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La educación ambiental del pervertido

Una de las limitaciones del paradigma ambiental que examino, consiste en que parte del supuesto de que la educación ambiental debe de ser indiscriminada: que a todos los seres humanos se les puede y debe educar, sin discriminar a nadie, y solamente con las estrategias metodológicas que propone: talleres, salidas al campo, charlas…

Este supuesto está manifiesto en la Carta de Belgrado de 1,975. Dice así:

El destinatario principal de la Educación Ambiental es

el público en general. En este contexto global, las principales categorías son las siguientes:

1. El sector de la educación formal (…)

2. El sector de la educación no formal: jóvenes y adultos, tanto individual como colectivamente, de todos los segmentos de la población, tales como familias, trabajadores, administradores y todos aquellos que

disponen de poder en las áreas ambientales o no.

Es claro lo que lo que sugiere la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1,992: en el capítulo 36 de su “Agenda 21”, se puede leer en sus artículos 36.8 y 36.9:

Es necesario sensibilizar al público sobre los problemas del medio ambiente y del desarrollo, hacerlo participar en su solución y fomentar un sentido de responsabilidad personal respecto del medio ambiente y una mayor motivación y dedicación respecto del desarrollo sostenible.

Objetivo

El objetivo consiste en aumentar la conciencia

general del público como parte indispensable de una

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actitudes, los valores y las medidas compatibles con el desarrollo sostenible.

No comparto este supuesto, porque el hombre pervertido no es educable. Llamo hombre pervertido, a aquél adulto dominado por el imperio de sus impulsos, fruto de las circunstancias que le presenta la vida: ve al mundo desde la óptica de sus impulsos. El pervertido ha perdido la capacidad de ver a su propio ego desde la distancia, con objetividad e imparcialidad: sólo puede verse desde sí mismo: es un ego trastornado. Un criminal acusado en los tribunales, sabedor de que pende sobre él la amenaza de algunos lustros de carcelería, se aferra a su libertad, y miente a los magistrados que lo juzgan. Una autoridad política cuyo cargo le proporciona unos muy jugosos ingresos, incumple con sus deberes, si eso le da perpetuidad en el cargo. En Perú, hay muchos alcaldes y “defensores del pueblo” que reciben quejas de los vecinos por el desorden en la ciudad. No obstante, estas autoridades pervertidas las archivan las quejas porque no quieren enfrentarse a fuerzas y poderes que podrían poner en peligro su cargo. Pervertido es el hombre que ha llegado a la adultez, habiendo sido formado con una escala de valores ajustada a su egoísmo: el adulto que vive sólo para sí mismo. No ejerce sobre su ego el auto-dominio de su razón, sino que su ego y su razón son dominados por el imperio de sus impulsos. Este imperio configura en semejante anthropos, una escala de valores ajustada a sus conveniencias estrechas del momento. Su propia voluntad es víctima de aquél gobierno egoísta. Son las personalidades “importantes”: alcaldes, regidores, ministros, directivos de empresas, inversionistas, autoridades políticas: los domina su apetito por ocupar cargos para servirse de los mismos y así saciar a su ego.

Estos hombres son pervertidos porque siendo conscientes de que un determinado acto o una omisión, es inmoral, incurren en

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ello a despecho. Es como el caso de aquél adolescente que no bien construida una vereda de cemento, aún cuando el cemento está fresco, graba en él algunos grafitis o inscripciones para perennizarse: sabe que es inmoral e indebido hacerlo, y a despecho lo hace. ¿Por qué?: porque su voluntad está subyugada al imperio de sus impulsos.

En estos individuos pervertidos se da una disyunción axiológica muy acusada, entre sus conveniencias individuales y los valores de contenido universal. Por eso es que son refractarios a la educación. Ésta, al buscar el perfeccionamiento del hombre, lo que trata de hacer es, que su perfeccionamiento armonice con el interés social y los valores universales que entraña la convivencia en sociedad: que el educando llegue a hacer suya la convicción de que su conveniencia personal es la social, y viceversa: la convicción de que en la medida en que logre su plenitud personal, ello ha de compatibilizar con el interés general: bien sea el desarrollo positivo del género humano o de su comunidad.6

Esto es lo que el pervertido no puede aceptar, dado el carácter de excluyentes que en él tienen ambos términos de la correlación antedichos: siente que, si acepta un término, ello significa renunciar automáticamente al otro. Y la polarizada y unilateral situación en que se encuentra le da muy buenas satisfacciones a su ego; por eso, en su perfil axiológico ocupa un alto rango su ego; y además, su adulta personalidad ya se halla plenamente constituida con ese perfil axiológico: o bien condicionalmente a su posición social (caso de la autoridad política), o bien, de por vida (caso del que se formó así desde

6 Véase mi trabajo “Hacia los fundamentos de la felicidad y la plenitud

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niño, por ejemplo, un chofer de servicio público en Perú, quien cree que es normal prender en su unidad, su equipo de música). Pero el sujeto pervertido, ni siquiera ve con claridad los dos términos de la susodicha disyuntiva, ni la siente la disyuntiva como tal: es tan egoísta, que sólo tiene ojos para uno de los términos: su ego; la exhortación para que ajuste su ego al bien universal, la halla irracional y/o injusta, inaceptable, no porque mire al bien universal, pues tiene ojos tan sólo para su ego, afectado. Si a quien incurre en una conducta inmoral porque así se ha formado, usted le suplica que desista, por respeto a la dignidad de sus víctimas, la exhortación la va a tomar como humillante para su amor propio, y por eso no la va a aceptar. La disyuntiva aludida es pues, situacional; pero lo que el pervertido percibe, no es la disyuntiva, sino su ego. El habituado a contaminar acústicamente el ambiente, será renuente a la educación ambiental, no porque no se le ofrezca otra alternativa: alternativas las hay –por ejemplo, usar audífonos–: es renuente porque ya se ha formado así; y como tal, la disciplina sugerida la va a sentir como un sufrimiento injusto inferido a su ego, y, por lo tanto, no le va a hallar sentido ni válida justificación. Un pervertido de este tipo nunca tuvo conciencia del límite entre disfrutar de un derecho y vulnerar la dignidad humana del alter

ego. Todo pervertido se ha formado en la inescrupulosidad y en

esos patrones conductuales ya desde su edad temprana, razón por la cual siempre se muestra refractario a cambiar su estilo de vida por parecerle normal y que lo merece por derecho.

Otro ejemplo: un alcalde corrupto de los que abundan en el Perú, y que percibe una cuantiosa dieta: sabe que su obligación moral y administrativa es, erradicar la contaminación acústica que producen en la ciudad los comerciantes. Sin embargo, no lo hace porque es consciente de que, al ingresar en un conflicto contra ellos, pondría en peligro la estabilidad de su cargo. Por el

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contrario, el que no es alcalde, podría aceptar ser educado, debido a que, en él, sea porque aún no es alcalde, o sea porque ya no lo es, en él hay desinterés; y hay desinterés, porque no hay aquella disyunción: sabe que el aceptar valores de contenido universal en pro del medio ambiente, no perjudica a sus conveniencias individuales.

Igualmente, si al carbonero de Ica (depredador de los

huarangales en el Perú), que hace carbón a costa de diezmar los

bosques de huarango, se le coloca en otra alternativa, como es, trabajar como guardabosques, estaría dispuesto a ser educado en medio ambiente, y lo propio se podría esperar del buscador de oro informal de Madre de Dios: éstos, aún no han perdido la capacidad de ver a su propio ego desde la distancia. Lo que primariamente necesitan es, de una autoridad firme que les dé alguna alternativa de subsistencia.

El proceso educativo, aun aplicado a niños –que no son pervertidos–, ha de enfrentarse siempre a ciertas resistencias que ofrece el ego, y ha de imponer cierta disciplina; por ejemplo, la educación nutricional encuentra esta resistencia en el niño habituado a comer golosinas y tomar bebidas gaseosas. Pero el niño sí es educable, porque en él no se da aquella disyuntiva. El pervertido ya no es educable porque ya está formado así, y su estilo de vida lo ve como lo más normal; su conciencia está impermeabilizada frente a toda normatividad que afecte a la mezquindad de su ego. En consecuencia, la única forma de integrarlo a una sociedad de convivencia respetuosa y fraterna es, forjando cambios sociales estructurales y racionalizando la gestión ambiental.

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15. Por qué es que el individuo se muestra refractario ante