E L MODELO IDEAL DE SOCIEDAD CRISTIANA : EL INICIO OFICIAL DE LA
II.4 M UTUALISMO ASISTENCIAL S OCORROS M UTUOS Y C AJA DE JUBILACIÓN
II.4.1 S OCORROS M UTUOS
II.4.1.1 E L C ÍRCULO DE O BREROS
En el Acta de inauguración del Círculo de Obreros del 15 de abril de 1883 quedaban claramente reseñados los fines principales del Círculo; si el primero era instrucción, el segundo era «atender a las necesidades de los socios cuando por efecto de alguna enfermedad no puedan dedicarse al trabajo…por lo tanto el Círculo es un centro de instrucción y socorros mutuos»128.
La junta directiva era la encargada de conceder las subvenciones; o denegar la pensión de enfermedad si se producía alguna de las situaciones que la junta general previamente había discutido y aprobado: 1º que el socio hubiese sido despedido por morosidad en el pago de las cuotas ingresando de nuevo en la sociedad, o que fuese admitido por primera vez, en cuyo caso tenía derecho a pensión cuando hubiera transcurrido un mes. 2º La asistencia a las clases de religión y moral era obligatoria, así como la asistencia a las clases de lectura y escritura y a la
127 S. DE OLÓZAGA (1864), p.48.
de aritmética mientras el socio no recibiera del profesor el certificado en que constaba que sabía leer, escribir y las cuatro reglas de aritmética. El socio que sin causa justificada cometiese doce faltas de asistencia a alguna de las clases obligatorias, veía «restringida lo más posible» la pensión, y si las faltas llegaban a dieciséis era despedido de la sociedad sin derecho a ingresar de nuevo en ella129.
Las primeras pensiones acordadas por la junta directiva y publicadas en el Boletín con posterioridad a estos acuerdos fueron: 5 reales diarios a Nicolás del Río, hornero, y de 4 reales a Pablo Díez González, albañil.
Es importante conocer cuántos y quiénes eran los que se unieron para constituir la primera
Sociedad de Socorros Mutuos de Burgos. Desde el 15 de marzo hasta el 22 de septiembre de
1883 habían ingresado 790 socios, de los cuales 646 eran activos y 132 honorarios y 12 de mérito. Y los activos estaban repartidos por edades: los de 16 a 20 años ascendían a 198; los de 21 a 30, 188; de 31 a 40, 152; de 41 a 50, 84; y de 51 a 60, eran sólo 24. En cuanto a los oficios más representados eran: zapateros y zapatilleros, 127; albañiles y peones, 105; carpinteros y aserradores, 81; jalmeros y tejedores, 59; sastres 37; ebanistas, tallistas y torneros, 20; herreros, 23; y hojalateros y latoneros, 19130.
En 1884, los socios del Círculo, al responder al cuestionario enviado por la Comisión de Reformas Sociales sobre la condición económica de la clase obrera en Burgos, decían: «en general es mala la de los obreros industriales y pésima la de los agrícolas. No es relativo el jornal de los obreros con las necesidades más perentorias de sus familias»131.
Eran pésimas las condiciones y ninguna la ayuda. No existía ningún tipo de cobertura ante una situación de paro, enfermedad o jubilación. Lo único que podían esperar las clases
129 BCOB (1883), p.2. Estos acuerdos fueron aprobados en la junta general que se celebró el 23 de septiembre de 1883 y
aparecen en el primer número del Boletín. En el Reglamento era el capítulo V el que ordenaba todo lo referente a las subvenciones destinadas a cada socio activo. En el artículo XXVI se determina que: disfrutarán 2 pesetas diarias los socios que no tengan ninguna falta de asistencia las conferencias de religión y clases obligatorias y que tengan 15 años de antigüedad. Percibirán 1,5 pesetas diarios los mismos socios con las mismas condiciones pero que tengan menos de 15 años de antigüedad. Y 1 peseta diaria los menores de 21 años, pero si fueren casados, huérfanos o se ocuparan de su madre incapacitada recibirán 1,5 pesetas. Las limitaciones serán descuento diario de 25 céntimos hasta 6 faltas de asistencia, de 50 céntimos diarios de 7 a 10 faltas y 75 céntimos de 11 a 16. A partir de ahí no percibirán cantidad alguna. Las subvenciones se podrán conceder por espacio de 40 días en una misma enfermedad y no podrán disfrutar de nuevo antes de 3 meses.
130 De la Memoria leída en la junta general del Círculo, al 30 de octubre de 1883 ya eran 827 los socios, de los 37 nuevos,
5 son horarios 32 activos; la información aportada por el BCOB (1883), p.4.
131 «Proyecto de contestación al cuestionario sobre mejora o bienestar de las clases trabajadoras, presentado por la
obreras por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas de la localidad era una mínima respuesta, pero desde la beneficencia municipal. Y las autoridades nacionales, tardarían todavía unos veinte años, hasta comienzos del siglo XX, para comenzar a legislar sobre previsión social, produciéndose un espectacular desarrollo normativo entre 1904 y 1923132.
Pero en el Burgos de finales del siglo XIX esta era la situación:
Inválidos del trabajo: Los que por esta causa sufren una vida llena de privaciones no encuentran cajas de retiro o de socorro ni la Administración ni el Municipio se cuidan para nada del motivo tan honroso de su triste situación. El obrero tiene recursos en esta población en cambio de su trabajo y cuando por el exceso de este se inutiliza yace abandonado si la caridad particular no le cobija133.
De esta descripción que los obreros del Círculo hacían, y que formaba parte de las respuestas al cuestionario aprobado en junta general el 17 de octubre de 1884, se iba a enviar una copia a la Comisión Provincial, y ésta a su vez haría lo propio para la Comisión de Reformas Sociales. Por ello, aprovechaban las conclusiones del texto para presentar al recién nacido
Círculo de Obreros y sus aciertos a la hora de resolver «el problema que nos ocupa» y solucionar
«el antagonismo que por el origen de la culpa existe entre el capital y el trabajo». Y
recomendaban a los «poderes constituidos» la misma solución, «la que enseña la doctrina
católica»para «resolver con acierto lo que ha dado en llamarse problema social»134.
Obsérvese que aquel deplorable estado y condición de las clases trabajadoras –burgalesas y del resto del país– era denominado como «el problema social» y, aunque ya era una suave manera de llamarlo, todavía no se había generalizado el eufemismo de «la cuestión social». Eso
ocurrirá sobre todo a partir de la Rerum Novarum.
Pero entonces y en Burgos, los problemas sociales habían encontrado un paliativo en el
Círculo a través de los socorros mutuos. Un dato de 1885. En el capítulo de los ingresos, las
cuotas de los socios activos sumaban 2.154,78 pesetas; las cuotas de los honorarios 1.986,65; las subvenciones y donativos alcanzaban 3.080 pesetas; que junto al beneficio del ejercicio anterior y la venta de los dibujos hacían un total de 8.317, 91 pesetas. Y, dejando al margen algunas pequeñas cantidades para gastos diversos (biblioteca, mobiliario, instrucción etc.), el
132 Sobre derecho del trabajo, y la legislación en materia de previsión y asistencia sociales, ver: M.C.PALOMEQUELÓPEZ
Y M.ÁLVAREZ DE LA ROSA (2007): Derecho del Trabajo, Ed. Ramón Areces, Madrid.
133 BCOB (1884), p.2. Es un extracto del proyecto de contestación al cuestionario sobre mejora o bienestar de las clases
trabajadoras.
grueso del gasto era para el local: 1.547,50 y las subvenciones a 101 socios enfermos: 2.339,75135.
Se observa, que la mayor parte de los ingresos se debían a las subvenciones, donativos y las cuotas de los socios honorarios. Las subvenciones procedían del Ministerio de Fomento 2.500 pesetas– y del Ayuntamiento de Burgos, pero no de la diputación provincial; y ello a pesar de que la mayor parte de quienes llegaban a la capital eran obreros sin trabajo procedentes de los pueblos de la provincia de Burgos136.
Los donativos del ayuntamiento de Burgos llegaban de forma habitual casi todos los años y oscilaban entre las 500 y las 600 pesetas. En ocasiones también los del arzobispo, como el de 350 pesetas, en 1895, cuando ya era el Círculo Católico y celebraba el día del Patrocinio de San José su fiesta en la Iglesia de los jesuitas, en la Merced, y además ya había aparecido la
Rerum Novarum137. Pero fue una constante la aparición en los boletines de continuos
llamamientos a los socios activos y a los honorarios para que no abandonaran el Círculo, y a todos los burgaleses ricos y obreros– para que se asociaran.
No obstante, la institución en la que se había puesto toda la confianza era la Caja de Ahorros: «premiando a los impositores asiduos para fomentar el ahorro y procuró siempre socorrer a los obreros enfermos, en cuya obra de caridad ha empleado hasta la fecha catorce mil duros»138. La fecha era 1897, y el Círculo y su Caja estaban en crisis. A partir de 1903 se abrirá
una nueva etapa y la caja que nazca en 1909 será la definitiva.
En la segunda época, el Círculo subvencionaba a sus socios enfermos con una pensión de seis a ocho reales diarios, durante cuarenta días y para una misma enfermedad. Además, en caso de defunción se aplicaba una misa por cada socio y socorría a la viuda y a los hijos con una limosna que oscilaba entre 10 y 25 pesetas139.
135 BCOB (1885), p.2.
136 Un RD del Ministerio de Fomento de 5 de octubre de 1883, ofrecía una subvención a las sociedades creadas por
iniciativa particular con destino a la enseñanza. El Círculo envió la solicitud y pidió a los diputados a Cortes y senadores de la provincia que se interesaran por la buena marcha del expediente en Madrid para lograr la subvención: BCOB (1885), nº 14, p.2. Las gestiones las realizaron los diputados a cortes: Santiago Liniers, Joaquín López Dóriga, Manuel Alonso Martínez, Gaspar Salcedo y Juan Pérez San Millán: BCOB (1885), nº 12, p.1.
137 BCOB (1889), p.1; y (1895) p.1. 138 BCOB (1897), p.2.
Causas para no merecer la subvención reglamentaria eran: no llevar el tiempo necesario en el Círculo; no haber transcurrido tres meses desde que se disfrutó la última subvención; haber terminado el periodo de cuarenta días sin haber conseguido su restablecimiento; u otras causas que «no le hagan desmerecer en su buen nombre y comportamiento». Pero a quienes no alcanzaba el beneficio de dicha subvención por alguna de estas causas, se les concedía algún socorro de la Caja de la Conferencia de Caridad, que el mismo Círculo había instituido y que se nutría de limosnas y colectas, y nunca confiriendo fondo alguno del Círculo. No se había establecido una cantidad fija, pues dependía de los recursos de dicha Caja y de las necesidades del enfermo; en todo caso lo decidía la Conferencia y solía oscilar entre uno y cuatro reales diarios140.