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7.2 La dura realidad del atraso de la economía

In document NICARAGUA ( ): LA REVOLUCIÓN ABORTADA (página 63-68)

La Junta de Gobierno, bajo la incesante presión de las masas, confi scó a los empresarios somocistas, y a quienes no lo eran, a través de los Decretos No 3 y No 38, dictados en julio y agosto de 1979. En muchos casos estas confi scaciones venían a legalizar la toma de fi ncas y todo tipo de propiedades, que los trabajadores habían realizado por su propia iniciativa.

En los primeros años de la revolución, la participación del Estado en el PIB aumento del 15% en 1978 a 41% en 1980. Más de 120 empresas industriales, gran cantidad de haciendas y más de 20 empresas comerciales, pasaron a ser administradas por la

Corporación Industrial del Pueblo (COIP), por el Instituto de Reforma Agraria (INRA) y por la Corporación Comercial del Pueblo (CORCOP), respectivamente.

La industria manufacturera en Nicaragua, creada a partir del

Mercado Común Centroamericano (MCCA), sufrió una

profunda transformación. Para 1981, el 41,7% de la industria estaba en manos de los capitalistas, el 19% en manos del Estado y el 39,3 % restantes en la llamada “economía mixta”, en donde el mayor porcentaje de participación correspondía a los empresarios. La industria manufacturera fue duramente castigada por la crisis económica y la escasez de divisas, cerrando operaciones una gran parte de la misma, mandando al desempleo a la clase obrera industrial, con efectos políticos negativos sobre el conjunto de la clase obrera, que se debilitaba ante el enorme aparato burocrático que estaba formando el FSLN.

En los primeros años de la revolución, el FSLN se esforzó en mostrar un proceso de recuperación de la economía. Sin embargo, el COSEP afi rmaba que la economía en realidad estaba decreciendo. Si analizamos las cifras ofi ciales llegaremos a la conclusión de que efectivamente, para el año 1983, hubo un crecimiento del 5% del Producto Interno Bruto (PIB) el más importante en relación a 1979, pero todavía inferior al año 1977, el “mejor” de la dictadura somocista.

Este incremento del PIB en 1983 no signifi có, en modo alguno, una mejoría del nivel de vida de las masas. Al contrario, fue producto de las cuantiosas donaciones internacionales y del riguroso Plan

práctico se tradujo en el congelamiento o decrecimiento de los salarios.

El PIB per cápita de los primeros años de la revolución, nos indican que esa efímera recuperación de la economía, no se tradujo en un bienestar para las masas obreras debido a que la producción era inferior al consumo de la población.

Ese pequeño crecimiento de la economía, fue reabsorbido por los gastos de la defensa militar que, para el año 1984, consumía más del 40% del presupuesto nacional.

7.3. El fracaso de la utopía

A pesar de la crisis de los sucesivos gobiernos de coalición con la burguesía, primero el de Alfonso Robelo y después el de Arturo Cruz, el FSLN continuó empeñado en demostrar la validez de dichos principios. Quien mejor ha defendido el postulado de la “economía mixta” fue el Comandante Jaime Weelock Román, el principal teórico del FSLN y arquitecto de la política económica del gobierno sandinista.

A fi nales del año 1983, en una entrevista concedida a la periodista Martha Harnecker, el Comandante Weelock expresó lo siguiente:

“(..) No se trata, por lo tanto de sustituirlos (a los burgueses), sino de buscar formas de vinculación de integración”

El Comandante Weelock declaró lo anterior cuando Nicaragua tenía ya cuatro años de funcionar con el proyecto de “economía mixta” y en ese momento existía mucho entusiasmo en los círculos gubernamentales por la efímera recuperación de la economía capitalista en relación a los años 1977-1978, cuando el Producto Interno Bruto (PIB), creció el 4,4% en 1983. Este leve crecimiento de la economía capitalista se debió, a como lo hemos demostrado en anteriores ocasiones, al endeudamiento externo, a la voluminosa “ayuda internacional” de los primeros años de la revolución y, sobre todo, a la implementación de un riguroso plan de austeridad permanente sobre los trabajadores.

Poco a poco, las expectativas que existían en relación a un despegue económico de Nicaragua, fueron desechadas, dando lugar a pesimistas declaraciones por parte de los funcionarios gubernamentales sobre el giro y gravedad de la crisis económica.

Es difícil demostrar teóricamente, en abstracto, cuáles son las ventajas del socialismo sobre la “economía mixta”, sino que vamos a demostrar a partir de los pocos datos estadísticos confi ables de esa época, como la reconstrucción de la economía capitalista --arropada con el disfraz de la “economía mixta”- acarreó mayores niveles de miseria y hambre a Nicaragua, en los precisos momentos en que el imperialismo yanqui desarrollaba una feroz contraofensiva contra la revolución en Nicaragua y Centroamérica.

El postulado de la “economía mixta” sirvió como argumento ideológico para justifi car la política gubernamental aplicada por el FSLN en función de preservar la colaboración de clases con sectores burgueses y los terratenientes. Los argumentos fueron claros: no podemos marchar hacia el socialismo porque Nicaragua es un país agroexportador atrasado; primero hay que desarrollar las fuerzas productivas y para ello es mejor incorporar a los “productores patrióticos”.

Los indicadores económicos eran apenas un pálido y deformado refl ejo de lo que realmente ocurrió en la estructura económica. En estos años de revolución, las masas trabajadoras realizaron innumerables sacrifi cios para cumplir la consigna gubernamental de “levantar la producción”. Soportaron bajos salarios, llevaron a cabo innumerables jornadas de trabajo voluntario en las fábricas y haciendas, duplicaron la capacidad de trabajo al sustituir a los compañeros movilizados, innovaron repuestos ante la escasez de divisas y el bloqueo imperialista, enfrentaron la campaña de boicot y descapitalización organizada por los capitalistas, etc. Con este sobreesfuerzo, los trabajadores igualaron o superaron los volúmenes de producción de muchos rubros de agro exportación en relación a las cifras de 1977.

Sin embargo, el intercambio comercial desigual, es decir, la utilización por parte de los países imperialistas de un mecanismo mediante el cual compran a precios bajos los productos de agro exportación de los países atrasados, mientras nos venden los productos industriales a un precio más elevado, terminó devorando todo el sobreesfuerzo y los sacrifi cios realizados por las masas trabajadoras.

Además del “intercambio comercial desigual” existía, por otro lado, la deuda externa como un enorme látigo sobre la economía en crisis. Para 1984 se calculaba que solo el pago de los intereses de la deuda externa equivaldría casi al 40% de las exportaciones,

que en ese año bajaron a niveles nunca antes vistos. Tenemos, pues, factores “objetivos” que infl uyen en la crisis económica de Nicaragua. Existió un tercero, que pasó a ser el determinante: la guerra de agresión que terminó convirtiéndose en guerra civil. Ya desde fi nales del año 1984 más de la mitad del presupuesto de la nación estaba destinado a los gastos de la defensa militar de la revolución. Aunque no había datos públicos al respecto, bajo el argumento de no dar información al enemigo. Era muy probable que estas cifras fuesen mucho más elevadas. A lo anterior habría que agregarle los efectos colaterales de la guerra: enorme cantidad de compañeros movilizados, bloqueo comercial y fi nanciero, no reposición de los inventarios existentes, deterioro acelerado de las obsoletas maquinarias, etc.

Se cumplían, pues, las distintas fases del plan imperialista que consistía en utilizar al ejército Contra como un instrumento de presión militar, que obligaba a la nación a destinar casi todos los recursos en función de la guerra, agudizando la ya de por si crítica situación económica de Nicaragua, con productos de agro exportación prácticamente devaluados en el mercado internacional. Pese a esta realidad objetiva, en que el intercambio desigual, la deuda externa y la guerra de agresión se combinaban fatalmente para destruir paulatinamente a la nación nicaragüense, el gobierno sandinista realizó denodados intentos por “incorporar” a los capitalistas al proyecto de “economía mixta”, otorgándoles jugosos incentivos en dólares y en córdobas, elevando los precios de los artículos de consumo popular, ampliando sus márgenes de ganancia a costa de bajar el salario de los trabajadores, etc. Importantes conquistas de la revolución como la nacionalización de la banca y el monopolio del comercio exterior, base esencial para una economía planifi cada, fueron lentamente revertidas o debilitadas en la medida en que un porcentaje de las escasas divisas fueron a parar directamente a manos de los capitalistas. Antes de 1987 el modelo de “economía mixta” no había caído en el colapso total por dos factores: en primer lugar el enorme sacrifi cio de las masas trabajadoras que luchaban para impedir el triunfo de la contrarrevolución armada, y en segundo lugar, a la ilimitada ayuda económica del Consejo de Ayuda Mutua Económica

(CAME), organismo que aglutinaba a la URSS y otros estados

socialistas, que enviaron ayuda económica, militar y alimenticia. Este porcentaje del total de las importaciones al CAME subió enormemente a partir del “embargo comercial y fi nanciero” decretado por la administración Reagan en Mayo de 1985. El petróleo, los camiones, tractores, insecticidas, medicinas, bujías, alimentos, buses, etc., aunque de mala calidad, provenían del CAME. La cifra anterior no incluye, por supuesto, toda la ayuda militar en armas, parque, helicópteros, tanques, etc., necesarios para enfrentar las necesidades de la defensa militar de la revolución. La ayuda económica y militar de la URSS no era para construir el socialismo sino que, al contrario, era para mantener con vida el agonizante proyecto de la “economía mixta”.

Lenta e inexorablemente la realidad fue rompiendo los esquemas teóricos a favor de la “economía mixta”, destruyendo en los hechos la “posibilidad” que se refería el Comandante Weelock, cuando afi rmaba que en Nicaragua era probable que la burguesía se dedicara a producir “sin poder político”.

Después de 1987, el gobierno sandinista ya no elaboraba planes de crecimiento, sino que todos los esfuerzos productivos están destinados a “sobrevivir”. Los capitalistas habían logrado descapitalizar desde el período pre insurreccional la fabulosa cantidad de 4,000 millones de dólares. Y los que se quedaron en Nicaragua vivían como parásitos, no invertían sus ganancias y boicoteaban abiertamente la producción. ¿Con quienes, entonces, se iba a construir la “economía mixta”?

Una expresión sintomática del fracaso del modelo de economía mixta fue que los capitalistas se negaban a producir sin tener control político del Estado. El resultado fue que, a pesar del discurso conciliador del gobierno sandinista, las confi scaciones continuaron, como fueron la expropiación de las haciendas de Enrique Bolaños Gayer, el jefe del COSEP, o la compra por parte del Estado de las pocas empresas mixtas, como fue compra de las acciones de MACEN, de Supermercados de Nicaragua, o la “intervención” del grupo de empresas del consorcio “Julio Martínez”.

Los sujetos de la economía mixta iban desapareciendo, fuera por efecto de la crisis económica, o de la misma presión del movimiento de masas que, aunque controlado burocráticamente por el FSLN, imponía en muchas ocasiones la intervención de las empresas y haciendas, así como la confi scación de estas.

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