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2.2 Matilde de Magdeburgo y La luz divina que ilumina los corazones

2.2.2. Categorías teológicas de Matilde de Magdeburgo

2.2.2.4. El Dios uno y trino Dios Trinidad

En la consideración que la maestra hace sobre la Trinidad, es importante destacar que pone a hablar a cada una de las tres personas, afirmando una vez más el sentido de relación, de conocimiento y de función de cada una de ellas. Hacer hablar a la Trinidad es una característica de esta maestra, de su lenguaje y de su manera pedagógica de dar a conocer el misterio.

Así proclama Dios Padre, Creador de todoμ “Yo soy el manantial secreto que nunca dejaré de fluir”. Pero el hombre miserable pone delante sus pecados para que la divinidad activa,

que interviene sin esfuerzo, no se introduzca y fecunde su alma. Por su parte canta el Hijo:

“Yo soy el tesoro que viene, ninguna criatura podrá contener su llegada”. En efecto, toda

donación gratuita procede plenamente del Señor y vuelve a Él a través del Hijo. De igual

modo canta el Espíritu Santo con voz melodiosaμ “Yo soy la fuerza invicta de la verdad, presente en el hombre que se mantiene fiel a Dios, sea cual fuere la tribulación que le

venga”. Toda la Trinidad prorrumpe en esta aclamación jubilosaμ “Mi unidad es tan

sólidamente indivisa, que nada puede romper su solidez ni quebrantar su eterna

integridad”.289

A través de una teología narrativa, estética, poética y lírica ella muestra una experiencia personal de Dios y un Espíritu que hace su trabajo con las personas. Es una teología que no se avergüenza de establecer una comunicación trinitaria a la manera como los seres humanos nos comunicamos: súplicas, reclamos, consejos, sugerencias. Es una experiencia que se manifiesta en un continuo diálogo de personas que se conocen profundamente, de la participación que todos los hombres y mujeres tienen de la condición divina, pues el

Espíritu ha intercedido ante el Padre, y lo sigue haciendo, para que dicha condición pueda relacionarse y dialogar con Él. Así lo expresa:

La magnificencia del Espíritu Santo que se goza en esta felicidad de la Trinidad dijo al

Padreμ “Padre digno de veneración, te ofrezco el consejo de la caridad brotado de ti mismo,

no es digno de nosotros ser infecundos, queremos tener un reino creado. Harás espíritus angélicos a mi semejanza, para que se constituyan en espíritus creados, porque una multitud

numerosa constituye un verdadero gozo”. Respondió el Padreμ “Tú eres un mismo espíritu conmigo, por ello tu voluntad y tu consejo me complacen”. De este modo el Espíritu Santo

increado concedió la bondad a los espíritus creados, para que sirvieran a los hombres y gozaran con su salvación; aunque ellos hubieran perseverado en su felicidad, el hombre también hubiera sido creado.290

Aquí se percibe un aporte a la teología en cuanto se muestra una relación de amor y de conocimiento trinitario que abarca a los hombres y mujeres en un amor encarnado en la persona de Jesús que no pierde fuerza, sino que se revitaliza con el Espíritu, que constantemente vela porque dicha relación permanezca en el ser humano y este restablezca la relación con su Creador. Tal como hemos venido diciendo, la concepción que tiene la maestra sobre un Dios trinitario, es una concepción arraigada quizá por las fuentes a las que pudo tener acceso. Se nota un serio conocimiento de la Sagrada Escritura por su fuerte referencia a ella, y tal vez a los textos de Pseudo Dionisio por todo el tema que desarrolla sobre los ángeles.

El tema de la Trinidad es presentado mediante un diálogo permanente entre las tres personas y, en muchas ocasiones interviene en ese diálogo el alma, que representa al ser humano.

Entonces contempla a Dios pleno en tres personas, y a las tres personas inefablemente inseparables en un solo Dios. El alma le dirige la palabra saludándole de manera en cierto modo inescrutable, y envuelta en manto real acepta gozosamente su voluntad; solicitado y buscado todo lo que apasionadamente desea, se le concede lo que quiere y se le responde a todo lo que pregunta.291

290 Ibíd., 56-57. 291Ibíd., 211.

Aquí está una de las novedades de la teología de Matilde. La maestra reflexiona sobre la interacción que el alma tiene con la divinidad. El alma entra a participar dentro del contexto del diálogo trinitario, el alma habla, el alma expresa sentimientos de gozo y el alma se dispone a escuchar. Con esto ella saca a Dios de los conceptos muchas veces abstractos, de las estructuras inflexibles y asfixiantes de un lenguaje único sobre la Trinidad. Saca a Dios de los ámbitos de un Dios lejano, a un Dios encarnado en Jesucristo y un Dios santificador que habita en el interior del ser humano. Y en este sentido ella hace una teología desde su propia visión que como mujer tuvo del Dios trinitario. Desde la experiencia de un Dios que le hablaba a su propia alma y desde la experiencia de lo que ella también le pudo decir a la Trinidad.

Presenta una natural libertad del alma que siente como suyo todo lo que es de la Trinidad.

“En efecto, no queriendo Dios encerrarse en sí mismo, creó al alma y se entregó Él mismo

a ella por un exceso de amor”.292 Es una relación de amor y de un amor personal al que el alma no puede renunciar, como tampoco sabe explicar por qué se da ese secreto en el que

Dios no quiere encerrarse en sí mismo, sino que busca entregarse creando las almas, “me preguntas sobre mi origen y te respondo que fui creada por amor”.293

La Trinidad es una categoría teológica que es desarrollada por la maestra en varios momentos:

1. La Trinidad como una existencia desde siempre, como una unidad compacta.

“Existía la indivisa unidad en esta Trinidadν en el Padre estaba la omnipotencia, en

el Hijo la sabiduría, en el Espíritu Santo la clemencia”.294 Nos presenta la Trinidad como unidad pero con cualidades diferencias. Estas cualidades posteriormente en su concepción trinitaria van a contribuir en la comprensión de un Dios que crea, habla y se hace escuchar.

2. En la creación de todas las cosas. “El Hijo habló al Padre: “Oh, Padre, no quiero ser ajeno a esa gloriosa fecundidad que deseamos iniciar, determinado a hacer al

292 Ibíd., 91. 293 Ibíd., 91. 294 Ibíd., 56.

hombre a imagen y semejanza nuestra […]”. El Espíritu Santo dijo a su vez: “Yo, Padre, llevaré esta esposa al lecho de tu alcoba”. Interviene el Hijo diciendo:

“Sabes, Padre, que finalmente tendré que morir por amor; no obstante, queremos

hacer con gozo a la criatura para que alcance una gran santidad”.295 Así la creación de la criatura es un hecho pensado y decidido por las tres personas de la divinidad. Sin embargo, le otorga al Padre la germinación de la creación, al Hijo el padecimiento que será propio de la condición humana, pero que vale la pena sufrir y morir porque es un acto de amor, y al Espíritu su poder santificador.

3. En la encarnación entran a formar parte de este acto de Dios los ángeles. Los

ángeles sirven, alaban y tributan a Dios. “Enviado pues el ángel Gabriel por Dios,

manifestó este que el mensaje que anunciaba sería realizado por el Espíritu Santo, se abrió el corazón de la Virgen al amor de la voluntad santa y al pleno consentimiento de la divinísima concepción. Así, arrodillada, respondió con humilde corazón y devoto espíritu: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.296 Nos presenta un Dios que envía un mensaje y ese mensaje abre el corazón humano y lo pone en una condición de esclavo, es decir, de total dependencia y acatamiento a la palabra que le fue dirigida.

4. En la acción de la Trinidad en el alma humana. La maestra exalta la oración como el medio y el camino para hablar con Dios trino. “Cuando yo, la más miserable, me acerco a la oración, me adorno según la medida de la indigencia de mi indignidad

[…]. Cuando el alma saluda a la divinidad el poder de la santa Trinidad penetra el

cuerpo y el alma y con ello recibe y obtiene la verdadera sabiduría”.297

Hablar a Dios es llenarse de sabiduría. Para la maestra hablar es una acción importante, es sapiencia y es empoderamiento que viene de un conocimiento divino, pero que solo se logra a través del reconocimiento de la indigencia humana y mediante la oración. En la oración el alma debe pedir y agradecer.

295 Ibíd., 57-58. 296 Ibíd., 64. 297 Ibíd., 280-281.

Padre benigno, atrae mi alma hacia ti sin impedimento alguno, y sal a su encuentro con todos sus bienes […]. Concédeme la atracción de la Santa Trinidad, en un dulce arrebato de amor, para que pueda gozar alabándote por todos los dones de tu generosidad, y nunca te pida lo que no desees escuchar para tu gloria […]. Te doy gracias con tu amado Hijo Jesucristo y con todas las criaturas, por la bondad con que creaste mi alma antes de pecar, y por la que tendrá en la renovación cuando te dignes reformarla.298

La maestra reconoce a un Dios trinitario que para estar en Él, es necesario que Él ponga la atracción, y a través de una experiencia de arrebatamiento el alma sienta el gozo y se llene de la sabiduría para saber pedir lo que necesita. Y en la comunión con el Hijo y con las criaturas el alma agradece la bondad de Dios, se reconoce pecadora, pero a la vez se llena de esperanza en una renovación que solo viene de Él.

5. La Trinidad como fuente de gozo de todos aquellos que se han santificado, de los

bienaventurados, de los que han sobresalido por sus virtudes. “La santa Trinidad, exaltada sobre los cielos, los colocó entre todos los amigos y elegidos colmándolos de honor, belleza

y alegría, conforme a la semejanza que tuvieron en este mundo por las buenas virtudes”.299 Lo que nos indica que el ser humano tiene la capacidad de donarse y de relacionarse, y que el reconocimiento o la santificación se da a través de la práctica de las buenas virtudes, es decir, desde una lógica del amor que es dar, recibir y devolver. Así el misterio trinitario se hace comprensible en la encarnación de un Dios y en la redención del hombre.

Finalmente, la maestra muestra un Dios Trinitario que le habla al alma, la estimula, la alaba, la bendice y también la insta para que abra cada vez más espacio en su interior para ser ocupado por Él. “¡Oh!, alma necia e insensata: ¿dónde te encuentras y dónde está tu morada? ¿Cuál es el sentido de tu vida y dónde podrás descansar? ¿Por qué no amas a Dios por encima de tu propia voluntad y con todas tus fuerzas?”. 300

298 Ibíd., 330-332. 299 Ibíd., 327. 300Ibíd., 181.

Presenta una teología que es fruto de una experiencia de diálogo de Dios con el alma. A lo largo de su libro, ella da a conocer que en los diálogos con Dios se habla de todo, pecado, virtud, pereza, templanza, vicios, estados de gracia, y como cumbre de los diálogos están el afecto y las palabras que evocan la existencia de una relación muy íntima. “Te busco en mis meditaciones como una joven a su amado, con los recursos más íntimos, y experimento

hondamente mi debilidad ligada con tus ataduras. […] Te grito con el deseo, con clamor de

desterrada, te espero con el corazón angustiado, ardo sin consumirme, con el ardor de tu amor te sigo”.301