E L MODELO IDEAL DE SOCIEDAD CRISTIANA : EL INICIO OFICIAL DE LA
II.2 L AS ESCUELAS C ATEQUESIS Y PRIMERAS LETRAS
II.2.2 L A EDUCACIÓN EN B URGOS
Tenía el Círculo un año de vida cuando tuvo que responder al Cuestionario sobre mejora
o bienestar de las clases trabajadoras, un encargo que la Comisión de Reformas Sociales había
hecho a sus delegaciones provinciales. Con tal motivo se elaboró un informe especialmente interesante, por cuanto resulta una síntesis del ideario de la Institución y un compendio de fórmulas para mejorar tanto la condición moral como la situación material de la clase obrera. A su juicio: «La cultura moral empeora por días» de lo cual se desprendía la condición de la familia obrera:
34 La Sección Segunda, dedicada a Asuntos de Propaganda, estuvo presidida por Ciriaco Sancha Hervás (arzobispo de
Valencia), y formaron parte de la Ponencia: Simón de la Rosa (catedrático de la Universidad de Sevilla), José María Caparrós (arcipreste de la Catedral de Madrid), Manuel Laraña Fernández (senador y catedrático de la Universidad de Sevilla), Antolín López Peláez (canónigo magistral de Lugo), Alejandro Corrales (rector del Colegio de Escolapios de Sanlúcar de Barrameda, que actuó como Secretario), José María Asensio Toledo (presidente de la Academia de Buenas Letras de Sevilla) y Eduardo Reina García Pego (abogado de Sevilla). Cf.. CRÓNICA DEL TERCER CONGRESO CATÓLICO NACIONAL ESPAÑOL (1893):Discursos pronunciados en las sesiones públicas y reseña de las memorias y trabajos presentados en las secciones de dicha Asamblea celebrada en Sevilla en octubre de 1892. Establecimiento Tipográfico del Obrero de Nazaret, Sevilla, pp.525–622.
Entregándose el jefe de ella en brazos de las falsas doctrinas, emponzoñan su corazón, y pierde el cariño que merecen su esposa y tiernos hijos, que reciben una educación muy mediana; unas veces por esto, y otras (que es la mayoría) por impotencia, pues tienen que abandonar la escuela para ganar el pan que comen, y que rara vez consiguen después de doce o trece horas de trabajo. Aniquilando sus fuerzas físicas e intelectuales, adquiriendo tempranos vicios, de modo que cuando toman estado, son ya como los árboles carcomidos que dan pocos y débiles frutos, causa triste y cierta del decaimiento de las generaciones35.
Los encargados de responder al cuestionario describían la situación social en la que estaban inmersos con tintes pesimistas, y presentaban y valoraban las circunstancias del momento como graves. Aunque sus conclusiones respondían a un particular sistema de análisis que consistía en utilizar marcadores morales y criterios de índole religiosa para determinar el mayor o menor nivel educativo de los burgaleses.
Pero, la gravedad, en lo que se refiere a las cifras de analfabetos de este país, era real y cierta. En 1900, Castilla y León presentaban un 48% de analfabetos absolutos, y en el conjunto de España llegaba al 64%36. Cuarenta años después de aquel sondeo efectuado por la Comisión
de Reformas Sociales, un periódico local comentaba alarmado que: «11.145.444 personas han afirmado (en España) que no saben leer ni escribir»37. De «estadística desoladora» calificaba el
articulista unas cifras que presentaban un triste panorama, pues no hay que olvidar que esos fríos datos representaban el 52,23 % de la población española en 1924.
Claro que la distribución geográfica no era uniforme y, mientras que las cifras máximas correspondían a Andalucía y Extremadura, las mínimas se recogían en Santander, Álava, Palencia, Madrid, Segovia, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra, Soria y Burgos38.
El hecho de que Burgos formase parte de la España más alfabetizada se debía sobre todo a que la enseñanza fue el principal objetivo y el asunto más importante tanto para la
35 ACACC sección CCO nº1; es una copia del informe final que se envió a la Comisión Provincial. El proyecto de
contestación presentado por la comisión del Círculo, encargada de su elaboración, fue publicado por el Boletín, cf. BCOB (XI- 1884), p.2.
36 B.DELGADO CRIADO (1994): Historia de la Educación en España y América: (1789–1975), Ed. SM, Madrid, p.761.
Aunque la evolución no seguirá el mismo ritmo. Los datos porcentuales para 1930 son de 33 y 42 respectivamente. Así pues, en treinta años Castilla y León disminuye sus analfabetos en 15 puntos y España lo hace en un total de 22.
37 El Ideal (19–VII–1924), p.1. Los datos que maneja el diario burgalés habían sido publicados por la Dirección General
del Instituto Geográfico y Estadístico el 31 de diciembre de 1923.
38 Son abundantes los testimonios que señalan esta división de la Península, entre un Norte más alfabetizado y el Sur con
mayor índice de analfabetismo. El catedrático de la Universidad de Valladolid Ricardo Royo Villanova comentaba sorprendido sobre su visita a Sallent (pueblo de Huesca): «en dicho pueblo me enseñaron la lista electoral, y me encontré en ella que todos los vecinos sabían leer y escribir. Aquello me chocó, porque era verdaderamente notable que en un país como este, donde hay tantos analfabetos, hubiera un pueblo donde todos supieran leer y escribir, aun cuando como pueblo fronterizo tenían que despabilarse y sabían francés; pero era extraño, digo, que todos supieran leer y escribir»; en: A.ROYO VILLANOVA 1920):
beneficencia municipal como para las diferentes asociaciones particulares que se ocupaban de actuaciones de tipo benéfico. A principios del siglo XIX el Ayuntamiento de Burgos mantenía cuatro escuelas públicas subvencionadas y en los años cuarenta asistían 400 alumnos a las mismas; en 1867, son ocho centros y casi mil alumnos; y, en 1880, el 40% de los alumnos que asistían eran alumnos que no se podían costear los estudios y, por lo tanto, los recibían de forma gratuita39.
El Ayuntamiento de aquel Burgos decimonónico parecía seguir entendiendo la educación como un privilegio de las clases pudientes y, por ello, concebía la educación del resto –de quienes no podían pagar una enseñanza privada–, no como un derecho sino como una atención benéfica más que la institución daba a los necesitados. Pero la respuesta que las autoridades municipales daban a las necesidades educativas de los burgaleses no se realizaba sólo por motivaciones de tipo caritativo o benéfico, también perseguía un objetivo de más largo alcance. Mediante la instrucción y la escolarización los poderes públicos pretendían también introducir un elemento que favoreciese el orden, la paz y la tranquilidad, es decir se trataba de una educación que claramente actuaba como control social, inculcando la moral y los valores propios de aquel patriciado urbano que ocupaba las sillas consistoriales.
No resulta extraño por tanto, que el Círculo una institución confesional y que de forma explícita reseñaba en todas sus manifestaciones que por encima de cualquier logro material estaba la mejora espiritual, buscase sobre todo el adoctrinamiento de sus alumnos y no tanto que éstos adquiriesen conocimientos y mucho menos que aprendiesen a pensar de forma autónoma o con sentido crítico. El Círculo Católico no era ajeno ni extraño al ambiente, a las costumbres y a las mentalidades rectoras del Burgos en el que estaba inmerso. Antes bien era una fuerza que contribuyó decisivamente a configurar las características sociológicas de la capital y, también andando el tiempo, de la provincia.
A la vista de los objetivos y los intereses que perseguían tanto la docencia benéfica municipal como la proporcionada por el Círculo desde sus escuelas, puede observarse que ambos coincidían a la hora de ver en la enseñanza una herramienta que actuase como mecanismo de regulación y amortiguación social. Y, aún con esta perspectiva, fue posible lograr un más que aceptable índice de alfabetización en Burgos. Un índice que durante el siglo XIX y
el XX fue siempre por delante del nacional e incluso de la media castellana, una diferencia respecto al contexto nacional que desde 1877 a 1910 estaba en torno al 20%, y que, por poner un ejemplo, mientras en 1900 el analfabetismo en España era de un 63,8%, en Burgos se situaba en el 40,8%40.
En el primer tercio del siglo XX se inició una tendencia en la región que muy lentamente fue reduciendo el número de analfabetos. Para ello se fue incrementando el número de escuelas, en especial las de niñas, aunque otras mejoras como la escuela graduada o las mutualidades se introdujeron tarde. En general en Castilla y León se avanzaba, pero no era consuelo el hecho de que otras regiones españolas acumularan un retraso educativo mayor41.