Así, tras el auge festivo del gobierno de José de Iturrigaray,48 en 1808 em-
pezará el total declive de las entradas virreinales novohispanas, junto con la disolución del sistema colonial en las posesiones americanas de la Monarquía hispánica. De este modo, el año 1808 estalla la crisis dinástica con la invasión francesa de la Península ibérica, las abdicaciones de Bayona y el inicio de la
46. Referenciadas en la Gaceta de México del viernes 7 de enero de 1803.
47. La cronología de esta etapa se corresponde al momento histórico en que se pro- duce la insurgencia y la independencia, de las cuales algunas referencias bibliográfi cas son: CHUST, M. y MÍNGUEZ, V. (ed.), El imperio sublevado, Biblioteca de Historia de América,
CISC, Madrid, 2004; GUEDEA, V., En busca de un gobierno alterno: los guadalupes de México, UNAM, México, 1992; LYNCH, J., Las revoluciones hispanoamericanas. 1808-1826, Ariel His- toria, Barcelona, 1976; RODRÍGUEZ O., J. E., El proceso de la independencia de México, Insti-
tuto Mora, México, 1992; y Revolución, independencia y las nuevas naciones de América, Fundación Mapfre Tavera, Madrid, 2005.
48. Algunas referencias bibliográfi cas sobre este controvertido virrey son: BLACK, L. L.,
Confl ict Among the Elites: the Overthrow of Viceroy Iturrigaray, Ed. UMI (facsimile), London,
1980; LAFUENTE FERRARI, E., El virrey Iturrigaray y los orígenes de la independencia de Méjico,
CSIC, Madrid, 1941; SANTIAGO CRUZ, F., El virrey Iturrigaray. Historia de una conspiración, Ed.
guerra de la Independencia, momento en que se producirá la eclosión del li- beralismo en el movimiento juntero y en las posteriores Cortes de Cádiz. Esta tensión tendrá su refl ejo en la Nueva España con el derrocamiento del virrey Iturrigaray por parte de la facción de peninsulares, encabezada por el vizcaíno Gabriel de Yermo, que le acusaban de estar en connivencia con el Ayuntamien- to y los regidores Azcárate y Primo Verdad para la instauración de un gobierno provisional en México, e incluso llegaron a culparle de preparar su nombra- miento como rey mexicano bajo el nombre de José I, curiosa coincidencia por cierto con el nombre del otro usurpador monárquico, el peninsular, José I Bo- naparte. De este modo, José de Iturrigaray saldrá apresado casi por los mismo lugares que seis años antes le vieron llegar triunfalmente, en una desacraliza- ción sin precedente de la fi gura del virrey, hasta esos momentos enviado real y por ello máxima autoridad novohispana sin lugar a ninguna duda. Sin embargo, con el apresamiento de Carlos IV y su hijo, y el vacío de poder en el trono, la fi gura del virrey se verá también afectada en su concepción, cosa en la que el liberalismo ahondará aún más posteriormente (fi gura 5).
Tras la caída de Iturrigaray, quedó Pedro de Garibay como virrey interino desde 1808, impuesto por los sublevados peninsulares, ya que era el rango mi- litar más alto que en aquellos momentos residía en la Nueva España. Garibay ya estaba en la Ciudad de México en el momento de la revuelta y, por tanto, todas las ceremonias al respecto de su nuevo cargo se reducirán a la toma de posesión y juramento del mismo en los términos tradicionales y si entradas triunfales, ni entrega del bastón de mando, como es obvio.
Poco tiempo después, al año siguiente, la Junta Suprema Central –a la que ésta vez sí reconoció la Nueva España, a diferencia de la actitud de Iturrigaray con las juntas de Oviedo y Sevilla– decidió destituir a Garibay dada su vejez y su estado de enfermedad y nombrar virrey al arzobispo de México, el ho- norable don Francisco Xavier de Lizana y Beaumont, que ya había celebrado magnífi cas ceremonias de entrada triunfal a su llegada al cargo en 1803.49 En
su caso ocurrirá lo mismo que en el anterior, siendo su residencia ya la Ciudad de México no habrá más ceremonial que la toma de posesión y juramento de los cargos.50
Para el año 1810, llegará Francisco Xavier Venegas, virrey que sí llegaba del exterior, pero no de la península directamente, sino que en su caso de Santa Fe, en el virreinato peruano, ya que el Consejo de Regencia decidió redestinarlo a
49. Para información sobre la entrada de Lizana como arzobispo mexicano ver la Gaceta
de México del viernes 7 de enero de 1803.
Nueva España al poco tiempo de llegar a su destino. Tras un rápido periplo por tierras novohispanas, llegará a la capital el catorce de septiembre, realizando ese mismo día el juramento con grandes celebraciones. Días más tarde se cele- brará su entrada triunfal, desde la Villa de Guadalupe y con el mismo esquema que el marcado en tiempos del II Conde de Revillagigedo. Como vemos, las anteriores crisis del modelo de entrada triunfal habían hecho mella, de tal modo que ésta ya no se caracteriza por el esplendor barroco de inicios del siglo XVIII,
sino que ha ido perdiéndolo hasta este momento, cuando las celebraciones en las ciudades de la carrera son muy limitadas, y en la Ciudad de México se si- guen realizando pero como una sombra del lujo y boato de anteriores siglos.
Además, durante el gobierno del virrey Venegas se sumará a esta deca- dencia dos nuevas trabas, que harán que la ceremonia caiga aún más en su profunda decadencia. La primera de ellas será la llegada de la insurgencia, con el Grito de Dolores el día siguiente de su entrada en Ciudad de México, y la lucha de los seguidores de la misma, encabezados por Miguel Hidalgo, Igna- cio Allende y Juan Aldama en un principio, y posteriormente por fi guras como José María Morelos o Ignacio López Rayón. Este hecho contribuirá a hacer más inestable el territorio novohispano, y los diversos ceremoniales también se re- sentirán, más aún las entradas triunfales, teniendo en cuenta que la tradición marcaba todo un trayecto desde Veracruz por lugares que desde estos momen- tos podrán ser poco seguros para el tránsito de importantes autoridades, cosa que comprobará en el futuro el virrey Apodaca.
En segundo lugar, el liberalismo peninsular, ya que las Cortes de Cádiz decretarán la defenestración del cargo de virrey, relegándolo a capitán general y gobernador de México, clara degradación del cargo, que ya no inspirará la importancia e infalibilidad del otrora todopoderoso virrey novohispano, y por tanto eso se refl ejará en el ánimo festivo, no es lo mismo la gran fi gura de siglos anteriores que el funcionario de alto rango en que se convierte Venegas. Esta medida tiene una fácil explicación, ya que la fi gura de virrey era de clara ins- piración absolutista, y recordaba demasiado al Antiguo Régimen a los liberales doceañistas.
El siguiente virrey será Félix María Calleja del Rey, brigadier que dirigía las tropas realistas y que obtendrá grandes éxitos, destacando la derrota y apresa- miento de Miguel Hidalgo en la Batalla de Puente Calderón, y por ello será la persona elegida por el Consejo de Regencia para sustituir a Francisco Xavier Venegas (fi gura 6). La noticia de su nombramiento como virrey se hará pública el veintiocho de enero de 1813, y ese mismo día será agasajado y festejado en su domicilio particular, la Casa del Marqués de Jaral, posteriormente conoci- da como Palacio Iturbide. El cuatro de marzo del mismo año se producirá el traspaso del poder, y su ocupación del Palacio Virreinal, festejado con ofi cios
en la Catedral, la toma de posesión y el juramento, así como ceremoniales que acompañaban a éstos, únicos festejos para el caso de Calleja del Rey. Durante el gobierno de este virrey, acabará la guerra de Independencia en la Península ibérica, y volverá al trono Fernando VII, dando inicio el Sexenio Ab- solutista, última época de la historia española en la que México permanecerá en la corona. Con la restauración de todo el Antiguo Régimen, se volverá de nuevo a la antigua concepción de la fi gura del virrey, que recuperará todo su poder.
Y llegamos a 1816, cuando llega Juan Ruiz de Apocada, futuro conde del Venadito y al que debemos considerar, si lo hacemos en sentido estricto, como último virrey novohispano, ya que a efectos legales en 1820 se volverá a suprimir el cargo, y una vez se retorne al Antiguo Régimen, en 1823, la independencia mexicana será ya un hecho. La llegada de Apodaca será también acelerada, y aún más tras el grave incidente en el que será asaltado por un grupo de rebeldes insurgentes, del que podrá ser liberado. Tras ser clemente con ellos, se dirigi- rá rápidamente hasta la capital novohispana, que verá en su persona la última entrada triunfal virreinal de su historia. Durante su gobierno se producirá el segundo intento revolucionario español, el llamado Trienio Liberal, instaurado tras la rebelión del general Rafael del Riego, que justamente iba hacia América del Sur para aplastar las revueltas independentistas, en 1820. En el seguimiento de la insurgencia, se producirá un hecho clave que dará un giro radical a todo el proceso, y es que el general realista Agustín de Iturbide se alineará con las ideas independentistas y en febrero de 1821 dará a conocer su archifamoso Plan de Iguala, uniéndose más tarde sus tropas con las insurgentes de Vicente Guerrero en el conocido como Abrazo de Acatempán. En esta coyuntura se instauró en Nueva España una Junta de Guerra, en la que los asistentes se amotinaron contra el virrey Apodaca y le obligaron a dejar el cargo, cosa que hizo el cinco de julio de 1821, asegurándose una vuelta digna y sin peligros a España.
De este modo, Apodaca será sustituido por Francisco Novella, que ejerce- rá de forma interina los cargos de capitán general y gobernador de México,51
mientras llegue el designado por las Cortes y el rey –ahora y por poco tiempo constitucional– Fernando VII. Las únicas celebraciones en el caso de Novella serán las del juramento de los cargos y toma de posesión de los mismos, como venía siendo habitual en décadas anteriores para el caso de dirigentes que ya tenían su residencia establecida en México.52
51. Hay que recordar que con el Trienio Liberal la legislación de Cádiz y de la Constitu- ción de 1812 se recuperará íntegramente, y con ella la abolición de la fi gura de virrey.
52. Para más información ver la Gaceta del Gobierno de México del martes 10 de julio de
Poco tiempo después, llegará a Veracruz el tan esperado dirigente consti- tucional, don Juan O’Donojú y O’Ryan (fi gura 7).53 Los cargos los jurará en la
plaza del puerto, acto inédito hasta entonces y que nos deja entender la difícil situación en la que se encontraba la Nueva España, sumida en la rebelión insur- gente agravada con el cambio de parte de las tropas realistas a las fi las indepen- dentistas. Su próxima parada es, quizá, la más célebre de su periplo: Córdoba. Allí se encontrará con Agustín de Iturbide, líder de las tropas trigarantes, para fi rmar los Tratados de Córdoba,54 aceptando la máxima autoridad española el
Plan de Iguala, con lo que hacía de México un país independiente. Tras ello, será recibido en las siguientes ciudades con todos los honores, tanto en Orizaba como en Puebla, y su ingreso en la capital se producirá en septiembre, justo a tiempo para observar desde un balcón como, de nuevo, una entrada triunfal cambiaba la historia de México.55 Era el veintisiete de septiembre de 1821, y
Agustín de Iturbide, a la cabeza del Ejército Trigarante entraba en Ciudad de México, en medio de grandes algarabías y festejos (fi gura 8).56
CONCLUSIONES
En este texto, se ha expuesto un breve esquema de cómo la ceremonia de entrada triunfal, tan asentada en territorio novohispano, va cayendo en deca- dencia y en un proceso de lenta defunción, junto con el sistema colonial en conjunto, ya que no era más que parte integrante del mismo. Pero esto no sig- nifi ca que sea la ceremonia en sí y sus usos lo que se pierde y destruye, ya que el día mismo de la fecha fi nal del dominio español se marca con otra entrada triunfal, coincidente en muchos aspectos con las virreinales: parte de la carrera, la existencia de arcos triunfales –aunque más modestos–, la procesión de las tropas trigarantes con el personaje principal a caballo, etcétera. Así, es el pro- motor de estas entradas el que está en decadencia, ya que la ceremonia en sí pervive mucho más allá de la caída del régimen colonial, y aún tendrá grandes momentos en el siglo XIX mexicano, incluso en épocas tan avanzadas como las
de Maximiliano de Habsburgo o Porfi rio Díaz.
53. En la Gaceta Extraordinaria del Gobierno de México del martes 14 de agosto de 1821 se habla de su llegada al puerto de Veracruz.
54. En Córdoba y Orizaba habrá importantes festejos, detallados en La Abeja Poblana del
jueves 13 de septiembre de 1821.
55. Pronto morirá y se realizarán en honor de O’Donojú grandes exequias, como el pri- mer muerto honorable del México independiente, relatadas en la Gaceta Imperial de México
del jueves 11 de octubre de 1821.
56. Entrada triunfal detallada en multitud de obras y fuentes, destacando la Gaceta Impe-
Fig. 1. Puerto de la Vera Cruz Nueva con la Fuerça de San Juan de Ulúa
Fig. 2. Portada de Retrato al vivo del celebrado emperador Constantino Magno; el
excelentísimo señor don Carlos Francisco de Croix, marqués de Croix, caballero de la orden de Calatrava…, México, 1766
Fig. 3. Retrato del Excelentísimo Señor Don Juan Vicente de Güemes Pacheco de
Padilla Horcasitas, II Conde de Revillagigedo, Salón de Cabildos del
Fig. 5. Retrato del Excelentísimo Señor Don José de Iturrigaray, Salón de Cabildos del Palacio Municipal de la Ciudad de México
Fig. 6. Retrato del Excelentísimo Señor Don Francisco Xavier de Venegas, Salón de Cabildos del Palacio Municipal de la Ciudad de México
Fig 7. Retrato del Señor Teniente General Don Juan O’Donojú, Salón de Cabildos del Palacio Municipal de la Ciudad de México
Fig. 8. Pintura anónima, Entrada del General Iturbide y el Ejército de las Tres
Garantías en la Ciudad de México, Museo Nacional de Historia,