ODAS las grandes tradiciones del mundo admiten que el Uni- verso es esencialmente unitario, y que cada uno de sus elementos es una forma apropiada de la energía cósmica fundamental; estas for- mas nacen, crecen, y «mueren», es decir, vuel- ven a la masa originaria tras haber sufrido durante algún tiempo, el de su existencia, algunas transformaciones. Estas son, en reali- dad, intercambios de energía destinados a restablecer o mantener el equilibrio global, a la vez que por su misma actividad mantienen ese gran «desorden» que es la vida. La Alta Tensión explica este «desorden vital» por la lucha incesante e interna que enfrenta a los dos principios constituyentes de la energía cósmica: la energía es a la vez masculina y femenina, buena y mala, luminosa y tenebro- sa, caliente y fría, etc. Hay, pues, dos maneras
de manifestarse esta energía a las que se les ha dado diversos nombres, como alto-bajo, dere- cha-izquierda, zénit-nadir, yin-yan, etc.
La religión vudú también reconoce esta dualidad. Más aún, de todos sus planteamien- tos conocidos es uno de los más completos. En efecto, el principio rector de toda la místi- ca vudú puede ser enunciado como sigue: no hay loa, fuerza, houngan, ni hombre o mujer que sea del todo bueno o malo, positivo o negativo; todo es potencialmente lo uno y lo otro, según lo que se quiera hacer de ello. Así, uno de los mayores loas, acaso el mayor, Legba es al mismo tiempo el maestro del Conocimiento, guía por excelencia en el cami- no a Ifé, y también el patrón de los brujos. Igualmente, una mambo o un houngan tiene poderes que pueden convertirlo en un bene- factor de la humanidad o en un abominable servidor de las fuerzas del Mal. Hasta las víctimas del sacrificio son a veces benéficas a veces maléficas, según el rito con que se las inmole. Tratándose de los houngan, se dice que uno usa la mano derecha cuando sus actos están dirigidos hacia el buen lado, a la «derecha», hacia el bien; se dice de un houn- gan perteneciente a las «sectas rojas» que usa las «dos manos». ¡Para el no-iniciado, y a veces para los naturales del país, no es fácil
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saber cuándo un houngan usa una y cuándo las dos manos!
Esta «congènita» ambigüedad brota de las condiciones históricas que dieron lugar a la instauración del vudú en Haití. Vimos que la gran mayoría de los adeptos eran simples esclavos incultos sin formación esotérica espe- cial. Ahora bien, en la misma Africa, en la época de la Trata, ocurrió que grandes inicia- dos se prestaban voluntariamente a ser vendi- dos y llevados al Nuevo Mundo: su objetivo no era tanto mantener la cohesión de las comunidades africanas frente a los blancos como organizar una resistencia y, si era posib- le, la liberación del negro en esas tierras desconocidas. Hemos dicho antes que es po- sible escribir la historia de la liberación de Haití estrictamente como un hecho religioso: el vudú fue el arma suprema con la cual los negros se quitaron de encima a los blancos. A este respecto, el papel jugado por Makandal, Dessalines, Boukman, Toussaint Louverture, etcétera, no ha sido sólo el de jefes militares sino también y sobre todo el de jefes religio- sos, poseednres de muy potentes poderes ocultos transmitidos por la tradición africana.
Durante mucho tiempo, el uso de los excep- cionales poderes que se transmitían los gran- des iniciados estaba reservado para los explo-
tadores de esclavos. Pero, cuando se adquirió la independencia, cierto número de estos grandes iniciados, devorados sin duda por la ambición y el deseo de poder, no satisfechos con la distribución de cargos y funciones del nuevo Estado, entraron en camino mucho menos desinteresado: pusieron sus talentos y conocimientos al servicio de intereses indivi- duales, de odios personales; en dos palabras, los comercializaron. Fue el principio de la desviación de las sectas rojas. Volveremos a ello más tarde.
Los poderes de los houngan
En la iniciación, y sobre todo a lo largo de los años de aprendizaje, los houngan y las mambo cultivan sus dones naturales de mé- diums, la perspicacia, el magnetismo; incluso los menos dotados por la naturaleza llegan, a fuerza de ejercicios y de voluntad, a igualar a los mejores. De otra manera, el vudú conoce y domina el secreto de algunos poderes y fenó- menos extraños.
El más corriente de estos poderes es, sin duda, la utilización de plantas con fines tera- péuticos o mágicos. En opinión de algunos sesudos botánicos, salidos de famosas univer-
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sidades y henchidos de diplomas, ciertos houngan son como enciclopedias vivas d^ la naturaleza: ninguna propiedad «racional» atribuida por la ciencia a la más pequeña hierba haitiana escapa a estos médicos. Por supuesto, las hierbas hipnógenas o alucinóge- nas abundan en sus farmacopeas, lo que no quiere decir que sean la causa de todos los grandes fenómenos del vudú.
Para hacernos una idea de la extensión de esta sabiduría, es necesario saber que existen estrechas relaciones, casi oficiales, entre la facultad de medicina haitiana y los houngan: ¡Cuántos hombres y mujeres, dados por per- didos por los médicos y cirujanos clásicos han sido salvados por las recetas de los sacerdotes! ¡Suele pasar que tal o cual médico o catedráti- co de Puerto Príncipe esté oficiosamente aso- ciado con tal o cual houngan o mambo!
Sería peligroso dar aquí, fuera de su entor- no, recetas fitoterapéuticas empleadas por los houngan. Estas plantas deben ser manipula- das con gran cuidado; además, su recogida obedece a reglas muy precisas, y debe hacerse en muy especiales circunstancias, difíciles de cumplir para el no-iniciado.
Los baños terapéuticos en vudú
Entre el arsenal de poderes benéficos del houngan, los baños tienen un lugar especial. Esto se debe a que el agua, en general, ocupa un importantísimo lugar en la cosmogonía vudú: el viaje a Ifé, recordemos, se hace bajo el agua; el alma de los muertos, como se sabe, permanece en el fondo del río o del lago hasta que la saquen de ahí por medio de la ceremo- nia apropiada; Haití, en fin, es una isla sepa- rada de Africa por la inmensidad del Atlánti- co; también la lluvia juega un papel funda- mental en la vida haitiana, fundamentalmente campesina... Es, pues, lógico que los vudús hayan explorado a fondo las propiedades eso- téricas del agua.
Milo Rigaud, en primer lugar, subrayó la importancia terapéutica y mística de la inmer- sión. «Los adeptos del vudú, escribe, dan gran importancia a los baños mágicos, desde los baños que se toman en los houmfor hasta los que se toman en el mar, pasando por los baños caseros cuando conocemos su composi- ción. No sólo el pueblo conoce su práctica, sino que es del dominio público que esta práctica alcanza incluso a la gente de posición social más elevada. Se sabe de candidatos al Parlamento e incluso a la presidencia que se
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hacen bañar mágicamente para tener la suerte de ser elegidos. Son célebres los baños de Navidad y Año Nuevo: los bañistas se meten en el mar no lejos de la orilla, en grupos numerosos, con siete, diez, o veintiún trozos de limón; al sumergirse, piden a los loas del mar que les protejan de cualquier acción so- brenatural dirigida contra ellos. Los loas del mar, Agoué-Royo y Agoué-Taroyo, reciben a los bañistas los lunes y los viernes.»
Milo Rigaud cuenta otro ejemplo de baño terapéutico, destinado a tratar a los niños que padecen de parásitos intestinales, insomnio o anemia. La operación se lleva a cabo siempre bajo la dirección de un houngan; éste ha dejado cocer algunas plantas (entre ellas la
mimosa púdica) en una mezcla de agua y
«clairin» (ron) en la que meterá al niño. Tras el baño, este agua, que se lleva, dicen, los gérmenes de la enfermedad, es echada a un agujero o al mar.
El baño de gracia está bajo el signo de Damballah-Wédo. «El baño dado por este loa es siempre benéfico: atrae las gracias, procura toda clase de favores, reconcilia a los más acérrimos enemigos, consigue trabajo, hace subir de categoría, cura toda clase de enfer- medades incurables o consideradas como ta- les» (M. Rigaud). En la composición del baño
de gracia entran flores, hojas de jazmín, ex- tracto de horchata, almendras dulces picadas, perfumes, agua divina34 y champaña...
Otro baño benéfico es el baño de Erzilie, o baño de amante. «El baño de amante contiene tres paquetes de hojas de albahaca, siete pi- mientos dulces, un poco de polvo de zo- douvant (mezcla local), bálsamo del comen- dador, tinte de benjuí, Florida (agua de Flori- da)» (M. Rigaud). Este baño de Erzilie tenía un equivalente en la alta antigüedad mesopo- támica. Se trataba de un baño anual, acompa- ñado de un ceremonial muy complejo dedica- do a la diosa Inanna o a Isthar.
El baño ibo, dice Rigaud, tiene la virtud de atraer la buena suerte. El ritual dura una semana; se compone de un litro de alcohol de quemar, una breva, agua de mar tomada en «los Ilets», setas (cuya especie no especifica Rigaud), una piña de América rayada, siete hojas de acebo, una botella de agua bendita tomada de la pila de una iglesia, perfume...
Finalmente, ese gran esoterista del vudú que es Milo Rigaud, señala la existencia de un baño contra la mala suerte que se toma bajo la vigilancia de un houngan y los auspicios de un loa.
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La percepción extrasensorial de los grandes iniciados
Cuando hablamos de la iniciación de mam- bos y houngan, hicimos alusión a dos grandes poderes a los que tienen acceso tras la prepa- ración iniciática: la toma de orejas y la toma
de ojos. La toma de orejas da al sacerdote la
posibilidad de percibir extrasensorialmente conversaciones o ruidos. Aunque diferentes investigadores de indudable imparcialidad nos han contado casos también diferentes, todos están de acuerdo en que este poder, que supone un entrenamiento excepcional y una capacidad de concentración sólo alcanzable por algunos elegidos, tiende a desaparecer por falta de sujetos suficientemente dotados. Por el contrario, la toma de ojos, que desarrolla la visión extrasensorial y la supralucidez, se ha perfeccionado con el tiempo. Ello es debido a que procede de un principio mucho menos elevado en el plano astral esotérico: es, pues, más fácil de alcanzar para los iniciados de tipo medio. Marcus Bach nos transmitió un testimonio directo en su libro Vudú. Este escritor americano, amigo de un iniciado blanco gracias al cual pudo participar en diversas ceremonias, nos describe una expe- riencia de profecía en la que él estaba directa- mente implicado.
«Estábamos allí (en un houmfor donde se desarrollaba un servicio vudú) desde hace una hora, como mínimo •—-mis vecinos me habían asegurado que las revelaciones y profecías (de Ja mambo) se habían cumplido siempre—
cuando ella vino hacia mí y, apuntándome con su cigarro me dijo:
•—-Su perro está muy bien.
»Me quedé de piedra, pues acababa de pensar en mi caniche, que había dejado a unos amigos en los Estados Unidos. La mam- bo había leído este pensamiento en mi espíritu con escalofriante rapidez. Se lo agradecí.
»Está muy bien, repitió, y después masculló algunas palabras como si discutiera con una voz interior, sacudió la cabeza varias veces, dio una calada al cigarro y me dijo:
•—-¿Quién es Jimmy?
—El Jimmy en quien pienso —empezé. —Sí. Usted ha tenido una discusión con él. —-Así es.
•—-Asunto de dinero. —Sí.
—Sobre su sueldo. —Sí.
—El construyó una casa para usted. —No, una cabaña.
—Una cabaña es una casa. •—-Es verdad.