1 CUIDADORES INFORMALES: CONTEXTO Y PROBLEMÁTICA 39
1.2 El cuidado informal como causa de estrés 40
Se puede considerar que el estrés, como estímulo, es cualquier circunstancia que, de forma inusual o extraordinaria, requiere del individuo modificaciones en su estilo de vida habitual (Holmes y Rahe, 1967).
Este estrés es quizás el tópico de la Psicología de la Salud que mejor ejem- plifica la integración mente-cuerpo (Bishop, 1994), pudiéndose distinguir dentro de él al eustrés (como constructo agradable y bueno) y al distrés (como constructo destructivo y desagradable) (Selye, 1974).
La atención continuada a una persona dependiente, especialmente si esta tiene demencia, es una situación generadora de estrés (Schulz y Martire, 2004), cuyo impacto parece estar más relacionado con la valoración que de ella realice el
propio cuidador y con los recursos personales que este logre poner en marcha, que con las propias características de la situación (Devi y Almazán, 2002; López y Cres- po, 2007).
Este estrés al que está sometido el cuidador ha sido analizado dentro de en- foques que resultan de la adaptación de la Teoría General del Estrés (Selye, 1974), entre los que nos gustaría destacar el modelo de estrés aplicado al cuidado.
Según el modelo de estrés aplicado al cuidado, propuesto por Pearlin (Pear- lin et al., 1990), el cuidador puede percibir una sensación de estrés cuando se en- frenta a un proceso complejo en el que se interrelacionan a su vez una serie de factores:
-Contextuales: son las características propias de la persona que cuida y de la situa- ción en la que se producen los cuidados, incluyéndose entre ellos los factores so- ciodemográficos/económicos, personales y culturales.
-Estresores: actúan como fuente originaria de estrés para el cuidador. Entre ellos se pueden distinguir los primarios, derivados de la propia tarea de cuidados, y los secundarios, que se desprenden de las evaluaciones que hace el cuidador de las interacciones con otros y con los propios recursos y que pueden a su vez ser gene- rados o empeorados por los primarios. Dentro de los primarios se distinguen a su vez los objetivos, derivados del deterioro del mayor (p. ej., trastornos de conducta del enfermo), y los subjetivos, originados por la atención que el cuidador presta al mayor (p. ej., carga percibida). Dentro de los secundarios se contemplan los estre- sores de rol (p. ej., disminución del tiempo de ocio, conflictos familiares y labora- les, etc.) y los intrapsíquicos, que son esencialmente la pérdida de autoestima y el sentimiento de falta de control (López Martínez, 2005).
-Efectos causados por el cuidado: son las situaciones que derivan del cuidado y que afectan al funcionamiento del organismo, por ejemplo, enfermedades físicas, estados ansiosos, depresivos, etc.
Según el modelo de Pearlin et al. (1990), la respuesta del cuidador a los es- tresores va a estar influida por procesos mediadores, los cuales hacen referencia a las acciones y/o recursos que tienen como finalidad modificar el proceso de estrés,
regulando los estresores y aliviando su impacto sobre la salud de los cuidadores (Tartaglini y Stefani, 2012) (Figura 1).
Figura 1. Modelo de estrés aplicado al cuidado. Fuente: Modificado a partir de López Martínez (2005).
Como percepción relacionada con el estrés, se encuentra la sobrecarga, que constituye una de las variables más importantes y frecuentemente estudiadas den- tro del ámbito del cuidado informal (Méndez, Giraldo, Aguirre-Acevedo y Lopera, 2010; Montorio Cerrato, Fernández de Trocóniz, López López y Sánchez Colodrón, 1998).
Esta sobrecarga percibida por el cuidador ha sido presentada como una acepción multidimensional que procede de varios factores independientes, como la carga física que supone el cuidado, la carga emocional generada, el tiempo dedica- do al cuidado, el sentimiento de proyecto vital interrumpido, etc. (Novak y Guest, 1989).
Montorio Cerrato et al. (1998) comenta cómo a lo largo de las investiga- ciones realizadas en el ámbito del cuidado informal, se ha ido considerando a esta variable desde diferentes posiciones que la han contemplado como estresor, me- diador o como un efecto negativo del cuidado.
En esta investigación, hemos optado por considerar dicha variable, en sus diferentes dimensiones, más próxima a una posición “mediadora”, que la situaría entre el agente estresores (cuidado del familiar) y los efectos últimos que suponen las tareas de cuidado continuado sobre la salud del cuidador (Figura 2).
Figura 2. Sobrecarga percibida por los cuidadores desde una visión como “mediador parcial” de los efectos últimos de cuidar. [Fuente: Elaboración propia de los autores.].
Desde este papel de la sobrecarga como variable más cercana a una po- sición de mediador de tipo parcial, se aceptarían entonces los planteamientos que la presentan como una valoración/apreciación cognitiva y emocional del cuidador ante el cuidado del familiar (agente estresor), de lo que puede seguir- se un mejor o peor ajuste, en función de las habilidades y recursos con los que este cuente (Montorio Cerrato et al., 1998).
Entre otras variables que pueden actuar, ya sea como mediadoras o modu- ladoras, en el ámbito del cuidado informal también cabe destacar las estrategias de afrontamiento (Pearlin et al., 1990; Hooker, Fraizier y Monahan, 1994), la autoefi- cacia (Laserna et al., 1997) y el apoyo social (Molina Linde, Iánez Velasco e Iáñez Velasco, 2005).
Lazarus y Folkman (1986) entienden por estrategias de afrontamiento “aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”.
González-Cabanach (2007) considera que estas estrategias de afrontamiento deben ser consideradas un proceso dinámico, cambiante, dependiente del contexto y del modo concreto en que el individuo evalúa en cada momento lo que ocurre.
Para García-Alberca et al. (2012), estas estrategias constituyen el factor pre- dictor más importante de distrés en los cuidadores, además de un elemento me- diador entre la carga y algunos efectos negativos relacionados con las tareas que tienen que acometer, como, por ejemplo, la sensación de ansiedad o de depresión.
No existe un acuerdo general sobre cómo se deben categorizar estas estrate- gias, aunque, entre las diferentes propuestas realizadas, cabe destacar, por ser una de las más utilizadas en el ámbito del cuidado informal, la distinción clásica de Lazarus y Folkman (1984), que diferencian entre:
Las estrategias centradas en la emoción, dirigidas a reducir y manejar las emociones negativas surgidas de la situación, como, por ejemplo, el apoyo afectivo o la aceptación.
Las estrategias dirigidas a solucionar el problema o hacer algo para modificar la fuente de estrés, como la búsqueda de apoyo informativo o instrumental, el usode la confrontación y la planificación.
Las estrategias centradas en la percepción.
A propósito de estos tres tipos de afrontamiento y otras variables frecuente- mente analizadas en el ámbito del cuidado informal, como la carga subjetiva, Tar- taglini, Ofman y Stefani (2010) han observado que esta última es menor en la me- dida en que el cuidador hace uso de estilos centrados en el problema y/o la emo- ción, y mayor cuando se produce una huida o se evita la situación y/o sus conse- cuencias.
Otra de las tendencias en el estudio de las estrategias del afrontamiento es la defendida por Roger, Jarvis y Najarian (1993), quienes distinguen entre los estilos que clasifican como adaptativos, que incluirían el desapego emocional y racional, y los desadaptativos, con la evitación y el afrontamiento emocional como máximos referentes.
A propósito del uso de este tipo de estilo de afrontamiento entre un grupo de cuidadores informales y otro de formales no profesionales, Aldana y Guarino (2012) comprobaron que ambos utilizaron el afrontamiento racional, seguido del de evitación, pero que los primeros usaron, a diferencia de los segundos, más el de tipo emocional, considerado un patrón perjudicial al estar asociado a un esquema de respuesta neurótica.
Las estrategias del afrontamiento también pueden ser entendidas desde clasi- ficaciones que hacen referencia al modo como se realizan esos esfuerzos, es decir, si se produce un afrontamiento-acercamiento o un escape-evitación. Este último
hace referencia al uso de evasivas que buscan evitar o envolver la situación estre- sante y entre las que se incluirían el distanciamiento mental o conductual, el humor o la negación (Endler y Parker, 1990).
Por su parte, el modelo multidireccional del estrés (Schulz, Gallagher- Thompson, Haley y Czaja, 2000), que también se enmarcaría dentro de la concep- tualización del estrés realizada por Lazarus y Folkman, parte de la valoración que el cuidador realiza de las demandas ambientales, entre las cuales se incluirían las conductas problemáticas de los mayores, los estresores sociales/del ambiente o las limitaciones funcionales.
Si el cuidador evalúa los estresores como amenazadores o se siente sin capa- cidad para afrontarlos, es decir, si se percibe sometido a estrés, desarrollará emo- ciones negativas (p. ej., sobrecarga), las cuales pueden activar respuestas fisiológi- cas o conductuales que, en condiciones mantenidas o extremas, pueden contribuir a la aparición de trastornos emocionales o físicos.
De manera menos frecuente, los estresores pueden ser evaluados como be- nignos/positivos o el cuidador siente que tiene la capacidad de afrontarlos, suce- diéndose entonces emociones positivas (satisfacción en la relación con el enfermo), que pueden impulsar a su vez respuestas fisiológicas o conductuales saludables.