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OBJETIVOS A NIVEL MACRO

IV.3.2. Nivel micro de análisis: El texto-discurso

IV.3.2.3. Discurso y acción social: La acción discursiva

A nuestro juicio, el modo más acertado de encarar el estudio de las dinámicas generadas en los GD de nuestra investigación es a partir de la noción de acción discursiva, entendida como la función instrumental del lenguaje que, a través de sus operaciones, le permite a éste alcanzar ciertos fines tales como la persuasión o la inducción de determinados comportamientos. En este sentido, podemos decir que compartimos los razonamientos expuestos por Gonzalo Abril (1989) en cuanto a la adecuación y pertinencia de emplear este concepto:

“a) Los actos a los que vamos a referirnos no consisten sólo (y a veces, ni siquiera) en ejecuciones lingüísticas, sino en actos expresivos realizados por medios verbales o no verbales (…) gestos, miradas, emisiones vocales no lingüísticas, etc. (…) Al propugnar, en esta línea de razonamientos, que estos actos no se cumplen en el habla sino en el discurso, entendemos el discurso como un proceso expresivo que integra registros semióticos heterogéneos294. (…) Nuestro interés se dirige, en fin, no hacia la actividad lingüística, sino hacia la acción discursiva que como la <<actividad comunicacional>> de Habermas, remite al orden dialógico, al orden de la interacción. Y la interacción se refiere a un contexto comunicativo en curso, a la intersubjetividad que se va constituyendo” (AbrilenLozano et. al., 1989: 173-174).

Aunque la relación entre discurso y acción se encuentra ya en la propia naturaleza del lenguaje, existen diferentes relaciones posibles entre el denominado orden del discurso (dominio discursivo) y el orden de la acción (dominio práctico). Por un lado, se establece la existencia de un

carácter substitutorio del lenguaje con respecto a la acción, es decir, que en muchos casos el hecho de decir algo evita la necesidad de llevar a cabo la acción que el discurso representa. De la misma manera, el discurso puede ser también concebido como un tipo específico de acción; en este caso nos encontraríamos ante una perspectiva accional del lenguaje295, en la que se concibe el lenguaje como actividad y se contrapone el lenguaje formal al lenguaje ordinario. En otros casos, existen concepciones que plantean la existencia en el lenguaje de una relación contradictoria entre el decir y el hacer como, por ejemplo, el hecho de decir “(/Fulano habla mucho…/)”, equivale a transmitir que “(/Fulano no hace nada…/)” (Lozano et. al., 1989: 170).

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En este sentido, según los planteamientos de este autor, nuestro horizonte de análisis es el texto. Y es que lleva a cabo una aproximación translingüística aunque, tal y como manifiesta, no siempre alcance a sustraer la teoría de la acción de las frases o enunciados analizados.

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Contraria a las concepciones representacionistas adoptadas de manera intermitente por teóricos del lenguaje como Wittgenstein.

Y por otro, nos encontramos con una perspectiva interaccional por la que el lenguaje es concebido a) como modo de interacción entre el hablante y el oyente; y b) como productor y, al mismo tiempo, producto, de la interacción social. En base a esta concepción del lenguaje, la interacción social no debe entenderse como un hecho externo al lenguaje sino como productora y, al mismo tiempo, producto del mismo. En este sentido, se va más allá del reconocimiento de los condicionamientos que ejercen las estructuras sociales sobre los fenómenos lingüísticos situando en primera línea al lenguaje propiamente dicho. Así mismo, éste se inserta en el contexto de las relaciones humanas, siendo posteriormente modificado por las condiciones particulares de éstas. En efecto, existe una relación entre discurso y sociedad por la que el lenguaje registra de ella y de las interacciones sociales que se dan en su seno, formas estructurales como, por ejemplo, los deícticos296.

Por su parte, el enfoque discursivo planteado por Michael Foucault surge de la consideración de los discursos como prácticas sociales sitúando la práctica discursiva como un conjunto de “reglas anónimas, constituidas en el proceso histórico, es decir, determinadas en el tiempo y delimitadas en el espacio, que van definiendo en una época concreta y en grupos o comunidades específicos y concretos, las condiciones que hacen posible cualquier enunciación” (en Iñiguez, 2003: 77). Desde el punto de vista de este autor, aunque el discurso hace uso de los signos, consigue escapar de las limitaciones que estos suponen, dando lugar a algo más que significados. Los discursos, por tanto, no son concebidos como conjuntos de signos representativos de una realidad, como tampoco son reductibles simplemente al lenguaje y la palabra, sino que constituyen prácticas desarrolladas por los propios objetos de los que se habla297.

Así mismo, ni los discursos emanan del interior de los sujetos, ni tampoco determinan desde fuera los pensamientos de éstos, sino que articulan las condiciones que permiten el conjunto de las prácticas sociales; es decir, los discursos se entremezclan, retroalimentan, interpelan e interrogan entre sí hasta que, según la interpretación aportada por Iñiguez sobre el pensamiento de Foucault, constituyen escenarios de los que emergen posibilidades, reglas y relaciones. Esta conceptualización del discurso

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Según Habermas la función de este tipo de enunciados -deícticos-, se centra en producir la propia situación de enunciación como escenario de las distintas operaciones espaciotemporales e interpersonales que se llevan a cabo a través del discurso. Apoyando esta idea, Ducrot (1984) plantea que a los deícticos les corresponde la designación de las referencias espaciotemporales y personales internas de un enunciado, así como a los performativos la configuración de las relaciones entre los personajes discursivos.

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La obra de este autor es, sin duda, una de las más influyentes en el siglo XX ya que supone un cambio radical en la definición y establecimiento de estrategias analíticas en los tres ámbitos fundamentales en los que centra su interés, a saber, el discurso, las relaciones entre poder y saber y la producción de subjetividad. En este sentido, su talante metodológico e investigador da lugar a herramientas conceptuales y metodológicas sumamente útiles.

conllevará una nueva forma de abordarlo analíticamente, y es que el AD planteado desde la perspectiva foucaultiana, constituye una técnica que permite, por un lado, desenmascarar e identificar las prácticas discursivas y, al mismo tiempo, transformarlas. No en vano, Foucault dota al conocimiento y al saber de un carácter transformador y emancipador, estableciendo un método y un proceso de pensamiento que pone en duda todo aquello que se da por supuesto.

IV.3.3. Aproximación al texto-discurso desde la perspectiva