1. Jeroni Martorell La vanguardia teórica y su aplicación en Barcelona
1.3. La restauración de las casas de los Canónigos
Los canónigos de la Catedral de Barcelona construyeron sus residencias alrededor de la basílica a partir del siglo XII. A lo largo del tiempo, algunas de esas casas fueron desapareciendo y otras se fueron transformando según necesidades del uso. Con la desamortización, las que aún existían pasaron a ser propiedad del Estado, el cual vendió algunos inmuebles y ce- dió otros en usufructo a la propia Iglesia, como el conjunto de casas que forman la manzana entre las calles Paradís, Piedad y Obispo. Sin embargo, a partir de 1924 las casas con fachada a la plaza de la Piedad fueron alquiladas para que el Foment de les Arts Decoratives (FAD) instalase allí sus dependencias, y en 1927 el Estado cedió el uso de la totalidad de las casas a la Diputación de Barcelona para que pudiera ampliar sus ofici- nas. Con el objeto de adaptar las casas a su nueva utilidad fue necesario restaurarlas, cuyo proyecto y obras fueron dirigidos por Jeroni Martorell y Joan Rubió i Bellver.
En 1924 el FAD adaptó el interior de la casa número 4 de la calle Piedad sin intervenir en su fachada. Martorell, inte- grante del Foment, para aquella ocasión comenzó a estudiar el conjunto de las casas de los Canónigos, intentando descu- brir su forma originaria y proponiendo un proyecto de res- tauración integral que recuperase dicha estructura. Las casas fueron citadas por Martorell en sus artículos cuando enume- raba los edificios conservados en Barcelona según la tipolo- gía que hemos definido como casa catalana (Martorell, 1925; 1926-B), y Puig i Cadafalch había hecho la misma clasificación cuando afirmaba que en Barcelona las casas que estudiaba
78. Calle Basea 32 en 1917. 79. Calle Basea 32. Proyecto de Martorell, 1917.
se conservaban en los alrededores de la Catedral. Martorell, tras definir la tipología, decía: «an aquest tipus, encara que modest, pertany la casa del Foment. Reformes posteriors a la seva construcció l’han desfigurat, però es fàcil retrobar-la. (…) Acompanyem un dibuix de com es avui la façana del carrer de la Pietat i altre de com caldria restaurar-la, per tornar en lo possible al tipus primitiu» (Martorell, 1926-C, p. 13).
En la fachada principal el edificio conservaba un portal de medio punto y la estructura general de una casa con torre y galería (ils. 80 y 81), elementos que también existían en la fa- chada lateral, donde además se conservaban los restos de una ventana coronella (il. 83). La reconstrucción ideal que propuso Martorell en 1924 consistió en recuperar la galería superior, reproducir en cada uno de los vanos de la planta principal el modelo de ventana coronella que se había conservado y unifi- car el sillarejo de la fachada (ils. 82 y 84). El proyecto, que no era sino una nueva adaptación al tipo primitivo, sin embargo no llegó a realizarse. El FAD se instaló en el edificio en 1925 después de haber adaptado las dependencias interiores, sin modificar el exterior.
En 1927, la Diputación de Barcelona iba a instalarse en las casas que tienen fachada sobre la calle del Obispo, pero que se comunicaban por el interior con las de la Piedad. Entre otros organismos, se ubicaría en el edificio el propio Servei de Catalogació i Conservació de Monuments. Para esta ocasión, Martorell estudió cómo sería la reconstrucción ideal de la fa- chada en la calle del Obispo. Se trataba de dos casas unidas que conservaban en el último piso parte de una galería supe- rior y de una torre. Existían también los restos de tres venta- nas coronelles, y en planta baja dos ventanas del siglo XVI (il. 85). El proyecto de Martorell, nuevamente buscaba completar las casas en función del tipo primitivo (il. 86). En planta baja colocaba portales de medio punto como acceso a ambas casas y copiaba el modelo de las ventanas conservadas para repro- ducirlos en el resto de los vanos. En la planta principal añadía ventanas coronelles, y en el último piso recuperaba la galería y la torre, mientras que agregaba otra en el extremo opuesto.
A pesar de que los proyectos de Martorell volvían a ser todos una hipótesis historiográfica, el conjunto guardaba una cierta sobriedad. En las galerías, por ejemplo, recuperaba su forma genérica, pero no recreaba detalles como columnillas
80 y 81. Casas de los Canónigos. Facha- da hacia la plaza de la Piedad en 1920. 82. Casas de los Canónigos. Recons- trucción ideal de Martorell. Fachada hacia la plaza Piedad, 1924.
o capiteles. En la fachada hacia la plaza de la Piedad copiaba las ventanas coronelles según el modelo conservado, pero no añadía ninguna ventana del siglo XVI en planta baja ya que en el propio edificio no existía ninguna y, por lo tanto, no disponía de su modelo exacto. Es decir, el objetivo era com- pletar la forma prístina de las casas, pero de una manera re- lativamente genérica, sin excesivos detalles e imitando sólo algunos elementos mediante la reproducción de los conser- vados. Era un ejemplo del tipo de restauración que Martorell defendía en sus escritos, en donde era posible completar un edificio «siempre que existiesen suficientes elementos origi- nales y con la ayuda de la arqueología» (Lacuesta, 2000, p. 70). En este sentido, Martorell defendía su propuesta en un documento que la Diputación envió a la prensa local a modo de comunicado oficial: «en los siglos XVIII y XIX [las casas] fueron reformadas y por fin mutiladas inconsideradamente (…). A pesar de las vicisitudes sufridas, un detenido estudio ha permitido definir el tipo originario al cual corresponden las construcciones, o sea al de la casa señorial en Barcelona en los siglos XV y XVI. (…). La restauración se efectuará procu- rando retornar en lo posible los edificios a su carácter primi- tivo, especialmente en fachadas y patios, respetando cuanto tenga un valor arqueológico y completando el conjunto con elementos antiguos, bien sean auténticos de época o repro- ducidos fielmente» (Martorell, 1927-B)9.
Este tipo de intervención, aunque desde nuestra pers- pectiva lo valoremos de forma diferente, también fue de- fendida por los críticos de la época: «Martorell sabé fer el miracle d’aconseguir la susdita adaptació sense recórrer a l’enderrocament ni desfigurar el barri de la Seu, ans millorant- lo (…). En la restauració que ens plaem a defensar, els elements que ha calgut afegir són còpia fidel d’altres autèntics existents en edificis semblants» (Sacs, 1928-B). Es decir, la crítica apos- taba por recuperar o «mejorar» la historia conservada incluso recurriendo a la copia de elementos antiguos. Sin embargo, los proyectos que hemos descrito no llegaron a realizarse, sino que también en 1927 Martorell propondría una nueva idea para cada una de las fachadas, que si bien respetaba el tipo primitivo, además gotizaba el conjunto con elementos que ni siquiera habían pertenecido al teórico gótico catalán. En la fa- chada hacia la plaza de la Piedad, en planta baja añadía ven-
9. El texto apareció en el Diario de
Barcelona (Diario de Barcelona, 1927)
y en La Veu de Catalunya (La Veu de Catalunya, 1927-B).
84. Casas de los Canónigos. Fachada lateral, reconstrucción ideal de Martorell, 1924.
83. Casas de los Canónigos. Fachada lateral, alzado de Martorell con el estado de la casa en 1924.
tanas que imitaban a las de la calle del Obispo, y en la planta principal, junto a las ventanas coronelles colocaba un venta- nal más propio del gótico nórdico que del meridional. En este segundo proyecto las galerías se recreaban con columnillas y capiteles detallados, mientras que las torres se reconstruían con almenas y merlones (ils. 87 y 88). En la calle del Obispo introducía molduras góticas en los vanos de la segunda planta y en las torres y galerías repetía los mismos detalles que en la plaza de la Piedad (il. 89). Por último, la fachada que daba a la calle Paradís, a excepción de la planta baja, la reconstruía en su totalidad (ils. 90 y 91).
Las obras se realizaron entre 1927 y 1930 siguiendo el segun- do proyecto (il. 92)10. La mayoría de las piezas utilizadas fueron
copias exactas de modelos antiguos (González, 1986, p. 272), aunque también recurrieron a materiales depositados en el al- macén municipal y que procedían de demoliciones de la apertura de la vía Layetana: «la pedra de les refeccions és pedra consagra- da pels segles, carreus tallats pels picapedrers romànics i gòtics, procedents de l’enderrocament d’altres edificis barcelonins an- tics que els directors de la reforma de la Gran Via A feren des- aparèixer» (Sacs, 1928-B)11. Pero por otro lado, el paso del primer
al segundo proyecto ya no fue bien recibido en la ciudad. «Eran cases modestes, amb més tàpies que parets» (Duran i Sanpere, 1928-B, p. 5), pero con la restauración son nuevos edificios llenos de «riquesa, i perden, sota les gales noves, la senzilleza antiga» (Duran i Sanpere, 1928-B, p. 18). La crítica a la obra defendía la vuelta al tipo primitivo, pero la excesiva gotización del conjunto provocó la ironía en algunos críticos, como el artículo de Brunet titulado “Una mica més gòtic”: «hi havia segurament en aquelles cases algunes finestres cegades, però es que n’han sortides tan- tes…! Entre aquestes finestres n’estan col·locant una d’un gòtic florejat que l’arquitecte deu haver copiat d’un model goticissim. (…) Aquell barri devia haver estat una cosa molt viva: ara, molt aviat, serà un pastixto, una pedanteria arqueològica. No hi haurà res autèntic» (Brunet, 1928). Y un año más tarde el mismo co- mentarista mantenía que «el que no està bé es aquella finestra gòtic florit i altres excessos, que us fan tornar vermell si hi acom- panyeu un foraster» (Brunet, 1929).
Aunque Martorell defendía su intervención y se respon- sabilizaba como único autor del proyecto «encara que així els edificis semblin una mica més gòtics» (Martorell, 1928), las crí-
10. Martorell dirigió nuevas reformas en años posteriores, pero que no afectaron a las fachadas (González, 1986, pp. 260-273).
11. Las fuentes citan otros elementos antiguos utilizados. En una carta que la Comisión de Fomento envió al alcalde de la ciudad, se solicitaba «que se digne ceder dos capiteles románicos y las piedras de un ventanal del siglo XIV, que perteneció a una casa de la calle de Basea, depositados actualmente en los patios de Museos de esta ciudad, con el objeto de que sirvan complementar de- bidamente la restauración que se realiza (…) en las casas de Canónigos» (AAMB, 1928-B). Además la Diputación proponía acuerdos a particulares para adquirir materiales antiguos: «dueño de la casa número 6 de la calle Santo Domingo de Call cede a la (…) Diputación Provincial toda la piedra de sillarejo antiguo y de la puerta y ventanas de la fachada de la referida casa, con destino a la restauración de la casa de los canónigos (…) a cambio de que la obra deshecha sea reconstruida con obra de ladrillo de buena calidad» (SPAL, 1928).
86. Casas de los Canónigos. Fachada hacia calle del Obispo. Proyecto de restauración de Martorell, 1927. 85. Casas de los Canónigos. Fachada hacia la calle del Obispo. Alzado de Martorell con el estado de la casa en 1927.
ticas, en realidad, no iban dirigidas hacia él, sino al presidente de la Diputación de Barcelona bajo la dictadura de Primo de Rivera, Josep Maria Milà i Camps, y al arquitecto jefe de la Diputación, Joan Rubió i Bellver12. Rubió, que en 1927 estaba
acondicionando algunas dependencias del vecino Palau de la Generalitat de Catalunya, fue el autor del puente neogótico que une dicho palacio con las Casas de los Canónigos y que fue inaugurado en abril de 1928, en pleno proceso de restauración del edificio (il. 93). El estilo gótico florido del puente contra- decía incluso a los propios escritos de Rubió, ya que como vi- mos, había sido uno de los primeros autores en defender las particularidades del gótico meridional. Por ser un elemento extraño a la sobriedad de la arquitectura gótica catalana, el puente no fue bien recibido por la crítica de la ciudad: «aquest pont hauría hagut d’esser d’arquitectura més simple que les dues cases que unia, peró el senyor Rubió preferí la ridiculesa de fer-lo més ric que els més rics edificis gòtics de tot el plane- ta» (Sacs, 1929). Incluso, un columnista del periódico Mirador describía la visita de Le Corbusier a Barcelona en 1930 de esta manera: «En trobar-nos, donc, amb un Le Corbusier de carn i ossos, sincerament impressionat per l’eccellència del nostre gòtic ens deixava satisfets i amb certa dosi d’orgull barceloní. Però, en sortir dels claustres de la Seu, per la porta de la Pie- tat, i abans de tombar pel carrer del Bisbe, algú va llançar el crit d’alarma: “Nois, estem perduts. El pont! Ara haurem de pasar sota el pont gòtic”…una onada de vergonya ens cobrí la cara de tal cosa (…). Le Corbusier va mirar el pont i no va dir res… Nosaltres li agrairem tanta gentilesa, i apretàrem el pas per arribar, ben aviat, a la plaza del Rei! L’endemà, amb major confiança, el nostre visitant remarcà: “Però, com es possible que en mig del vostre admirable gòtic hagi pogut sortir aquell pont florit, nou i podrit”» (Gifreda, 1930-A).
En 1927, Rubió también intervino en otra de las casas del conjunto, la situada en la esquina de las calles Piedad y Obis- po. Se trataba de un edificio del siglo XVIII, y como en todos los casos, el arquitecto intentó recuperar su forma prístina. En 1913 el historiador Carreras i Candi había publicado La Via Layetana substituint als carrers de la Barcelona mitgeval (Ca- rreras i Candi, 1913), una especie de catálogo razonado de las edificaciones y elementos que estaban desapareciendo con la apertura de la Gran Vía A. Al final del libro, en un capítulo
12. «La restauració de les cases dels Canonges que enguany ha portat a cap l’arquitecte Jeroni Martorell no ha plagut a ningú, ni al mateix arquitecte restau- rador, que s’ha vist obligat a donar un caràcter teatral i falsejat a la restauració en questió» (Sacs, 1929).
87. Casas de los Canónigos. Nuevo proyecto de restauración de Martorell. Fachada hacia la plaza Piedad, 1927.
88. Casas de los Canónigos. Nuevo pro- yecto de Martorell. Fachada lateral, 1927.
escrito por Ramón Nonat Comas, el autor especificaba que la principal característica de la arquitectura barcelonesa del si- glo XVIII eran los esgrafiados con que estaban recubiertas las fachadas de los edificios señoriales, catalogando incluso los desaparecidos con la reforma y los que aún se conservaban. La intervención de Rubió consistió en adaptar el edificio para la instalación del Archivo de la Corona de Aragón (González, 1986, p 268), y recubrirlo con un esgrafiado diseñado «ex novo» para la ocasión.
Sin embargo, al finalizar la dictadura de Primo de Rivera, la responsabilidad de los excesos cayó sobre Milà i Camps debido al conjunto de actuaciones que había promocionado e impulsado en relación a la monumentalización del centro de la ciudad. Existió incluso un intento de desrestaurar las intervenciones de Rubió y de Martorell: «diuen que la Di- putació de Barcelona es proposa la revisió de l’obra artís- tica que s’ha fet en aquella casa durant la presidència del senyor Milà i Camps. (…) Han d’acordar què cal fer amb l’obra artística portada a cap dintre el Palau de la Diputació i amb l’obra més o menys arqueològica de l’anomenat Barri Gòtic. Han d’acordar si procedeix respectar o no aquelles obres» (Baiarola, 1930). Después de la dictadura, la Dipu- tación encargó un informe a representantes del Foment de les Arts Decoratives, del Institut d’Estudis Catalans y de la agrupación Amics de l’Art Vell. Las opiniones de la comi- sión aparecieron publicadas en el periódico Las Noticias, y sobre la casa de los Canónigos, decían: «la acumulación causa la impresión de un palacio gótico que nunca ha exis- tido. Por esa causa, la realidad de la restauración del barrio gótico desaparece, pues nos encontramos ante construccio- nes del todo imaginarias» (Las Noticias, 1930). Finalmente,
89. Casas de los Canónigos. Fachada hacia la calle del Obispo. Nuevo proyec- to de Martorell, 1927.
90. Casas de los Canónigos. Fachada hacia calle Paradis. Alzado antes de la intervención, 1927.
91. Casas de los Canónigos. Calle Para- dis. Proyecto definitivo de Martorell, 1927.
la intervención no fue modificada, y tanto las casas como el puente constituyen en la actualidad uno de los principales focos de interés turístico del Barrio Gótico. Sin embargo, la labor monumentalizadora de Milà i Camps no sólo consistió en refor- mar las casas de los Canónigos, sino que para comprender el sentido de las críticas es preciso analizar las diversas propuestas que impulsó e intentó llevar a la prác- tica, sobre todo, las visiones de Joan Rubió i Bellver del Tàber Mons Barcinonensis.