3. OBESIDAD, SISTEMA INMUNE Y ESTRÉS OXIDATIVO
4.2. Papel de los ácidos grasos en la obesidad y enfermedades asociadas
4.2.3. Efecto de los ácidos grasos poliinsaturados
La atención sobre los AGPI n-3 se ha incrementado por sus efectos positivos sobre la respuesta inmunológica, el cáncer, las ECV y en el equilibrio del peso corporal (Rodrigo y col., 2008; González-Acevedo y col., 2013).Este efecto positivo de los AGPI n-3 se ha demostrado en diferentes modelos (celulares y animales), así como también en estudios epidemiológicos y clínicos (Browning y col., 2007; Newens y col., 2011).
Los AGPI n-3 pueden frenar el aumento de peso y reducir la grasa corporal en roedores, especialmente la grasa visceral (Buckley y Howe 2010). El efecto anti-obesidad de los AGPI involucra también la regulación de la leptina y la adiponectina (Ohashi y col., 2004; Ahn y col., 2006). También la suplementación con AGPI n-3 aumenta la pérdida de peso en mujeres obesas (Kunesova y col., 2006). En hombres jóvenes con sobrepeso, se ha demostrado que los AGPI n-3 producen una mayor pérdida de peso que en el grupo control después de 4 semanas, pero no se han visto efectos sobre la distribución de la grasa y las medidas antropométricas (Thorsdottir y col., 2007). Por el contrario, en otro estudio no se observó ningún cambio significativo en la composición corporal en pacientes con dieta suplementada con AGPI n-3 (Titos y Clària, 2013).
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Los resultados de los estudios epidemiológicos y de intervención indican que el consumo de AGPI n-3 puede afectar positivamente a la salud cardiovascular (Mozaffarian y col., 2013; Li y col., 2013). En un metaanálisis se concluyó que el consumo de 20 g/d de pescado reducía el riesgo de muerte por cardiopatía isquémica en un 7% (Sekikawa y col., 2008). También el consumo dos veces por semana de pescado graso disminuyóla mortalidad total un 29% en dos años, con una reducción del 33% de muerte por ECV (Chiuve y col., 2012). Los datos obtenidos en la población japonesa, que tiene una dieta rica en pescado, demuestran una menor incidencia de infarto de miocardio, otras enfermedades isquémicas cardiacas y ateroesclerosis (Kinjo y col., 1999). Se ha descrito que los AGPI n-3 reducen las concentraciones de moléculas quimioatrayentes/quimioatractores y factores de crecimiento, y la producción de moléculas de adhesión, lo que puede favorecer una reducción en la migración de leucocitos y células de músculo liso vascular en la capa íntima de la pared vascular y retrasar el proceso ateroesclerótico (Wallace y col., 1995; Miles y col., 2001).
Los efectos positivos de los AGPI n-3 en relación a las ECV al principio se centraron en el contenido de EPA, aunque después se asociaron estos efectos también al DHA (Haag 2003; Singhal y col., 2013).
De hecho, se ha observado que el DHA disminuye significativamente la expresión de ICAM-1, VCAM-1 y E-selectina en humanos (De Caterina y Libby, 1996; Valenzuela y col., 2011; Kromhout y col., 2012). También se ha demostrado que la suplementación con 4 g/d de AGPI n-3 reduce los valores de fibrinógeno (Knapp 1997). En cuanto al mecanismo de acción, intervendrían los lípidos reguladores que se forman a partir de los AGPI, como los tromboxanos, que pueden afectar a la formación de trombos (Linder 1991).
La reducción de los TG generada por el consumo de AGPI n-3 es uno de los efectos evidentes tanto en humanos como en animales (Manerba y col., 2010; Dessì y col., 2013). Se ha observado que el consumo de cantidades considerables de pescado puede disminuir los niveles de TG en sujetos sanos y en hiperlipidémicos (Visioli y col., 2000). Más recientemente, se ha encontrado que una ingesta de 3-4 g/d de EPA+DHA es capaz de reducir las cifras de TG entre un 25 y un 35% (Ros y col., 2015).
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Con respecto al efecto de los AGPI n-3 sobre el colesterol total, un estudio realizado en humanos demostró que la suplementación con 4g/d de EPA+DHA permite reducir los niveles plasmáticos de cVLDL e incrementar los niveles de cHDL (Woodman y col., 2002). Los efectos de los AGPI n-3 en pacientes hipertensos han sido estudiados en varios ensayos clínicos y su consumo tiene un discreto efecto antihipertensivo (Kriketos y col., 2001; Holmy col., 2001; Geleijnse y col., 2002). Se ha demostrado que una ingesta de 3-4g/d de EPA+DHA reduce tanto la tensión sistólica como la diastólica (Kriketos y col., 2001; Holm y col., 2001).
La reducción de los TG, el aumento del cHDL y la reducción de la inflamación vascular favorecela disminución en la tensión arterial (Leaf y col., 2005). Existen evidencias de que los AGPI n-3 pueden estimular la producción endotelial de ON que reduce la tensión arterial y la activación endotelial (Carrero y col., 2005; Adkins y Kelley, 2010).
El efecto que los AGPI n-3 producen sobre la glucemia (Nasiff-Hadad y Meriño-Ibarra 2003) se ha evaluado en diabéticos en múltiples investigaciones. Tanto la cantidad como el tipo de grasa consumido pueden modificar el metabolismo de la glucosa y la insulina (Louheranta y col., 2002). Se ha señalado que la ingesta de AGPI disminuye el riesgo de padecer DM2 a través de diferentes mecanismos, incluida la protección de las células beta pancreáticas del daño causado por el aumento de RL producidos durante la diabetes (Salmerón y col., 2001; Suresh y Das 2003). Los estudios epidemiológicos realizados en esquimales han mostrado una menor prevalencia de DM2 en este grupo poblacional debido a su alto consumo habitual de AGPI n-3, que es alrededor de 14 g/d (Feskens y Kromhout 1993). No obstante, en otros estudios no se han encontrado efectos del consumo de los AGPI sobre la DM2 (Woodman y col., 2002); sin embargo, aún existe controversia con respecto a los efectos beneficiosos de los AGPI en la DM2 (Rodríguez-Cruz y col., 2005).
Los resultados del efecto de los AGPI n-3 sobre el sistema inmune han sido contradictorios (Yaqoob 2003). El efecto puede variar dependiendo de las dosis utilizadas y de la duración de la suplementación (Mesa y col., 2007). La causa del efecto antiinflamatorio de los AGPI n-3 es, probablemente, la propia estructura de estas moléculas. Diferentes investigaciones han llegado a la conclusión de que un doble enlace es el mínimo necesario, pero suficiente, para que los AGPI n-3 inhiban la actividad inflamatoria del endotelio (De
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Caterina y col., 1998). También se ha demostrado que la actividad anti-inflamatoria de los AGPI n-3 está relacionada con la presencia o ausencia de dobles enlaces en su molécula másque con el tipo de insaturación (De Caterina y col., 1998). No obstante, todavía quedan muchas preguntas sobre los mecanismos involucrados en el efecto antiinflamatorio de los AGPI n-3 (Lopez y Macaya 2006). Algunos estudios muestran que la proliferación de los linfocitos se ve reducida en respuesta a niveles relativamente altos de AGPI n-3 (Calder y col., 2002).
La suplementación con 4,9 g/d de DHA durante 4 semanas previene la activación de algunos parámetros de linfocitos T en humanos sanos, efecto que no se observó cuando los individuos fueron suplementados con EPA (Kew y col., 2004). La proliferación de linfocitos B y T, aislados del bazo, estimulada por los mitógenos ConA y LPS es notablemente menor en animales de laboratorio alimentados con aceite de pescado comparado con dietas basadas en manteca de cerdo, aceite de maíz, coco, azafrán o linaza (Alexander y Smythe, 1988).
Además, se ha demostrado que los AGPI n-3 afectan considerablemente a la actividad de las células NK; así, una inyección intravenosa de EPA en sujetos sanos anula la respuesta de las mismas durante 24 horas (Jeffery y col., 1996).
Se ha demostrado en diversos estudios ciertos efectos beneficiosos del aceite de pescado en la enfermedad inflamatoria intestinal y la artritis reumatoide, así como una menor incidencia de enfermedades inflamatorias intestinales en poblaciones japonesas y esquimales, debido a la ingesta de los AGPI n-3 procedentes del pescado (Mesa y col., 2007). Los efectos beneficiosos de los AGPI n-3 también se han demostrado en modelos animales con enfermedad inflamatoria intestinal (Calder 2009a). Estos aceites de pescado incorporan el n-3 en la mucosa intestinal de los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal (Calder 2009b). La artritis reumatoide se caracteriza por una marcada inflamación y destrucción progresiva de las articulaciones, donde las citoquinas liberadas por linfocitos T activos tienen un papel importante en los procesos inflamatorios asociados a esta enfermedad (Uchiyama y col., 2010; Parameswaran and Patial, 2010). Varios estudios realizados en humanos y animales han demostrado que la suplementación con AGPI n-3 reduce significativamente los niveles séricos de IL-1, IL-2, IL-6 e IL-8, así como del TNF-α (Scott y col., 2010; Caughey y col., 2010;
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Bahadori y col., 2010), mejorando los síntomas de estas dos patologías (enfermedad inflamatoria intestinal y la artritis reumatoide).
También se están estudiando los efectos beneficiosos de los AGPI n-3 en el desarrollo del cáncer, que es un área de gran interés. Se ha observado en estudios en ratones y en cultivos celulares que las dietas que contienen EPA+DHA retrasan tanto el crecimiento como la metástasis de los tumores en células mamarias (Peet 2004; Cavazos y col., 2011).
En un estudio en ratas con cáncer de colon, se demostró que los AGPI n-3 bloquean la formación de tumores, mediante el aumento de la diferenciación celular y la apoptosis en las primeras etapas de formación del tumor, aunque las evidencias en humanos no son tan claras (Yam y col., 2001; Sala-Vila y Calder 2011; Gerber 2012). Una ingesta relativamente elevada de AGPI n-3 podría inhibir, al menos en parte, los procesos apoptóticos en las células tumorales, impidiendo su crecimiento (Hardman 2004). El TNF-α tiene un rol importante en el desarrollo de caquexia en pacientes con cáncer y la suplementación dietaría con EPA+DHA puede reducir su producción y sus efectos (Szymanski y col., 2010; Lima-Salgado y col., 2011), pero no se conocen exactamente los mecanismos bioquímicos por los cuales los AGPI n-3 inhiben el desarrollo celular en algunos tumores (Rodríguez-Cruz y col., 2005).
También se ha observado un efecto neuroprotector de los AGPI n-3 en estudios in vitro realizados en humanos, en animales y en modelos celulares (Lauritzen y col., 2000; Mozaffarian y col., 2003; Högyes y col., 2003). In vitro, los AGPI n-3 han demostrado ser capaces de prevenir la acumulación neuronal de calcio, bloqueando una señal que puede desencadenar una cascada de eventos celulares que provoca lesión y apoptosis neuronal (Lim y col., 2005). Durante el desarrollo fetal e infantil, los AGPI n-3 tienen un papel fundamental en el desarrollo del cerebro, el sistema nervioso, la retina y el crecimiento (Cetin y Koletzko 2008; Helland y col., 2008). En un estudio realizado en ratas alimentadas con una dieta pobre en DHA, se observaron trastornos de aprendizaje y de la función cognitiva, efectos que revierten al suplementar con este AGPI n-3 (Wu y col., 2004). Además, se ha asociado la ingesta frecuente de pescado a una reducción del riesgo de depresión. Así, en un estudio llevado a cabo en 23 países, el consumo de pescado mostró una correlación negativa con las tasas de depresión posparto (Bodnar y Wisner 2005).