2. LA PLENITUD HUMANA
2.1 PLANTEAMIENTOS ACERCA DE LO QUE ES LA PLENITUD HUMANA Y SU FUNDAMENTO
2.1.10 LA CONTEMPLACIÓN AMOROSA SAPIENCIAL COMO EL CONTENIDO DE LA
2.1.10.4 Las virtudes éticas y la vida contemplativa
2.1.10.4.1 La autora señala como base de la vida contemplativa,
la observancia de las virtudes éticas, dado que la virtud moral "permite que la persona conquiste en su interior una actitud global frente al bien racional (…)" y nos conduce hacia el conocimiento de Dios (Irizar, 2008, pp. 101 s, p. 75). Se acoge al planteamiento de Tomás de Aquino, quien enseñaba que las virtudes morales desempeñan un papel propedéutico respecto de la vida contemplativa (Ibíd., p. 103). Por lo tanto, concluye la autora siguiendo a Aristóteles, el fin natural del hombre debe consistir en llevar una vida plenamente racional, esto es, desarrollada de conformidad con las virtudes éticas e intelectuales (Ibíd., p. 33).
Pero yo pregunto: de qué "virtudes morales" hablamos: cada hombre y cada mujer tiene como ideal un código de virtudes según sea el momento histórico y su posición estructural de clase: puede tratarse del terrateniente medieval, el amo esclavista
de la Antigüedad, la religiosa de clausura, el esclavo del Imperio romano.
Además, se ha visto que sostiene la autora que el ejercicio de la virtud nos permite conquistar en nuestro interior una actitud global frente al bien divino, y consiste en el conocimiento de Dios (Ibid., 101 s, 75). Nuevamente, eso depende de lo que entendamos por "Dios" y de la manera como interpretemos aquél trayecto: los wikingos que vivían de las matanzas y del pillaje, se guíaban por sus propias "virtudes", y según ellos, su vida virtuosa los ponía en contacto con la divinidad: esperaban morir durante la batalla para entrar en el Valhalla o paraíso, esta era la morada de los dioses, y allí Odín esperaba al guerrero para brindarle una heroica bienvenida. Los musulmanes que entre los siglos VII y XVI, con el filo de la espada sometían a los pueblos, tenían la convicción de que al morir en combate se unían con su dios como recompensa. La divinidad que esperaba al saqueador wikingo como recompensa por su "vida virtuosa", no era la misma que aquella que esperaba al saqueador musulmán por su "vida virtuosa".
Pero no solamente cada etnia tiene sus propias virtudes y su propio dios, sino que cada individuo puede asignar a cada cual de las virtudes un cariz diverso, marcado por los fines de su conducta, y esto, según las circunstancias. Por ejemplo, los wikingos tenían entre sus virtudes el honor y la fidelidad; pero esto lo aplicaban solamente entre ellos: no en su conducta ante las víctimas que degollaban.
En base a estas consideraciones, hallo inaceptable la aseveración de que la observancia de las virtudes éticas le permite a la persona conquistar en su interior una actitud global
frente al bien racional. Por lo mismo, rechazo que el cumplimiento de las virtudes éticas lo conduzca al hombre hacia la vida contemplativa y hacia la persecución del bien racional. Todo ello es resultado de una perspectiva en bloque que no respeta las diferencias concretas, que hacen imposible una mirada homogeneizante, y esta perspectiva ve así la naturaleza humana en abstracto.
2.1.10.4.2 Aun más: la autora, haciendo suyo el pensamiento
de Tomás de Aquino, transcribe las palabras de éste: "(…) las virtudes morales desempeñan un papel propedéutico respecto de la vida contemplativa" (Irizar, L. B., 2008, p. 103). En esta línea, asevera la autora: "La actitud contemplativa requiere un clima psíquico y espiritual propicio que únicamente las virtudes éticas pueden generar" (Ibid., p. 101).
He de interpretar el presente planteamiento como un deber- ser o prescripción, pero nuevamente, eso ha de depender de las condiciones históricas concretas de la existencia del hombre en sociedad.
En primer lugar: si bien, en alguno que otro individuo, sus virtudes morales pueden conducir a la contemplación, esta metodología no puede imponerse como norma para todo ser humano en abstracto. No se puede obligar a toda persona virtuosa a que oriente su vida hacia el ideal de la contemplación; un ideal de vida propio de clases ociosas de la Antigüedad y del Medioevo, no es dable universalizarlo para el ser humano en general sin respetar sus condiciones concretas de vida.
Además: no se ve qué relación pueda haber entre virtudes como el ser humilde, el ser sincero, el ser leal, y la contemplación
divina: tales virtudes pueden orientarlo al sujeto a ser héroe, guerrillero, empresario, agricultor, deportista, escritor, filósofo, sacerdote, un buen padre…, pero no necesariamente a un contemplador de la divinidad. En el status ontológico de la virtud no está inscrita la orientación hacia alguna divinidad.
En segundo lugar: no veo qué necesidad tiene la virtud ética, de estar orientada hacia la contemplación de la divinidad. Toda virtud es moral; como tal, hace referencia al otro o a los otros: se es humilde, sincero, leal o compadecido, en relación a otro o a otros; esto significa que la conducta virtuosa sólo tiene sentido por las consecuencias que pueda tener para los otros; es decir, tiene un sentido comunitario. La virtud individual responde a las exigencias sociales de cada comunidad humana concreta: a fin de no destruirse, le exige a cada individuo ser virtuoso; es decir, la virtud está orientada hacia los propósitos reales y prácticos de cada sociedad concreta (esto, desde la comunidad paleolítica hasta la comunidad contemplativa).
En tal sentido, para la virtud, la vida contemplativa, no siéndole una dimensión necesariamente constitutiva sino contingente, le es extraña; ciertamente, la vida contemplativa necesita tenerla como fundamento, pero no es que toda vida virtuosa esté orientada hacia la contemplación de la divinidad. Las virtudes no son una propedéutica para la vida contemplativa, como pretende la autora. Es más: toda virtud por su carácter moral, por corresponder al hombre que es parte de la comunidad, tiene un carácter comunitario: estoy de acuerdo con que la virtud conduzca hacia la consecución del bien racional; pero no puede intervenir sola, sino en conjunción con la lucha corporativa con objetivos precisos. Sin esta lucha por cambiar el estado de
cosas, el hombre virtuoso podrá estar satisfecho de su conducta moral, pero su satisfacción será subjetiva e individualista.
Asignarle a la virtud el papel de propedéutica de la vida contemplativa, significa hacerla dependiente de un τέλος de contemplación piadosa, y anularle toda autarquía ontológica. Toda virtud en esencia tiene un sentido comunitario pues responde a las exigencias de una determinada comunidad humana. En consecuencia, asignarle a la "virtud ética" el propósito de conducir a la contemplación de la divinidad, equivale a negar su naturaleza y desnaturalizar su propósito.
Además: buscar la visión contemplativa como máximo objetivo de la vida, equivale a unidimensionar al hombre. Como ya lo dije en otro lugar, la comunidad contemplativa se aísla indebidamente del contexto social y natural del cual es miembro. De nada le valió la contemplación a la comunidad contemplativa de los esenios o a la de los Druidas, ante la irrupción brutal y tanática de las legiones romanas que las sometieron. La contemplación tampoco protegió a los monjes de la Abadía de Lindisfarme ante la masacre tanática efectuada por los wikingos. Estas irrupciones representan la negación no sólo de la existencia física del hombre, sino aun, del ser de su legado espiritual.
2.1.10.5 La pretendida contemplación de la verdad,