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DIETA ISOPROTEICA, ARTROSIS Y OSTEOPOROSIS

In document Adelgazar Sin Matarse - Jaime Brugos (página 99-103)

Nuestros huesos, dientes y articulaciones también están vivos y necesitan nutrirse adecuadamente.

La artrosis y la osteoporosis son otras de las enfermedades degenerativas que se han convertido en azote de la humani- dad. Se calcula que sólo en Estados Unidos más de 30 millo- nes de personas se encuentran gravemente afectadas por la artrosis y de 25 a 30 millones más la padecen en menor gra- do. Una de cada tres mujeres mayores de 45 años sufre de osteoporosis.

La medicina reconoce desconocer el origen de la artro- sis, y se habla de «desgaste de las articulaciones», lo cual es un verdadero contrasentido, porque para mejorarla se reco- mienda hacer ejercicio. Si fuera un «desgaste», lo lógico es que con el ejercicio se deteriorasen más.

Es muy interesante la experiencia de Ana María La jus- ticia, famosa bioquímica especializada en nutrición y auto- ra de numerosos libros sobre estas cuestiones, uno de los cuales está dedicado a la artrosis, por haber sido ella una paciente de artrosis grave y de osteoporosis durante muchos años.

Cuenta Ana María que estuvo prácticamente desahucia- da por tres médicos y que cuando decidió operarse un famo- so cirujano se negó, diciéndole que aunque tenía 43 años su esqueleto parecía el de una persona de 80 y sus huesos no tenían ninguna vitalidad como consecuencia de la osteopo- rosis. Reconoce que era una comedora compulsiva de pan y que llevaba una alimentación muy pobre en proteínas.

Como consecuencia de la diabetes que padecía, se vio obligada a cambiar su dieta aumentando la ingestión de proteínas y repartiéndolas en cuatro o cinco comidas al día, al tiempo que aumentaba también la ingestión de alimen- tos ricos en magnesio. Este nuevo modo de comer le ani- mó a mejorar y aumentar sus estudios de bioquímica, con- virtiéndose en una de las especialistas más conocidas de España.

Nos cuenta que los médicos le decían que «esa enferme- dad no tiene solución», que «el cartílago desgastado no se regenera jamás» y que «el desgaste es progresivo e irrever- sible», pero que en 30 años de visitas médicas nunca le pre- guntaron: «¿Qué come usted?», cuando eso era lo verdade- ramente fundamental.

Después de muchos años de especialización en Bioquí- mica, que le permitieron descubrir la causa de su enferme- dad y curarse, Ana María Lajusticia nos dice que «tanto la artrosis como la osteoporosis se reducen en esencia a un pro- blema de formación de proteínas en el organismo» y que «la osteoporosis se reduce también a un problema de fabrica- ción de proteínas, que es de lo que está constituida funda- mentalmente la parte viva o matriz orgánica del hueso. Esta sustancia es la que fija el calcio en forma de fosfato de cal. Por ello, si el cuerpo no fabrica proteínas, el esqueleto no retiene el calcio».

También nos comenta que se encuentra frecuentemente con personas a las que se les ha recetado calcio para la osteo- porosis. Como normalmente su dieta cubre las necesidades de calcio, este suplemento lo único que hace es depositarse en las arterias, pulmones, ríñones y otros tejidos blandos, porque la descalcificación del esqueleto, en la casi totalidad de los casos, no se ha producido por falta de calcio, sino por la imposibilidad del hueso para fijarlo debido a la falta de formación de colágeno, es decir, de la parte viva y pro- teica del mismo.

Es también muy interesante la consideración de Ana María sobre el proceso de regeneración de los tejidos: «Los tejidos de nuestro cuerpo sufren un desgaste y una reposi- ción continua día y noche. El recambio de las proteínas del hígado, que es una viscera que tiene a su cargo una enorme complejidad de transformaciones químicas, se hace en unos nueve días. El recambio de las proteínas y células de nues- tros músculos y sangre, entre 120 y 180 días. Y el esquele- to tarda entre 2 y 6 años en reponer la parte viva del hueso y los cartílagos».

Es de suma importancia esta experiencia de Ana María Lajusticia, que corrobora una vez más la opinión que veni- mos exponiendo en este libro: las enfermedades degenerati- vas, entre ellas la artrosis y la osteoporosis, son la lógica con- secuencia de una malnutrición generalizada durante años debido a la transformación de las costumbres alimenticias, en las que se ha ido reduciendo la ingestión de proteínas y grasas y se han sustituido por carbohidratos.

Por fortuna, es un problema reversible a largo plazo si mantenemos permanentemente la circulación de aminoáci- dos en sangre. Mediante la dieta isoproteica no solamente fortaleceremos y mejoraremos el tono muscular y los órga-

nos internos, sino que también tendremos bien alimentado y fortalecido nuestro sistema óseo y los cartílagos de nues- tras articulaciones, que, en definitiva, también son proteí- nas y grasas.

Es curioso y a veces decepcionante que resulte tan difí- cil hacer comprender una cosa tan sencilla y lógica: un cuer- po mal alimentado está débil, enfermo y deformado. Esto podemos verlo incluso en las plantas: si no las regamos y abonamos, languidecen, enferman y terminan por morir. Si las abonamos y las regamos crecen sanas, fuertes y vigo- rosas.

De todas las afirmaciones novedosas que presento, la que relaciona el efecto de la alimentación sobre el sistema óseo es la más fácil de demostrar, porque afortunadamente la den- sidad ósea se puede medir con exactitud mediante un sim- ple análisis llamado densitometría. He tratado nutricional- mente a muchísimas mujeres que padecían de osteoporosis en mayor o menor grado y en todos los casos, al cabo de uno o dos años, se han producido recuperaciones especta- culares. Por eso puedo afirmar categóricamente que la osteo- porosis no es una enfermedad incurable, sino que es sólo la consecuencia de una mala alimentación y por tanto es total- mente reversible.

Ni que decir tiene que cuanto hemos comentado en rela- ción con las articulaciones y el sistema óseo es perfectamen- te aplicable a la parte más articulada y conflictiva de nues- tro organismo, la columna vertebral. Un porcentaje muy ele- vado de las personas con sobrepeso que vienen a visitarme tienen problemas de desviaciones o lesiones de columna. Las cifosis (chepa), las lordosis (ensilladura) y, sobre todo, las escoliosis (curvatura lateral) son cada día más frecuentes, incluso entre niños y jóvenes.

También soy el primero en decir que no se necesita tener demasiados conocimientos de anatomía para darse cuenta de que la columna vertebral, que está formada por una serie de vértebras separadas entre sí por unos cojines de cartíla- go llamados discos intervertebrales y que se mantiene ergui- da gracias a unos potentes ligamentos que unen unas vérte- bras con otras y a las dos fajas de músculos para vertebrales y lumbares que recorren nuestra espalda de arriba abajo, se curva y se desvía como consecuencia del debilitamiento o atrofia de esos ligamentos y músculos que, de estar bien nutri- dos, la mantendrían erguida y recta.

Si tenemos en cuenta que los cartílagos o discos inter- vertebrales, que sirven de almohadilla entre las vértebras y les permiten articularse suavemente, están hechos de un mate- rial compuesto de proteína y grasa y son tan resistentes que soportan las enormes presiones que se producen en nuestra columna, comprenderemos que la base fundamental de la salud de la columna sea que esos discos y ligamentos estén bien nutridos y regenerados. Si además de nutrirlos bien, mantenemos entrenados y fuertes todos los músculos de la espalda la garantía de éxito en el tratamiento de las dolen- cias de columna está asegurada.

El único caso que no se puede arreglar con una buena nutrición y ejercicio es la hernia de disco, que se produce cuando un disco se rompe y permite la fuga de la médula espinal. En ese caso sólo queda recurrir a la cirugía.

Pero, por favor, si a usted le diagnostican una hernia de disco, antes de aceptar la operación pida una segunda opi- nión a otro médico. Le puedo garantizar que he tratado a cientos de personas a quienes les habían diagnosticado una hernia de disco y que en realidad sólo padecían una disten- sión de los ligamentos intervertebrales, que sí es recupera-

ble mediante la dieta y el ejercicio. Lo que sucede es que los síntomas son los mismos, pues al separarse las vértebras como consecuencia de la distensión, también se produce una fuga de médula como en la hernia.

En los tratamientos de desviaciones de columna, como en tantas otras enfermedades degenerativas, la medicina no suele darle ninguna importancia a la nutrición ni a cambiar el tipo de alimentación de los pacientes y en muchos casos se les dice que se trata de malformaciones congénitas que no tienen solución. Se suele recomendar como ejercicio la nata- ción pero, curiosamente, al intervenir todos los grupos mus- culares simultáneamente, es lo menos adecuado y efectivo para mejorar el tono muscular de la espalda.

Como veremos en el próximo capítulo, hoy día existen sistemas de entrenamiento específicos que se aplican desde hace unos 25 años con éxito, y los resultados a veces pare- cen milagrosos. Lógicamente, deben ser combinados siem- pre con una alimentación de alto contenido proteico, gra- sas, vitaminas y minerales. Se trata de sistemas que permi- ten empezar a trabajar los músculos y los ligamentos muy suavemente y de forma progresiva y controlada, evitando las brusquedades peligrosas pero sometiendo esos múscu- los a esfuerzos y trabajos progresivamente mayores que les obliguen a desarrollarse y robustecerse.

Este plan de entrenamiento específico para la espalda, combinado con la dieta isoproteica, es también la forma más segura de prevenir ataques de ciática y lumbago, ya que la propensión de algunas personas a padecerlos no es más que una consecuencia clara del debilitamiento de los ligamentos intervertebrales.

Con frecuencia atendemos a personas a quienes el médi- co les ha dicho que no pueden hacer ejercicios en los que tra-

baje la espalda, ni levantar pesos, porque tienen propen- sión a diversos padecimientos de columna. Esto no es correc- to, el médico que así les aconseja puede ser muy bueno, pero no tiene conocimientos actualizados de los sistemas de entre- namiento correctivo. Si esa persona tiene la zona lumbar frá- gil y no la ejercita jamás la fortalecerá. Precisamente para prevenir esos padecimientos necesita ejercitar, muy suave y progresivamente, la zona debilitada.

En todos los tratamientos de debilidad muscular o arti- cular, así como en los casos de lesiones, es conveniente suple- mentar la alimentación con dosis elevadas de vitaminas del grupo B, principalmente Bl, B6 y B12, por su contribución a la regeneración de los tejidos musculares y nerviosos.

Una ventaja adicional que hemos podido comprobar en muchísimos casos es que después de fortalecer los cartíla- gos intervertebrales, el paciente suele ganar unos milímetros de altura, pues la columna se endereza y el aumento de gro- sor de cada disco intervertebral en unas centésimas de milí- metro resulta considerable al sumarse en conjunto.

Antes de terminar, debemos hacer una mención especial a la importancia que tiene una buena alimentación en la salud de la dentadura. Nuestros dientes no son elementos muertos ni petrificados, sino que están tan vivos como el res- to de nuestro organismo y necesitan ser nutridos adecuada- mente para mantenerse sanos. No se necesita más que ser un poco observador para darse cuenta de que en épocas de guerra, escasez o malnutrición, incluso durante el embara- zo, se pican las muelas y se deteriora la dentadura con suma facilidad.

La revista de la Sociedad de Cardiología de Estados Uni- dos publicó en 2003 un estudio del doctor Moise Desva- rieux, con 711 hispanos, negros y blancos, mayores de 55

años y de Nueva York, que estableció claramente, y por vez primera, una relación directa entre la pérdida de dientes y las enfermedades cardiovasculares, llegando a afirmar que la acumulación de placa en las arterias carótidas y la dismi- nución del riego sanguíneo es proporcional a la pérdida de dientes. Imposible demostrar con mayor claridad la relación de la nutrición con la salud de la dentadura.

Se ha dicho que el azúcar provoca caries en los niños. Esto es cierto, pero no por el efecto físico sobre el esmalte que protege los dientes, sino por la malnutrición que con- lleva el alto consumo de azúcar.

Constantemente observamos los casos de personas de 40 o 50 años que tienen destruida su dentadura, mientras que otros con 90 años la conservan en muy buena condición. Por mi experiencia de estos últimos 25 años, puedo afirmar categóricamente que una dentadura bien nutrida jamás sufri- rá caries.

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