• No se han encontrado resultados

P EDOFILIA O P AIDOFILIA

La palabra pedofilia o paidofilia etimológicamente proviene del griego y sig- nifica amor o “afinidad amorosa” por los niños. El término es relativamente reciente y fue acuñado por el profesor de psiquiatría Richard von Krafft Ebing, en su obra Psychopathía Sexualis publicada en 1886, con la denominación de “Paedophilia Erótica”.

Pedofilia es la parafilia que se expresa por una orientación sexual compul- siva, dirigida primariamente a los niños/ñas. De acuerdo al criterio sustentado por el DSM IV sus caracteres fundamentales requieren que el padecimiento sea experimentado por lo menos durante el lapso de seis (6) meses, bajo la forma de fantasías o impulsos sexuales o bien por la necesidad de mantener vínculos sexuales con menores prepubescentes de menos de trece (13) años. La efebo- filia sería la variante que involucra a menores, púberes, de trece (13) a dieciséis

(16) años. Los impulsos pedófilos, en la mayor parte de los casos, son viven- ciados con gran ansiedad y angustia. Otro de los requisitos fundamentales para que la pedofilia se produzca es el hecho que la persona mayor que actúa como victimario tenga una diferencia de edad mayor de cinco (5) años, en relación a la víctima. De esa manera, se descartan como delitos las relaciones sexuales entre adolescentes.

De acuerdo a la preferencia por la edad de los menores abusados, los pedó- filos se distinguen en: a) infantófilos, (sus víctimas preferenciales tienen de 0 a 5 años); b) pedófilos propiamente dichos (sus víctimas son menores impúberes que tienen entre 6 a 12 años); c) hebéfilos o efebófilos, (cuando las víctimas menores cursan la pubertad, entre los 13 a 16 años).

En relación al género de las víctimas se distinguen: una pedofilia homo- sexual, (masculina o femenina), otra heterosexual y una última ambigua o indiferente, llamada bisexual.

Con respecto a su carácter la pedofilia puede ser de carácter exclusivo o también primario, cuando representa la única posibilidad de obtención del placer sexual; y no exclusivo, secundario o situacional, cuando se trata de pedófilos ocasionales que por diversos motivos, (turismo sexual infantil, estrés, soledad, baja autoestima, depresión, oportunismo, promiscuidad, enfermedades somá- ticas, discapacidades, etc.), se convierten en agresores sexuales de niños.

En nuestro medio este tipo secundario o situacional es el más frecuente de los abusos sexuales de menores identificados por sus caracteres, habitualmente consumados en el medio intrafamiliar.

Las conductas pedófilas más comúnmente llevadas a cabo por los abusa- dores son: a) contemplar la desnudez del menor; b) exhibicionismo y mastur- bación en presencia del menor; c) caricias, besos y tocamientos mutuos; d) felación y contacto genital; e) penetración vaginal y/o rectal. Mostración de pornografía y relatos pornográficos, son conductas preparatorias para desinhi- bir al menor.

En la Argentina se utilizan en forma indistinta los términos pedofilia y pede- rastia, aunque cabe consignar que históricamente no fueron sinónimos. La palabra pederastia, término de origen griego, designaba en la antigüedad la re- lación de un muchacho púber con un adulto, práctica que fue cultural y social- mente aceptada, como una forma pedagógica de transmisión de conocimientos, especialmente los vinculados a la guerra y a las prácticas del deporte, exclusi- vamente reservada a los varones (92).

La relación amorosa de personas mayores con jóvenes y adolescentes fue designada en Grecia con el nombre de pederastia. La pederastia griega, homo- sexual masculina, era portadora de un alto ideal estético ya que se consideraba a la belleza masculina como paradigma de virtudes y perfección a las que se aspiraba como meta a alcanzar.

También la pederastia fue asimilada, con posterioridad, al concepto del pecado bíblico de penetración por vía anal o sodo- mía, y además para designar la práctica heterosexual usada con finalidad contra- ceptiva.

En ciertos medios la designación de pedofilia se reserva a la atracción sexual, psicológica y fantasiosa, hacia los niños. Cuándo esta atracción se trasforma en un contacto sexual, (abuso infantil), se designa como pederastia. A pesar de estas interpretaciones en la práctica se identifica los términos con la misma entidad.

Si admitimos la diferenciación que proponen algunos trabajos, la pedofilia dejaría de ser un delito ya que estaríamos hablando de una parafilia menor, de intensidad mínima, limitada a la producción de fantasías y no productora de hechos reales comprobables, ya que no se puede delinquir sólo con el pensa- miento. Hecha estas salvedades, considero conveniente mantener la equivalen- cia de ambos términos equiparando las dos acepciones como se entiende en la práctica, y por consiguiente la pedofilia que se transforma en un hecho consuma- do es un delito de la misma forma en que lo es la pederastia. La cuestión de la pederastia ha cobrado notoriedad en el intento de la Iglesia Católica por morigerar las críticas, debido a las denuncias de pedofilia en su seno (69-89-118).

De manera tal que se ha llegado a afirmar que los hechos escandalosos reconocidos no admitirían la categoría de pedofilia, sino que se estaría frente a casos de homosexualidad masculina, provocados e incitados por adolescentes, (pederastia homosexual o efebofilia). Se intenta confundir la pederastia con la sodomía y ésta con la homosexualidad. Obviamente se trata de presentar el bochorno como una cuestión vinculada a la preferencia o a la diversidad sexual, y no como un delito. La Iglesia niega la existencia de incumbencia entre pedo- filia y celibato, y circunscribe el problema a la homosexualidad entre varones.

Escena de pederastia griega Anfora ateniense. S. V a C. wikipedia.org.

La pedofilia es una parafilia por trastorno de la identidad sexual. El impulso pedófilo obedece psicológicamente a las siguientes motivaciones: a) gratifica- ción y obtención del placer sexual; b) posibilidad de crear una situación de control y manipulación psicológica de poder; c) intensificación de la autoesti- ma; d) experimentación de venganza, en caso que el victimario haya sido abu- sado en su infancia y sobrelleve aquel estigma, pese al tiempo transcurrido; finalmente, e) en reemplazo o sustitución del deteriorado vínculo que el victi- mario mantiene con sus pares adultos, por la relación de poder creada.

Psicológicamente el pedófilo vive su sexualidad en forma diferente. Sufre angustia de castración que intensifica su narcisismo, teniendo necesidad de protegerse a sí mismo. Se identifica con su madre, hacia quien dirige sus im- pulsos incestuosos eligiendo a los niños (100).

Una mención específica constituye el hecho de aparición del fenómeno de la pedofilia en Internet, que integra el grupo de la nueva criminalidad cibernética. Fenómeno masivo y globalmente difundido por el uso de las nuevas tecnologías informáticas y de comunicación social, a él se debe el auge formidable de la pe- dofilia en el mundo. Por su importancia, y por constituir una figura autónoma con caracteres propios, será abordada en el capítulo correspondiente.