puede ser también voz, vocablo, lema, lexía, forma y unidad léxica Un caso similar se da con la denominación PRÉSTAMO
1.3.3 El anglicismo: elemento enriquecedor de la lengua
i
¿Por qué no ha de ser lícito a los presentes introducir en la lengua nuevas riquezas traídas de otras naciones?...¿No es una preocupación bárbara el querer que cada lengua se limite a sí sola, sin que reciba de las otras los auxilios que pueden darle y que tan indispensables son para los adelantamientos científicos? (Álvarez C enfuegos, 1799, en Lázaro Carreter, 2002).
Esta cita de Lázaro Carreter (2002) sobre el elocuente discurso que pronunció Álvarez Cienfuegos en una sesión solemne de la Academia Española en 1799 parece haber sido extraída de algún texto actual que abogue por la participación de los préstamos, en especial, de los anglicismos, en el conjunto de lenguas que han de actualizarse al ritmo de los avances en ciencia y tecnología. Semejante cita nos da también la
certeza de que el préstamo léxico convive con nuestra lengua desde mucho antes y de que su defensa como elemento enriquecedor no es propio de los tiempos presentes. Sin embargo, resulta paradójico las pocas publicaciones que han aparecido sobre la visión enriquecedora de la lengua de parte del anglicismo; ‘paradójico’, porque es muy común observar la defensa muchas veces emocionada o apasionada (Pratt, 1982) que críticos dedican contra la incorporación de anglicismos en la lengua española, los cuales sigilosamente o a viva voz ingresan a la lengua y son usados muchas veces hasta por los mismos defensores de la pureza de la lengua.
Por otro lado, los anglicismos están en la lengua porque la sociedad los usa, independientemente de que sean considerados alienígenas o elementos de integración. El sólo hecho de que ya existan es motivo suficiente para pensar que la misma sociedad los acepta o los rechaza según su conveniencia y vigencia; contra ello, pues, resulta trivial dedicar páginas enteras a la defensa de su presencia en la lengua. A modo de ejemplo, el anglicismo
LP
–elepé- (long play
), para referirse al disco de acetato de larga duración de 16, 33 o 45 revoluciones por minuto, ya ha pasado a los anales de la historia contemporánea de anglicismos en desuso. Hoy día se habla delCD
o disco compacto (calco decompact disk
), que atesta las tiendas discográficas y los quioscos de vendedores ambulantes, quienes ven en el negocio de la piratería una fuente de ingresos nada despreciable. Otro ejemplo más reciente se refiere al términofloppy disk
, o disco flexible de 54 pulgadas empleado como unidad de almacenamiento de información de hasta 1,2 MB, el cual ya ni se vende en las tiendas.Pues bien, la sociedad es el ente que al final decide sobre el anglicismo; de allí que resulte difícil predecir sobre su permanencia o rechazo (Cfr. Rey, 1995). En relación con los anglicismos cuyo significado está condicionado por un ámbito temático especializado, resulta más difícil
predecir su permanencia por el proceso de banalización que puede o no experimentar tal anglicismo.
Es bien sabido que las terminologías (TERMINOLOGÍA en el sentido de “conjunto de palabras técnicas pertenecientes a una ciencia, arte, autor o grupo social determinado” según Pavel y Nolet, 2002; p. XVII) de los ámbitos de especialidad cuentan con un número no despreciable de unidades terminológicas producidas por la intervención de comités internacionales de normalización lingüística. Por ende, las publicaciones terminográficas en formato impreso o digital como vocabularios, glosarios y diccionarios especializados reflejan la normalización para el uso adecuado de las unidades allí incluidas. Sin embargo, no siempre se sigue la norma impuesta6. Constandopoulos (1999) afirma que el principal problema de esta aparente desobediencia social a la norma se concentra en el hecho de que hoy día vivimos “bajo el imperio de la tecnología” (p. 26). La formación léxica ya no es trabajo exclusivo de los lingüistas sino de expertos en ciencia y tecnología a quienes acompañan periodistas científicos y traductores especializados. La velocidad con que se transmite el conocimiento a la sociedad hace que estos colectivos profesionales recurran con mucha frecuencia a los anglicismos por ser la forma más expedita de incorporación del nuevo concepto a la lengua receptora. En consecuencia, la sociedad los asume como propios o los desecha después de pasar por un periodo de inestabilidad en su uso.
Es natural que ante el cambio de responsabilidades sobre la incorporación de anglicismos en el español de la ciencia y la tecnología, las críticas aumenten; sin embargo, muchas están orientadas, como dice Belda (2003), al “carácter inglés del vocablo, sin advertir la ausencia de un término exactamente equivalente en nuestro idioma, como en el caso de
6 Sobre la norma impuesta y el uso de la sociedad, es conocido el caso de la pareja terminológica maquinari / programari que recomienda el centro terminológico oficial para el catalán, TERMCAT, como equivalente en catalán de hardware / software (Cfr. De Yzaguirre, 1995)
software
” (p. 299). En consecuencia, la crítica aumenta en la medida que el anglicismo se aleja de las reglas morfofonológicas del español, pero disminuye si tal forma se adapta o se naturaliza en la lengua de llegada (Belda, 2003). Paradójicamente, la opción menos alienante puede reflejarse a través del calco, un anglicismo muy difícil de descubrir que “mina la estructura léxica de la lengua” (Guerrero, 1995; p. 37).Debido a esta situación y al hecho patente de la internacionalización de las lenguas por el libre flujo de la comunicación a través de diferentes medios alámbricos e inalámbricos, Belda (2003) cuestiona el proceso del préstamo como un mero préstamo de palabras y deja al hablante nativo la decisión de incorporarlo al sistema lingüístico después de un tiempo de adecuación bajo la forma foránea.
La visión del anglicismo como elemento enriquecedor de la lengua también encuentra eco en estudios de morfología donde el préstamo léxico es uno de los procesos de formación léxica que rige en una lengua de ámbito internacional. Desde esta perspectiva, no se toman posturas guiadas por la emoción de la defensa de este tipo de unidad lingüística, sino por la natural aproximación geográfica, social y cultural de las lenguas que requiere de estudios experimentales para observar de cerca comportamientos lingüísticos de cara a la producción neológica. El préstamo y, por ende, el anglicismo, constituyen una de estas manifestaciones neológicas.
En resumen, la presencia de anglicismos en la lengua, en especial en las lenguas especializadas es sinónimo de controversia permanente. No es cuestión de tomar una posición extrema para defender la integridad del español o para ceder abiertamente ante la tendencia manifiesta de internacionalizar o globalizar las lenguas especializadas. El asunto va más allá. Como bien lo explica Alpízar (1999), “tan irrealizable es la idea de traducirlo todo, de ‘nacionalizarlo’ todo abroquelándose en una
intransigente defensa de "valores patrios", como la de internacionalizarlo todo sin tomar en consideración el sentimiento de identidad nacional de los hablantes”(¶7). La lengua española de la ciencia y la tecnología se encuentra en el centro de la controversia; sin embargo, se observa un punto de convergencia en ambas posturas: el anglicismo es elemento necesario y enriquecedor de la lengua cuando viene a cubrir una laguna natural propia del contacto de sus hablantes que resulta a veces difícil de cubrir con los recursos vernáculos, además que debe reflexionarse sobre la colaboración sistemática entre científicos y lingüistas, periodistas y traductores (Agencia EFE, 1992; Alpízar, 1997, 1999; Cabré, 1993; Constandopoulos, 1999; García Yebra, 1989, 1999; Lorenzo, 1981).
En la próxima sección consideramos algunas definiciones que se han propuesto para la noción de anglicismo, las cuales nos han servido de base para proponer más adelante una definición de anglicismo terminológico integral.