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Una vez defi nido el objeto de estudio, se debe recomponer de forma breve la historia del mismo hasta llegar a la época y lugar seleccionados: el México de inicios del siglo XIX. El ámbito festivo está ligado a la especie humana3 ya desde

los más remotos tiempos de la Antigüedad;4 sin embargo, será en el mundo

romano cuando podemos ya decir que encontramos algunas ceremonias con cierta semejanza a las entradas triunfales, son el triumphus y la ovatio.

De este modo, ya en la Roma republicana se celebrarán los llamados trium-

phus,5 en los que –tras la aprobación del presupuesto público por el Senado–

un general victorioso cruzaba Roma desde el Campo de Marte hasta el Templo

3. Es un tema de vital importancia en antropología, con teóricos de la talla de Josef Pieper, Johan Huinziga o Jean Jacquot.

4. Una obra clave para estudiar diferentes estadios de la historia de la fi esta es SCHULTZ,

U., La fi esta. Una historia cultural desde la Antigüedad hasta nuestros días, Alianza Editorial, Madrid, 1993. En el mismo se llega a hablar de Egipto o Mesopotamia antiguos y sus festivi- dades, pasando por las épocas de las que se habla en este trabajo hasta llegar a momentos tan recientes como el Festival de Woodstock.

5. Para más información sobre estas ceremonias ver referencias bibliográfi cas tan intere- santes como: FERRER MAESTRO J., «El triunfo, la ovatio y el botín. Escenografía romana del uso

aprovechable de la guerra», en HEIMANN, H. D., KNIPPSCHILD, S. y MÍNGUEZ, V., Ceremoniales, ritos

y representación del poder, Col·lecció Humanitats, Publicacions Universitat Jaume I, Castelló,

2004; BRINGMANN, K., «El triunfo del emperador y las Saturnales de los esclavos en Roma», en

SCHULTZ, U., La fi esta. Una historia cultural desde la Antigüedad hasta nuestros días, Alianza

Editorial, Madrid, 1993; VERSNEL, H. S., Triumphus. An inquiry into the Origin, Developement

and Meaning of the Roman Triumph, Leiden, 1970. Además, una serie de autores clásicos

nos proporciona interesantes fuentes acerca de estos triunfos romanos, son Plinio, Estrabón, Dionisio, Zonaras o Plutarco.

de Júpiter Capitolino, con gran simbolismo ya que estaba recorriendo la Via

Sacra hasta la «casa de los dioses». Así, este triumphus era un desfi le en el que

el triunfador estaba acompañado por el Senado, magistrados, equites, animales sagrados, fl autistas, trompetas, tropas... y cruzaba varios arcos de triunfo he- chos normalmente con maderas y elementos vegetales, y ya con posterioridad en algunas ocasiones se levantaba un magnífi co arco permanente para recordar el triunfo. Así era una ceremonia en la que toda la sociedad romana reconocía y laureaba a un general que había hecho mucho por Roma y además había cumplido los requisitos que el Senado imponía, entre ellos la cantidad de botín para las arcas del fi sco público. En época imperial este sistema se verá adulte- rado, y serán los emperadores quienes reciban estos grandes honores, muchas veces sin haber estado presentes en las batallas y guerras clave del momento. Incluso el Senado acabará desfi lando por detrás del personaje homenajeado. Esta nueva concepción del triumphus se parece ya mucho más a la que poste- riormente se retomará en la Edad Moderna para los grandes monarcas, y para virreyes en el caso que interesa tratar. El Imperio bizantino será heredero de este modo de entrada triunfal, como de muchos otros aspectos culturales, pero podemos decir que a partir del gran triunfo del general Belisario y de la época de esplendor justiniana el modelo romano se irá diluyendo.

En cuanto a las entradas medievales, se trataría según algunos autores más bien de una «rudimentaria bienvenida»,6 acorde a los nuevos tiempos que co-

rren en Europa. Así, en los mismo un monarca o príncipe se posesionaba real o simbólicamente de una ciudad, con un referente clarísimo en la entrada de Jesucristo en Jerusalén.7 El esquema de los recibimientos medievales será muy

sencillo:8 recibimiento de las autoridades al personaje extramuros, traspaso de

las robustas murallas por una de sus puertas, juramento mutuo de acatar y defender derechos y privilegios –tanto del monarca o poderoso como de la ciudad–, y simbólica entrega de las llaves de la ciudad. Tras ello, se produce el recibimiento del palio, elemento originariamente restrictivo de emperadores y que va ampliándose a otros monarcas e incluso a virreyes americanos, cosa

6. STRONG, R., Arte y poder. Fiestas del Renacimiento. 1450-1650, Alianza Forma, Madrid,

1988.

7. Para el estudio de la misma es interesante acudir a las fuentes bíblicas: MATEO, 21, 1-12;

MARCOS, 11, 1-12; LUCAS, 19, 28-40 y JUAN, 12, 12-20.

8. Son interesantes para el estudio del mismo dos obras: STRONG, R., Arte y poder. Fiestas

del Renacimiento. 1450-1650, Alianza Forma, Madrid, 1988; OLEZA, J., «Las transformaciones del fasto medieval» en QUITANTE, L. (ed.), Teatro y espectáculo en la Edad Media. Actas Festival

que las Leyes de Indias9 prohibirán. Con el mismo, se produce el recorrido por

las principales calles de la ciudad, rodeado de gran jolgorio del pueblo y grandes espectáculos, como torneos en palenques, cantos de juglares, pequeñas obras teatrales… Hay que remarcar aquí la semejanza con el triumphus romano en el hecho de que la esencia de la ceremonia se trate de un gran desfi le triunfal que acaba rindiendo honores a la divinidad: en el caso romano en el Templo de Jú- piter Capitolino y en el medieval en el principal templo católico de la ciudad. En el sacro edifi cio se realizarán los ofi cios marcados como oportunos por el ritual romano, para producirse en último lugar el acompañamiento del poderoso per- sonaje hasta la que va a ser su residencia durante su estancia en la ciudad.

Sin embargo, estos dos esquemas apuntados anteriormente son solo el ger- men del que se va a analizar, ya que la entrada triunfal moderna entendida como tal va a surgir con el Renacimiento, y en esencia podríamos decir que va a mezclar cosas de las anteriores tipologías.10 Este alumbramiento ceremonial

estará muy ligado al Humanismo y a su intención de recuperar el esplendor del mundo antiguo, para lo cual todo el mundo medieval se verá apartado poco a poco de la escenografía triunfal, sobre todo durante el siglo XVI. Los dos focos

principales van a ser Italia –con las entradas de condottieri, príncipes e incluso emperadores– y Flandes –con las famosas blidje inkommen, entradas fl amen- cas de príncipes en las que la crítica y la demanda de actuaciones políticas y económicas era una constante–, para más tarde expandirse el modelo al resto de Europa. Como ya se ha dicho, el modelo va a ser una mixtura de los dos an- teriores. Desde el punto de vista ceremonial se aproximaría a los recibimientos medievales, ya que el esquema básico repite este último: recibimiento extramu- ros, desfi le triunfal por la ciudad y culminación en la Catedral, donde reside la legitimación del poder en la Edad Moderna, en el derecho divino. Sin embargo es en el ámbito artístico en el que se producirán las novedades y el alejamiento de lo medieval, se recuperará la tradición clásica en el arte efímero, tal y como ocurre en la arquitectura, la escultura, en la literatura… En este gran auge del arte efímero que supone el Renacimiento observaremos el retorno a lo clásico tanto en las forma –arcos efímeros, columnatas clásicas, retratos y esculturas de inspiración grecorromana…– como en el ámbito iconográfi co: mitología,

9. RLRI, Libro III, Tit. III, Ley XIX. «Que los virreyes no usen de la ceremonia del palio en sus recivimientos: y en el del Perú se pueden gastar hasta doze mil pesos: y en el de Nueva España hasta ocho mil.»

10. La obra clásica sin duda alguna para el estudio de esta época y los festivales en la misma es la ya citada de Strong.

retratos de emperadores romanos y héroes griegos, alegorías… y el género emblemático que invadirá todo lo artístico a partir de estos momentos. El ele- mento central pasará a ser ya el arco triunfal efímero, con toda su iconografía destinada al ensalzamiento del personaje entrante. Así, podemos decir que este esquema defi nitivo de entrada triunfal moderna se fi jará con la coronación de Carlos V como emperador en Bolonia y sus viajes triunfales por toda Italia,11 y

será el que dure al menos hasta el siglo XIX, y por tanto el que interesa para ver

qué sucede en el caso de los últimos virreyes novohispanos. Los viajes de Feli- pe II son otro de los ejemplos de este nuevo modelo renacentista de entrada.12

De este modo, el modelo de entrada triunfal se va a difundir por toda Europa, con particularidades en cada país, o cada monarquía.13

El barroco signifi cará un paso más en la evolución de este modelo, que aunque sigue con sus tendencias formales e iconográfi cas cambiará en cierto modo su esencia, al igual que ocurrió con el antiguo Imperio romano. Así, las monarquías absolutas europeas se reservarán el derecho a entrada triunfal, eli- minando toda interacción con el pueblo y haciendo de las mismas el más efec- tivo método propagandístico, ya que sorprendía como ninguno otro al pueblo con su lujo y las mil maravillas que se presenciaban en ellas, y es que la fi esta barroca siempre se ha defi nido como la más apoteósica de todos los tiempos. Estas fi estas, y las entradas triunfales no son una excepción, pasarán a ser el refl ejo más fi el de la opulencia de las monarquías absolutas y del recargamiento del arte barroco, y su esquema se asentará defi nitivamente, además como un esquema de larga duración en el tiempo y en el espacio, como veremos con su llegada al México virreinal.

11. Para los viajes triunfales carlinos son esenciales la obra ya citada de ROY STRONG –en

su capítulo «Imágenes del Imperio. Carlos V y el viaje imperial»– o el catálogo de exposición

La fi esta en la Europa de Carlos V. Las entradas triunfales en los grandes viajes imperiales de

Carlos V se producirán en multitud de ciudades como Génova, Mántua, Bolonia, Messina, Nápoles, Roma, Siena o Florencia.

12. PIZARRO GÓMEZ, F. J., Arte y espectáculo en los viajes de Felipe II, Encuentro, Madrid, 1999. Se producen además por toda Europa: Valencia, Barcelona, Guadalajara, Múnich, Au- gusta, Heidelberg, Génova, Pavía, Milán, Bruselas, Gante, Lille, Brujas, Arras, Amberes… Para su estudio es interesantísima la fuente CALVETE DE ESTRELLA, C., El felicíssimo viaje d’el muy

altoy muy poderoso Príncipe don Phelippe, hijo d’el emperador don Carlos Quinto Máximo, desde su España a sus tierras de la baja Alemania, con la descripción de todos los estados, de Brabante y Flandes…, Año de MDLII, lib. 4, fol. 225 v. y ss.

13. Para el estudio de las entradas triunfales de la Monarquía española es esencial una fuente concreta, la Etiqueta para la entrada con palio de los Señores Reyes después de su exal-

tación al trono, Archivo General de Palacio Real (Madrid), Sección Histórica, Fondo Entradas

Públicas, Caja 48, Expediente 2. En la misma se marcan los itinerarios de la entrada triunfal por Madrid, el lugar de colocación de los arcos, el protocolo de diferentes cuerpos, etcétera.