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Dimensiones y características de la identidad juvenil

IDENTIDAD, VALORES Y PARTICIPACIÓN DE LOS JÓVENES

5.2. Dimensiones y características de la identidad juvenil

La identidad de los jóvenes es considerada generalmente como provisional e inestable. Su peculiar situación sociolaboral haría que sus identificaciones sean poco consistentes, sometidas a constantes cambios y adaptaciones a las circun- stancias concretas del momento. Una de las características de los jóvenes es pre- sentar una identidad en construcción y, como tal, en parte inestable y prob- lemática. La prolongación de la juventud está haciendo que las identidades juve- niles provisionales sean, no obstante, cada vez más estables y complejas. La per-

manencia en la juventud crea la necesidad de una identidad más consolidada y positiva.

Además, los constantes cambios sociales hacen que tampoco la identidad adul- ta pueda ser ya considerada como definitiva. También los adultos se ven en la necesidad de modificar y adaptar sus identificaciones en función de los condicio- nantes que encuentran en su entorno47. En este contexto, el carácter provisional y “débil” de la identidad juvenil ya no es percibido como un inconveniente o una carencia a superar, sino como una ventaja en la medida en que permite la adaptación a circunstancias cambiantes.

La identidad juvenil está constituida por distintos elementos de su realidad. La situación laboral y la situación sociofamiliar son, en este sentido, las dos dimen- siones básicas de la identidad juvenil. Ahora bien, los jóvenes tienen muchas difi- cultades para construir una identidad “positiva” a partir de la situación social en la que se encuentran. Con frecuencia, esta situación está caracterizada por la provi- sionalidad y la dependencia. Y en la medida que acceden a una situación más estable y autónoma, dejan de ser jóvenes. Las situaciones laborales estables y las situaciones familiares autónomas no pueden ser utilizadas como elementos de la identidad juvenil porque lo son de una incipiente identidad adulta. La identidad de los jóvenes es transitoria e incompleta. Es una identidad social marcada por la carencia tanto de experiencia y de autonomía, como de compromisos y respons- abilidades. Las situaciones laborales y familiares de los jóvenes no les sirve para construir una identidad positiva por varias razones:

Son situaciones provisionales o transitorias: están orientadas a lo que serán o lo que podrán llegar a ser, pero no a lo que son.

Son “negativas”, en el sentido de estar caracterizadas por una carencia que debe ser superada.

Son unas situaciones que les diferencian y les separan. Son situaciones casi partic- ulares en las que con frecuencia confluyen en posición de competencia o rivalidad.

Por último, son situaciones que con frecuencia conllevan valoraciones social- mente negativas: acomodamiento, irresponsabilidad, etcétera.

No obstante, también aparecen defensas de las identidades “parciales” de los jóvenes con relación a su situación socio-familiar. Este es el caso de la reivindi-

47La inestabilidad de las relaciones laborales y afectivas son los aspectos fundamentales de esta

“nueva” identidad, aunque también hay que destacar los continuos avances tecnológicos o, incluso, la creciente necesidad de movilidad geográfica, como causas de una creciente mutabilidad de la identidad. Ver Gil Calvo (2001).

cación de la condición de estudiante desde una consideración positiva. No es extraño que sean los estudiantes los que en mayor medida defiendan su identidad, ya que es una de las más duramente criticadas y más incomprendidas socialmente48.

Estas limitaciones de la situación social de los jóvenes les lleva a construir una identidad positiva basándose en otros ámbitos de su realidad. Esto explica la importancia del ocio, la diversión o el consumo en la formación de la identidad de los jóvenes. Son actividades centradas en el presente, casi inmediatas; reali- dades que amplían su campo de experiencia y permiten la afirmación de un modo de ser; situaciones que comparten y que permiten e incluso requieren la relación y el intercambio. La importancia del ocio y el consumo para los jóvenes puede ser entendida, en este contexto, como derivada de la necesidad de encontrar ele- mentos para la formación de una identidad positiva.

M: Bueno, porque la sociedad también le exige mucho a la gente. Cada vez exige más. (...) Es que cada vez se le exige más a la gente ¡Porque a mí ya me tienen decidido desde que era chiquitita para ir a la universidad! Desde chiquitita.

H: Y ¿por qué? A mí me parece que si tú no quieres ir a la Universidad... M: ¡No tienes que ir obligada!

H: A ti no te puede obligar ¡si tu no quieres estudiar no estudies! Ya está. Y para ver... M: Pero es que yo, en este caso quiero pero hay gente que no quieren que los tienen desde chiquititos diciéndoles, tú tienes que ir a la Universidad, tú tienes que ser... [Jóvenes estudiantes de 15 a 17 años, medio urbano y familia de origen de clase media-baja. Sevilla]

Los jóvenes construyen su identidad fundamentalmente a partir de las experi- encias y recursos que obtienen en la esfera del ocio y del consumo. Los jóvenes encuentran en el ocio y en el consumo unas posibilidades de las que carecen en otros ámbitos de su vida. Frente a las dificultades y limitaciones que encuentran en la esfera de la actividad (formativa o laboral) y en la esfera de la familia (con- trol y dependencia), en el ocio y en el consumo encuentran unas mayores opor- tunidades de experiencia y de realización.

En términos generales, los jóvenes actuales gozan de un nivel de bienestar material muy alto. Tienen todo, menos lo que más necesitan para construir una identidad positiva: confianza y espacio (físico y de participación). No es extraño que utilicen lo que tienen más a mano, los bienes materiales, para construir una identidad cada vez menos real o más virtual, pero que les sirve para sus propósi- tos. Es una identidad de “juguete”: carente de trascendencia en el mundo real, fuera del círculo de iguales, pero a la vez divertida y estimulante.

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48Ver el apartado 2.3., “la toma de decisiones en relación al empleo”, donde comentamos la reac-

Es sintomático que el grupo de jóvenes emancipados con hijos se considere joven en la medida en que mantienen unas prácticas de ocio centradas en la diver- sión, en salir de copas. Participar de las formas de ocio características de la juven- tud es, de este modo, un modo de seguir siendo jóvenes. Una vez superada la situación de dependencia y provisionalidad, quedan los aspectos positivos de la identidad juvenil. La mentalidad abierta, el carácter alegre y las relaciones per- sonales intensas son algunas de las características asociadas a esta identificación positiva.

M: Es que no se puede generalizar. La gente lo que hace cuando habla de nosotros es generalizar, como ha dicho él. Entonces...¡puf!

H: A mí por eso me da igual. A mí no me importa cuando salen hablando de la juven- tud en la tele o...

M: No, pero...¡puf! A mí sí me molesta que a lo mejor...por ejemplo, ahora los de las drogas que hay, ¿sabes? lo del éxtasis. Pues no todo el mundo que vaya a una discote- ca se toma una pastilla ¿entiendes? Habrá gente que se las tome, habrá gente que no se las tome, habrá gente que se tome veinte, habrá...bueno, eso es una burrada, pero... M: No te pases

M: A mí eso, por ejemplo, sí me molesta.

H: Pero ¿qué te importa? Mientras que la gente que te rodea te conozca, sepa cómo eres...

[Jóvenes de 18 a 22 años que cursan estudios superiores o medios. Granada]

Otra fuente de la identidad juvenil está referida a los problemas y las dificul- tades que caracterizan su situación. Podemos hablar de una identificación de la juventud con una problemática juvenil: adicciones (alcohol, otras drogas, juego), trastornos de la alimentación (anorexia, bulimia), conductas de riesgo (accidentes de tráfico, enfermedades de transmisión sexual), agresividad y conductas violen- tas, marginalidad y delincuencia juvenil, etcétera. Se trata de una identidad social- mente adscrita, pero que no es asumida por los jóvenes. La incidencia en aspec- tos negativos o problemáticos de los comportamientos juveniles causa rechazo y “extrañamiento”. Son siempre problemas de “otros”, que no pueden ser general- izados y cuya generalización es interpretada como una visión distorsionada de su realidad. Los jóvenes no se reconocen en los problemas que les afectan porque éstos funcionan socialmente como una censura y una descalificación por quienes ya no lo son. No son problemas definidos desde sus vivencias y sus necesidades, sino desde la percepción crítica de los “adultos”. Esto les lleva a desmarcarse, a eludir y negar los problemas.

H: ¿La de antes? Pues metiéndose de todo. No sé, pues yendo por ahí, robando o..., la mayoría de las veces estaban robando o se metían cosas, es verdad, o tomaban pastillas... M: ¡Qué divertido! (tono irónico).

M: Sí, ¡qué divertido! (tono irónico).

H: Divertido será..., era para ellos porque para mí no es, la verdad. Pero, cuando no tienes amigos..., bueno, todo el mundo tiene amigos, porque yo he tenido bicicleta y

me la ha quitado mi madre porque decía que estaba loco... ¡imagínate si me dan una moto! No tenía videojuegos, no tenía nada pues ¿qué iba a hacer? ¿quedarme en mi casa solo? Pues tendría que salir con alguien ¿no? Por no aburrirme.

M: Pues échate novia, coño. Tanta pastilla.

[Jóvenes estudiantes de 15 a 17 años, medio urbano y familia de origen de clase media, media-baja. Sevilla]

En los grupos, las alusiones personales a estos problemas juveniles siempre son en pasado, un pasado ya superado, o referidos a otros. La crítica social a los com- portamientos juveniles problemáticos, en lugar de promover una toma de con- ciencia en la juventud, provocan un rechazo en los jóvenes que les impide en buena medida afrontarlos, al menos en el discurso. En este sentido, la alarma social en torno a determinados comportamientos y fenómenos juveniles tiene poca capacidad de influir en los propios jóvenes porque no producen una identi- ficación de éstos con los tratamientos de los problemas. Hay una ausencia de dis- curso joven sobre estos problemas, de un discurso con el que se puedan identi- ficar. Los jóvenes carecen de voz con relación a las realidades que les afectan, porque el espacio discursivo está ocupado por los análisis y perspectivas adultas.

H: La juventud está expuesta a mucha crítica. Hoy en día..., desde mi punto de vista que siempre... han dirigido todas las opiniones para criticar a la juventud. Y los hechos es que muchas veces no los sabes.

M: Muchas veces, porque un grupo..., un grupo marginal de gente ya haga algo malo, ya pagamos todos por eso. Por lo que unos hacen, ya, es que esta juventud es..., va muy mal, es que... (silencio).

[Jóvenes de 18 a 22 años que cursan estudios superiores o medios. Granada]

Otro aspecto central de la identidad de los jóvenes, es la importancia que en la misma adquieren los componentes estéticos (basados en la imagen, en la aparien- cia, en mostrar una determinada manera de ser, un estilo de vida), respecto a los componentes éticos (de compromiso con unos determinados valores). Por supuesto, esto no quiere decir que carezcan de valores, ni supone prejuzgar nada sobre su carácter o su contenido. Sin embargo, rara vez estos valores les sirven para conformar una identidad socialmente sostenible. La razón parece estar en la carencia de un marco valorativo general en la sociedad. Los jóvenes no aceptan los valores que se les proponen desde los adultos porque no se corresponden con la realidad a la que se enfrentan. No encuentran valores con los que construir una identidad positiva y cuando plantean valores alternativos se encuentran con el problema de hacerlos valer en su entorno social.