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OBJETIVOS A NIVEL MACRO

IV.3.2. Nivel micro de análisis: El texto-discurso

IV.3.2.2. El texto-discurso como objeto semiótico

Según la tradición francesa de AD288, entre las operaciones previas al análisis del discurso, además de una necesaria diferenciación entre las figuras del locutor y del enunciatario y de la operacionalización del corpus empírico, es de vital importancia la diferenciación teórica entre texto y discurso. Adoptando una perspectiva semiótica encontramos autores como Lotman y Pjatigorsky (1968) que definen el texto como “una formación semiótica singular, cerrada en sí misma y dotada de un significado integral y no descomponible” en la que su clausura se convierte en un elemento definitorio: “Es precisamente por su clausura y autonomía por las que independientemente de su dimensión se las puede considerar textos. La dimensión del signo no es tan pertinente ya que tanto una frase como una obra completa pueden considerarse textos” (en Lozano et. al., 1989: 19)289. En esta línea, también Dressler (1974) se ha basa en ese aspecto de clausura para definir el texto como un enunciado lingüístico concluso.

Otras aproximaciones destacables al concepto de texto desde una perspectiva semiótica son las proporcionadas por Weinrich (1981), quien define el texto como una secuencia de signos lingüísticos que tienen lugar entre las interrupciones de la comunicación290, la de Schmidt (1977) que define los textos como configuraciones lingüísticas objeto de una expectativa social, situándolos no como conjuntos aislados de elementos, sino como conformaciones que poseen una función elocutiva y una función perlocutiva en los actos de comunicación291. Y, por último, la aportación de Bellert (1970) para quien el texto no es una frase en expansión como tampoco la frase constituye un texto en condensación,

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Véase ésta y otras tradiciones de AD el siguiente apartado. 289

En ese interés común constituido por el texto como objeto semiótico, coinciden diferentes disciplinas, desde la Sociología, la Sociolingüística y la Psicología social hasta la Teoría de la información o la Teoría de la comunicación. Todas ellas trabajan con textos y los enfocan en mayor o menor medida como objetos semióticos. Los orígenes del interés por el texto podemos encontrarlos, por un lado, en la estilística; entendida como un mecanismo de generación de textos. Y por otro, en la retórica, centrada en el estudio de las relaciones semánticas existentes por encima del nivel de la frase y sustituyendo a una lingüística previa interesada únicamente en un nivel frástico -se trata por tanto de una perspectiva transfrástica que va más allá de la frase en su nivel de análisis.

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Y que caracteriza a la lingüística textual por tres atributos: ser comunicativa, instruccional y textual –la conocida como CIT Lingüistik.

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Según expone Austin (1998) en su teoría de los actos del habla, los actos

locucionarios o locutivos (locutionary acts) consisten básicamente en usar palabras con un significado y una referencia e incorporan las propiedades de los enunciados constatativos; los actos ilocucionarios o elocutivos (illocutionary acts) conllevan una función performativa y se llevan a cabo al decir algo con la fuerza necesaria para ejecutar, al mismo tiempo, un acto; por último, los actos perlocucionarios o perlocutivos

(perlocutionary acts) engloban los dos tipos de actos anteriores constituyéndose como aquellos que se realizan al significar algo, con la fuerza necesaria para realizar un determinado acto y además alcanzando ciertos efectos o consecuencias.

de tal manera que, para este autor, el concepto de texto no equivale a la suma de las frases que lo componen.

Partiendo de estas y otras consideraciones existentes sobre el texto, la pregunta que surge es la siguiente: ¿cualquier texto puede constituir un discurso? Pues bien, no todos los textos pueden ser considerados discursos, es más, para que un texto constituya efectivamente un discurso ha de cumplir una serie de requisitos o condiciones relativas a su naturaleza y composición. En primer lugar, y siguiendo a Iñiguez Rueda, los textos han de ser producidos en el marco de instituciones o situaciones que constriñan su propia enunciación. En efecto, en nuestro caso, los textos derivados de las conversaciones e interacciones lingüísticas desarrolladas en el marco de los GD, surgen efectivamente “a partir de posiciones determinadas, inscritos en un contexto interdiscursivo específico y reveladores de condiciones históricas, sociales, intelectuales, etc.” (Iñiguez, 2003: 102).

Aunque en algunos casos, podemos encontrarnos con discursos enmarcados en un fuerte contexto institucional, notablemente ritualizados o estandarizados y que muestran una fuerte restricción temática y estabilidad en sus fórmulas, esto es algo que no ocurre en nuestra investigación dado que aunque el discurso se produce en un contexto específico y bajo unas determinadas y paradigmáticas condiciones previas, no llega a tal grado de constricción, sino todo lo contrario. Y es que la dinámica de los GD que hemos llevado a cabo se desarrolla en un ambiente notablemente distendido que, en ocasiones, incluso podríamos calificar de familiar, teniendo en cuenta la fluidez y la falta aparente de trabas con la que, en la mayoría de los grupos, se ha desarrollado el discurso292.

En segundo lugar, otra de las condiciones necesarias para poder llegar a considerar un determinado texto como un discurso es que el primero posea un valor para la colectividad, es decir, que implique ciertas creencias y convicciones compartidas. En este sentido, el texto estará circunscrito espacial y temporalmente contando con una identidad propiamente enunciativa dentro del espacio social. Esta idea se encuentra en sintonía con los planteamientos de Michael Foucault para quien el discurso no es solamente el habla o un conjunto de enunciados, sino que constituye una práctica social con unas condiciones de producción determinadas. Este contexto de producción que acompaña al discurso, es lo que Foucault denomina como formación discursiva definiéndola como un “conjunto de relaciones que articulan un discurso, cuya propiedad definitoria es la de actuar como regulaciones del orden del discurso

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En ello influye, sin duda, el hecho de que se realizan en núcleos de población con un número reducido de habitantes permitiendo con ello un mayor grado, si no de conocimiento –de cara al manteniendo de una de las normas de realización de esta técnica como es la existencia de anonimato entre sus participantes-, sí de cierta cercanía y familiaridad.

mediante la organización de estrategias, facultando para la puesta en circulación de determinados enunciados en detrimento de otros” (Foucault, 2002: 290).

Por encima de las distintas prácticas, tendencias y escuelas de AD que veremos en el siguiente apartado y en cuyos marcos se pueden enfatizar unos aspectos u otros del discurso, lo cierto es que para que estas

formaciones discursivas definidas por Foucault conformen un adecuado corpus de investigación 1. han de estar constituidas por un enunciado gráfico o transcrito, 2. que sea más o menos dependiente del contexto, y 3. encontrarse inmersas en mayor o menor medida dentro de una determinada estructura. En este sentido, los textos potencialmente constitutivos de un discurso no han de ser considerados en sí mismos, sino como parte de un entramado discursivo y de una institución socialmente reconocida. En esta línea, Potter y Wetherell plantean el discurso como un “social text” (Potter y Wetherell, 1987: 2).

Además, son varios los autores que comparten la idea de que para que un texto sea considerado efectivamente como un discurso, éste ha de alcanzar determinados efectos sobre los individuos que lo reciben. Independientemente de la percepción que una audiencia pueda tener de un determinado mensaje, de la propia intención con la que el enunciador lo transmita o de las consecuencias que alcance el discurso a nivel psicológico o emocional sobre los oyentes, los efectos del texto han de entenderse, en este contexto, como las derivaciones discursivas en las que se transmiten significados, sentidos y percepciones del mundo más allá de un nivel estrictamente individual.

Por último, resulta interesante aludir brevemente a la diferenciación entre

discurso y enunciado siguiendo los planteamientos de Iñiguez Rueda, a partir de los cuales se nos presenta una sintética tipología en la que, de manera muy pertinente, resume algunas de las concepciones más habituales del discurso -tal y como se expresan en las ciencias humanas y sociales293-, exponiendo una clara diferenciación de éste con respecto al concepto de enunciado:

“La definición de enunciado es conceptualizada como la sucesión de frases emitidas entre los dos blancos semánticos y la definición de discurso se concibe como el enunciado considerado desde el punto de vista del mecanismo discursivo que lo condiciona. En efecto, el enunciado es concebido como

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En concreto, el discurso: a) como enunciado o conjunto de enunciados dicho/s efectivamente por un hablante, que construyen un objeto, dichos en un contexto de interacción, conversacional y, por tanto, normativo; b) como un conjunto de constricciones que explican la producción de un conjunto de enunciados a partir de una posición social o ideológica particular; y c) como un conjunto de enunciados para los que se pueden definir sus condiciones de producción. Otras definiciones de discurso son las que nos aportan Van Dijk quien relaciona discurso e ideología, o la noción que establece Foucault sobre el discurso como un conjunto de afirmaciones que formulan objetos y sujetos.

resultado, es decir, como algo que posee memoria pues lleva consigo la marca de sus propias condiciones de producción” (Iñiguez, 2003: 98).