En el libro de Carolina Myss, “Anatomía del espíritu”, nos damos cuenta del funcionamiento de todos los procesos del cuerpo, y hasta que punto es importante lo que pensamos, sentimos y pronunciamos.
Todo lo que pensamos, sentimos, pronunciamos o gritamos tiene un valor que se mezcla con el mar de energías que somos. Viaja a través de nuestros órganos, se filtra a la red de canales y meridianos y crea un sentimiento, una emoción que los obstruye o los libera. Esta información se codifica y ocupa un espacio, flota o se plasma para generar una respuesta. Lo que decimos o lo que no decimos tiene un valor, un punto de partida y un punto de llegada.
Lo que pensamos o sentimos en este momento, es una creación, porque el mundo está hecho de ideas, los sonidos, las palabras, las frases y las expresiones generan emociones, sentimientos o sensaciones; por ejemplo; “Siento mucho frío” o “Estoy enfadada” o “Estoy agradecida”. Si hubiese alguien que detectase nuestro cuerpo en ese momento, detectaría lo que estamos pensando, recibiría lo que estamos mandando y
descubriría dentro de nosotros el porqué de lo que sentimos.
El poder leer un cuerpo humano es algo de naturaleza totalmente cuántica porque nos da a entender que todo lo que consideramos íntimo y privado, está al alcance de cualquier mirada intuitiva y que es información disponible para las personas clarividentes. Esta es otra de las razones de que somos el Uno y de aquí se desprende la frase “Todos somos uno”. Si esto no fuera cierto ¿Cómo puede tu mundo interior ser descargado a través de otra mente humana?
Lamentablemente esta es una facultad que los humanos hemos perdido, pero estamos en vías de recuperarla. De hecho lo estamos haciendo cuando tomamos conciencia de estas cosas. También lo estamos haciendo cuando recuperamos nuestro poder interior que nace del amor a nosotros mismos por medio de las cuatro energías que sanan.
Por eso, cuando decimos “Lo siento”, nos devuelve la perdida sensación de unidad que viaja por nuestra piel, que es el órgano más grande que poseemos y de esta manera nos hacemos más sensibles ante las vivencias de las demás personas, nos hace más desapegados de los
Al decir “Perdón”, su sonido hace eco en órganos tan importantes como el páncreas o el colon y si poseyéramos la facultad de leer nuestro cuerpo, podríamos ver escaleras apoyadas en el hígado y pequeñas células subiendo los peldaños trasladando baldes repletos de nutrientes. Entonces nos sería más sencillo perdonarnos por no ser lo suficientemente algo o por no ser la persona que todas esperan, por haber fallado o por no haber hecho, etc….Quizás podríamos perdonarnos para que la vida de las personas que amamos fuese más fácil.
Dice el Dr. Len: No le dices a la Divinidad “Por favor, perdóname porque ella necesite oírlo; lo dices porque tú necesitas oírlo”.
Al decir “Gracias”, ya estamos entrando en contacto con el corazón y estamos permitiendo que la sangre corra por las venas y las arterias sin obstáculos en su camino y en ese acto desprendido es posible que sintamos que la sangre se convierte en luz, que nuestra hipertensión o nuestros malestares cardíacos sean nuestros aliados y no nuestros enemigos. Que aquello que más nos entristece es un regalo que la vida nos dio para mejorar y que sólo sentimos gratitud por estar aquí y ahora, con la vida.
La gratitud recarga el cuerpo de energía, nos ahorra horas de sueño, de pereza, de letargo, de auto crítica. También nos conecta con la Fuente y sobre todo nos saca de cualquier situación en la que sentimos que no hay salida. Si confiáramos lo suficiente en nosotros, es probable que pudiéramos ver centenares o miles de células con palas y máquinas sanando las grandes avenidas, los carriles de nuestra red energética de meridianos y de nadis. La gratitud transmuta las guerras de nuestra mente en amor por nosotros y por tanto de los demás.
Hay situaciones en las que decir la última energía, Te amo, no es fácil de pronunciar. Hay personas que no saben lo que es amarse y les cuesta mucho decir esas palabras a sí misma. “Si
yo no siento que me amo ¿Cómo puedo pronunciar esta energía?” La verdad es que no
importa. Al principio puede parecer una tontería pronunciar un “Te amo”. Pero lo importante es decirlo. Hay algunas personas que paran de hacer las cuatro energías, y otras, pese a sus pensamientos confusos, continúan. Si es tu caso, no dejes que esta duda te afecte porque el sonido también cuenta. La frase trae su propia vibración y siempre llega al lugar que nuestro
el sonido más sanador del Universo y si llega a nosotros no debemos dejarlo ir. Esta frase se pronuncia con total desapego y si se puede con aprecio y si es con un bello sentimiento mucho mejor. Esta frase cubre nuestro cuerpo y viaja a través de los pulmones, desatascando nuestra respiración. Recorre los riñones transmutando los miedos y quizás sientas que millones de células alegres le dan vitaminas a las células tristes de tu sistema inmune, quizás entonces sientas que por primera vez estas viviendo y que por lo mismo es la primera vez que te estas alimentando. Las palabras que duelen, las frases de odio y los pensamientos no observados tienen un efecto contrario, generalmente destruyen, lastiman, duelen y hacen a nuestro Ser más pequeño.
No somos culpables de pronunciar las cuatro energías, tan solo somos responsables de sentirlas.