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Las Relaciones Turísticas

Dennison Nash

5. Las Relaciones Turísticas

Con la creación de un reino turístico se establecen varias relaciones sociales entre los turistas, sus anfitriones, y las organizaciones y las sociedades que representan. Estas relaciones pueden ser de larga o corta duración, cíclicas (e. g. estaciónales) o no cíclicas y simples (como en la díada turista-anfitrión) o complejas (en la que interviene una compleja infraestructura turística), basada en el entendimiento de lo que cada parte puede ofrecer a la otra y de las condiciones que pueden aportar para la consecución de estas relaciones. Si la gente del lugar es asesina, sucia, con enfermedades, o inmersa en conflictos políticos, las relaciones pueden ser suspendidas por disgustos metropolitanos. Si de otro lado, el turismo muestra inclinación a interferir en la política interna o desacreditan las instituciones locales, los anfitriones pueden finalizar las relaciones turísticas. Las guerrillas, algunas veces, deliberadamente violan los términos implícitos de un contrato turístico, a fin de reforzar sus intenciones políticas y si los términos del contrato no son respetados los centros metropolitanos pueden limitar e incluso finalizar el flujo de turistas a una determinada área. De manera similar a la de cualquier otra relación social, las relaciones entre turistas y sus huéspedes incluyen cierta comprensión que debe ser coincidente y que funcione para ser

50 mantenida. ¿Cuáles son estos términos y cuáles son las condiciones que las definen?

Las relaciones turísticas son definidas, primero por la condición de extranjería. El turista es un ejemplo casi ideal –típico de los que Simmel (1950:402-407) tenía en mente cuando formuló su concepción del extranjero. Simmel vio al extraño como un residente temporal que no comparte las cualidades esenciales del modo de vida del grupo anfitrión como resultado la interacción entre él y sus anfitriones tiende a desarrollarse en un nivel más bien general, impersonal. Simmel (1950:407) dice “…los extranjeros en realidad no son concebidos como individuos, sino como extranjeros de determinado tipo”. La tendencia a generalizar o a categorizar que tiene los anfitriones que también caracteriza el concepto de extranjero sugiere el tipo de relación que es común en el mundo moderno.

No solamente los extraños y sus anfitriones se tratan unos a otros como tipos, sino también como objetos. Donde las desigualdades de poder son grandes, como en las antiguas colonias, puede conducir al prejuicio y a la discriminación por los colonizadores y a una variedad de respuestas familiares entre los colonizados (Ver e. g. Fanon 1968). La gente que se trata entre sí como objetos esta menos dispuesta a ser controlada por las limitaciones del compromiso individual y sentirse libre para actuar de acuerdo a los términos de su propio interés. Esta tendencia con frecuencia es atenuada por el desarrollo de controles que comprometen fuerzas o mecanismos legales e intervención de agencias externas, como los gobiernos o los cuerpos militares. Esta es una razón por la que las relaciones turísticas, por lo usual, no pueden ser exitosamente analizadas sin hacer referencia a las estructuras sociales más amplias con las que están conectadas.

Los extranjeros también son notorios por su tendencia a agruparse entre sí (ver e. g. Nash, 1970:108-122). Encontrarse entre sí, no comprometidos y con frecuencia confundidos frente a una situación extraña, puede ser el comienzo para que construyan una red social familiar que comprenda a gente que tiene un lugar común de origen. A medida

51 que la brecha entre el grupo extraño y sus anfitriones se solifica se deben movilizar ciertas especialidades inter–grupales, como la diplomática, la comunidad de expertos, la concierge u organizaciones como la

Internacional Association of Travel Agents para que las relaciones

extranjero–anfitrión continúen exitosamente. Estos mediadores, que han sido llamados “intermediarios culturales” (ver Wolf 1965; orig. 1956) juegan un papel creciente e importante a medida que se desarrollan las diferenciaciones sociales. Por tanto, cualquier análisis de las relaciones turista –anfitrión, con probabilidades que requerirán considerar a un grupo de turistas extranjeros, los agentes y las organizaciones que median en sus relaciones con los anfitriones.

Los términos de las relaciones turista-anfitrión se hallan definidos no solamente por la condición de extranjería sino por la misma naturaleza del turismo. Una persona como turista, es alguien en descanso, lo que quiere decir que no está inclinada a moldear el mundo, sino solamente a tener experiencias o distraerse con él. Si hacer turismo es buscar peculiares metas turísticas, otros deben desarrollar funciones más utilitarias. Para decirlo de manera breve, otros deben trabajar mientras los turistas juegan, descansan o se enriquecen a sí mismos con nuevas experiencias. De acuerdo a esto, el turista se encuentra separado de los que sirven desde la infraestructura turística por la naturaleza diferente pero complementaria, de las actividades especificadas en el contrato turístico. Los anfitriones pueden ser como Suiza una nación de hoteleros, perfectamente adaptados al servicio o camareras moscovitas que lo desempeñan de mala gana, pero la diferencia entre trabajo–descanso todavía continúan separándolos de sus huéspedes. Incluso cuando tienen la misma cultura y se comprenden perfectamente, las actitudes básicas que traen en sus relaciones están separadas por las diferencias entre el trabajo y el descanso. Las dificultades para entender el desarrollo de las ligazones entre los huéspedes del hotel y sus empleados proporcionan un ejemplo de las barreras sociales que intervienen. Incluso no pueden ser eliminadas en el Club Mediterraneé donde son minimizadas las diferencias entre anfitrión y huésped.

52 En suma los turistas están separados de sus anfitriones por el hecho de ser extranjeros, la diferencia entre trabajo–descanso y cualquier diferencia cultural que se tenga en una situación particular. Cualquier contrato turístico viabilizable debe tomar en cuenta estos hechos y hacer previsiones para tratar con ellos. No se espera que el turista efectúe las adaptaciones necesarias para comprometerse en la vida esencial de la sociedad anfitriona. Este “privilegio”, que es sentido por algunos turistas, puede ser una razón para la mezcla de envidia y desprecio que muestran los turistas por sus compatriotas más aculturados que residen en el país anfitrión (ver Nash, 1971:129). Pero si bien se espera que el turista no realice las adaptaciones necesarias para continuar más o menos en una situación de extranjero, ¿Quién las debe hacer? Este peso tiende a caer sobre los anfitriones y es uno de los precios que deben pagar por tener turistas en su terruño. Y parece que muchos tienen la voluntad –y a veces la ansiedad– de pegarlo. Aquí otra vez, se deriva cierta teoría del modelo de maximización del intercambio que podría ayudar en la comprensión de los cálculos del anfitrión pero el hecho de que la gente del lugar por lo general “elija” asumir las responsabilidades adicionales del necesario ajuste para tratar con los turistas, sugiere que los incentivos o limitaciones para el desarrollo turístico son muy grandes y que el turista se beneficia en sus adaptaciones vis-a-vis con sus anfitriones por el considerable poder económico, político, o militar de los centros metropolitanos que él representa. Por supuesto que los cálculos pueden variar y lo que aprecia una aventura rentable, puede cambiar y ser altamente costosos al final. La decisión de expandir el turismo puede aparecer a ciertos anfitriones empresariales, que requiere de algunos compromisos con los turistas y su forma de vida, pero los compromisos adicionales que demanda una infraestructura turística en desarrollo puede que no sean vislumbrados. Cuando los anfitriones se encuentran a si mismo que también deben tratar con cuidantes de hoteles, gente de transporte, agentes de viaje y publicidad, ingenieros sanitarios y cosas por el estilo, y deben ajustarse en las áreas de vida que representan; pueden comenzar a repensar en la sabiduría de sus cálculos iniciales.

53 ¿Qué clase de esfuerzo investigatorio sería más apropiado para analizar las relaciones turísticas? Los Análisis microsociales de las relaciones de turistas–anfitriones y turistas–turistas, usando tal vez algunas variaciones del enfoque de las relaciones sociales de Goffman (1959; 1967) que nos daría cierta visión externa del mundo social inmediato de los turistas individuales y de sus anfitriones. Además para la comprensión de por qué las relaciones individuales toman la forma que toman seria esencial el análisis institucional de la infraestructura turística. Por último, será útil cierta clase de teoría del intercambio para ayudarnos a comprender porque en una situación dada emergen ciertas formas de transacciones. Estas investigaciones podrán predecir la generación de ciertas formas de turismo por un centro metropolitano particular.