• No se han encontrado resultados

68 DIEZ TEXTOS BÁSICOS DE CIENCIA POLÍTICA

In document Diez Textos Basicos de Ciencia Politica (página 63-67)

58 DIEZ TEXTOS BÁSICOS DE CIENCIA POLITICA

68 DIEZ TEXTOS BÁSICOS DE CIENCIA POLÍTICA

duraderas; 3.") el sistema mayoritario a dos vueltas es relativamente poco sensible tan­ to a las variaciones de opiniones tradicionales como a la manifestación de nuevas co­ rrientes. Como siempre, estas fórmulas sólo expresan las tendencias generales de base,

suceptibles de ser modificadas profundamente por la acción de otros factores; tienen, en­ tonces, numerosas excepciones.

Variaciones de las opiniones tradicionales

Son los cambios en el reparto de los sufragios, en cada elección sucesiva, entre los partidos habituales, excepto la brusca mutación de alguno de ellos, sólo explicable por un movimiento verdaderamente nuevo de la opinión (véase más adelante). Se llamará insen­ sible a un sistema electoral en la medida en que tienda a atenuar estos cambios, es decir, a debilitar la diferencia entre la cantidad de escaños y la cantidad de votos. Al contrario, un sistema sensible, aumentará esta diferencia.

A) En este tema es evidente el carácter estabilizador de la proporcionalidad. En principio debe contentarse con expresar exactamente la diferencia de los votos y el re­ parto de escaños entre dos elecciones. En la práctica, la imperfección con que se aplican los principios proporcionales significa una atenuación de esta diferencia.

Además, aun cuando la representación proporcional se aplicara integralmente, con­ servaría su insensibilidad. Porque, al lado del efecto mecánico resultante de la imposibi­ lidad práctica de traducir al reparto de escaños una diferencia de votos muy pequeña, la estabilidad descansa en un factor sociológico; en un régimen político bien establecido en un país que practica la democracia desde hace mucho tiempo, las opiniones tradicionales varían poco y el reparto de sufragios entre los partidos habituales permanece siempre casi constante. Uno de los resultados más interesantes de las investigaciones realizadas en el campo de la geografía electoral es el descubrimiento de esta «cristalización» de las posi­ ciones políticas.

Por naturaleza, los movimientos de opinión son, entonces, muy débiles, y sólo aumentando su amplitud permiten que los capten los instrumentos de medición; como los sismógrafos que perciben las oscilaciones de la corteza terrestre imperceptibles a nues­ tros sentidos. Traduciendo fielmente el reparto de votos en el de los escaños sin acentuar sus variaciones, la representación proporcional llega a cristalizar el régimen político. Nada es más instructivo, en este aspecto, que la lectura de las curvas que representan las posiciones respectivas de los partidos de una elección a otra. En un régimen proporcio­ nal, las curvas son prácticamente horizontales, con diferencias extremadamente débiles. El ejemplo de Holanda, de 1919 a 1939, es particularmente típico (fig. 2.6): en este país, estable por naturaleza, un escrutinio estabilizador llevó a un inmovilismo político casi to­ tal. Muy parecidos serían los casos de Bélgica y Suiza.

No obstante, a veces son claramente perceptibles los movimientos a largo plazo, en la medida en que son muy amplios: por ejemplo, la tendencia ascendente de los partidos socialistas escandinavos que los ha colocado en una posición dominante (véase fig. 2.7); el ejemplo sueco es particularmente característico. Es difícil decir aquí si la modalidad

Fig. 2.7. A scen so d el p a r tid o so c ia lista h acia una p o sic ió n dom in an te en Su ecia, d e I9 I 1 a 1948, b a jo el sistem a de representación p ropo rcio n a l.

del escrutinio ha ampliado o limitado este ascenso; parece que, por un lado, lo ha frena­ do, retrasando el momento en que los laboristas escandinavos lograron la mayoría abso­ luta (que hubieran alcanzado muy rápidamente con un sistema mayoritario a una vuelta, como veremos más adelante); pero, por otro, podemos pensar que lo ha fortalecido, por el carácter durable que ha dado a la debilidad de los otros partidos (debilidad que hubie­ ra sido menos importante con un sistema mayoritario). Vemos que es necesario atenuar el rigor de las fórmulas precedentes sobre el carácter estabilizador de la representación proporcional; muy a largo plazo, se puede decir que amplía, en lugar de atenuar, los mo­ vimientos profundos en la opinión tradicional. Pero, igualmente, los frena, tanto en la fase de ascenso como en su declive.

B) Los efectos naturales del escrutinio mayoritario a una vuelta son muy diferen­ tes. Las curvas de las variaciones de escaños obtenidos por los partidos adquieren el as­ pecto dentado característico del sistema (fig. 2.8, A). Si se le añaden las curvas de por­ centajes de votos, se comprueba que la amplitud de las diferencias es muy clara: la com­ paración de los porcentajes de votos y los porcentajes de escaños en Inglaterra, entre

Fig. 2.8. A m pliación d e las va ria cio n es d e o pin ion es tra d icio n a les d eb id a a l sistem a m a yo rita rio a una vuelta (ejem plo inglés).

fundamente el sistema (véase fig. 2.8, A y B). El mecanismo general de la amplificación es simple; nace de la combinación de las dos tendencias antes analizadas: la tendencia a la sobrerrepresentación del partido mayoritario y la tendencia a la subrepresentación de las minorías. Cuando funciona normalmente — es decir, cuando el sistema mayoritario a una vuelta coincide con el bipartidismo, de acuerdo con su pendiente natural— se com­ porta como un sismógrafo político, capaz de registrar las variaciones de opinión que, sin él, pasarían desapercibidas. Desde un punto de vista puramente teórico, se puede hablar de una deformación de la representación, como hemos visto. Desde un punto de vista práctico, hay que reconocer que el sistema tiene el mérito de impedir el inmovilismo na­ tural de la opinión pública sin falsear el sentido general de sus variaciones. Se le puede criticar que le baste prácticamente el desplazamiento de una décima parte de los sufra­ gios para cambiar toda la orientación política de Gran Bretaña, pero sería interesante in­ vestigar la composición social e intelectual de esta décima parte en relación con las nue­ ve restantes. Posiblemente comprobaríamos que representa la parte más viva y la más evolucionada de la población, la que, en definitiva, es más capaz políticamente porque sabe aprovechar las lecciones de la experiencia y determinar, según ella, su comporta­ miento electoral; y que da su confianza a un partido de acuerdo con su actividad anterior y bajo reserva de su comportamiento futuro; mientras que los nueve restantes son imper­ meables a los resultados positivos y votan por sus lazos tradicionales con un partido, al que se entregan incondicionalmente. De manera que el mérito del sistema sería, en resu­ men, reintroducir las nociones cualitativas en una democracia que rápidamente tiende a ser dominada por lo cuantitativo.

Cuando el sistema mayoritario a una vuelta coincide con el multipartidismo, los re­ sultados del sistema son mucho menos satisfactorios: el sismógrafo está falseado y de­ forma las variaciones de opinión en lugar de amplificarlas. Pese a todo, no olvidemos que esta deformación se produce, muy a menudo, en un sentido bien determinado (en perjui­ cio del tercer partido) y que, así, tiende, por su propio movimiento, a reconstituir el bi­ partidismo fundamental del régimen.

C) No es fácil determinar la sensibilidad de la segunda vuelta a las variaciones de opinión. No parece dudosa su tendencia estabilizadora. El ejemplo de Francia es muy cla­ ro: estudiando cada elección comprobamos que la segunda vuelta siempre ha atenuado los cambios de opinión manifestados por la primera. Comparando el período de 1919 a 1924 con el de 1928 a 1936, vemos que las variaciones del cuerpo electoral no han sido mucho más importantes en el primero que en el segundo, pero que se han traducido en el plano parlamentario con cambios de mayoría muy claros en el prim er caso, a causa de la vuelta única, y mucho menos precisos en el segundo, a causa de la segunda vuelta.

En un modelo así de escrutinio, el mecanismo de estabilización parece descansar sobre la acción preponderante de los partidos centrales. Por una parte, dentro de cada gran tendencia, el sistema provoca una polarización de los sufragios hacia el partido me­ nos extremo en la segunda vuelta: porque generalmente se encuentra en mejor posición que sus congéneres extremistas, y porque los electores moderados son generalmente más numerosos que los entusiastas. Por otra parte, ciertos partidos centrales están a caballo

In document Diez Textos Basicos de Ciencia Politica (página 63-67)