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CAPITULO 2: MARCO TEÓRICO

2.3. Marco Teórico

2.3.6. Otros elementos en la construcción de la identidad

2.3.6.4. Los estilos de vida y la identidad

Otro aspecto teórico importante a tomar en cuenta en esta investigación se refiere a los estilos de vida importantes en la construcción de la identidad, desde donde se analizará mi análisis posterior. Para esto tomaré como referentes teóricos a Bourdieu y Giddens.

La construcción de la identidad es un proceso complejo por la multiplicidad de interacciones de las personas, elementos y contextos que intervienen con el sujeto a lo largo de su vida.

Tomando a Giddens como referente en su teoría de la estructuración (la estructura determinan las acciones)8, la construcción de las identidades sería un

proceso complejo, inacabado, toda vez que se da siempre en interacción con los otros, y que a través del uso reflexivo de la acción es capaz de interpretar una situación y modificar a su vez las estructuras teniendo en consecuencia identidades inacabadas en permanente re estructuración. O sea, el individuo es capaz de rebelarse contra el sistema que lo estructura y es capaz de modificar esa estructura. En este sentido es un proceso incompleto coincidiendo con Lipansky, cuando asegura que no habría una identidad única de mujer, y que la identidad es un proceso inacabado que está en continuo proceso de construcción y deconstrucción a través de las interacciones con otros, que hace de nosotros una individualidad singular, lo que al mismo tiempo nos hace semejantes a otros (García Martínez, 2008, pág.22).

8 Teoría de la Estructuración como producción de las prácticas, es el “proceso dinámico por medio del cual las estructuras llegan a existir. Existe una dualidad: las estructuras son constituidas por la actividad humana y es el medio mismo de esta constitución” (Giddens, 1987, págs. 121-122 citado en Mussi, 2012)

La concepción que tiene Giddens respecto a los estilos de vida, es que lo aborda como “un conjunto de prácticas más o menos integrado que un individuo adopta, no sólo porque satisfacen necesidades utilitarias, sino porque da forma material a la identidad del yo” (Giddens, 1994, pág.106). Cabe anotar que los estilos de vida son prácticas hechas rutina: como hábitos de vestir, el comer, modos de actuar, medios privilegiados de encontrarse con los demás; estas rutinas, están permanentemente en continuo cambio en relación a las decisiones que nosotros hacemos cada día, siendo un referente no solo de cómo actuar sino de quien ser, afectando la identidad en un continuo hacerse y rehacerse. Esto implicaría que es un proceso que no es consciente por el sujeto, concepción con la que concuerdo plenamente.

Bourdieu complementa este concepto de los estilos de vida y acota que, estas variaciones de estilo de vida entre grupos (como los que se daría en la Vía a Samborondón a investigar) son atributos de estratificación elementalmente estructurantes y no solo el resultado de las diferencias de clase en el reino de la producción (Bourdieu, 2002). En este sentido, un estilo de vida implicaría hábitos y orientaciones con cierta unidad, pero que, por la interacción con las otras personas está influida por las presiones de grupo y por la visibilidad de los modelos de rol, así como por las circunstancias socioeconómicas (Giddens, 1994, pág.108).

Los gastos, en el que “tener” significa “ser” y donde “ser mujer y madre” están teñidos de códigos emitidos por miembros familiares en forma de gestos, acciones y lenguaje, emiten mensajes estructuradores en la identidad de las mujeres más jóvenes de la clase media alta, herramienta clave para la reflexión y capacidad de cambio por parte de los sujetos.

Bourdieu desarrolla en extenso esta materia en Habitus y el espacio de los Estilos de vida y señala que los estilos de vida son productos sistemáticos de los habitus, siendo éste el principio generador de prácticas objetivamente enclasables y también el sistema de enclasamiento de esas prácticas, ahí es donde se constituye el mundo social representado, el espacio de los estilos de vida (Bourdieu, 2002

pág.170). En este mundo las condiciones de existencia son diferentes por lo tanto producen habitus diferentes susceptibles de ser aplicados por simple transferencia a las diferentes prácticas, y estas prácticas que engendran los distintos habitus se presentan como configuraciones sistemáticas de propiedades que expresan diferencias en las condiciones de la existencia.

El habitus término latino usado por los escolásticos de la noción de hexis traducida como hábito o costumbre es el conjunto de disposiciones que se convierten en principio generador de nuevas prácticas (Bourdieu, 2001, págs. 24-25).

El “habitus es el sistema de disposiciones que es a su vez producto de la práctica y principio, esquema o matriz generadora de prácticas, de las percepciones, apreciaciones y acciones de los agentes” (Bourdieu, 2001, pág. 25) y ésta es a su vez producto de la incorporación de la división de las clases sociales.

Bourdieu afirma en el discurso que “la identidad social se define y se reafirma en la diferencia en un sistema de diferencias es decir por todo lo que la distingue de todo lo que no es y en particular de todo aquello a lo que se opone” (Bourdieu, 2002, pág.170). Siendo así, los estilos de vida que caracterizan a un sector de ingresos altos como el de la vía a Samborondón están insertos en un sistema de diferencias que se afirma en lo que no es y a su vez se manifiesta en una práctica y en la percepción de las prácticas sociales que son percibidas como naturales. Bourdieu también nos señala que:

[…] los estilos de vida enclasados y enclasantes obtienen su sentido en un sistema de oposiciones y correlaciones, haciendo de la necesidad una virtud haciendo que estas necesidades estén ajustadas a la realidad, así cuando cambian de posición social esas condiciones en las que se ha producido el habitus no coindice con las condiciones en la que funciona, así es el gusto de lujo el que impone las prácticas objetivamente ajustadas a estos recursos. (2002, pág.174).

Es necesario aclarar que dentro de los estilos de vida están los viajes, deportes, vestimenta, casas, consumos alimenticios, etc. Por ejemplo, en los consumos alimenticios se observa que, a medida que se sube en jerarquía social, la proporción de consumos alimenticios disminuye, así como los que hacen engordar, haciendo de una necesidad una virtud.

El consumo está marcado por los ingresos porque esta libertad de no medir lo que se gasta, la libertad de elección establece una distinción entre los gustos de lujo y los gustos de necesidad, ignorando que los gustos por necesidad no se satisfacen la mayor parte del tiempo, no se come por ejemplo salmón, sino que se come caritas o bonito porque tienen que satisfacer sus necesidades. Lo anterior se convierte según Bourdieu, en pretexto para un racismo de clase que asocia al pueblo con lo grueso, trabajos pesados, risotadas, bromas pesadas, vocabulario soez, etc. Así como el gusto de necesidad engendra un estilo de vida así también hay un gusto de lujo, de libertad, que distancia a una clase de la otra por la exquisitez de las que pueden optar (Bourdieu, 2002, págs. 177-178).

En la clase alta de la vía a Samborondón los restaurantes que más han proliferado son los de la comida internacional, así el sushi, la comida fusión, los asados de carnes importadas, los helados light, los capuchinos, frapuccinos, marcan las distancias entre lo que es y no es, entre los gustos de lujo de una clase dominante que marcan estatus y los gustos de necesidad. Se marcan estilos de vida a través de las prácticas sociales.

En la clase dominante se distinguen tres estructuras de consumos distribuidas en tres categorías principales: alimentación; cultura (entendiéndose como libros, periódicos, espectáculos, deportes, juguetes, música, radio y acceso a la tecnología “de punta”) y la última categoría que son los gastos de presentación y de representación (salud, vestidos, cuidados de belleza, artículos de tocador, personal de servicio).

El gusto por la comida está asociada a la idea que cada clase se hace del cuerpo y de los efectos de la alimentación en la belleza (forma del cuerpo), salud y

fuerza. El gusto lleva a hacer el cuerpo de la clase lo que se explica por un principio de enclasamiento que encabeza todas las formas de incorporación, elige y modifica todo lo que el cuerpo ingiere, digiere, asimila fisiológicamente y psicológicamente, manifestándose a través la apariencia, lo óptimo la apariencia natural en las dimensiones (volumen, estatura y peso) y respecto a las formas (redondas o cuadradas, rígidas o flexibles, rectas y curvas) y esto se expresa en la manera de tratar el cuerpo, de nutrirlo, mantenerlo, lo que es indicador de las disposiciones más profundas del habitus.

2.3.6.5. Prácticas que intervienen en la construcción de las identidades.

La construcción de identidades se la ha abordado desde las formas de convivencia y las prácticas discursivas “oficiales” y no oficiales que permiten definir una realidad e interpretar de acuerdo con las expectativas sociales de los individuos en un momento histórico determinado; desde la etnicidad como en los cincuenta y también desde la actitud social de los hombres y mujeres frente a sus propios cuerpos como expresión de roles sociales (Kogan, 2010); además la identidad tiene un doble sentido, esto es, desde lo universal de identidad de género (la madre) que aparece en nuestros territorios y su concreción particular en espacios determinados (Montecino, 1996 pág.197).

La sexualización de la imagen de las mujeres se manifiesta no solo en los espacios domésticos sino por el lugar que ocupan las mujeres en la sociedad, de las que incluso han llegado a posiciones políticas y de manejo de gran trascendencia. En una conversación sostenida de carácter informal en Guayaquil con una profesional que se dedica a la cátedra universitaria expresó “si ella pudo ser presidenta de la Asamblea, entonces yo puedo ser presidenta de la República”; luego en una reunión un ingeniero a propósito de la elección de la presidenta de la Asamblea dijo “a esas mujeres las van a manejar”, “ son bonitas pero…” otro comentario que surgió de inmediato por una mujer complementa la idea y dice “son muy jóvenes, les falta experiencia”. El supuesto que está atrás de lo dicho es que, no se cree de la idoneidad para el cargo ¿por su edad? ¿Por la experiencia? ¿Por ser mujer? Atrás de “son bonitas, pero…” estaría implícito que su espacio no es el de la Asamblea Nacional sino el ámbito doméstico, marcando una relación sexista dentro de las

relaciones interpersonales que interactúan en la estructuración de la identidad femenina en el imaginario de la sociedad.

Más allá de los discursos oficialistas de una sociedad ideal del buen vivir, de respeto a los derechos de todos y todas, habría que mirar críticamente como están asimilando y estructurando en el imaginario de las mujeres – madres e hijas- las identidades constituidas en el entramado de las variables y cómo ejercen su rol de género en una realidad concreta que es presionada a mantenerse en un status.

En las relaciones entre subjetividad e identidad, además de estar mediadas por relaciones de clase o por la nacionalidad, se constituyen en las interacciones de género, clase, edad o generación, etnicidad, nación, lugar, religión u ocupación (Radcliffe, 1999, pág.252)

En la estructuración de su identidad se entretejen algunas variables significativas como la clase, la cultura, el lugar al que pertenece, la “raza”, edad, cuerpo, junto a las relaciones de poder, el discurso y prácticas cotidianas que se dan en un tiempo y contexto, pero que no siempre lo determina. Por ejemplo, se es mujer, pero simultáneamente se es también joven (edad) o se es mujer, pero también indígena (étnica) o mujer rica (clase), etc., que vive su identidad, en relación a la cultura a la que pertenece, cada uno hace su historia personal desde las circunstancias que le son dadas. Esa “simultaneidad parece ser la clave hermenéutica para comprender que el sí mismo se estructura desde la pluralidad (Montecino, 1996, pág.189)”. De esta forma no se abordaría la identidad desde solo una única variable, y diría más bien analizarla desde términos más precisos como los que propone Brubaker.