3 PREVENCIÓN DEL DETERIORO DE LA CALIDAD DE VIDA Y LA FUNCIÓN DESDE LA
3.4 Educación para la salud 103
La Educación Para la Salud (EPS) es una importante herramienta dentro de la promoción de salud, que representa aquellos conocimientos y prácticas que se trasmiten a la población a través de estrategias de enseñanza-aprendizaje para que las personas, por ellas mismas, puedan voluntaria y conscientemente modificar sus conductas, adoptando aquellas que favorezcan su salud (Rivas y Fernández, 1998).
En los últimos tiempos esta educación para la salud ha ido evolucionando desde enfoques centrados en la enfermedad y en información parcelada sobre ca- da patología en concreto, hacia otro más concentrado en cómo los problemas de salud afectan a la vida del paciente de manera individual y en la manera en que, mediante planes de acción, se pueden aprender las habilidades necesarias para que los pacientes sean capaces de tomar decisiones sobre su propia salud, en co- laboración y coordinación directa con los profesionales sanitarios (Griñán Martínez, 2009).
Se trata entonces de enseñar a los individuos unas capacidades generales pa- ra gestionar su salud, lo que supone aprender a resolver problemas, iniciar nuevos comportamientos, utilizar los recursos comunitarios de forma eficaz y colaborar todo lo posible con el equipo sanitario que los atiende. Por otra parte, también es básico que los pacientes entiendan la importancia de hacerse responsables de la propia salud y de adquirir una mayor autonomía, y que el terapeuta seleccione es- trategias que, además de ayudarlo a adquirir habilidades y destrezas, contribuyan a aumentar su autoeficacia (McGowan et al., 2010).
Para Bodenheimer, Lorig, Holman y Grumbach (2002), otros de los aspectos que debería contemplar este tipo de educación, hacia la que los profesionales de la salud deberíamos ir orientándonos cada vez más, serían:
Enseñar a los pacientes capacidades acerca de cómo afrontar sus problemas.
Reflejar los problemas que identifica el paciente, no tanto los problemas habi- tuales relacionados con una enfermedad en concreto.
Proporcionar habilidades para la resolución de problemas que son relevantes para las consecuencias en general.
Desarrollar en el paciente la confianza en su capacidad para introducir cambios que mejoren su vida y su repercusión sobre la mejora de los resultados clínicos. Las intervenciones educativas realizadas bajo este tipo de premisas han reci- bido diferentes denominaciones como “psicoeducativas”, “educación en la autoges- tión” o “educación terapéutica al paciente”. A lo largo de este trabajo se va a utili- zar la primera de ellas, por ser la más comúnmente empleada en las investigacio- nes con cuidadores informales.
Estas intervenciones psicoeducativas han sido presentadas por Losada et al. (2007), junto con las psicoterapéuticas (se presta una especial atención al desarro- llo y mantenimiento de una relación terapéutica con los cuidadores) y las multi- componentes (se combinan las intervenciones mencionadas con otro tipo, como grupos de apoyo mutuo, etc.), como las que presentan mayores beneficios o las empíricamente validadas. Esto se cumple especialmente si estas, además de exigir una participación activa de los sujetos, se basan en modelos cognitivo- conductuales o en los de estrés y afrontamiento.
3.4.1
EDUCAR DESDE LA FISIOTERAPIA
Acerca de la educación al paciente/cliente realizada desde la Fisioterapia, Aguililla Liñán y Roura Faja (2012) defienden la capacidad de esta para generar un cambio en la concepción del problema por parte del paciente que contribuya a mo- dificar su autoeficacia, creencias, conductas, expectativas y capacidad de afronta- miento. También destacan que “los tratamientos no solo están constituidos por el efecto específico de una técnica, sino que en ellos también intervienen otros aspec- tos subjetivos del paciente como las creencias, las expectativas, el conocimiento
sobre la terapia, aspectos culturales (social learning) y múltiples estímulos senso- riales del entorno que rodea a los pacientes”.
Esta educación para la salud es una de las herramientas clave dentro de las acciones promotoras de salud orientadas por los profesionales de la disciplina (AP- TA, 2014), ya que va a permitir informar, educar y entrenar al paciente/cliente en diversos aspectos relacionados con:
La salud, el bienestar y la aptitud/forma física.
La condición de salud y la patología.
Los déficits en el funcionamiento, las limitaciones en la actividad y/o las res- tricciones en la participación.
Los planes de cuidado.
Las influencias psicosociales en el tratamiento.
Los factores de riesgo ligados a la condición de salud y a la patología, a los dé- ficits en el funcionamiento, las limitaciones en la actividad o las restricciones en la participación.
Las transiciones hacia nuevos roles.
Desde la Fisioterapia esta educación para la salud puede orientarse de una manera tradicional, centrándose en informar sobre aspectos como la reducción del dolor o la mejoría de otras deficiencias (movilidad, control motor, etc.), o desde aproximaciones cognitivo-conductuales que fomenten la adquisición de nuevas conductas que engloben los tres componentes implicados en las experiencias de enseñanza-aprendizaje: el cognitivo, el psicomotor y el actitudinal (López Santos, 2000).
El componente cognoscitivo, es decir, los conocimientos, se fundamentan en la comunicación de información, y, aunque estos no predicen por sí mismos la práctica de hábitos de vida saludables, sí sirven para la toma de conciencia, contri- buyen a las actitudes y creencias y permiten tomar decisiones informadas (Fox, 1991), por ejemplo, respecto a la importancia del cuidado de la propia salud.
El componente psicomotor busca capacitar al individuo para llevar una vida activa en el cuidado de su propia salud (Almond, 1992), es decir, se dirige espe- cialmente al "saber cómo" realizar actividades con este propósito de una manera
más concreta. En nuestra propuesta este componente se ha fundamentado, por ejemplo, en el entrenamiento en una serie de ejercicios de autocuidado específicos.
El componente actitudinal está relacionado con la implicación de los indivi- duos en las actividades, la cual se verá favorecida si estos las perciben como algo satisfactorio y motivante, ya que, si no es así, dejarán de realizarlas o será menos probable que las hagan. Para que la participación sea una experiencia positiva y no negativa o amenazante, autores como Devís y Peiró (1992) recomiendan que se asegure el realizar una variada gama de ejercicios/actividades.
Esta evolución hacia aproximaciones cognitivo-conductuales dentro de los tra- tamientos de fisioterapia ha sido apoyada por profesionales como Hengeveld y Banks (2006) (Figura 25), quienes plantean realizarla a partir de medidas como la participación activa, la comprensión de medidas preventivas, el manejo activo, la realización de ejercicios en el momento oportuno y la confianza en la utilización del cuerpo.
Figura 25. Aproximación unidimensional al tratamiento. Fuente: modificada a partir de Henge- veld y Banks (2006).