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TABLA 12: EL GIRO LINGÜÍSTICO: RUPTURAS, AUTORES Y CORRIENTES HERENCIA CORRIENTES Y AUTORES LOGROS

IV.4.2.3. Tradiciones y modalidades de Análisis del Discurso

En este contexto y concretamente bajo la perspectiva que concibe el lenguaje como constructor de realidades, se comienza a dibujar una tradición bajo la etiqueta del AD fuertemente influida por el estructuralismo, el marxismo y el psicoanálisis, que adopta diferentes perspectivas. En concreto, existe una tradición anglosajona de AD que atribuye al lenguaje y a la práctica lingüística una capacidad de acción y de regulación de las relaciones sociales que contribuye a enfatizar la dimensión interactiva de la comunicación verbal y afianza, al mismo tiempo, la consideración de la palabra como forma de acción. Esta perspectiva da lugar a novedosas orientaciones pragmáticas e interaccionistas del AD entre las que destacada la obra de Michael Billig (1989) Arguing and thinking: A rhetorical approach to social psychology, como una de las más influyentes en los últimos años en el ámbito del AD desarrollado dentro de esta perspectiva y cuyas tesis implican alejarse de dos concepciones hasta el momento bastante habituales como eran la de una visión del lenguaje como una serie estática de descripciones y la consideración del analista como un mero recolector de datos.

En concreto, este autor establece que la argumentación y la retórica son la esencia misma del lenguaje, así como que cualquier mensaje -dotados por naturaleza de cierta ambigüedad-, requieren del esfuerzo interpretativo del investigador. En este sentido, “el rol del investigador no consiste en seguir direcciones de análisis que conduzcan a un objetivo predeterminado, sino más bien en interactuar con los argumentos inherentes a los que dicen las personas y, usando toda una gama de herramientas analíticas a su disposición, sacar a la luz todo aquello que

no está explicitado” (en Iñiguez, 2003: 100). Billig presenta su trabajo “as constituting a lone step into a neglected tradition of thinking. In facto, rhetoric has recently been creeping back into theoretical fashion, and there has been an awakening of interest in the old theories of communication (Billig, 1989: 3-4)321. Y propone:

“(…) the old rhetorical ideas point to gaps in modern psychological theories. The biggest gap concerns the lack of attention paid to argumentation. Psychologists interested in thought processes have shown a tendency to venerate logical thinking to the neglect of the sort of rhetorical, or argumentative (…). Psychologists have overlooked the extent to which our inner deliberations are silent arguments conducted within a single self. If deliberation is a form of argument, then our thought processes, far from being inherently mysterious events, are modelled upon public debate” (Billig, 1989: 5).

Por otro lado, en Francia y a partir de la influencia de las aportaciones de Foucault, de los trabajos de la escuela rusa de Bajtin (1982) y de la teoría de la enunciación, surge una tradición francesa de AD que atribuye al lenguaje la capacidad para hacer cosas y afectar la realidad social. En concreto, esta perspectiva contempla el paso de una concepción del lenguaje como un conjunto de significados a aquella otra que lo considera como un conjunto de instrumentos que regulan las relaciones sociales. De manera opuesta a otros enfoques más restrictivos existentes en el marco de las Ciencias Sociales, el AD desarrollado bajo esta tradición francesa, no concibe el lenguaje como una simple marca de un grupo social, como un recurso para conocer la percepción individual, ni tampoco como una ventana a través de la cual conocer las ideas de las personas desde el punto de vista psicológico, sino que lo considera como indicador de la realidad social y, al mismo tiempo, como constructor de la misma. En este sentido:

“El lenguaje no está en la cabeza, sino que existe en el mundo. (…) es visto más como una forma de construcción que como una descripción de nosotros/as mismos/as y de nuestro mundo. El AD entiende el mundo en el que vivimos como un mundo donde el habla tiene efectos; es decir, donde no es lo mismo referirse a alguien como soldado, guerrillero/a, terrorista o luchador/a por la libertad” (Iñiguez, 2003: 114).

En definitiva, estas tradiciones así como las rupturas teóricas que propician su desarrollo, determinan, en última instancia, las diferentes modalidades de AD existentes en la actualidad que señala Schiffrin (1994): la lingüística pragmática, la sociolingüística interaccional, la

etnografía de la comunicación, el análisis conversacional, el análisis crítico del discurso, la psicología discursiva y aquella que se sustenta en la teoría de los actos del habla desarrollada por Austin (1971)322, en la

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De las páginas 9 a 26 de la obra señalada, este autor presenta interesantes reflexiones en relación a “the life as a theatre, the life as a game, and the conversartion as a game” (Billig, 1989: 9-26)

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Schiffrin señala también el análisis de la variación, aunque no nos detendremos en él puesto que se trata de una modalidad de AD que básicamente se desarrolla

que nos detendremos con más detalle dedicándole un apartado autónomo puesto que constituye una de las elecciones metodológicas de cara al análisis de los discursos que conforman nuestro corpus empírico.

a) La lingüística pragmática cuenta con Levinson (1983) como su mayor representante, quien fundamentalmente se centra en el estudio del significado. La teoría lingüística dominante en esta modalidad de análisis es la teoría del signo, basada en la formulación de Saussure (1915) según la cual el signo lingüístico es una entidad psíquica de dos caras íntimamente unidas que se reclaman recíprocamente, estableciendo que los significados guardan una relación de representación con el mundo en virtud de la cual podemos sustituir los objetos del mundo real por las palabras. Paralelamente a esta teoría del signo se desarrolla la teoría de la comunicación, más extendida y comúnmente aceptada, en la que se establece la existencia, por un lado, de un emisor que difunde o expresa un determinado mensaje a través de un canal específico y, por otro, de un receptor que recibe y decodifica el mensaje emitido.

Habiendo sido superada la teoría del signo por la clásica –hoy en día-

teoría de la comunicación, surge la pragmática como una alternativa a ambas concepciones puesto que se opone tanto a los postulados de una como de otra, aportando un punto de vista radicalmente distinto. Esta perspectiva se interesa estrictamente por los principios que regulan el uso del lenguaje y por las condiciones que convierten un enunciado en una acción de comunicación. Así mismo, a diferencia del modelo tradicional de comunicación que plantea la existencia de un canal de comunicación, para esta modalidad de análisis más que un canal específico, lo que existe es un contexto de comunicación cuyo conocimiento es tan necesario que se sitúa como imprescindible de cara a la inteligibilidad de lo que se dice.

Por otro lado, en el marco de la pragmática nos encontramos con dos concepciones del lenguaje y del proceso comunicativo; una en la que adopta una perspectiva marcadamente cognitivista, asumiendo los principios propuestos por Sperber y Wilson (1986) por los que el proceso comunicativo, concretamente, la codificación y decodificación de los mensajes, se plantea como un proceso eminentemente mental y cognitivo323. Y otra concepción centrada en la praxis comunicativa, más pragmática y coherente con los anteriores principios del giro lingüístico,

en la que destacan autores como Herbert Paul Grice (1975) o Stephen Levinson (1983). Dando por sentado que “lo que se dice siempre tiene un sentido que está más allá del significado que acompaña a las palabras”, estos autores plantean que “no existe ningún significado estable preexistente o codificable de manera unívoca, sino que hay un proceso de

íntegramente en el seno de la lingüística sin apenas contacto con otras áreas de las Ciencias Sociales.

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comunicación en el cual la contextualización es la única posibilidad real de comprensión” (Iñiguez, 2003: 54).

b) La sociolingüística interaccional: Se trata de una tradición de AD proveniente de la Antropología, la Sociología y la Lingüística324 que cuenta con Gumperz (1982) y su sociolingüística como su mayor representante, y con la microsociología de Erving Goffman (2006) como notable influencia sobre esta perspectiva. Lo cierto es que se produce una simbiosis entre las aportaciones de ambos autores, para quienes el lenguaje no constituye un simple medio de comunicación, sino que juega un papel central en la vida social de los individuos debido a la influencia que ejerce en la construcción de significados. En esta acción, el contexto juega un papel fundamental y es que mientras Gumperz subraya que el acto de comprender la intenciones de un hablante o la simple interpretación de una información son acciones inseparables del contexto de producción, Goffman describe, en esa misma línea, cómo el marco contextual facilita interpretaciones y crea sentidos a partir de las interacciones y las instituciones que lo conforman.

c) La etnografía de la comunicación325: Constituye una aproximación al discurso basada en la Antropología y en la Lingüística en la que Dell Hymes (1974) se sitúa como mayor impulsor. Su principal foco de interés es la competencia comunicativa, en concreto, el tratar de entender cómo el conocimiento social, psicológico, cultural y lingüístico gobierna un uso apropiado del lenguaje. Desde esta perspectiva se considera que la competencia lingüística es tan sólo una parte de los recursos que es necesario movilizar para llevar a cabo un proceso comunicativo. Y es que partiendo del concepto de competencia gramatical aportado por Noam Chomsky utilizado para designar la aptitud de los hablantes para producir y comprender un número ilimitado de frases, Hymes le añade un factor pragmático que es la capacidad del individuo para manejar las reglas que permiten interpretar el significado de un enunciado en un contexto determinado. De este modo, el autor introduce el concepto de

competencia comunicativa que abordaremos más adelante en profundidad.

d) El análisis conversacional: Tiene su origen en la Sociología de la situación de Díaz (2001) y en la Etnometodología de Garfinkel (1967). Se interesa por “el estudio de los métodos que usan los participantes en una

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Una “triple maternidad” que, según Iñiguez Rueda, deriva de su interés por la cultura, la sociedad y el lenguaje.

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En la actualidad se extiende la denominada por Duranti (1997) como “antropología lingüística” centrada en el estudio del habla como una práctica cultural y, por tanto, del lenguaje como un recurso de la cultura. En concreto, su mayor aportación a nivel teórico es considerar el lenguaje como un conjunto de estrategias simbólicas constitutivas de la sociedad y que hacen una representación de los mundos posibles para sus miembros. A nivel metodológico aporta la etnografía que, como forma de observación participante, permite prestar atención a los elementos contextuales, históricos y culturales que vertebran las interacciones sociales.

situación social de interacción para interpretar y actuar en el interior de los mundos sociales que ellos mismos construyen a través de sus prácticas” (Iñiguez, 2003: 91). De modo que lo más importante para este tipo de análisis es revelar cómo se organiza y cómo funciona la sociedad a partir de interacción social.

Su característica más distintiva con respecto a otras orientaciones es que plantea, de cara a un adecuado análisis de la conversación, que las categorías de análisis han de ser en la medida de lo posible, las mismas que utilizan los participantes a la hora de entender o de darle sentido a la interacción. Así mismo, el análisis conversacional aborda el lenguaje de forma radicalmente distinta a cómo lo hacen otras perspectivas; mientras que desde la perspectiva lingüística o la sociológica, el lenguaje es considerado como portador de significados sin tener en cuenta otros aspectos tales como la entonación, el análisis conversacional considera los discursos en su contexto asumiendo la importancia de la indexicalidad, de tal modo que su tarea consiste, en definitiva, en identificar, describir y estudiar el orden que se produce en las conversaciones.

e) El análisis crítico del discurso: Algunos autores no lo consideran propiamente una modalidad de AD sino más bien una perspectiva de diferente naturaleza por la manera en la que aborda la teoría y el análisis. Y es que este tipo de análisis se emplea en poner de manifiesto el papel clave del uso lingüístico en el incremento de la conciencia crítica de los sujetos, centrándose en el estudio de aquellas acciones sociales de control, marginación o exclusión que se ponen en práctica a través del discurso. En este sentido, el discurso no se contempla como una representación o reflejo de los procesos sociales, sino que constituye en sí mismo una práctica social. Del mismo modo, el discurso no solamente se encuentra determinado por las instituciones y las estructuras sociales, sino que constituye una parte constitutiva de ellas.

Según los autores Wodak y Meyer, los objetivos que se plantean en este tipo de análisis son fundamentalmente: a) el análisis de los procesos y estructuras sociales que rodean a la producción del discurso, concretamente, las relaciones de poder y de dominación; b) el análisis de la intertextualidad; y c) el análisis de la mediación, entendiendo ésta como la relación existente entre la dimensión lingüística y la social (Wodak y Meyer, 2003: 32). Por lo que según Van Dijk el ACD se plantea como un método que “necesariamente ha de ser diverso y multidisciplinar” (Van Dijk en Wodak y Meyer, 2003: 143).

El modo de proceder del ACD “constituye una estrategia para aproximarse a los discursos mediante la cual la teoría no preconfigura ni determina la manera de enfocar los análisis ni delimita el campo de la indagación y de la exploración. Por el contrario, la teoría se utiliza como una caja de herramientas que permite urdir y abrir nuevas miradas y nuevos enfoques” (Lojo y Whittaker en Iñiguez, 2003: 93). En definitiva,

desde el análisis crítico del discurso se asume una postura problematizadora que permite abrir nuevas perspectivas de estudio haciendo emerger nuevos objetos de investigación326.

f) La psicología discursiva: Esta modalidad de AD orienta su interés hacia la construcción del conocimiento a través del discurso; es decir, hacia el modo en el que las interacciones discursivas tienen lugar en el marco de las relaciones sociales, adquiriendo sentido no por expresar estados subjetivos de los individuos, sino por construir una situación que determina y construye al mismo tiempo el significado, el sentido y la interpretación de la interacción discursiva. Una de sus mayores contribuciones ha sido el desarrollo de relevantes investigaciones sobre los aspectos constructivos del lenguaje en la interacción social, en concreto, sobre cómo se produce el conocimiento y se construye la interpretación de la realidad social. En este ámbito, destaca la obra

Discourse and social psychology de Potter y Wetherell (1987), de gran influencia en las concepciones y las prácticas actuales de AD, a partir de la cual a interacción discursiva se presenta como una acción social.

Esta variedad de modalidades de AD existentes en la actualidad, no constituyen perspectivas contrapuestas ni excluyentes, sino que pueden encontrarse superpuestas unas a otras, permitiendo pasar de un nivel de análisis puramente individual hasta al más netamente estructural, reproduciendo “la secuencia que va desde la definición simple en términos de habla a las consecuencias de la teoría de los actos de habla (speach acts), pasando por la tradición etnometodológica, la más propia del análisis conversacional, o las más comunes en una tradición post- estructuralista” (Iñiguez, 2003: 98).

IV.5. FASES DE LA INVESTIGACIÓN Y PRESENTACIÓN DEL CORPUS