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Disidentes del sueño urbano: el campo y la comunidad como modo de

2. MARCO TEÓRICO

2.1 Comunidades intencionales rurales

2.1.2 Disidentes del sueño urbano: el campo y la comunidad como modo de

En los países desarrollados surgen antes que en los países subdesarrollados, desde inicios de la revolución industrial, los movimientos migratorios de la ciudad al campo como respuesta de inconformidad al estilo de vida impuesto en las ciudades. En efecto, el mundo comenzaba a dar un giro importante, por supuesto, con matices particulares en cada región y en cada país. Pero con todo, y a pesar de lo que representaba la ciudad para la calidad de vida, se fomentó un rechazo al estilo de vida que ofrece las ciudades, el cual se enmarca dentro de un fenómeno más amplio que es el retorno al hombre a la naturaleza por motivos religiosos o políticos.

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No obstante, el antecedente más influyente se encuentra en los inicios del movimiento hippie en los años 60´s en los Estados Unidos, y la revolución de mayo del 68 en Francia. Estos dos fenómenos comparten, a pesar de sus diferencias, la idea de la huida del capitalismo y del retorno a la naturaleza; esto es, el rechazo al estilo de vida de las ciudades y los valores burgueses. Luego estas ideas se fueron difundiendo con fuerza generando el éxodo de la ciudad al campo en Europa y Estados Unidos inicialmente hasta llegar a países del sur (Pinzón, 2014).

Este movimiento además de surgir con la idea de la no acumulación de capital y generación de riqueza estaba constituido principalmente por jóvenes, entre estudiantes y profesionales, provenientes de la clase media urbana que no se sentían identificados con el modelo económico imperante, entonces deciden dejarlo todo para organizarse en comunidades alternativas.

En la actualidad, tanto en Latinoamérica como en Estados unidos y Europa, una porción de población cada vez más grande de estas regiones decide desistir al sueño urbano. Este sector de la población cercano o perteneciente a la burguesía no significativa, hasta ahora en número, pero si en fuerza motora de movimientos organizativos que comienza a abrirse espacios a nivel internacional,

mira con ojos críticos las lógicas propias de su clase caracterizada por sobreconsumos, generadores tanto de la sobreexplotación de los recursos naturales que ocasionan su erosión, reducción, disminución, agotamiento, extinción y su contaminación, es decir, incorporación de sustancias nocivas para el entorno ecosistémico más allá del límite permisible para que el ambiente se regenere por sí mismo (Mesa Cuadros, 2009) citado en (Pinzón Cortez, 2016).

Las posibilidades de acceso a la educación que tiene este sector de la burguesía o cercano a éste han permitido el contacto con otras culturas a través de viajes al exterior o la misma posibilidad de tener una educación de calidad, lo cual ha facilitado la trasformación de su forma de pensar y de ver el mundo, y de esta misma manera la creación de una conciencia de la situación actual del mundo optando así por el retorno a la vida rural como respuesta a esa visión de mundo impuesta y destructiva.

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Este movimiento con exponentes en la mayoría de países occidentales dirige la mirada hacia las culturas indígenas andinas en búsqueda de respuestas, y alimentándose de tendencias para hacerle frente a esta crisis civilizatoria. Es así como en el intento por incorporar otras visiones de mundo, de sentir y de ser, este movimiento se encuentra con conceptos como el del Buen Vivir o Vivir Bien, traducción de término Kichwa “Sumak Kawsay” (Ecuador) o del aymara “Suma Qamaña” (Bolivia), cuyo potencial y legitimidad radican en su capacidad de devenir en una opción de vida desde su enraizamiento en las prácticas que definen los modos de vida andinos (Le Quang & Vercoutère, 2013, pág. 11).

Por supuesto, esta crisis civilizatoria, que se evidencia también en la dificultad para hallar soluciones, exige un profundo cuestionamiento a los cimientos y valores con los que se ha construido esta sociedad. En este contexto, son muchos los movimientos ambientales de varios países los que han demostrado un gran interés por las propuestas de los países subalternos o subdesarrollados sin perder de vista la crítica al sistema imperante al que tanto países como del sur como del norte pertenecen.

De esto resulta un cambio importante en la idea de bienestar y calidad de vida que posee esta fracción de la clase burguesa, sustentado a través de la riqueza, la acumulación de bienes, crecimiento ilimitado y consumo desenfrenado, generando así opiniones cada vez más fuertes en contra del sistema económico y sus efectos nocivos en el mundo y en el estilo de vida que llevan los seres humanos.

La idea de comunidad, desde su papel dominante en las primeras comunidades primitivas hasta la actualidad, se ha venido debilitando gracias, entre otras cosas, al triunfo aparente del individualismo moderno, sin embargo, la comunidad, en su forma de comunidad local, presente en barrios, aldeas y pueblos todavía se mantiene con bastante fuerza en el mundo entero.

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Existen grupos de personas que se organizan y crean pequeñas comunidades en búsqueda de alternativas de vida al neoliberalismo. Vivir compartiendo casa, gastos y recursos, al mismo tiempo que ideas y lazos de solidaridad, es una manera de hacerse más fácil la vida, al igual que más placentera en términos espirituales. Las relaciones y los vínculos que se construyen suelen fortalecerse con el tiempo ya que cada individuo hace parte de un todo llamado comunidad que sostiene y recrea.

El individualismo, defendido por la cultura dominante, conduce a la aceptación inconsciente de valores y normas que no caben dentro de un sistema comunitario, pues éste se retroalimenta continuamente en un proceso abierto y permanente en el que se airean las diferencias y se contribuye a redefinir la conciencia colectiva, amentando así la conciencia individual y la de grupo (Escorihuela, 2016, pág. 48). Es por eso que la comunidad hoy en día constituye una alternativa de resistencia al capitalismo neoliberal y una utopía por construir y realizar.

2.1.3 Una nueva concepción de lo rural