• No se han encontrado resultados

El conocimiento, hacia el logro de la plenitud

2. LA PLENITUD HUMANA

2.1 PLANTEAMIENTOS ACERCA DE LO QUE ES LA PLENITUD HUMANA Y SU FUNDAMENTO

2.1.10 LA CONTEMPLACIÓN AMOROSA SAPIENCIAL COMO EL CONTENIDO DE LA

2.1.10.2 El conocimiento, hacia el logro de la plenitud

Según Liliana Irizar, la plenitud la alcanza el hombre cuando logra la mirada sapiencial de Dios: esta es la plenitud y el sentido de la vida humana. Escribe: "para que nuestra vida (…) se vuelva valiosa, llena de significación, amable, realmente digna de ser vivida, necesitamos contemplar" (Irizar, L. B., 2008, p.75). Cada cosa que conocemos está impregnada de ser y de bondad. Y cita a Dewan (2008 a, p. 98):"Necesitamos aprender a fijar nuestra atención en el ser y en la bondad de las cosas" (citado en Irizar, L. B., 2008, p. 76).

Así, cada cosa revela la luz de una inteligencia. Escribe Irizar que cada cosa tiene un valor intrínseco, porque ella revela "la luz de una inteligencia" (Irizar, op. cit., p. 74). Por lo tanto, nuestro conocimiento de dichas cosas lo interpretamos como las huellas del camino que nos conduce hacia el conocimiento de Dios:

Vamos tras las huellas del sentido de la vida humana, es decir, de aquello que sea capaz de impregnar de significado, todos y cada uno de los actos, relaciones y cosas que configuran la existencia personal. Si andamos tras sus vestigios ello obedece a que creemos que es algo dado, por lo mismo algo que los hombres no inventan sino que encuentran, descubren en su naturaleza humana como tal (Irizar,L. B., 2008, p. 74).

Más adelante anota: "(…) somos dichosos simplemente contemplando (…). Esto sólo puede entenderse cuando se considera bajo una cierta luz: la que nos dice que tal conocimiento nos conduce (…) al conocimiento de Dios" (Irizar, L. B., 2008, p. 75).

Me temo que estos planteamientos de la autora sean enunciados carentes de valores veritativos. "Dios", es un término inescrutable. En cuanto a "la luz de una inteligencia revelada en

el conocimiento de las cosas", si no se nos describe las características de dicha luz (frecuencia de vibración, velocidad, longitud de onda…), no podremos hallarle para el citado término, algún referente con el cual contrastarlo. Tampoco nos dice la autora cómo es la inteligencia de la cual emana esa luz; no nos dice cómo podremos identificarla objetivamente al conocer las cosas: ¿la identificaremos por un peso atómico determinado?; ¿por una conciencia?; ¿por alguna frecuencia de movimiento, valor o constante?

Tomando las palabras del profesor Dewan, y acogiéndose a la metafísica tomista, la autora nos asegura que cada cosa está impregnada de ser y de bondad. Ahora bien: dentro de tal metafísica, el ser es el "actus essendi" divino, procedente de Dios. Siendo el ser, universal en toda criatura, nos remite a un origen divino inescrutable. En cuanto a la bondad: puntualiza Dewan (2008, p. 83): "En la medida que cada cosa posee una forma, en esa misma medida revela ‘la luz de una inteligencia’ y de ahí procede su valor intrínseco" (Citado en Irizar, L. B., 2008, p. 75). Es decir, toda cosa tiene una bondad ontológica o intrínseca por revelar la luz de una inteligencia. Yo observo que, puesto que por hipótesis todas las cosas son ontológicamente "buenas", resulta que el término "bueno", por ser omniabarcable, carece de determinaciones específicas que lo califiquen o peculiaricen con respecto a lo que no es bueno; y por lo tanto, carece de significación: resulta deflacionado.

Sentado esto, resulta imposible poder identificar en cada cosa, cuál es su ser y cuál es su bondad. ¡Cómo constatar si es cierto que hay ser y bondad en por ejemplo, una determinada oveja clonada! la verificación resulta imposible, pues no sabemos qué características han de tener el ser y la bondad que en la

entidad buscamos: en síntesis, no sabemos lo que buscamos. En cuando al "sentido de la vida humana": ¿existe tal sentido?; ¿en qué consiste?; ¿cómo se prueba?; ¿qué cualidades garantizan su condición de "sentido"?: no hay respuesta.

En conclusión: los términos que emplea la autora son inescrutables, no-definidos, y por lo tanto, los enunciados que los incluyen carecen de valores veritativos: no son ni verdaderos ni falsos; en consecuencia, son inverificables; y por lo tanto, son enunciados no-válidos.

Sin haber resuelto esta dificultad inicial, nos es imposible poder comprender lo que viene más adelante, y que se basa en lo primero: que el conocimiento de las cosas representa vestigios (huellas) que nos conducen hacia otro conocimiento. Para que algo tenga el carácter de "huellas", se supone que es una señal de algo: nos revela algo: si hallo cenizas, es porque hubo fuego; si fulano practica ajedrez, es porque aspira a ser un experto. Entonces, entre la huella y aquello que revela, ha de existir alguna relación fenómeno-esencia, bien sea causal o teleológica: la huella es la manifestación o expresión de alguna causa antecedente o causa final, de alguna manera identificada: si en el bosque húmedo identifico las huellas del paso de un tapir, se supone que sé lo que es un tapir. Pero es el caso que la autora en mención no me da a conocer las características de aquello que representan las supuestas huellas, para poder identificarlo; señalar que es el sentido de la vida humana, constituye una

explicatio obscuri per obscurius; tampoco se me dice cuál es la

razón que garantiza que la supuesta huella realmente lo es, ni cuál es la relación fenómeno-esencia que liga a la supuesta huella con aquello que supuestamente representa.

En suma, la plenitud planteada por la autora, no es verificable, y sólo se basa en un artículo de fe.