. 95.
Esperamos que la mayoría del SU no haya cambiado esta posición marxista clásica para los momentos previos a la toma del poder. Es decir, creemos que seguirán defendiendo la combinación de las distintas formas de lucha para cuando los encuentros de la clase obrera y los grupos contrarrevolucionarios se vuelvan violentos, con características de guerra civil. Porque para el resto de las situaciones han cambiado su concepción.
Supongamos que después del triunfo de la insurrección la clase obrera quiera seguir actuando de la misma forma en que lo hacía antes y durante la toma del poder; es decir, que esté dispuesta a seguir movilizándose físicamente contra los contrarrevolucionarios. El SU opina que, entonces, debemos enfrentar a la contrarrevolución ideológica y propagandísticamente, pero jamás coartando su “libertad política ilimitada” y mucho menos atacándola en forma física: “.. el
único medio por el cual la clase obrera puede educarse ideológicamente y puede
liberarse con éxito de la infl uencia de las ideas burguesas y pequeño burguesas es la confrontación ideológica”, “la conducción de una lucha sin tregua contra esas ideologías en el terreno de la ideología misma”. (SU, 1977 )22.
El proletariado victorioso, según el SU, en vez de hacer las más poderosas movilizaciones y atacar con toda su fuerza a los contrarrevolucionarios, deberá enviar un telegrama colacionado a cada grupo enemigo que no haya tomado las armas contra el poder obrero. Si se trata dé Irán, deberá enviarle un telegrama al Sha -si todavía no tomó las armas contra el poder obrero-, informándole que se hará un referéndum para saber cuántos adherentes tiene y proceder así a otorgarle sus respectivos espacios por los medios de difusión masiva. Cualquier día encenderemos la radio o la televisión, en Irán, si triunfa la dictadura del SU, y nos encontraremos con que el Sha y sus secuaces están hablando en cadena para todo el país, que disponen de una hora completa y luego les responderá el compañero Mandel o alguno de sus partidarios iraníes explicándole a los obreros que a esos sujetos no se los debe atacar como antes de la toma del poder, sino que sólo se les debe combatir ideológicamente. Lo mismo, ocurrirá en Nicaragua con Somoza, por ejemplo. Franco y Salazar no tendrán espacios para hablar, pero no por decisión del SU, sino porque están muertos. Por más esfuerzos que hacemos, no entendemos por qué tiene que ser así.
Para la mayoría del SU, el proletariado en el poder actuará contra la burguesía y la contrarrevolución imperialista, como según Hollywood actuaban los caballeros de la Edad Media con sus pares: no atacará físicamente si no lo hicieron previamente contra él y utilizará las armas del adversario. Esto puede parecer una exageración polémica; sin embargo, se ajusta estrictamente a lo que dice el documento de la mayoría del SU, En él insisten en que a la burguesía, a los partidos reaccionarios y contrarrevolucionarios se les debe responder ideológicamente si emplean armas
ideológicas, y para permitir el “duelo” les darán los derechos más absolutos de organización, propaganda y sólo, exclusivamente cuando ellos utilicen armas de fuego, se les responderá de la misma manera y se les restringirán sus derechos democráticos. Todo queda reducido al supuesto código de honor de la caballería medieval y no a las férreas leyes de la lucha de clases.
Las afi rmaciones del SU vienen en línea directa del Siglo de las Luces y del racionalismo francés, con su sobreestimación de la fuerza de las ideas en el proceso histórico, y va en contra de todo lo que el marxismo ha dicho al respecto. Nosotros creemos que mientras la economía mundial siga desarrollando formas capitalistas de producción y provocando el surgimiento de sectores burgueses, pequeño burgueses y de obreros privilegiados, no hay absolutamente ninguna posibilidad de que desaparezcan la infl uencia de las ideas burguesas y pequeño burguesas, aunque estemos mil años luchando ideológicamente contra ellas. Y, por el contrario, afi rmamos que si implantamos una fuerte dictadura revolucionaria que logre extirpar toda perspectiva económica de surgimiento de sectores económicos privilegiados, al lograr una economía mundial socialista, no habrá ya la mas mínima posibilidad de que fl orezcan ni un milímetro esas ideas. Esto no quiere decir que neguemos la gran importancia de la lucha ideológica, pero exigimos que se la ponga en su verdadero lugar: es muy importante pero no el “único medio” o el privilegiado para extirpar la ideología burguesa. Su función radica en ser un poderoso sostén para la movilización permanente de los trabajadores que lleve a la extirpación del régimen capitalista. Es decir, “el único medio” que la humanidad tiene para superar la ideología burguesa es lograr un nuevo sistema de producción y no la lucha ideológica contra ella.
En su afán de justifi car que a la contrarrevolución sólo se la debe combatir en el terreno que ésta elija sin que el partido revolucionario pueda tomar nunca la iniciativa de atacar como mejor le convenga, el SU utiliza otro argumento, complementario pero de tipo negativo: toda medida administrativa contra los partidos contrarrevolucionarios, a excepción del momento en que se levanten en armas contra el poder obrero, a la postre va en contra de los revolucionarios. Esto no es más que otro fetiche, pero negativo: las medidas administrativas o punitivas siempre son malas. Nosotros negamos tanto éste como los otros fetichismos jurídicos, normativos e institucionalistas de la mayoría del SU. “La represión
puede tener magnífi cos resultados aplicada contra una clase que abandona la escena; la dictadura revolucionaria de 19171923 lo demostró plenamente...”
(Trotsky, 1936).23 La concepción del SU es defensiva. Y también metafísica, de
luchas separadas en compartimientos estancos, sin ninguna relación entre sí y sin pasar de una a otra si el enemigo no ha hecho lo mismo previamente. Siendo así se elimina la posibilidad de que un estado obrero tome la iniciativa de iniciar una guerra revolucionaria contra un estado burgués. Esta posibilidad fue barajada
23 La Revolución Traicionada, pág. 236.
El marxismo enseña que toda época revolucionaria se origina cuando el desarrollo de la técnica o de las fuerzas productivas choca contra las relaciones de producción y propiedad. Para Trotsky, bajo el imperialismo, las fuerzas productivas chocan, además, con los estados nacionales. Esto es evidente; ellas requieren de todo el planeta para seguir desarrollándose. Una traba tanto o más grande que la propiedad burguesa privada son, por lo tanto, los estados nacionales burgueses. Constituyen, a escala histórica y mundial, un freno al desarrollo de las fuerzas productivas como en su momento lo fueron los feudos. La revolución socialista mundial es una necesidad objetiva vigente para adecuar toda la tierra al desarrollo de las fuerzas productivas, porque es la única que destruirá no sólo la propiedad privada, sino también las fronteras nacionales. En el imperialismo monopolista este desarrollo está al servicio de la conservación de los estados nacionales (máxima expresión de la propiedad burguesa), que es lo mismo que decir que está al servicio del atraso. Por eso es el factor contrarrevolucionario decisivo.
Los países capitalistas atrasados eran explotados por el imperialismo en forma directa, a través de las inversiones capitalistas. Pero ocurrió que, al triunfar la revolución obrera no perdieron su condición de atrasados: las fuerzas productivas del imperialismo seguían teniendo un desarrollo superior, lo que le permitió seguir explotándolos, pero ahora de un modo indirecto, a través del mercado y la economía mundial que domina. Por eso Trotsky dice que el proletariado de la URSS es dominante dentro de la URSS en un sentido, pero al mismo tiempo es explotado por el imperialismo. Lo que ha sucedido con la Revolución Rusa y las que le siguieron, es -salvando las distancias- como si la revolución francesa hubiera triunfado en Provence, Marsella, pero no en el resto de Francia, y el feudalismo hubiera seguido siendo dominante en París y Lyon, donde había mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Esto hubiera dejado muy fuerte a la monarquía, ya que la Provence sola no hubiera podido derrotarla, y el capitalismo siempre necesita, como mínimo, el mercado nacional para lograr un desarrollo impetuoso de las fuerzas productivas.
Lo mismo ocurre hoy día con los estados obreros a escala mundial. Sólo deben ser considerados como avances tácticos de la revolución mundial. Por la presencia de problemas graves o de coyunturas muy especiales el imperialismo no ha podido aplastarlos por el momento. Los nuevos gobiernos obreros burocráticos están aislados, preocupados fundamentalmente por la defensa de sus fronteras nacionales y la superación de su atraso económico. Pero tarde o temprano, debido al escaso desarrollo de sus fuerzas productivas comparado con el del capitalismo mundial, se verán obligados a comerciar con el imperialismo con lo cual volverán a ser explotados por éste, aunque ahora en forma indirecta a través del comercio o de los préstamos.
La realidad nos muestra que la revolución mundial ha tenido un desenvolvimiento “anormal” hasta la fecha, ya que no se asienta en un mayor desarrollo económico
Por eso en la actualidad todas las dictaduras proletarias existentes se atrincheran en sus fronteras con ejércitos, policías, burocracias estatales que recuerdan a los peores regímenes capitalistas. El hecho de que la burocracia y la aristocracia obreras ominen al gobierno hace que este proceso se haya degenerado, haya llevado a un régimen totalitario, de fortalecimiento y dominio de la burocracia, de opresión a la base obrera y campesina, en lugar de fortalecer el estado a través de la movilización y organización revolucionarias de los trabajadores. Pero al mismo tiempo, el hecho de que en todos esos países veamos el mismo fenómeno de un “estado capitalista sin capitalismo” nos debe hacer pensar que hay profundas razones objetivas que hacen que en todos los estados obreros aislados el fortalecimiento de la dictadura sea una necesidad. La satisfacción de esta necesidad, sin embargo, corre por dos caminos opuestos: uno, el burocrático, y otro, el revolucionario. El primero fortalece cada vez más al gendarme y a los sectores privilegiados de la clase obrera. El otro, a la movilización de los sectores más explotados y concentrados del proletariado. Este segundo camino lleva al desarrollo de la revolución mundial y al enfrentamiento y derrota defi nitiva del imperialismo. En cambio, el primero propicia el aislamiento del estado obrero dentro de sus fronteras e impone la coexistencia con el imperialismo, un imposible histórico ya que esa coexistencia lleva nuevamente a un enfrentamiento inevitable. Dicho de otra forma: es un fortalecimiento momentáneo que a la postre debilita al estado obrero y a la dictadura del proletariado.