David J Greenwood
4. Los Efectos Sociales del Turismo
Las diferentes fases del desarrollo del turismo han afectado al municipio en diversos campos: en el ritmo de vida, en las características físicas y arquitectónicas, lo mismo que en la vida social en general.
Los efectos de los aristocráticos residentes veraniegos del siglo XIX fueron aparentemente mínimos en la población. Eran tan pocas las personas que participaban en él, que los forasteros no interrumpían el normal patrón de vida del pueblo. De hecho, la única evidencia digna de notar es la repetición de la palabra «veraneante» («gente de verano») que
97 aparece en documentos de este período en los archivos municipales. Formaban una categoría aparte y tenían una denominación propia.
Grandes e importantes cambios empezaron a tener lugar durante el período del crecimiento espontáneo del turismo de masas. El ritmo de vida se alteró por completo en Fuenterrabía. Los ciclos de trabajo de huerta y faenas de pesca fueron reemplazados por el frenesí de los meses de julio y agosto, seguidos por diez meses de preparación gradual para la reaparición de los turistas. El ciclo anual empezó a girar alrededor de los meses estivales como no había ocurrido antes.
El turismo tuvo también un gran efecto respecto a la arquitectura y construcción. Además de la renovación de las calles y el castillo de Carlos V como parador; parte de la restauración fue hecha con miras a su uso en los festivales y exhibiciones de artistas locales y provinciales. Se hizo propaganda de la belleza de Fuenterrabía mediante la distribución de antiguos y modernos grabados de la ciudad. Al mismo tiempo aumentó la construcción de bares, hoteles, restaurantes y tiendas en el barrio de la Marina, y el bulevar central, con su arbolado dosel y nuevo pavimento, quedó establecido como el «paseo» oficial. El dique para controlar la desembocadura del Bidasoa fue levantado con ayuda estatal; sin embargo, en esta época no se impuso un estricto control en la construcción, y esto dio lugar a la edificación de algunas obras de mal gusto.
En las áreas rurales se mejoraron las carreteras y empezó la construcción de villas nuevas, después de derribar, en muchos casos, caseríos antiguos. Una gran mayoría de los caseríos restantes fueron remozados por los mismos caseros y se empezaron a ver por todos sitios vehículos motorizados y maquinaria agrícola.
Económicamente, los efectos fueron enormes, y Fuenterrabía empezó a prosperar en todos los sectores de su economía. Los artesanos se beneficiaron con la bonanza de la construcción, y los caseros y pescadores ganaron en abundancia con la venta de sus productos a los turistas y a los restaurantes y hoteles que los alojan. Durante el verano, todas las actividades económicas del municipio estaban orientadas a la demanda turística, y, como consecuencia de esta comercialización y dependencia en
98 el turismo, la economía municipal se encontró en una relación mucho más estrecha con los ciclos de negocios nacionales e internacionales de lo que había estado nunca. Los problemas de balanza de pagos, acuerdos, inflación y cambio de divisas empezaron a afectar a la gente de Fuenterrabía inmediata y directamente.
De manera igualmente importante fue afectada la organización social. Las diferencias sociales aumentaron con el desarrollo económico, ya que aparece un número mayor de ocupaciones y, dentro de ellas, un mayor margen de afluencia. Empezó a perfilarse una identificación de clase no relacionada con la ocupación profesional, de manera que un próspero casero, un carpintero o un capitán de pesca pudieran considerarse a sí mismos como miembros de una misma clase media y tener un semejante tren de vida.
Paralelamente, los antiguos lazos de cooperación y mutua ayuda entre las familias empezaron a desaparecer, ya que la mayoría de las familias tenían la suficiente fuerza económica para valerse por sí mismas sin tener que incurrir en obligaciones con los vecinos. Además, la gente entró en un ciclo de competición relativa al ritmo de consumición ostentosa; por ejemplo, en la renovación de la casa, en la compra de electrodomésticos y maquinaria, y en mandar a los hijos a seguir estudios más avanzados que el mero bachillerato.
Las actividades del Ayuntamiento en la reconstrucción del casco antiguo y en referencia con todos los permisos de construcción terminaron en la quiebra de las tensas relaciones que ya había entre las autoridades locales y la gente de Fuenterrabía. Se recrudecieron las mutuas acusaciones y los vecinos empezaron a considerar enemigos a los del Ayuntamiento.
Otros procesos, asociados por lo general con la comercialización, empezaron a despuntar. El número de hijos empezó a declinar entre los matrimonios nuevos y la gente empezó a casarse más joven, a la vez que las familias cobraron más movilidad. Con el cambio de los ideales de confort y modo de vida, aumentaron los conflictos intergeneracionales, y
99 al subir el valor de los pequeños negocios familiares surgieron verdaderos litigios por el control de la herencia familiar.
El presente período de masiva intervención del Gobierno en los asuntos del turismo no ha interrumpido los cambios sociales descritos, sino que ha añadido nuevas dimensiones al proceso. Se puede decir que los problemas se han intensificado con el paso del tiempo y con la total dedicación a la industria del turismo.
Tomemos por caso la total invasión de turistas que se produce en los festivales, regatas y espectáculos promovidos por el gobierno municipal. En un buen día de regatas se lanzan a Fuenterrabía otras 5.000 personas más.
La intervención del Gobierno central hace que haya un cumplimiento estricto de las leyes de zona, pero eso refuerza la autoridad del Ayuntamiento respecto al control de la construcción. Y aún más, las enormes inversiones del Gobierno en aeropuerto, carreteras y servicio de ferrocarriles han puesto a Fuenterrabía al alcance de mucha gente, de manera que no lo hubiera conseguido la iniciativa privada local independientemente.
Como resultado positivo de esta intervención, el casco antiguo es uno de los lugares de interés con sus calles nuevas y atractivas, lo mismo que la Marina. Todos los bares, restaurantes y hoteles han sido clasificados y controlados bajo la inspección del Ministerio de Información y Turismo.
El Country Club se ha apropiado de más de la mitad de los terrenos de la zona rural más extensa. La empresa compró más de quince caseríos en menos de un año. Esto no es nuevo. Entre 1920 y 1968 el número de caseríos bajó de 256 a 168, y desde entonces el número se ha reducido a 60. A la par de esto, el número de villas ha aumentado de 30 a 250. La huerta es hoy día un negocio comercial, próspero y en vías de desaparición (GREEN-WOOD,1976).9
9 Un extenso análisis de la rentabilidad del turismo en el área de la economía agrícola ha sido presentado en Greenwood (1976).
100 La aparición del Country Club señala en la localidad la emergencia de una clase media no aristocrática que representa una vida cómoda de la cual son exponentes los coches, el dinero, los trajes elegantes y todo tipo de actividades recreativas. Los miembros pertenecen a una gran variedad de ocupaciones: comerciantes, médicos, notarios, abogados, periodistas, contratistas de la construcción, artistas, escritores, etc. El poder político del municipio se centra cada día más en este grupo y sus socios de fuera. La batalla sobre los planes del futuro de Fuenterrabía está en manos de esta nueva facción, por un lado, y de los caseros y pescadores, por otro, con clara ventaja a favor de los primeros.
El evaluar los efectos generales de cualquier actividad de desarrollo económico presenta dificultades notables. Voy a orientar mi análisis con miras a especificar más concretamente algunas de las características peculiares del turismo como agente de cambios. El polo de atención se centra en los caseros, pescadores y artesanos, cuyas actividades existían antes de la explosión turística.
La característica más importante del turismo parece ser la de que estimula el desarrollo económico, y lo hace a un ritmo acelerado. Más aún, está superimpuesto en estructuras sociales y económicas preexistentes de manera diferente a como opera la industrialización, ya que los beneficiarios no tienen que dejar su casa y emigrar a las ciudades para participar en él. El turismo viene a la comunidad, y esto permite presenciar los efectos del ritmo acelerado de desarrollo en las relaciones sociales de la comunidad, ritmo que no evoluciona necesariamente en respuesta al fenómeno de desarrollo en sí.
Económicamente, el turismo ha significado una variedad de mejoras para la gente de Fuenterrabía. Desde 1950 el nivel de vida ha subido de manera constante. Muchos tienen cuenta en la Caja de Ahorros, han modernizado o reconstruido casas, y cada año se notan las ganancias que deja el turismo.
Pero esta subida de nivel de vida tiene sus desventajas. En primer lugar, depende casi completamente de las condiciones económicas nacionales e internacionales. Una subida de precios debida a la inflación
101 en la economía de España puede hacer que los turistas que buscan modestos lugares de vacaciones elijan los pueblos de Portugal o Yugoslavia. Ya no son los mismos tiempos cuando, como ocurrió durante la guerra civil y la segunda guerra mundial, Fuenterrabía pudo replegarse en sí misma y valerse de sí para su subsistencia. La gente depende ahora de ciclos sobre los que no tiene ningún control.
Por otro lado, una baja de turismo puede ocurrir de manera tan abrupta como surgió. El País Vasco ha gozado de gran popularidad turística en estos años, pero esto no es garantía de que vaya a continuar. El turismo es una industria en la cual las modas y el afán de buscar algo nuevo y distinto juegan un papel importantísimo. Si los turistas deciden instalarse en Galicia o en Asturias, el patrón de desarrollo constante en Fuenterrabía sufrirá una alteración. Los caseros se dan cuenta de esto, y en los meses de primavera cavilan y hablan sobre las probabilidades del retorno de los turistas. Todos los años hay un ambiente de duda genuina a pesar del hecho de que hasta la fecha ha sido siempre disipada para bien.
Uno de los problemas que ha ocasionado el turismo, y que es peculiar de Fuenterrabía, es el de que, a la par que las ganancias de los caseros han alcanzado el nivel más alto que se recuerda, la despoblación rural ha aumentado a pasos acelerados. El incremento de ganancias no se ha traducido en un incremento de la producción y el sistema usual de incentivos del mercado no se sigue aquí (GREENWOOD,1976).
Dentro del grupo doméstico, el desarrollo económico ha traído relativa abundancia en la forma de electrodomésticos, maquinaria, mayor movilidad por medio del automóvil, y un cese de las tensiones generales que produce la falta de recursos. Los solterones de la familia, que por lo general quedaban en un papel de subordinados en los caseríos heredados por uno de los hermanos, tienen ahora un módico de independencia y respeto conseguido con las oportunidades de trabajo y ganancias que hay fuera del caserío.10
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Esta discusión se refería al trabajo de granjas, pero aparentemente se puede aplicar también a la herencia de pequeños negocios. Serían necesarios más datos para defender esto.
102 Por otra parte, la subida del valor de los negocios ha creado rencillas familiares que traen a menudo consecuencias desastrosas. El derecho consuetudinario de Fuenterrabía requiere que el caserío 3 pase indiviso de generación en generación. Los padres eligen un heredero y el resto de los hijos deben dejar el caserío, aunque las hijas reciben una dote y los varones una suma de dinero o algún entrenamiento profesional para empezar algo por sí mismos. Si alguno de los descendientes decide quedarse en casa, no puede traer familia y tiene que quedar supeditado al heredero del caserío. El Código Civil español, por otra parte, ordena una distribución equitativa entre todos los hijos. En el pasado, las familias se las arreglaron para hacer acuerdos privados entre los hijos, de manera que la participación quedara como de acuerdo con la ley. Sin embargo, ahora que el valor de las propiedades ha subido y el dinero puede ser invertido en algún negocio, muchos hijos rehúsan la elección de heredero único y demandan la división de la propiedad, lo que desemboca a menudo en largos litigios.
Dadas las oportunidades de trabajo en industria, con horarios limitados y menos responsabilidades, también les resulta difícil a los padres convencer a un heredero de que se haga cargo del caserío. De los 168 caseríos que quedaban en 1968, sólo uno tenía asegurado heredero para continuar el negocio de la huerta a la generación siguiente. Y aun en este caso la posibilidad de encontrar una mujer que quiera vivir en el campo es muy remota. No sé si existe este mismo problema para las familias de los pescadores y artesanos.
Con la mayor afluencia han cambiado también las relaciones sociales. El núcleo doméstico es capaz de valerse por sí mismo con más independencia que antes, y el empleo de aparatos electrodomésticos y los ingresos continuos les permiten evitar lazos de mutua dependencia y reciprocidad. Todo ayuda a proveer a la gente de un mayor grado de independencia, calidad altamente estimada.
El reverso de la independencia es el aislamiento. Los grupos familiares están ahora más aislados socialmente que en el pasado. Sin los lazos de antaño, las interacciones son infrecuentes y, a menudo, sólo
103 superficiales. Aunque la competencia existió siempre, las familias llevan ahora la carrera de consumisión y adquisición a verdaderos extremos. La compra de un televisor, de una máquina o un coche se convierte en casi un desafío para el vecino, que se ve forzado a hacer lo mismo cuanto antes. En las zonas rurales esta competencia les ha llevado a adquirir más segadoras y arados mecánicos de los que verdaderamente necesitan para su terreno.
El fenómeno tiene consecuencias más graves para los caseros, pescadores y comerciantes, que se ven amenazados por las inversiones de forasteros en la economía local. Aunque esta amenaza es claramente visible para todos, la competición y aislamiento a que se han sometido les impide juntarse para obtener ayuda legal, formar cooperativas o abogar por su causa con las autoridades de fuera. Esto es digno de resaltarse, ya que antes esta era zona en que la ayuda mutua y la cooperación o lazos de vecindad eran cosa común, y ha pasado en estos tiempos a un individualismo independiente.
Desde el punto de vista de los ondarribitarras, los cambios económicos ocasionados por el turismo han modificado el patrón de estratificación social. La nueva afluencia puede significar una subida en la escala social para los hijos de pescadores, caseros y artesanos por medio de la educación e instrucción que pueden adquirir con su dinero. Las filas de la clase media de Fuenterrabía han aumentado, y a ellas se suman ahora casi todas las categorías profesionales y ocupacionales. Además, la distinción de clases dentro de categorías específicas se ha ampliado, dando lugar a una clase media y a una baja clase media de caseros, pescadores y comerciantes. El desenvolvimiento de estas distinciones sociales ha debilitado a las diferentes categorías y les impide organizarse para formar frente común ante la invasión de forasteros que van ganando progresivo control de la economía local.
El desarrollo total del turismo en Fuenterrabía sugiere una secuencia de fases, lo cual plantea ciertas cuestiones sobre las posibles contradicciones que lleva el turismo como industria y como fuente de desarrollo económico.
104 Durante el periodo del turismo aristócrata no se percibieron notables efectos en el crecimiento económico de la localidad. Durante el periodo inicial del turismo de masas, a partir de 1950, la respuesta se halla, en gran medida, en términos de iniciativa e inversiones locales que aportaron sustanciales ganancias económicas. Sin embargo, la relación entre el desarrollo del turismo y la economía local sufrió un gran cambio. Se introdujeron accionistas del gobierno y agentes de fuera, y, aunque la industria sigue creciendo, la participación en el reparto de ganancias entre los habitantes de la localidad ha disminuido rápidamente. La pérdida del control local que se viene efectuando desde 1965 sobre la industria ha desembocado en el abandono de la agricultura, con el éxodo rural y la competición de productos de fuera. Ha declinado la industria de la pesca e incluso ha habido un deterioro de la situación para los artesanos locales, que se ven en competición con grandes compañías y cadenas de empresas de la construcción.
En resumen, parece que esas mismas grandes ganancias que trajeron en principio a los capitales de fuera les han permitido, gracias a su mayor escala y organización, suplantar a los intereses de la localidad.