C APÍTULO IV C ONTRADICCIONES Y LÍMITES DE LA NOCIÓN DE ACONTECIMIENTO SEGÚN
1. E L G IRO C ULTURAL : LA NUEVA PROBLEMATIZACIÓN DEL ACONTECIMIENTO
Como ya hemos dicho, a partir de la segunda mitad del Siglo XX se produjo una transformación profunda en el ordenamiento de las sociedades y en los principios epistemológicos que guiaban la reflexión social, cultural y política159. Es la época, por ejemplo, en que Crítica de la
vida cotidiana (1947) 160 y Mitologías (1957) 161 llevaron al primer plano un tipo de análisis poco habitual hasta el momento y dentro del cual, después, destacarían también los más conocidos trabajos de Michel Foucault162. Además es la época en la que aparecen La interpretación de las 158 Parte de este capítulo fue publicado bajo el título “Acontecimiento‐suceso y singularidad culturalista” en Walmott Borges A. y Pinto Coelho, S. de O. (coord..) Interconstitucionalidade e Interdisciplinaridade:
Desafios, âmbitos e níveis de interação no mundo global, Uberlandia, Minas Gerais: Laboratório
Americano de Estudos Constitucionais Comparado (LAECC), 2015, pp. 443‐467. Aquí presentamos una versión ampliada y corregida. 159 A propósito del Giro Cultural, además de los ya citados (Bonnell, V. E. y Hunt L. op. cit; McDonald, T., op. cit.) puede consultarse Burke, P. ¿Qué es la historia cultural? Barcelona: Paidós, cop. 2006; 160 Lefebvre, H. Critique of Everyday Life (Vol. 1) London ‐ New York : Verso, 1991. 161 Barthes, Roland. Mitologías. México, D.F.: Siglo XXI, 1980. 162
Primeras ediciones y traducciones entre 1961‐1984. En especial, Las palabras y las cosas. Una
arqueología de las ciencias humanas. México : Siglo XXI Editores, 1966; La arqueología del saber. México
culturas de Clifford Geertz (1973)163 y Orientalismo de Edward Said (1978)164, enfocados al rediseño de la antropología y a una redefinición de la noción de cultura ‐de una manera que después permitiría provechosas fusiones con los estudios políticos.
Todos estos textos conducen a reafirmar la idea de que las formas de organización de la vida en comunidad ‐las culturas‐ son irreductibles y mutuamente inconmensurables y que, por tanto, no pueden ser minimizadas o subvaloradas. O sea, no pueden ser diluidas en tanto singularidades diferenciadas, ni pueden ser convertidas en “partes” de procesos históricos más generales. Tampoco pueden ser anuladas en su valor teórico específico, subordinando su estudio a explicaciones de carácter aparentemente más trascendental. En consonancia, los autores mencionados despliegan una crítica paradigmática contra el carácter “avasallador” de términos como humanidad o civilización y, en un nivel teórico superior, contra los efectos negativos de cualquiera de las formas de generalización “conceptual”, por entonces tan habituales ‐tanto en la actividad académica como en el lenguaje cotidiano.
Fuera de los espacios de producción intelectual y académica, la realidad social de los años sesenta y setenta también empujaba en la misma dirección. Fueron los años de retroceso del modelo fordista en la empresa y, con él, de los antiguos valores del trabajo asociados a la repetición mecánica y a la sociedad industrial clásica. La disciplina, el respeto jerárquico, la perseverancia y el sacrificio personal –por ejemplo‐ pasaron a ser sustituidos por nuevos valores como la creatividad, la innovación y la iniciativa individual; todos ellos distintivos de una época más flexible, menos centralizada y donde resultaba cada vez más evidente el repliegue de las lógicas de la serialidad y de la producción a gran escala165.
Son los años, también, en el que feminismo comienza a dejar de exigir una igualdad abstracta entre hombres y mujeres ‐más o menos indiferenciada‐ y comienza a reivindicar la suficiencia de una identidad femenina propia, diferente y valiosa en sí misma. En cuya redefinición la 163 Geertz, C. La Interpretación de las culturas. Barcelona : Gedisa, 1981. 164 Said, Edward W. Orientalismo. Madrid: Debate, 2002. 165
Drucker, P. The Age of discontinuity: guidelines to our changing society. London: Heinemann, cop. 1969 y Mayos, G. “Vulnerability and social change. From pre‐Fordist era to post‐Fordist capitalism” en
Law&Vulnerability. Research Seminars 2015. UFMG. Centre for Graduates Studies in Law (12 de junio de
mujer se juega un nuevo estatus y el reconocimiento de su aportación diferenciada al nuevo espacio social166. Dicho de otra manera, también en los discursos sobre la igualdad entre los géneros comienza asumirse la idea de que la reafirmación de la igualdad está condicionada al reconocimiento de las diferencias y que la constitución de nuevas identidades es el primer paso en el afianzamiento de cualquier cambio profundo de las actitudes sociales. En este caso, un cambio que garantice a la mujer una nueva manera de comprenderse a sí misma y ser comprendida por los demás167.
Lo mismo sucede con los movimientos en contra de la discriminación racial y por la extensión de los derechos civiles. Poco a poco se volvieron más importantes las demandas en favor del reconocimiento cultural y se consolidó la percepción de que no era posible hablar de igualdad social sin reflexionar al mismo tiempo sobre la manera en que una determinada sociedad resuelve el problema de la coexistencia de múltiples identidades o cómo canaliza las preocupaciones particulares de los que se sienten marginados y de los llamados “grupos” subalternos168. En paralelo, también fueron ganando cada vez más valor y atención formas de ver el mundo y explicarlo que no necesariamente estaban subordinados a los principios generales de la racionalidad lógica y el pensamiento científico.
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“Mientras que la generación de 1968 esperaba, entre otras cosas, reestructurar la economía política para abolir la división del trabajo por sexos, las feministas posteriores formularon otros objetivos menos materiales […] El resultado fue un cambio en el centro de gravedad de la política feminista. Los conflictos de género, en otro tiempo centrados en el trabajo y la violencia, han puesto el foco en años recientes sobre la identidad y la representación. El efecto ha sido el de subordinar los conflictos sociales a los culturales, la política de la redistribución a la política del reconocimiento.” (Fraser, N. Fortunas del feminismo: del capitalismo gestionado por el estado a la crisis neoliberal. Madrid: Traficantes de Sueños ; Quito : Instituto de Altos Estudios Nacionales, 2015, p. 190) 167 E.g.: Butler, Judith Lenguaje, poder e identidad. Madrid : Sintesis, DL 2004. 168 “[…] To me we are the most beautiful creatures in the whole world. Black people. And I mean that in every sense. Outside and inside and to me we have a culture that is surpassed by no other civilization but we don’t know anything about it. So again, I think I’ve said this before in this same interview, I think sometime before, my job is to somehow make them curious enough or persuade them by hook or crook to get more aware of themselves and where they came from and what they are into and what is already there and just to bring it out. This is what compels me to compel them. And I will do it by whatever means necessary.” (Simone, Nina, fragmento de una entrevista de 1968, en documental Nina Simone:
En general, va tomando fuerza una especie de “rebelión de la singularidad”, de lo diferente, de lo excepcional; una redefinición del valor de lo irrepetible y de todo aquello que no puede o no quiere ser sometido a serie, a regularidad. También ‐y como consecuencia de ello‐, la investigación social encontró a su disposición una gran cantidad de nuevos objetos de estudio, imposibles siquiera de imaginar dentro del paradigma tradicional unos pocos años antes. A las innovaciones ya mencionadas –vida cotidiana, lenguaje y significación‐ hubo que sumar otras como los nuevos estudios sobre la ciudad169, la sexualidad170, el cuerpo171, la imaginación172, la intimidad173 y sobre las formas alternativas de desarrollo económico174, entre otros muchos que hasta entonces solo habían aparecido de manera esporádica o se habían mantenido totalmente apartados de las academias y las universidades modernas. A partir de entonces y en poco tiempo se expandieron y se convirtieron en líneas de investigación completamente afianzadas, que poco a poco desarrollaron sus propios estilos de trabajo y dieron pie a nuevas estrategias de investigación175.
Con ello dio comienzo un nuevo período –más abierto y más dinámico‐ que reabrió el debate sobre las relaciones entre el ámbito de la vida cotidiana, sus demandas de explicación y los problemas teóricos que debían plantear las disciplinas humanas y sociales.
Sin embargo, las nuevas aproximaciones también conducían a una dificultad. Las nuevas “cosas del mundo” ‐la enunciación de nuevos objetos de investigación una vez “rescatados” en su
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E.g.: Lefebvre, H. El derecho a la ciudad. Barcelona: Península, 1969 [1968] y La Producción del
espacio. Madrid: Capitán Swing, 2013 [1974] 170 E.g.: Foucault, M. Historia de la sexualidad (3v.) Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 1999. 171 E.g.: Revel J. y Peter, J. P. “El cuerpo. El hombre enfermo y su historia” en Goff, Jacques Le y Nora, Pierre (dir) Hacer la historia (v.3). Barcelona: Laia, 1979 172 E.g.: Ricoeur, P. Ideología y utopia. Barcelona : Gedisa, 1989 [1986] 173
E.g.: Ariès, Philippe y Duby, Georges (dir.) Historia de la vida privada. (5v.) Madrid : Taurus, cop. 2001.
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C.f.: VV.AA., What now: the 1975 Dag Hammarskjöld report on development and international
cooperation. Uppsala: Dag Hammarskjöld Foundation, 1975 y Development Dialogue 1985: 1. Another Development and the Third System. Uppsala: Dag Hammarskjöld Foundation, 1985.
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Son ejemplos paradigmáticos de esta tendencia el Centre for Contemporary Cultural Studies (Universidad de Birmigham, 1964‐2002) y, en Francia, el arribo de la tercera y cuarta generación de la
singularidad‐ podían multiplicarse hasta el infinito y llegar a dificultar la comprensión racional del presente –como un todo unificado‐, hasta el punto de hacer inviable la relación entre la experiencia, el discurso y la acción política directa. No hay que olvidar que en la época resultaba tan relevante el interés por difundir nuevos discursos de reivindicación y reconocimiento identitario, como la participación e implicación personal en la rebelión contra el orden establecido y en favor del desarrollo igualitario, la descentralización del poder y la redistribución de los beneficios económicos. En estas condiciones, el problema teórico de la aprehensión unificada de lo que sucede en el mundo –el eterno problema filosófico de la relación entre logos y physis‐ y por lo tanto, el problema de la definición coherente y extensa del acontecimiento social –en cierta manera, el problema de la unidad objetivo‐subjetiva del saber social y humanístico‐ se volvió un tema todavía más complejo y una cuestión de la mayor urgencia a tratar.
Así, a partir de la segunda mitad del siglo XX y dentro de todo este proceso general ‐que en lo llamaremos de manera reducida Giro Cultural‐, quedó planteado un reto a las teorías de lo social que todavía hoy resulta muy difícil abordar. En el centro encontramos la urgencia por redefinir la noción de hecho social y la necesidad de revalorizar su función como unidad primaria de análisis. O lo que es lo mismo, nos encontramos ante un problema que puede resumirse en la siguiente pregunta: ¿cómo enfocar la explicación de la sociedad y la política sin reducir la singularidad de los distintos momentos que la constituyen (los acontecimientos singulares) y sin renunciar, al mismo tiempo, a la aspiración integradora que exige la demanda de comprensión global de lo que sucede en el mundo?