• No se han encontrado resultados

CAPITULO 2: MARCO TEÓRICO

2.3. Marco Teórico

2.3.6. Otros elementos en la construcción de la identidad

2.3.6.7. El Discurso en la construcción de la identidad

La identidad es un proceso en constante configuración donde nos constituimos con relación al otro, y se relaciona con la narración expuesta en el relato que hace la persona de sí mismo (Marcús, 2011, pág.113), narración que implica un proceso de autocomprensión, de quién es uno. Así, es en los procesos sociales donde “las personas se entienden y ubican a sí mismas dentro de una red de categorías entrecruzadas con diferente proximidad e intensidad” (Brubaker & Cooper, 2013, pág.23). Tiene, además, un sentido histórico y biográfico porque las experiencias significativas previas constituyen también su identidad.

Es a través del discurso que se transparenta el imaginario que se tiene de la identidad de los hombres y de las mujeres, se da en todos los niveles, por ejemplo. En un enlace ciudadano que realiza todos los sábados el presidente Rafael Correa dijo “yo no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado las farras impresionantemente, ha mejorado el buen vivir porque se ha armado una farra… fue realmente una fiesta muy bonita, muy agradable, ¡que asambleístas tenemos ah?! Corcho hay que aumentarles el sueldo porque no tuvieron plata para comprar suficiente tela, porque vinieron con unas minifaldas ¡Dios mío! Yo ni me fijo en esas cosas, me contaban… pero unas piernas y unas faldas impresionantes, guapísimas las asambleístas” (Hora, 2012)”.

Las interacciones que se dan entre las máximas autoridades y el pueblo a través de los encuentros semanales ejercen un impacto mayor que si se diera entre dos personas sin el poder que implica el cargo público en la estructuración de las identidades de la mujer, así se crean los imaginarios en los ciudadanos, en sus experiencias de vida en la cotidianidad. Afirma Villamediana (2012) en su

investigación que existe una relación clara y directa entre el Estado, la construcción y reconstrucción de identidades y las relaciones de género en el Ecuador. Con razón dice Radcliffe cuando afirma que “habría que descubrir procesos e identidades complejas realizadas a través de estructuraciones y re estructuraciones particulares del sujeto en relación a las estructuras manifestadas a través de discursos y prácticas oficiales constantemente reiterados y reprogramados por el estado cuestionando las identidades multifacéticas de los ciudadanos” (1999), pero también habría que descubrir cómo éstas se manifiestan en las diferentes generaciones.

El discurso utilizado por la sociedad implica la utilización de ciertos códigos como gestos, comentarios, acciones o cuerpo como vehículo de expresión y recepción de ideas, sentimientos y afectos que estructuran identidades y que se ven atravesados por variables como la clase a la que se pertenece, lugar, “raza”, status social, etc. Se puede conceptualizar el discurso como un “sistema de declaraciones que forman una unidad en torno a significados y valores comunes (Hollway, 1983, pág. 131 citado en Coates, 2009, pag.356)”. “No hay un discurso neutral además cuando hablamos escogemos diferentes sistemas de significado […] tenemos acceso a diferentes discursos los mismos que nos permiten desempeñar un yo múltiple. Y cuando utilizamos los diferentes tipos de discurso que nos colocan de manera diferente en relación al mundo” (Coates, 2009, pág. 356).

Hay discursos que pueden ser “conservadores” cuando el énfasis lo dan a los valores y significados que mantienen el statu quo, otros discursos pueden ser patriarcales poniendo énfasis en la superioridad masculina, siendo un discurso dominante se lo puede ver como natural. Pero en el juego de estas variables no se manejan los mismos códigos en todos los lugares, clases (Coates, 2009, pág. 356). Los individuos construyen su identidad de mujer, hombre, indígena, negro, etc., discursivamente.

Los cambios sociales y culturales son posibles justamente porque participamos activamente en la construcción de significados, elegimos discursos opuestos en la construcción y reconstrucción que hacemos de nosotros mismos y estas decisiones son significativas en la construcción y reconstrucción de nosotros

mismos como sujetos con género. Nosotros podemos vernos afectados por los discursos de género vigentes en un momento determinado, pudiendo alinearnos con los discursos dominantes de masculinidad, femineidad o simplemente resistirnos a éstos (Coates, 2009, pág. 357).

El discurso puede ser oficial cuando viene de las estructuras que ejercen poder como la iglesia, el Estado, sistema educativo, medios de comunicación, pues son éstos los que dicen que deben o no deben hacer las mujeres construyendo así también la identidad en las mujeres. Pero también puede ser a través del discurso y la cotidianeidad de la familia en donde la madre trasmite, proyecta y transfiere a través de ciertos códigos (discurso y prácticas) como el lenguaje, gestos y acciones cómo ésta debe ser en su ámbito de hija, madre y compañera o esposa.

Estos “discursos actúan sobre el cuerpo de las personas obligándolas a aproximarse a un ideal, a un modelo de obediencia, a una norma de conducta´” (Butler, 2011, págs.96-98 en Villamediana, 2012, pág.11). En la construcción de sujetos marcados por el género y de los múltiples actores que intervienen en él, he escogido el del discurso que usan las madres y padres para con sus hijos ya que en ese contexto social se trabaja en términos de “comunidades de práctica”9. Los

procesos reflexivos entran en juego para mirar al pasado y modificar el presente re- estructurando en forma continua la identidad. Comparto la idea de Humberto Maturana quien dijo en Medellín (2007) que “la reflexividad se favorece por las propias equivocaciones”. En un proceso dialéctico las prácticas resignificadas o interpretadas ayudan a construir e influenciar directamente en construcción de la identidad de las hijas e hijos a través del discurso, gestos, conductas atravesadas culturalmente y por la clase a la que pertenecen, en este caso la clase alta de la Parroquia La Puntilla.

9 Comunidades de práctica.- Este término fue usado por Etienne Wenger en 1998 e introducido al análisis sociolingüístico por Eckert y Mc Connell-Ginet (1992, 1995, 1998) como “un conjunto de personas que se reúne en torno a un compromiso común para una empresa. En el curso de este esfuerzo común, surgen maneras de hacer las cosas, formas de hablar, creencias, valores, relaciones de poder; es decir prácticas” (Coates, 2009, pág.359)

Según Bourdieu el discurso es la principal forma de transmitir las visiones del mundo (1990, pág.30). Todos los discursos que se emiten desde el Estado llegan a todas las instancias como la familia, núcleo básico de la sociedad. Pero también llegaría la incongruencia, así entre el discurso emitido por el padre o madre de familia respecto a sus hijas y las acciones que ejercen respecto a sus hijos así lo reflejan, hay una marcada diferencia entre las decisiones, permisos, gastos, lenguaje usado etc. que se toman para con hijos varones e hijas mujeres, evidentemente existe una brecha.

La madre y el padre tienen concepciones de lo que es ser mujer y también de lo que es ser hombre lo que confluye con las creencias religiosas y roles culturales alrededor de lo que debe ser femenino y no femenino. “Si las identidades son susceptibles a la transformación porque se forman en base a una relación de poder existente, entonces estas relaciones se pueden modificar mediante la repetición de un discurso diferente por parte del Estado, el sistema educativo, los medios de comunicación, etc.” (Villamediana, 2012, pág.12).

Si en la familia, que es donde más se repiten los discursos y se emiten códigos, habría la posibilidad de transformar estas identidades, Butler dice que los sujetos marcados por el género se construyen a través de la reiteración de las normas de género en prácticas diarias. Es una forma de construir identidades y también una forma de subyugación (Butler, 1993: xi11997, pág.2; 2011, pág.113 en Villamediana, 2012, pág.23).

La repetición en la vida cotidiana es un factor necesario para que el poder y las visiones del Estado se integren a las visiones de sí mismo y de otros que tienen las personas.