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DISEÑO DEL FORMATO DEL LIBRO O DOM

In document 311213869-El-Dibujo-Arqueologico.pdf (página 162-191)

Antes de empezar la impresión de una publicación, el centro editorial tiene que proceder a una evaluación de presupuesto para saber el costo del libro. Sea que se decida incluir los dibujos en el texto o proponer láminas ilustrativas por separado, necesita una maqueta bastante elaborada, que incluya el número de páginas tipografiadas, el cual lo calcula la persona encargada de la composición de los textos, la cantidad de ilustraciones dibujadas y fotografiadas (para estas últimas se utilizará un tipo de negativos diferentes, más caros, que se llaman medios tonos), las proporciones del libro y la calidad del papel. Se plantea en este momento si el libro o la revista serán trabajos de divulgación a bajo costo, hechos en papel corriente, con un alto tiraje para un vasto público, universitario u otro, si será una publicación de lujo en excelente papel

couché, con un tiraje limitado, o si se adoptará una solución intermedia. También se considera si la obra se

hará en coedición. Asimismo, ya sea que el libro esté incluido en una colección previa o que los autores puedan escoger el tipo de publicación deseado, todos los datos que lo componen son importantes.

En primer lugar, se calculan las proporciones de las páginas en relación a los tamaños de las hojas de papel que se encuentran disponibles en el mercado, resultado del doblaje de las mismas en pliegos, a sabiendas de que el impresor cortará las hojas de papel al final, achicando los márgenes 3 mm (Fig. 157).

Fig. 157- El doblaje de las hojas de papel en pliegos

En segundo lugar, se miden las proporciones de la caja en la página, o sea las medidas de los márgenes blancos que se van a respetar alrededor del texto impreso, las que se calculan en picas, y que dejan encerrado el gris tipográfico (gris óptico) o “mancha” -resultado de la combinación de las líneas y de los

puntos del texto que da al ojo un efecto de mancha uniforme-; la caja incluye la cornisa, arriba, y también el numero de folio que se coloca lo más visible y lo menos estorboso posible (Fig. 158).

Fig. 158- Las proporciones en una página

En tercer lugar, se calcula el número de páginas que se podrá utilizar para las ilustraciones, se prevé el tipo de caracteres que será empleado (fino, grueso), el cuerpo de las letras (grandes, chicas), lo que incluye el tamaño de los títulos, de los subtítulos, de las leyendas y de los pies de ilustraciones, para adoptar una de las numerosas y variadas familias tipográficas que existen; y se evalúa la calidad del papel en función de su costo. Es aquí donde el editor puede ser de gran utilidad para dar consejos sobre las decisiones adoptadas. Proponía François Richaudeau, citado por Pierre Duplan y Roger Jauneau en su libro Maquette et mise en

page, édition de l'Usine nouvelle, París 1982, un estudio a propósito de los diferentes textos reunidos

alrededor del texto principal o cuerpo del libro, que serían como textos-puntos de referencias o señales: títulos, subtítulos, intertítulos, textos-resúmenes que condensan ciertas partes del texto principal, textos- incidentes en los márgenes, textos-lógicos que pueden ampliar una parte del texto principal con una variante en tipografía. Este mismo esquema se podría utilizar para las ilustraciones: imágenes-puntos de referencia

que servirían de guía visual, repetitivas en su tamaño y en su colocación; imágenes-resumen, cerámicas o tepalcates característicos de la demostración que podrían dar el resumen del enunciado general; imágenes- comentario que podrían complementar la idea clave del investigador; imágenes-incidentes que recalcarían algunos argumentos; imágenes-lógicas que podrían aparecer en cuadros de recopilación de datos visuales, etcétera.

Ya definidas las características de la publicación prevista, aparece el dilema de incluir solamente los dibujos de algunas piezas representativas o la totalidad del material, aun cuando sea muy abundante. El criterio se dará en función de los muchos elementos que acabamos de ver y de la planificación de la investigación. Escoger cuáles dibujos del conjunto realizado en el transcurso del estudio se van a imprimir es tarea del arqueólogo, pero le corresponde al dibujante intervenir en caso de duda, sobre todo en la apreciación del resultado visual que daría el hecho de escoger entre una y otra pieza o entre conjuntos de piezas. Si el arqueólogo es el dibujante, y es él quien prepara su libro, debe pensar en ese momento en la manera más adecuada de enfocar visualmente el conjunto de su material. Ya escogido el material, se procede al diseño general de la obra. Uno puede guiarse por módulos ya establecidos. En general la caja, es decir, la proporción en la página que se ocupará para el montaje texto-imagen, deja iguales márgenes de blanco de cada lado y un blanco más grande abajo que arriba, pero puede variar muchísimo esta composición. Esos blancos permiten al lector una fácil ubicación de la vista. Ahora bien, el material utilizado en arqueología, puesto que suele ser muy desigual en cuanto a formas y tamaños, puede necesitar transgredir esta primera regla de composición, utilizando los márgenes. Esta primera transgresión será válida solamente si se planea de una manera ordenada el libro del principio al final. El orden de la descripción puede provocar, como lo hemos apuntado, un desorden visual que no se podrá remediar sino con una gran uniformidad en el acabado final del entintado de las piezas, con una equilibrada y repetitiva disposición de los espacios blancos y de las leyendas. Se necesitará utilizar referencias visuales claras para contrarrestar el efecto de “confusión”: emplazamiento repetitivo de las leyendas y tamaños iguales de las mismas en forma de pastillas, títulos dispuestos en un mismo lugar, emplazamiento fijo de la escala, disposición similar de los dibujos en la hoja, respetar las mismas proporciones y las mismas decisiones visuales desde el principio del libro hasta el final, por más compleja que sea la formación original, por más caótico que parezca el diseño. Es indispensable una continuidad de lectura -lo que llamaríamos un código de legibilidad- que incluye: tipos de letras, tamaño de las mismas, lugar de su colocación. Es bueno recordar aquí que el diseño se trabaja en doble página, confrontadas, pero que esta doble página tampoco se ve sola y que el ojo del lector va a seguir un ritmo, de doble página en doble página, hasta el final del libro (Fig. 159).

Esquemas de composición

Las divisiones proporcionadas, que se dibujan en el interior del espacio definido por la caja, entre mancha de texto e ilustraciones, pueden ser muy variadas. Es un elemento arquitectónico de referencia. Independientemente de que se disponga el texto en una, dos, tres columnas o más, aquí también se decide desde un principio cómo ocupar los espacios (retícula de la página maestra) (Fig. 160).

Como hemos visto, el material reunido para una publicación arqueológica es bastante disparejo. Es preferible, si no hay el impedimento de una colección predeterminada, inventar sus propias proporciones en el diseño de la maqueta.

Fig. 159- La presentación de los documentos en dobles páginas

Ilustraciones en el texto

Teniendo en mente esas primeras recomendaciones, si se decide incluir los dibujos en las páginas de texto, tres casos diferentes pueden escogerse: variar la cantidad de texto por página y tener un sólo tamaño de encuadre para los dibujos ilustrativos (Fig. 161a, 1 y 2); tener una cantidad fija de texto por página y variar los tamaños de los encuadres de las ilustraciones (Fig. 161b); variar en cada página las manchas de texto y las superficies ocupadas por las ilustraciones (Fig. 161c).

Fig. 161b- Un solo tamaño de encuadre para los textos y varios tamaños para las ilustraciones

Fig. 161c- Variadas proporciones imágenes-textos en cada página

Este último caso es el más utilizado. En efecto, una norma del dibujo arqueológico es tratar de no variar en una misma hoja las proporciones de reducciones de los dibujos, lo que obliga al dibujante a ocupar espacios muy diversos para su colocación. De ahí la importancia de escoger bien la tipografía y de situar las figuras frente a la parte del texto que le corresponde. En la representación de la figura 162, vemos cómo, a partir de un diseño (a), se hubiera podido organizar mejor el material en la doble página para no buscar la figura 29 anunciada en la página 45 y que aparece en la página siguiente (b). Este es un ejemplo entre mil.

Láminas de ilustraciones

Si la gran cantidad de material gráfico obliga al autor a escoger la solución de presentarlo en láminas separadas del texto, éstas deberán sujetarse a una lógica visual clara con suficientes blancos entre cada dibujo para no cansar la vista, imaginando la página como un almacén donde, por lógica, se colocan las piezas más pesadas abajo y las más ligeras arriba. Algunas reglas a seguir son: alinear los bordes por su plan de borde, alinear las vasijas completas por su plan de base, alinear verticalmente los dibujos en hileras paralelas, sobre todo si son tepalcates, preferir la lectura vertical de la hoja ilustrativa a su lectura horizontal. Hay que subrayar que una de las partes más importantes del dibujo arqueológico es su leyenda. No repite la descripción general, de ahí la necesidad de su buena redacción y ubicación (Fig. 163). Podemos observar que en la figura 163a, los dibujos están bien colocados, pero el texto del pie de ilustración y los números indicativos son demasiado grandes; en la figura 163b no se alinearon bien las vasijas; la figura 163c está bien; en la figura 163d, las letras indicativas son demasiado grandes y a pesar de la bonita composición de la página, no se encuentra la leyenda en la lámina ni la referencia al texto correspondiente; en la figura 163e, todos los tepalcates están bien alineados pero mal colocados (vista exterior a la derecha del corte y no a la izquierda como debe ser) y las letras indicativas son demasiado grandes y negras como sucede en la figura 163f; la figura 163g está bien, a pesar de que se achicaron demasiado los dibujos para que cupiera todo el material cerámico de una sepultura en una sola lámina. Hablaremos más detalladamente de las letras en la tercera parte de este capítulo.

La buena alineación de los objetos nos facilita la lectura. En la medida de lo posible, se juntarán las formas similares. Es mejor evitar los dibujos imbricados como muñecas rusas, aunque a veces este método servirá para ganar espacio (Fig. 164a). En la Fig. 164b2 se rediseñó la página 164b1.

Fig. 164- Evitar los dibujos imbricados como muñecas rusas

De la misma manera que se hará referencia a la figura en el texto, sería bueno indicar en la ilustración una referencia a la página de texto que le corresponde. Es a veces muy tardado y difícil, partiendo de una pieza ilustrada, encontrar su texto explicativo.

Si se trabaja con computadora, el reparto lógico y estético en cada lámina se podrá mejorar en pantalla después de haber digitalizado los elementos, siempre refiriéndose al domi preestablecido.

Si se trabaja con los dibujos ya terminados en papel, es importante tenerlos cada uno por separado y no dispuestos ya en láminas porque siempre habrá que cambiar su posición hasta encontrarles su lugar definitivo. Es mejor preparar las láminas con fotocopias de los dibujos para no estropearlos. Ya teniendo una primera configuración sobre una página diseñada al tamaño del libro, con todas las indicaciones de márgenes, cornisas, mancha de texto etc. en azul, color que no registra la impresión posterior, se fijan las fotocopias con un pegamento ligero que permitirá despegarlas si no es conveniente esta primera formación.

Con las ilustraciones reunidas en hojas, el dibujante va a necesitar a menudo reducir sus dibujos originales para que una mayor cantidad de ellos puedan caber en el espacio previamente determinado. Sería imposible multiplicar las páginas con muy pocos dibujos colocados en cada una, a pesar de que a veces el arqueólogo haya tomado esta decisión (Fig. 165). En la figura 165a, hay pocos dibujos y son muy reducidos; en la figura 165b, una sola pieza está representada, y es demasiado grande.

Otro extremo se ha dado al colocar demasiados dibujos en una sola hoja (Fig. 166).

Si la proporción de la página y el número de dibujos que hay que incluir en ella obligan al diseñador gráfico a una reducción de los originales, se trabaja en una hoja de tamaño superior a la definitiva, y se calcula la reducción que deberá efectuar el impresor (Fig. 167).

Pero con las excelentes fotocopiadoras que existen actualmente, es preferible lograr desde un principio las buenas reducciones apropiadas y utilizarlas como dibujos originales.

Fig. 167- Cómo reducir los tamaños de los dibujos originales

Si se llegara a disminuciones disparejas, obligando a cambios de escala en la misma hoja, lo que no es aconsejable, se delimitarán las partes con líneas cortadas, cada zona con su escala bien legible (Fig. 168a, b).

Se evitará siempre la ampliación de los dibujos originales porque el entintado pierde calidad (Fig. 169).

Fig. 169- Dibujo ampliado

Algunas láminas de dibujos se vuelven verdaderos cuadros comparativos: de formas completas (Fig. 170a,b), de cuellos (Fig. 170c), de soportes (Fig. 170d), de tepalcates (Fig. 170e), y de decoraciones (Fig. 170f).

También, es preferible la lectura vertical de una lámina a su lectura horizontal la cual obliga a voltear el libro (Fig. 171). En la figura 171a2 se pudo reubicar los dibujos verticalmente sin cambiar en nada sus tamaños de la figura 171a1.

EL

ENTINTADO

DEFINITIVO

O

CÓMO

MEJORAR

LA

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