En marzo de 1907 el Ayuntamiento de Barcelona firmaba el contrato con el Banco Hispano Colonial para que este último financie y gestione la reforma interior de la ciudad. Un año más tarde, el 10 de marzo de 1908, 29 años después de la primera propuesta de Baixeras, comenzaban las obras bajo el mismo trazado general que ha-
bía presentado en aquel entonces su promotor. La primera fase consistió en el derribo de todas las construcciones que existían entre la actual plaza de Antonio López y la de Ur- quinaona, demoliendo 335 edificios hasta su finalización en 1913, hecho que generó el desplazamiento de diez mil habi- tantes, la mayoría de los cuales «se realojaron» construyen- do barracas en el litoral y en Montjuic (il. 37).
En la firma del contrato con el Banco Hispano Colonial, el Ayuntamiento se guardaba el derecho de decidir si valía la pena conservar restos de construcciones históricas an- tes de ser destruidos1. Para ello el Ayuntamiento nombró la
Delegación Investigadora y de Vigilancia de las Obras de la Reforma en la que estaban el historiador Carreras i Candi y arquitectos como Pere Falqués, Puig i Cadafalch y Joan Ru- bió i Bellver, entre otros. La delegación visitaba cada edificio antes de ser demolido y Pere Falqués, arquitecto municipal, hacía un informe sobre los elementos a conservar. Posterior- mente, la empresa encargada de los derribos desmontaba los elementos antes de demoler el edificio y los trasladaba a un almacén municipal. El sistema de conservación de monu- mentos heredado desde el siglo XIX establecía que la mejor opción para salvaguardar un elemento determinado era su custodia y exhibición en un museo, que no era sino lo que había hecho hasta el momento las comisiones provinciales de monumentos. Por lo tanto, desde el inicio de las obras éste fue el uso que se pensó para conservar los fragmentos que no iban a ser demolidos.
Por otro lado, en octubre de 1907 la Unió d’Artistes de Bar- celona envió a la junta de museos del Ayuntamiento un pro- yecto de concurso para obtener detalles que documentasen la ciudad que iba a desaparecer. De esta iniciativa surgió un con- curso público de fotografías y dibujos, celebrándose una expo- sición con todos los participantes en agosto de 1908, cuando los derribos acababan de comenzar. La exposición tuvo lugar en el Museu del Parch, que era el mismo sitio donde se iban acumulando los restos seleccionados por la delegación del Ayuntamiento2. El material gráfico presentado junto con los
restos amontonados constituyeron la primera prueba palpa- ble de una destrucción irreversible y, de esta manera, genera- ron un clima contrario a la manera en que la reforma interior se estaba llevando a cabo.
1. El Art. 28 decía: «En cuanto haya to- mado posesión de un inmueble el Banco Hispano Colonial, comunicará al señor alcalde que el inmueble está en dispo- sición de ser visitado, y en el término de los ocho días siguientes, lo inspeccio- nará una delegación del Ayuntamiento, la cual informará acerca de si procede reservar algún objeto de carácter artís- tico, arqueológico, de historia natural o de numismática (…). Los objetos que el Ayuntamiento se reserve o le fueren entregados, serán destinados al servicio de algún museo». Y el Art. 29: «También podrá el Ayuntamiento reservarse los elementos artísticos que formen parte integrante de cualquier construcción afectada por la Reforma, aunque no los destine al servicio de museos, se creyese conveniente su conservación o reconstrucción» (en Carreras i Candi, 1913, p. 5).
2. El documento más completo que se conserva de esta exposición son la serie de 50 grabados realizados por el pintor Dionís Baixeras, y que Duran i Sanpere publicó en 1947. En un principio había presentado 10 dibujos, pero debido a su éxito (fue el ganador del consurso de dibujos), la delegación investigadora del Ayuntamiento le encargó otros 20 que presentó en 1909 (Carreras i Candi, 1913, p. 11). Los 20 restantes los realizó por voluntad propia. En relación a las fotografías son conocidas las imágenes de Adolf Mas, que se conservan en el Archivo Mas de Barcelona. Sobre este tema ver (Torrella, 2007).
37. La Vía Layetana en 1913 una vez terminados los derribos.
Paralelamente, también en agosto de 1908 otro hecho influyó en la misma dirección señalada. Se trató del derribo de la casa número 47 de la calle Gignás (il. 38). El portal de medio punto y los restos de una ventana coronella que se conservaban en la fachada indicaban que la casa había tenido un origen medieval. Los indicios se comprobaron al iniciarse la demolición, cuando la delegación investigadora descubrió que sus muros escondían otros elementos medievales, como por ejemplo parte de un pórtico que rodeaba el patio. En aquel momento encargaron al arquitecto del Ayuntamiento Pascual Sanz Barrera un proyecto de reconstrucción con el fin de documentar lo que iba a desaparecer, proyecto que in- tentaba completar en su estado primitivo el modelo de casa catalana que ya hemos definido (il. 39)3. Finalmente la casa
fue derribada, aumentando así la resignación entre los profe- sionales del sector. Sin embargo, fue en este momento cuan- do las teorías de Buls y de Sitte se tomaron como herramien- tas alternativas a la destrucción que acababa de comenzar, y sobre el caso de esta casa Gaudí opinaba que «para guardar esa joya arquitectónica no había otro obstáculo que el desviar ligeramente la vía de la calle trazada en el proyecto, dándole una graciosa curva, con lo cual todavía hubiese ganado en be- lleza y elegancia» (Batlle, 1908, p. 6).
Una mayor sistematización de estas teorías había comen- zado a plantearse con los trabajos y opiniones del arquitecto Jeroni Martorell. En su artículo “L’art de urbanisar y la Barce- lona del avenir” relacionaba los nuevos métodos de urbaniza- ción europeos con la aspiración de ser aplicados en Barcelona a través del Plan Jaussely. Si en la planificación urbana se res- petaban «las reglas del arte», en el futuro la ciudad sería esté- ticamente más agradable y su forma se acercaría a la de una moderna capital europea (Marotrell, 1907). Martorell perte- necía a la Unió d’Artistes, y volviendo sobre la reforma inte- rior, el 1 de diciembre de 1908 la corporación envió al alcalde de la ciudad un informe sobre el rumbo que deberían tomar los trabajos iniciados. El informe se encuentra mecanografia- do en el archivo personal de Martorell con fecha 1 de octubre, y como ha señalado Ganau (Ganau, 1997-B, p. 195), por su estilo y contenido tuvo que haber sido escrito por él. El texto no sólo planteaba que «el plan actual es elemental, impropi dels temps presents del segle XX», sino que además proponía
3. El encabezado de la imagen dice: «proyecto de reconstrucción de la casa número 47 de la calle de Gignás atribui- da a la segunda mitad del siglo XIV, y destinada a desaparecer por la apertura de la Gran Via A de la reforma interior». El original se encuentra en el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona, número de inventario 7676. Otras seccio- nes del proyecto han sido reproducidas en (Carreras i Candi, 1913).
38. Casa en la calle Gignàs 47 en 1908 antes de desaparecer.
39. Gignàs 47, proyecto de recons- trucción.
medidas alternativas para los edificios que desaparecerían. Y de esta manera afirmaba que «la casa gótica del carrer de Gignás, la del gremi de Calderers del Renaixement que’s troba al entrar a la Boria, la del carrer de la Corribia, casas y finestrals gòtichs, son o han d’esser derribados. No’ns hem d’acontentar en apilar alguns del seus fragments en un museu. Algú, abans que nosaltres ha pensat dalshi un hermós destí. Cal ferho. Prop de la Catedral podria reconstruirse tot aixó. Composar un conjunt que sistetisi l’art de la vella Barcelona» (Martorell, 1908).
Vemos en este fragmento las dos líneas temáticas de todo el pensamiento de Marto- rell y que no pueden ser estudiadas por separado en referencia a la reforma interior: la conservación de monumentos y los métodos de urbanización. De esta manera, siguien- do los principios generales del proyecto de Puig i Cadafalch de 1902 —Martorell guar- daba el recorte de prensa de dicho proyecto4— no sólo defendía desmontar los edificios
más característicos para reconstruirlos en torno a la nueva vía, sino que proponía apro- vechar los materiales que se iban conservando para componer un conjunto monumental en los alrededores de la Catedral. Aunque se trataba de un texto de Martorell con unas ideas que defendió a lo largo de toda su vida, y aunque existía el precedente de Puig i Cadafalch, no considero estas conclusiones como un hecho individual, surgidas gracias a la genialidad de algún personaje, sino que reflejaban las opiniones de todo el contexto cultural de la ciudad. En la Unió d’Artistes debatieron sobre la cuestión diferentes cor- poraciones y profesionales, con lo que la autoría del texto es relativamente secundaria. De hecho, Gaudí decía sobre el tema que «sobre tan trascendental asunto debe hacerse y procurarse un esfuerzo de voluntad colectiva. Para ello (…) presentárase muy en breve a los poderes públicos un documento que está escribiendo el insigne escritor y poeta don Juan Maragall, firmada por todas las entidades artísticas, económicas y científicas de Barcelona» (Batlle, 1908, p. 6)5.
En el artículo citado, las opiniones de Gaudí iban en la misma dirección en cuanto a formas de urbanización y conservación de monumentos. Sin embargo, justificaba estos principios de la misma manera que lo había hecho Buls: «es de un interés tan grande para la Barcelona del porvenir el conservar los monumentos dignos de nuestro glorioso pasado y que atestiguan y afirman nuestra personalidad histórica en todos los ramos del saber humano, como embellecer con nuevas construcciones y nuevas vías esta ciudad que nace con la Reforma. En Bruselas, Lisboa y todas las ciudades del mundo que se han metamorfoseado para dejar paso a las construcciones modernas, se ha guardado también, y reconstruido, todo aquello que formaba su personalidad histórica y artística y ahora veréis embellecidos aquellos recuerdos arquitectónicos, los cuales son el encanto de turistas y viajeros y el orgullo de aquellas ciudades que han sabido amar las bellezas antiguas y modernas» (Batlle, 1908, p. 5).
Como vemos, en la planificación del pasado de la ciudad, la preocupación por crear una imagen monumental estuvo presente desde los inicios de la idea. Al igual que Buls, los gastos que generaba el urbanismo con principios artísticos podían ser justifica- dos con los ingresos futuros que reportaría. Por otro lado, el 29 de diciembre de 1908
aparecía en el Diario de Barcelona otro informe enviado al al- calde de la ciudad, esta vez por parte de la Asociación de Ar- quitectos de Cataluña. Lo firmaban el presidente de la enti- dad, Pau Salvat y el secretario de la misma, Jeroni Martorell, y mantenían que «en tres grupos pueden considerarse divididos los monumentos arqueológicos afectados por la Reforma. En el primero comprenderemos los edificios que en modo alguno deben derribarse, antes al contrario, han de realzar el traza- do de las nuevas vías de reforma; en el segundo incluiremos ciertos conjuntos de fachadas e interiores (…) que aún cuan- do poseen interés no merecen los honores de la conservación permanente en el lugar donde hoy se encuentran. Por fin en el tercer grupo, consideramos reunidos los simples fragmen- tos y detalles aislados que efectivamente pueden considerarse como piezas de museo», y de esta manera, «patios nobles, ven- tanas, balcones y barbacanas de cubiertas podrían reedificarse en artístico conjunto» (Martorell y Salvat, 1908).
Era la primera vez que la AAC cambiaba de preocupación principal sobre la reforma y pasaba de defender a la propiedad privada para defender a la ciudad histórica. El texto volvía a insistir sobre la reedificación de los restos en «artístico con- junto», sirviéndose para ello del traslado de algunos elemen- tos o de fachadas enteras hacia otros puntos. Esta manera de entender la conservación de las construcciones históricas no era nueva. En 1841, el Hôtel Le Gendre de París, edificio del siglo XVI, iba a ser demolido para edificar viviendas. Dos años más tarde, cuando Viollet-le-Duc estaba restaurando Notre Dame, al arquitecto consiguió que el Ayuntamiento de París
4. AHCB, Jeroni Martorell, Documenta- ción Personal, Caja 8, Carpeta 17. 5. Se ha sostenido que la idea del Barrio Gótico tuvo su origen en un comentario de Gaudí (Venteo 2002-A y 2002-B; Bas- segoda, 1989). Dalmases y Bocabella cuenta (Dalmases y Bocabella, 1927) que para la celebración del centenario de Jaume I en 1907, Puig i Cadafalch pidió a Gaudí una idea para un monumento conmemorativo, a lo que respondió que la mejor manera de homenajearlo era revalorizar «el conjunto vivo de la vieja historia patria» (Dalmases y Bocabella, 1927, p. 103) y le propuso conectar la plaza del Rey con la nueva vía. Posterior- mente Dalmases encontró en el archivo de Gaudí de la Sagrada Familia una foto de la capilla de Santa Águeda sobredibu- jada por el arquitecto en la que esbozaba su idea (publicada en Bassegoda, 1989, p. 530). Los autores citados no tienen en cuenta el proyecto de 1902 en donde ya se proponía comunicar la plaza del Rey con la Gran Vía A. Como el mismo Gaudí dice, el asunto debe hacerce con «un esfuerzo de voluntad colectiva», y la idea del Barrio Gótico fue el paulatino resulta- do de diferentes propuestas y opiniones en el contexto cultural de la ciudad.
40. Casa de los Caldereros, fachada hacia la plaza del Ángel en 1908. 41. Casa de los Caldereros, fachada hacia la calle de la Boira en 1908. 42. Casa de los Caldereros reconstruída en la plaza Lesseps.
comprase todos los elementos artísticos del Hôtel para utilizarlos en la construcción del nuevo arzobispado junto a la Catedral. De esta manera, además de conservar un edificio monumental, «su ejecución ofrecía un aspecto muy pintoresco en la punta de la Cité» (Hervier, 1980, p. 92). En Barcelona, este instrumento de conservación y, a su vez, de creación de nuevos espacios historizados, también era conocido. En los procesos de desamortización del siglo XIX y debido a la necesidad de higienizar la ciudad antigua, diversos edificios góticos habían sido reubicados en el moderno ensanche. El convento de Santa Maria de Jonqueres se había trasladado a la calle Aragón 299, el claustro de Santa Maria de Jerusalem a la calle Rosselló 175, el claustro de Sant Martí de Montsió a la Rambla de Cataluña y la fachada de la iglesia de Sant Miquel a uno de los laterales de la iglesia de la Mercé6.