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Resulta fundamental referirse a un componente sustancial en la articulación de la sociedad de consumo: el crédito. El ascenso del mall, el retail y el consumo están directamente asociados a la masificación y democratización del crédito a partir de comienzos de la década de los 80s. Hasta entonces, tarjetas de crédito y compras a plazo estaban restringidos a una elite de altos ingresos.

La liberalización del mercado bancario chileno, y la apertura de negocios crediticios creados por el retail, revolucionaron el mercado del crédito de consumo en Chile. La oferta de tarjetas de crédito flexible, sin contrato estable, y sin evaluación financiera, hizo de los retailers los mayores prestamistas de dinero en Chile.

Evolución del número de tarjetas de crédito en Chile

Figura 8. Evolución del numero de tarjetas de crédito de casas comerciales y bancarias en Chile. Fuente: Montero y Tarziján, 2010 en base a Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras. Cámara de Comercio de Santiago. Memorias. Número de tarjetas vigentes titulares y adicionales.

Para Montero y Tarziján el éxito del retail en Chile está basado en una suma de factores, entre otros, una fiscalización asimétrica entre la banca y el retail, baja bancarización del contexto chileno y una buena gestión de negocios por parte de las casas comerciales (Montero & Tarziján, 2010). Para estos autores tampoco se puede descartar, bajo un modelo de competencia oligopólica, que los mismos bancos hayan optado en los años iniciales, por razones de competencia, no extender sus servicios de crédito a segmentos de menores ingresos, facilitando así una más rápida expansión del negocio financiero del retail. Las casas comerciales prestaban dinero a tasas altas, con contratos cercanos a la usura, y sin requerir ningún documento. Las clases medias y medias-bajas vieron en este sistema un modelo de articulación del consumo de productos que antes no podrían haber obtenido con su nivel de sueldo. Pero a la vez, la incorporación de grandes grupos socioeconómicos, anteriormente excluidos de la banca privada, tuvo un efecto social y cultural sin precedentes, pues no solo fue visto como una manera de ser reconocidos dentro de una sociedad de libre mercado, sino que también fue usado como un trampolín social, al hacer uso de créditos de consumo para pagar gastos de educación superior, acceso a servicios de salud privados, y compra primeriza de inmuebles. Banco Falabella (asociado al grupo Mall Plaza), Tarjeta Presto (asociada a Wal-Mart), Tarjeta CENCOSUD, Banco Ripley y Tarjeta Corona, Tarjeta ABCDin son solo algunos de los productos crediticios provenientes de la banca del retail.

Esta capacidad de otorgar crédito a personas de clase media baja y baja, con el riesgo siendo asumido por las multitiendas, ha sido en buena medida responsable del éxito del retail chileno. Del mismo modo, ha sido la principal arma de batalla del retail chileno contra la

competencia internacional, que ha intentado incorporarse al mercado de comercio local, pero no logró insertarse en el mercado crediticio chileno (Salcedo & De Simone, 2013a) (como los casos De Muricy, JcPenny, Sears, Carrefour, Home Depot). Para la analista de Euromonitor, Michelle Evans, Chile es el país que mejor puede ilustrar esta historia de despilfarro crediticio en Latinoamérica, ya que los chilenos usan sus tarjetas para financiar gastos compulsivos (Evans, 2014) y también gastos de primera necesidad.

En paralelo a la llegada del primer mall chileno, la multitienda Falabella lanzó al mercado su tarjeta CMR (“Crédito Multi Rotativo”), lo que fue imitado rápidamente por otras casas comerciales. A inicios de los 90, las grandes cadenas supermercadistas también lanzaron sistemas de pago a crédito, completando un masivo mercado de storecards o tarjetas de tienda en Chile. A partir de ese momento, la banca institucionalizada no tuvo más remedio que ampliar y liberalizar sus sistemas de crédito, convirtiendo a sujetos de préstamo a miles de chilenos. Como destaca Euromonitor, los retailers chilenos, y en general los latinoamericanos, han aprovechado su estrecha relación con el consumidor como una manera de ofrecer crédito a los segmentos de menores ingresos. Esta tendencia es más frecuente en América Latina que en otras regiones del mundo debido a que la región tiene una baja población bancarizada en relación con el desarrollo de su sector retail Euromonitor, 2013. Para la consultora experta en medios de pago, los consumidores de América Latina siguen siendo desconfiados de las instituciones financieras después de años de hiperinflación, altas tasas de interés y excesivas comisiones. Según Evans, Colombia, Argentina y Chile se encuentran entre los diez países de más rápido crecimiento en el aumento de la deuda a través de tarjetas de crédito desde 2008. Para cifras del 2013, Chile es el país en la región con mayor relación entre deuda y sueldo de la región alcanzando un ratio de 103% entre deuda y sueldo, seguido de Venezuela (59,2%), Brasil (32%), México (21,8%), Colombia (21,4%) y Argentina (17,2%). Esta proporción de deuda-ingreso es casi tres veces superior a la de sus contrapartes en Latinoamérica y, de hecho, se acerca más a la relación que existe en los Estados Unidos, donde el mercado todavía se ve afectada por las deudas hipotecarias, asegura Euromonitor (Evans, 2014). En Chile, la mayor parte de esa deuda puede ser atribuida a hipotecas, seguida por préstamos de tarjetas que de hecho, han sido la categoría de deuda de más rápido crecimiento

desde 2008. Por ejemplo, según datos de la SBIF, la tarjeta Presto, del grupo Wal-Mart, tiene un 26,4% de morosidad de sus clientes a diciembre 2015, seguida por la tarjeta ABCDin con un 23,8 % y de la tarjeta TRICOT con un 20,9% de morosos del total de la cartera (Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras - SBIF, 2015).

No obstante, es importante destacar que son las tarjetas de tienda, y no las bancarias, las que han mostrado un mayor aumento en el crédito de hipotecas. En Chile, la cantidad de “plásticos” alcanza los 23 millones de tarjetas emitidas Euromonitor International, 2014, y el retail financiero está financiando la construcción de nuevos mercados inmobiliarios residenciales, por sobre el rol de los bancos tradicionales.

Evolución del número de tarjetas de crédito en Chile

Figura 9. Evolución del numero de tarjetas de crédito de casas comerciales y bancarias en Chile. Fuente: Montero y Tarziján, 2010 en base a Felaban, Federación Latinoamericana de Bancos, 2008

Figura 10. Proporción de adultos mayores a 15 años con uso frecuente de tarjetas de crédito en América Latina. Fuente: BS Latam

Evans destaca que es incremento en tarjetas de tiendas privadas el que ha extendido esta categoría de préstamos a través de Latinoamérica. Para el año 2013, los chilenos habían amasado el monto más grande de deuda en tarjetas como proporción del PIB del país, comparado con cualquier otro mercado en el mundo (Evans, 2014). De hecho, el chileno promedio tiene un monto en deuda en tarjeta de crédito comparable al de cualquier mercado desarrollado del mundo. Hasta el 2013, el chileno promedio tenía deudas por más de US$2.100, lo que pone a Chile por encima de mercados como Noruega, Australia y el Reino Unido.

Con respecto a los presupuestos familiares de los consumidores chilenos, es evidente que la deuda en consumo se concentra en los quintiles más bajos de la sociedad. Al analizar el ingreso y gasto per cápita de los hogares chilenos, en base a la Encuesta de Presupuestos Familiares del Instituto Nacional de Estadísticas, se puede observar que 2 de 5 quintiles apenas logran pagar sus consumos con lo que ganan mes a mes. El tercer, segundo y primer quintil (60% de la población correspondiente a aquellos con menos ingresos mensuales) gastan más de lo que ganan.

Al analizar el desglose de estos gastos, y comparar aquellas divisiones relacionadas directamente con el sector retail (restaurantes y hoteles, recreación y cultura, muebles y artículos para el hogar, vestuario y calzado), los porcentajes del ingreso de familias de los quintiles más bajos que terminan siendo destinados a estos gastos de consumo varía de entre 25,61 % (1º quintil) a 18,23% (3º quintil), como se observa en el Gráfico X. Es decir, desde un cuarto a un quinto del ingreso mensual se destina a compras asociadas a la infraestructura de retail en la ciudad.

No existiría otro modo de solventar la vida en la ciudad chilena que no sea a través del crédito. Y al pertenecer a grupos de baja bancarización, esta gran mayoría vive a través del crédito entregado por el retail financiero, quien solventa los gastos de estos hogares —gastos que por lo demás se traducen en ventas de vestuario, calzado, alimentos y muebles de sus mismos rubros. El modelo de se concreta como una economía circular (donde el recuerdo de la pulpería salitrera del siglo XIX

parece ser una buena metáfora a la hora de explicar este ciclo del capital financiero del retail).

Figura 11. Gasto e ingreso promedio mensual per cápita según quintil en Gran Santiago. Fuente: Elaboración propia en base a datos EPF/INE 2016.

Figura 12. Gasto promedio mensual de hogares en divisiones asociadas al retail, por quintil en Gran Santiago. Fuente: Elaboración propia en base a datos EPF/INE 2016

Los análisis sectoriales: consumo y retail en la