Inconsciente Colectivo para Jung es ese mar donde habitan los dioses, los mitos, las leyendas; en una palabra, el Destino de la humanidad. Nietzsche llamaría a esto Voluntad de Poder. Los Arquetipos de Jung son las "Ideas más Poderosas" de Nietzsche. En la antigüedad fueron los Dioses. Palabras distintas para referirse a fenómenos siempre desconocidos. Y tanto Jung, como Nietzsche, saben que no saben mucho, de lo que están hablando. Y ambos, de seguro, experimentaron más de lo que dijeron. Jung declaró que esos Arquetipos eran "autónomos". Es decir, actuaban por su propia cuenta. Y al final de sus días acuñó el vocablo "Psicoide", para indicar todo aquello que sobrepasa la psiquis, porque pareciera suceder fuera de ella.
Recuerdo mi entrevista con Julius Evola, el pensador italiano. Sostenía que Jung había "psicologizado" asuntos espirituales, pertenecientes a la sabiduría hermética tradicional. Yo le exponía mis sospechas de que Jung también lo sabia, con el drama de haberlo hecho, de haber tenido que hacerlo.
La clave se encuentra en su afirmación de la existencia de dos Inconscientes Colectivos: El Inconsciente Colectivo ario y el Inconsciente Colectivo judío. Con esto Jung ha dividido a la humanidad en dos mitades definitivamente, en seres de procedencias distintas, provenientes de astros distintos.
Ha dado así la justificación más seria y profunda al conflicto universal, a la guerra, que se transforma en Guerra de Mitos, de Arquetipos y Símbolos. Es decir, en Guerra de Dioses. Ese conflicto al que Nietzsche se refería en "Ecce Homo", que "vería convulsiones de montañas, de valles y de océanos".
La explicación que Jung diera de las diferencias de esos Inconscientes Colectivos es de capital importancia. El tema es trascendental. Una manera diferente, opuesta, de captar y expresar los Arquetipos, de enfrentarlos y hasta de ser poseido por ellos, por esos dioses y demonios. Modos incompatibles, definitivos.
Existe, por supuesto, un medio de conectar este descubrimiento, de proyecciones incalculables, con la concepción nietzscheana de la Voluntad de Poder y con el Eterno Retorno. Nietzsche se ha referido a las formas directas, aquilinas y a las solapadas y torcidas de expresar esa Voluntad.
Julius Evola las caracteriza como ario-solar y semítico-lunar (en cuanto al Eterno Retorno, es revelación del Inconsciente Colectivo ario, exclusivamente). En el ario, la Voluntad de Poder se expresa como en el águila, "atacando derecho", perdiendo hoy ("en verdad os amo, porque no sabéis vivir hoy loh! hombres superiores!") para ganar mañana, es decir, eternamente, gracias al valor Arte y al Sentido, que harán posible la "modificación de las leyes" y la creación del Superhombre. transformando al Dios de los Perdedores, Lucifer, en vencedor, en Kalki, jinete sobre un Caballo Blanco, al fin del Kaliyuga, Edad del Lobo, para restaurar la Edad Dorada, del Cóndor, "que ataca derecho".
La posibilidad que Jung pierde en este ronda es la de ampliar su concepción de los dos Inconscientes Colectivos (y más de dos), sacando todo el tema del recinto de ha psicología y del "psicologismo", para conectarlo con la doctrina tibetana del Tulku.
Lo ha dejado vislumbrar cuando afirma que "a través de Hitler no se está expresando una sola persona, sino muchas". Hay solo un paso al "espíritu de Raza", a que se refieren los ocultistas y el hinduismo. Este "espíritu" para los judíos sería jehová, el Demiurgo.
En los arios es Wotan, Dios del Viento, del huracán. Jung señala el hecho significativo de que las tropas de asalto del nazismo se llamaron Sturmabteilung. Y declara que en la mirada de Hitler se descubre un visionario, un profeta: "Desde los tiempos de Mahoma no se ha visto nada semejante".
Hitler pudo ser así la aparición de un Tulku, es decir, de un ser que se ha salido del Círculo, de un Boddhisattva, que vuelve voluntariamente a cumplir una misión, no pudiendo hablar más en "yo", sino en "nos", porque ya no es uno solo, sino todas las individualidades del Círculo a su disposición. No es una persona, sino un "espíritu de Raza".
Del mismo modo, podremos llegar a ver muy pronto la encarnación de jehová, del "espíritu de Raza" de ese otro Inconsciente Colectivo, en el "Mesías" judío, en su "Rey del Mundo", del que nos hablan ciertos documentos. Porque ellos han ganado una importante batalla de la Guerra Eterna, que no termina aquí.
El movimiento hitleriano ha sido el intento único y grandioso de realizar a Nietzsche y producir el Superhombre, de modo que sería más justo decir nietzscheanismo que nazismo.
En el Eterno Retorno esto es imborrable y se reproducirá siempre. Afirmar, como lo hacen los que hoy pretenden "desnazificar" a Nietzsche, que el hitlerismo fue un movimiento de masas, de gregarismo que habría repugnado al solitario e individualista de Sils María, es no entender lo que el hitlerismo realmente fue. Citemos nuevamente a Jung, en su entrevista de 1936: "En Alemania se trabaja hoy por la creación de una aristocracia.
Los hombres de las S.S. están siendo transformados en una casta de Señores Dirigentes - de caballeros templarios o teutónicos - que gobernará Sesenta millones de nativos... Después de la dictadura, una oligarquía, de algún modo. Una decente oligarquía, llamémosla aristocracia si lo deseamos, es la más ideal forma de gobierno. Alemania e Italia tienen una oportunidad. Sin un ideal aristocrático no hay estabilidad... Inglaterra le debe al gentleman la posesión del mundo".
Algo que Jung desconocía, o sobre lo que no quiso hablar, es que Hitler y sus S.S, tenían detrás toda una Escuela de Iniciación. De haberse referido a ello, quizás lo habría "psicologizado", buscando también explicaciones por medio de su técnica psicoanalitica a algo que se escapa hacia otros planos. Ciertamente, Hitler era nietzcheano y en los Cuarteles-Templos S.S., en sus laboratorios mágicos, se estaba dando forma a la raza del Superhombre, del Ubermensch, del Sonnenmensch; "Señor de la Tierra", que se incorporaría a la Voluntad de Poder como representante de la "Personalidad Absoluta", destinado a gobernar la historia y el mundo.
Pero además, Hitler era un iniciado y su yoga fue también la tántrica, en una versión occidental hiperbórea, hasta ahora desconocida. La practicaron los dirigentes secretos y los más altos jefes S.S., que no pertenecían al partido nazi, ni nunca vistieron de uniforme, Ellos no fueron conocidos por los dirigentes políticos, ni por los jefes visibles de los S.S.
Así sucedió también en otros tiempos con los dirigentes secretos de los templarios.
Es importante conocer que también Heidegger perteneció al partido hitlerista. La Svastika levógira, la del Retorno dentro del Círculo, pasa a ser el signo del Hitlerismo Esotérico. Es el emblema de la Voluntad de Poder y del Eterno Retorno, del Inconsciente Colectivo ario.