CAPITULO III. Experiencia, Música y Educación: Repensando la formación de
3.2. Educación Tradicional: El hombre, recipiente de información
“El principio de que la educación no es asunto de “contar”
y ser contado sino un principio activo y constructivo, está tan violado en la práctica como reconocido en la teoría” (MW 9: 48). Para dar solución a tales cuestionamientos, es conveniente repasar la estructura sobre la que está basada o fundamentada gran parte de la tradición educativa en Occidente; para
ello, es necesario remitirse una vez más al profesor Dewey, quien en su libro Experiencia y Educación44 (LW 13)realiza una exposición profunda y esclarecedora sobre este tema.
Como primera medida, el filósofo y pedagogo norteamericano señala tres características esenciales que generan el marco general en el cual se establece el método educativo tradicional, a saber:
[1] las materias de enseñanza consisten en conjuntos de información y destrezas que han sido elaborados en el pasado; por consiguiente, el principal quehacer de la escuela es transmitirlos a la nueva generación. [2] En el pasado, han sido también desarrollados modelos y normas de conducta; la educación moral consiste pues en formar hábitos de acción en conformidad con estas reglas y modelos, y [3] la norma general de la organización escolar45 (por la cual entiendo las relaciones de los alumnos entre sí y con los
maestros) hace de la escuela un género de institución esencialmente diferente a otras instituciones sociales [por ejemplo la institución establecida por el ente familiar, los amigos o el noviazgo] (LW 13: 66).
Estas características, desembocan en que el objetivo primario de la tradición educativa sea disponer o preparar al estudiante para asumir diversas responsabilidades futuras que lo lleven a lo que por convención social es catalogado como triunfo profesional y por ende éxito en la vida. Sin embargo, aquí el lector puede preguntarse con justa razón ¿Qué relación tiene tal modelo pedagógico con la educación musical dada en Occidente (específicamente en Colombia)? Pues bien, la manera en la que se sea ha instruido a los artistas (músicos) en universidades o instituciones de educación superior no se encuentra alejada de este marco tradicional, por el contrario, gran parte de sus temáticas y métodos de enseñanza parten de dicho proyecto educativo; es por esto que, a continuación desglosaré a profundidad cada una de las características mencionadas, a fin de relacionarlas de manera directa con los diferentes métodos utilizados para la formación de artistas y evidenciar algunos de los efectos o consecuencias de tal manera de enseñar.
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Es importante mencionar que a través de su vida y obra, John Dewey muestra gran interés por todo lo relacionado a la educación y sistemas pedagógicos de su país natal; a tal punto que, lo concerniente a la enseñanza y formación de niños (especialmente en las escuelas) es tema fundamental para desarrollar su proyecto pedagógico; el cual, se fundamenta en el aprendizaje activo, el aprender haciendo teniendo en cuenta de manera prioritaria el entorno en el cual el niño o estudiante se desarrolla, su legado cultural, entre otros.
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Dicha norma de organización, hace referencia a los horarios, sistema de clasificación, exámenes evaluativos, reglas y normas de orden, seguimiento de un conducto regular etcétera.
La primera característica, hace referencia al material que es enseñado por las diferentes temáticas establecidas en el currículo del programa académico; este material es comúnmente dominado por conceptos o información generados en un espacio-tiempo diferente al que el estudiante como el maestro están viviendo, lo cual, establece un primer conflicto entre lo que se enseña y el desarrollo activo dado por el día a día del estudiante. El problema principal de generar un énfasis exhaustivo en aprender conceptos provenientes del pasado, es que estos se encuentran totalmente alejados de la realidad cotidiana en la cual se desenvuelve y se configura el organismo vivo, el uso de tales conocimientos no es posible manifestarlo en plenitud en el momento presente, debido a que las condiciones históricas, sociales, culturales y políticas en las que se originaron estos conceptos son totalmente diferentes a las que vive y experimenta el aprendiz; la mayoría de tales conceptos se quedan en abstracto o se convierten en mera información que no es aplicable ni comprensible en su totalidad, lo cual, genera que la asimilación de estos conceptos se torne aburrida, engorrosa y tediosa, “¿Cuántos [estudiantes] no llegaron a asociar el proceso de aprender con el fastidio y el cansancio?, ¿Cuántos no encontraron que aprendieron de un modo tan ajeno a las situaciones de la vida exterior a la escuela [universidad] que ésta no les dio poder de control sobre aquellas? (LW 13: 72).
Ahora bien, más allá de establecer una crítica explicita sobre el contenido de las materias o asignaturas, considero que el punto neurálgico sobre este conflicto no se halla en la superficie de cuales temas o conceptos son apropiados para ser instruidos, sino en el cómo son incorporados por el estudiante en su arte y con qué fin se exponen por parte del profesor; dichos conocimientos e información arrojada por la tradición (en este caso la tradición musical) deberían concebirse como un medio que ayuda al alumno a ahondar en la comprensión de sí mismo (su entorno, la forma de concebir su arte, su cuerpo, su intelecto) frente a su quehacer diario:
Como consecuencia de la falta de materiales y ocupaciones que produzcan problemas reales, los problemas de los alumnos no son suyos, o más bien son suyos sólo como
alumnos, no como seres humanos. De aquí la lamentable pérdida que supone lograr la competencia, que se obtiene el tratar los asuntos de la vida fuera de la sala de clase (MW 9:171).
Es importante aclarar que, no existe ningún tipo de distinción entre algún estilo musical que goce de tener en sus materiales teóricos un privilegio para ser considerado más o menos apropiado para ser instruido, y, poder así, motivar al estudiante a desarrollar un carácter reflexivo de sí mismo frente a su quehacer, tanto la música comúnmente denominada académica o clásica, como cualquier otro estilo musical es apropiado y útil
para ser enseñado, “no es la materia per se lo que es educativo o lo que produce el
crecimiento […] no existe nada [estilo musical o asignatura] en sí y por sí que sea un valor
educativo en abstracto” (LW 13: 88), hago esta aclaración, debido a que comúnmente en el marco del sistema educativo tradicional se tiende a creer que aquellos conceptos que son ilustrados dentro de este, encierran la verdad absoluta en relación a la profesión o vocación sobre la que se está orientando al alumno, de tal manera que, el camino o sendero por el que se conduce al estudiante hacia el conocimiento se torna limitado y estrecho. Así mismo, lo expuesto anteriormente no tiene como fin poner en duda la eficacia o eficiencia del educador colombiano por exponer los contenidos teóricos de las diversas asignaturas que comprenden el currículo educativo; por el contrario, se busca hacer un llamado de atención sobre el estudiante, quien de igual manera como el educador es responsable de su proceso formativo, es común ver una actitud pasiva por parte del aprendiz frente a aquellos conocimientos que está adquiriendo en las aulas de clase; esto, sugiere entrar en materia de forma inmediata sobre la segunda característica señalada anteriormente en relación al sistema educativo convencional.
Al observar el interior de tal proyecto educativo, rápidamente se puede evidenciar que en él existen diversas funciones o reglas de conducta que deben cumplir tanto el maestro como el estudiante, de tal manera que definen la estructura o papel característico que ejerce cada uno de ellos dentro del proceso de formación. Esto, se debe a que en el pasado el orden moral que se desarrollaba y definía una comunidad (y por ende la organización del sistema educativo basada en tal modelo comunitario) estableció la necesidad de tener organismos o entes de autoridad que establecían medidas de control con el objetivo de que se preservara el “buen” funcionamiento y orden social, generando así un desequilibrio o desigualdad entre quienes ejercían tal función autoritaria (políticos, padres de familia,
funcionarios eclesiásticos, entre otros) y aquellos que eran sometidos ante las normas creadas por estos entes comunitarios. Es por esto que, considero conveniente mostrar cómo a través del modelo pedagógico convencional se configura la función o roll que desempeña el profesor y del alumno, a fin de exponer de qué forma se evidencia dicha desigualdad y que efecto tiene sobre la formación de nuevos artistas.
La primera particularidad que se encuentra al observar la estructura que caracteriza al estudiante, es que este se concibe como un recipiente vacío que debe ser llenado por información diversa que posiblemente le será de “utilidad” a través de su vida profesional. El problema de considerar al estudiante de esta manera, es que por lo general, se le enseñan conceptos o conocimientos sin tener en cuenta su propio entorno personal o bagaje cultural en el que ha crecido o formado con anterioridad, lo cual, implica una dificultad por parte del alumno por asimilar e incorporar estos conceptos de manera útil e inmediata a su vida; por tal motivo, el estudiante al estar ante la presencia de un mundo intelectual “nuevo” ajeno a su experiencia vital, adopta un carácter que es sinónimo de docilidad, obediencia y receptividad en relación a lo que se le muestra, sin la posibilidad de entablar una correspondencia directa y eficiente entre aquello que le es enseñado y lo que lo configura como organismo vivo:
Cuando los alumnos estudian temas demasiado ajenos a su experiencia, ello no despierta su curiosidad activa ni supera su capacidad de compresión, de modo que los alumnos comienzan a utilizar para los temas escolares [o universitarios] una escala de valores y de realidades que nada tiene que ver con la que se emplean para las cuestiones de la vida que les interesan de verdad. Tienden a volverse intelectualmente irresponsables; no se preguntan por el significado de lo que aprenden, es decir, por la diferencia que separa el significado del resto de sus creencias y acciones (LW 8: 44).
Por otra parte, al revisar el papel del profesor a través del enfoque educativo convencional, se observa que este es concebido como el trasmisor por el cual se pone en contacto directo y efectivo al alumno con el conocimiento, son recipientes llenos de información que deben ser vaciados o comunicadores de destrezas que son utilizadas como medio para imponer normas de conducta que manifiesten la organización social expuesta anteriormente, esta es la razón por la que el maestro adquiere la función de ser una autoridad que refleje su superioridad frente a sus aprendices. Contrario a esto, la función
que le otorga el profesor Dewey al maestro es la de ser el orientador que guía al alumno en busca de diferentes experiencias cercanas a su configuración personal, de tal forma que, le sean de utilidad para solventar las diversas dificultades que se presentan en su diario vivir:
Una responsabilidad primaria de los educadores consiste en que no sólo deben conocer el principio general de la formación de la experiencia por las condiciones del ambiente, sino también, en que deben saber en concreto qué ambientes conducen a experiencias que faciliten en crecimiento. Sobre todo, deben saber cómo utilizar los ambientes físicos y sociales que existen, para extraer de ellos todo lo que poseen para contribuir a fortalecer experiencias que son valiosas (LW 13: 83).
Partiendo de estos hábitos de acción que definen la identidad que adoptan tanto estudiantes como profesores, se construyen diferentes normas de organización propias “que hace de la escuela [universidad] un género de institución esencialmente diferente de
otras instituciones sociales” (LW 13: 66), como la familiar (entre otras), que hacen uso
continuo de la experiencia vital del organismo vivo como medio efectivo de enseñanza. Tales normas de organización es lo que comúnmente conocemos como horarios, reglas de conducta, sistema de clasificación, exámenes y promoción, en otras palabras, aquello que ayuda al desarrollo y culminación de los distintos procesos educativos, los cuales, definen el estándar de calidad del mismo. El real interés sobre estas normas, es evidenciar cómo a través ellas es concebido el estudiante, poniendo en relieve una vez más, la poca utilidad o atención a los factores internos dados en el aprendiz como punto de apoyo para hacer realmente eficaz su proceso de aprendizaje o formación.
En primera instancia, debido a que la mayoría de los conceptos teóricos como técnicos (en el caso de los interpretes) que son instruidos, no están de alguna forma ligados a la experiencia personal del estudiante (teniendo como resultado que sean difíciles de asimilar o incorporar a la práctica diaria), la “mejor” forma que encuentra el sistema educativo convencional para verificar que fueron aprendidos es por medio de la memorización y repetición de ellos, dejando de lado la verdadera utilidad que tales conocimientos puedan tener en el momento presente del alumno46. Es por este motivo que,
46 Aquí, se halla otro punto de quiebre entre la propuesta pedagógica dada por la llamada escuela tradicional y el método educativo brindado por John Dewey, ya que, precisamente para este filósofo de origen
se puede observar con facilidad como años después de haber adquirido tales conceptos, estos sean dados al olvido sin ningún nexo de utilidad, recordando (por parte del estudiante) simplemente la cantidad de esfuerzo y dedicación que tuvo que utilizar para poder solventar las exigencias del profesor:
El “conocimiento”, en el sentido de la información, significa el capital disponible, los recursos indispensables, de la indagación ulterior, de descubrir, o aprender, más cosas. Con frecuencia se le trata como un fin en sí, y entonces el objetivo llega a ser amontonarlo y exponerlo cuando se pide. Este ideal estático, de almacenamiento del conocimiento es enemigo de todo desarrollo educativo (MW 9: 173).
Además de esto, esta manera de evaluación y promoción trae como consecuencia el empobrecimiento de las facultades creativas del organismo vivo y cierta carencia en la formación de un carácter o pensamiento reflexivo en el estudiante, esto se puede reflejar de tres formas diferentes. La primera de ellas es en relación a los intérpretes o instrumentistas, muchas veces el método pedagógico que usan los profesores de esta área para adquirir habilidades técnicas (como velocidad y reacción inmediata) en sus alumnos es por medio de la repetición de ejercicios fisiológicos que con el tiempo vayan creando memoria en los diversos músculos utilizados para dicho fin; el problema de tal forma de enseñar, no es que se desarrollen habilidades técnicas que puedan ser utilizadas como recursos para el desarrollo efectivo de una obra musical, sino que, comúnmente son instruidos sin un propósito diferente al hacer del estudiante un mero ejecutante o “máquina” de tales recursos de forma mecánica, no hay un interés por parte del maestro por incentivar a su aprendiz a conocer su cuerpo, su respiración, la totalidad de su organismo en función de la obra, la calidad de estos ejercicios por lo general está fundamentada en el enorme número de repeticiones y esfuerzo que debe hacer el estudiante para cumplir con la meta trazada.
norteamericano, la aplicación directa o utilidad (en la vida o actividades cotidianas del estudiante) de los conceptos aprendidos en el interior de las aulas de clase, es lo que se denomina el aprender; por el contrario, es habitual que para la tradición pedagógica aprender sea sinónimo del mero desarrollo de habilidades lógicas, que le dan “sentido” y comprensión a los contenidos de la materia que está siendo estudiada. En palabras de Dewey: “Se ha afirmado con frecuencia que una persona aprende meramente por tener las cualidades de las cosas impresas sobre el espíritu a través de la puerta de los sentidos. Habiendo recibido un caudal de impresiones sensoriales, se supone que la asociación, o algún poder de síntesis mental, las combina en ideas, en cosas que tienen sentido. […] Pero, en realidad, lo que proporcionan a la cosa el sentido que la identifica es el uso característico en que se emplea, por sus cualidades específicas” (MW 9: 38).
A la adquisición de destrezas y técnicas aisladas por adiestramiento se opone la adquisición de aquellas como medio de alcanzar fines que interesan directa y vitalmente; a la preparación para un futuro más o menos remoto se opone la máxima utilización de las oportunidades de la vida presentes; a los fines y materiales estáticos se opone el conocimiento de un mundo sometido al cambio (LW 13: 67).
La segunda forma en como este método de repetición y memorización se puede ver reflejado, es a través del quehacer de los estudiantes de composición; para ellos (más que para cualquier otro músico) es importante conocer a la perfección el interior de las diversas estructuras, teorías o elementos de composición utilizados a través de la historia de la música, sin embargo, la enseñanza exhaustiva de estos elementos muchas veces hace que la forma de evaluar las obras de “nuevos” compositores sea a través de la imitación de tales teorías, dejando de lado la creatividad y el libre juego o uso de la imaginación parte de este. Ahora bien, puesto que el intérprete muchas veces es concebido como un mero ejecutante mecánico y el compositor es percibido como un imitador, valdría la pena cuestionarse sobre, ¿Dónde se encuentra el carácter creativo de cada uno de ellos, teniendo en cuenta que el arte en su esencia es sinónimo de inventiva o creación?, ¿Realmente los proyectos educativos basados en la tradición incentivan el surgimiento de nuevas obras artísticas, o por el contrario en el interior de estos se halla un método anti creativo?.
En tercer lugar, en consecuencia de evaluar al estudiante por medio de la memorización y repetición, el aprendiz carece de un sentido crítico en el que se pueda observar su pensamiento, sus ideas; se le enseñan conceptos sin la posibilidad de cuestionarlos de tal forma que inciten a la reflexión sobre sí mismos, en analogía con el lenguaje, se le muestra o instruye sobre el abecedario, las palabras para realizar un discurso, pero no se le ilustra sobre como reflexionar sobre el discurso, como desarrollar a través de él un carácter crítico, teniendo en cuenta su propia experiencia o forma de percibir lo aprendido, “¿Cuántos [estudiantes] no adquirieron capacidades especiales por medio de un adiestramiento automático de suerte que quedó limitada su facultad de juzgar y su
capacidad de actuar inteligentemente en las situaciones nuevas?” (LW 13: 72).
A raíz de todo esto, se tiende a creer o considerar que el alumno que se sale de tal estructura o canon educativo, no posee las habilidades o capacidades para formarse y
desenvolverse de manera adecuada en un medio profesional, quizá cuenta con algún tipo de
limitación que impide su desarrollo “eficaz”, no es apto para ser instruido puesto que no
encaja en lo “normal” del modelo pedagógico, por tal razón, se le rechaza o excluye de la
formación educativa sin tener en cuenta o conocer a fondo sus habilidades y destrezas. Por último, en relación al proyecto formativo convencional, la técnica o procedimiento que es utilizado para evaluar y promover a sus aprendices, es por medio de un estándar cuantitativo, que establece diversos rangos que demuestran si el estudiante aprendió los conceptos instruidos y por ende es apto o no para continuar con el siguiente nivel o categoría del conocimiento; esta táctica de evaluación sugiere que el alumno sea considerado o identificado con un signo numérico, haciendo que el objetivo primordial de tal sistema educativo no sea el incentivar al estudiante al uso práctico y diario de aquello que se instruye, sino por el contrario, se le motive a alcanzar el digito o número ideal que