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EL AMOR SE ENCUENTRA CON MUCHOS OBSTÁCULOS

In document Leo Buscaglia - Amor (página 141-148)

El amor se encuentra con muchos obstáculos

EL AMOR SE ENCUENTRA CON MUCHOS OBSTÁCULOS

acto creador. El amor siempre crea, nunca destruye. En esta máxima se encuentra la única promesa válida para el hombre.

Thornton Wilder terminó su sorprendente novela

filosófica, The Bridge of San Luis Rey, con la siguiente afirmación: ”Existe la tierra de los que viven y la tierra de los muertos. El puente entre ellos es el amor; es la única verdad, la única supervivencia”.

Si el hombre se pusiera a considerar la cantidad de

personas en el mundo que no aman y no son amadas el panorama le parecería tan abrumador, que seguramente renunciaría por completo a cualquier esperanza. Si

estudia el pasado, encuentra que el egoísmo, la

ambición, la malicia y las penas han existido desde el principio de la historia. Está convencido de que en el pasado, así como en el futuro, el hombre siempre ha codiciado y codiciará más y más cosas y luchará por adquirirlas; católicos contra protestantes contra judíos, comunistas contra socialistas contra capitalistas, ricos contra pobres contra clase media, negros contra blancos contra amarillos, genios contra intelectuales contra

ignorantes. Su evidencia y apoyo se encuentran en el argumento de que siempre ha sido así y, por lo tanto, siempre será así y él como individuo no puede hacer nada por cambiar las cosas.

Es cierto que problemas como la miseria, hambruna, guerra, ignorancia, prejuicios, temores y antipatía abundante en todo el orbe. Hay pocos individuos que poseen el poder suficiente para terminar con el prejuicio, la pobreza universal o las guerras mundiales, pero ésta no es la cuestión. La única pregunta que podemos

formularnos a nosotros mismos con justicia es: ”¿Qué puedo hacer yo?” La respuesta por lo general es sencilla, pero a la vez no se puede dar; en especial, si realmente estamos interesados y dispuestos a asumir la

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Conocí a un joven refugiado chino en Hong Kong.

Pertenecía a una familia de once hermanos, los cuales estaban a punto de morir de hambre. Aunque él tenía cierto conocimiento del idioma inglés, quería

aprenderlo bien desesperadamente para obtener un puesto con buen sueldo en la ciudad. Le ayudé con unos cuantos dólares para que comprara libros y se inscribiera en la Sociedad de Habla Inglesa, y así pudo obtener los medios necesarios para sostener

decorosamente a su familia. Estaba decidido a

pagarme en cuanto se graduara, pero yo me negué y le dije que buscara a otro joven en situación

semejante a la de él y le ofreciera una oportunidad similar. Hasta la fecha hemos enviado a tres jóvenes a la escuela, y aunque no he resuelto el problema de los refugiados en Hong-Kong, al menos he ayudado a tres familias a sobrevivir. Si cada persona asumiera una pequeña responsabilidad, las cosas podrían mejorar. Está bien ayudar a través de los grandes sistemas de caridad, pero éstos han perdido su valor personal, la alegría y satisfacción al percibir y ver los resultados. Las cosas pueden cambiar. Nada es irreversible. Quizá yo en lo personal no pueda hacer mucho con respecto a la tasa de mortalidad infantil o los problemas de los ancianos, pero sí puedo contribuir con parte de mi tiempo para que un día en la vida de un niño o los días que le restan a un anciano en este mundo por lo menos sean más agradables.

El conocimiento ilimitado del amor y la satisfacción que esto trae también es un freno para el crecimiento en el amor. Si el hombre sabe que cuenta con el amor de unos cuantos en su vida y que él puede amarlos a su vez, supone que esto es todo lo que tiene que

saber del amor o todo lo que puede encontrar; ¿qué más puede haber? No sospecha que el amor es

ilimitado, profundo, infinito y que el potencial de una mayor seguridad, alegría y

EL AMOR

crecimiento del mismo está en sus manos. No se pone a pensar en la posibilidad de que en otro

lugar, en ese preciso momento, exista alguien que necesite de su amor. A veces es necesario un duro golpe emocional para despertarlo de su estado letárgico.

Digamos que ahora tiene una esposa a la que ama y que lo ama; ambos llevan una vida sexual

bastante aceptable; dos hijos que crecen a su imagen; una casa con muros gruesos y grandes cerraduras para protegerlos del mundo exterior; un buen empleo y algo de dinero en el banco para

asegurar su futuro. Lo tiene todo. Pero, ¿qué

sucederá si, como en la historia de Job, una cosa tras otra se vienen abajo? Por ejemplo sus hijos, deciden vivir en una comuna hippie; su esposa encuentra un amante; él pierde su empleo; sus muros se tambalean; el banco se desestabiliza o sus cerraduras son violadas. Tiene varias opciones. Puede volverse loco o suicidarse. Puede amargarse y vivir cual sería imposible, porque nunca se puede

revivir nada; cuando mucho, sólo logrará una mala

copia del original. Puede volverse loco o

suicidarse. Puede amargarse y vivir sin confianza, ni esperanza ni interés. O tiene la opción de

aprender de esta experiencia, de crecer con base en ella y empezar de nuevo, con nuevos

conocimientos, esperanzas, posibilidades y alternativas.

Cuando el hombre se enfrenta a la necesidad del cambio, suele dar la excusa de que es demasiado viejo para cambiar, demasiado viejo para

aprender. Dice, ”no se le pueden enseñar nuevos hábitos a un viejo perro”. Esta analogía, cuando se dirige al hombre, es tan condescendiente como falsa. Hasta un ”viejo perro” puede aprender nuevos hábitos. El meollo del asunto es que le falta motivación o sencillamente es demasiado perezoso. Siempre será mayor la habilidad del

hombre para aprender que la del ”viejo perro”, y el hecho de compararlos significa

Láfjs

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degradar la fuerza misma que hace que un perro sea un perro, pero que el hombre sea humano.

Todos los días se nos ofrecen nuevos medios para aprender y crecer en el amor. Cada día nos volvemos más observadores, más flexibles, más conocedores, más conscientes, crecemos en el amor. Hasta el

detalle aparentemente más insignificante nos puede acercar más a nosotros mismos y por lo tanto hacia los demás. Si en todo momento escuchamos y

aprendemos, el lamento de la gaviota en una playa desierta nos dirá tanto sobre la vida, sobre el vivir y el morir, como la tragedia que destruye nuestro hogar y seres queridos. Como dice el haiku japonés,

”habiéndose quemado totalmente mi granero, ahora puedo ver la Luna”. Hay introspección, conocimiento y

descubrimiento tanto en el granero como en la Luna, ahora el granero los conoce a ambos.

Uno nunca debe estar satisfecho con su habilidad para amar. Independientemente de en dónde se encuentre, siempre será sólo el comienzo.

Finalmente, un gran factor disuasivo del amor se encuentra en el temor al cambio, pues como se sugirió anteriormente, el crecer, aprender y experimentar implican cambio.

El cambio es inevitable, y es desde luego de lo único que uno puede estar seguro. Negar el cambio es negar la única realidad existente. Las actitudes cambian, los sentimientos cambian, los deseos cambian, y especialmente el amor cambia. Es

imposible detenerlo, retenerlo; únicamente se puede fluir con él.

Hay un cuento hindú acerca de un hombre que viajaba en una pequeña barca, remando en un río contra la rápida corriente. Después de un gran esfuerzo, finalmente se da cuenta de que todo es inútil, por lo que se rinde, levanta los remos y empieza a cantar. Este momento le enseña

EL AMOR

una nueva forma de vida; cuando el hombre va con el río cambiante, es verdaderamente libre.

Los frenos al amor son creados por el propio hombre, pero nunca será totalmente disuadido. El amor fluye como el río; siempre es el mismo; sin embargo,

paradójicamente, siempre cambia, y no existe obstáculo para él.

Para poder amar a otros es

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